¿Por qué ‘transformando el infierno’?

Porque lo siento como algo profundamente íntimo. Utilizo la palabra “infierno” entendida psicológicamente más allá de su significado en el contexto de las religiones. Mis ideas sobre ‘Dios’ incluyen puntos de vista de pensadores y teólogos de diversas religiones, filosofías y sensibilidades espirituales. Me considero una persona con muchas ganas de aprender y me cuesta poco abrirme sin prejuicios. Intento huir del pensamiento dogmático y practico a menudo el dudar de lo que se da por supuesto/evidente.

Así pues, dicho esto, para mí el infierno es una palabra que denota aquello oscuro que está aquí entre y dentro de nosotros, y que es algo inherentemente a la vida. El infierno es todo aquello que nos hace sufrir, que nos magnetiza a permanecer allí donde el dolor y la decadencia se convierten en nuestro hogar (transitorio o permanente). Desde otro punto de vista, el infierno es para mí el testigo de un dolor causado por no saber soltar aquello que engañosamente nos prometía el paraíso.

Desde joven he explorado el mundo de las emociones extremas, los conflictos morales, el inconsciente, los duelos, el control y sometimiento de los deseos, las crisis existenciales y catarsis, la sexualidad profunda, los secretos no revelados, el mundo oculto que nadie relaciona con la luz.  Todo ello me motiva a buscar conocimientos y herramientas que me permitan transformar el infierno en algo saludable y luminoso.

Así como San Jorge mataba al dragón, yo me reconcilio con él, busco establecer empatía y comprensión con nuestros demonios internos. Y es así que he procurado siempre conocer y dominar aquello que me amedrenta, aquello que a la hora de la verdad se descubre desesperadamente más aterrorizado que yo.

En definitiva, me he preparado (y me preparo) todo lo que he podido para tener herramientas y poder sublimar toda esta naturaleza oscura en algo poderoso y bueno, para poder transformar el infierno en un sostenido paraíso.