Evolución humana y sociedad: la multidimensionalidad de las necesidades humanas

Partiendo del post pasado sobre evolución humana, es fundamental para el fin de este post comprender hasta qué profundidades el comportamiento humano (así como los contextos socio-culturales donde se produce conocimiento) está estimulado por necesidades (y actividades) primitivas que tienen como objetivo:

  • sentirse seguros, obtener comida y sexo.
  • Aumentar y mantener un grado satisfactorio de dominancia, posesión y territorialidad.
  • Sentirse en cooperación, poder compartir, sentir compasión, ser solidarios.
  • Establecer una familia.
  • Seguir y respetar una ética.

Es muy cierto que la cultura[1] nos ha hecho mucho más complejos y, por lo tanto, necesidades profundas como la seguridad no se basan ya sólo en el sobrevivir y no ser agredidos físicamente sino que la sensación de seguridad se ha vuelto más exigente y variable. Y  así con el resto de necesidades.

Por estar inmersos en una cultura -y para tener éxito en ella- nos vemos sometidos a la exigencia de conseguir objetivos que no son sólo los de nuestros ancestros (que también). Ahora necesitamos, además, un buen trabajo, estabilidad económica, conocimientos, vivencias, etc., es decir, cubrir más necesidades/conseguir más objetivos. Las necesidades se han redimensionado en la medida que el ser humano ha evolucionado, se ha redimensionalizado:

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Vivir en sociedad: un contratiempo para la creatividad y la objetividad

«Lo que consideramos evidente depende y tiene demasiado que ver con nuestra educación, nuestros prejuicios y nuestra cultura para ser una base fiable de lo que es razonable»

A. Chalmers

En este post exploraremos la relación entre conocimiento (supuestamente objetivo) y la vida humana en sociedad. En posts anteriores hemos visto que estamos lejos de ser personas netamente racionales puesto que conservamos nuestra animalidad hasta en aquellas circunstancias que parecerían puramente racionales. Ahora veremos que nuestra pretendida libertad a la hora de juzgar el mundo está limitada por algunos efectos negativos de vivir en sociedad. El científico revolucionario tendrá que ser capaz de estar por encima de la presiones de grupo lo que esto se traducirá en, por ejemplo, no necesitar depositar su confianza en manos ajenas. ¿Un buen ejemplo?  Copérnico.

Y es que en el día a día vivimos con otras personas en una gran superestructura que llamamos sociedad. De la misma forma que en los grupos de primates hay jerarquías y, por lo tanto, estatus (a respetar o desafiar), a nosotros nos pasa exactamente lo mismo: vivimos con otros siempre en severa jerarquía donde el dominante lo defino, muy cercano a Hobbes y Weber, como aquel que garantiza la “seguridad” de un “territorio” al persuadir a la mayoría de estar por encima de sus competidores. Dada la multidimensionalidad de la vida humana ahora el dominante no es el más fuerte sino que ahora la ansiada sensación de seguridad la transmite también el dinero, la inteligencia, el poder político… y lo que nos interesa, el conocimiento.[1] Así pues, el conocimiento científico, entendido éste como producto socio-cultural por consenso entre expertos, también implicará una estricta jerarquía con dominantes respetados (reconocidos e incuestionados) que liderarán la compleja estructura del paradigma imperante.

Así, defenderé la hipótesis de que un científico excelente y revolucionario (en este post me referiré a los intelectuales en general) se verá limitado, incluso perjudicado, por determinadas prácticas típicamente sociales como es la práctica investigadora en equipo. Para empezar, el desafío al dominante implicaría la osadía de socavar la seguridad intelectual de todo un colectivo lo que es violento en sí. Por ello, de pertenecer a este colectivo (de una forma más o menos íntima) este desafío supondría el gran inconveniente de producir la incomodidad de aquellos que uno considera sus colegas (y, en cierta manera, sus iguales). Así pues, ¿Hasta qué punto el inconsciente no conduciría al individuo perteneciente a un colectivo a conclusiones que pudieran perjudicar, por ejemplo, el seguir sintiéndose seguro intelectualmente o socialmente? Más adelante leeremos en Collins otra gran desventaja de pertenecer íntimamente a un grupo y es que el individuo tiende a adoptar el pensamiento del grupo (lo que podemos suponer que disminuye las probabilidades de encontrar a un intelectual creativo capaz de desafiar el paradigma dominante).

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El proceso de abstracción

“Cuanto más articulado y complejo sea el sistema de conceptos que utilicemos para dar cuenta de una parcela determinada de nuestra experiencia, tanto más articulado y eficaz será también nuestro conocimiento de la realidad derivado de esa parcela”[1]

Con este post, el lector con inquietudes epistemológicas podrá empezar a clasificar a sus pensadores preferidos entre dos tipos:

1) Los que tuvieron la suerte de tener en cuenta este post.

2) Y los que no.

Fuera bromas, lo que voy a comunicar debería ser uno de los pilares de cualquier reflexión filosófica acerca de lo que es buen conocimiento o no.

Advertir al lector que voy a intentar ser sintético y omitiré entrar en detalle lo cual sí podría hacerse en los comentarios de este post. Así pues, no dudéis en participar.

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¿Qué es la asesoría filosófica?

La consultoría filosófica nació en 1982 con el alemán Gerd Achenbach cuando ideó aplicar la filosofía a la vida cotidiana. Ignorando los ámbitos académicos que trataban cuestiones similares, Achenbach fundó la Sociedad Alemana de Consultoría y Filosofía Práctica y la Sociedad de Consejerías Filosóficas (GPS). A partir de entonces, esta nueva fórmula se expandió por todo el mundo.

Según este movimiento, anticientífico y radicalmente antipsiquiátrico, los problemas psicológicos tienen un componente filosófico latente que puede tratarse efectivamente mediante el diálogo filosófico. En este diálogo, que por parte del consultante no necesita tener conocimientos en filosofía, el consultor filosófico ayuda al consultante a clarificar racionalmente sus preguntas, conflictos, retos e inquietudes. Esta clarificación racional pasa por el rastreo de teorías filosóficas, la identificación de falacias, la definición y diferenciación de conceptos, la detección de presupuestos y prejuicios, la resolución de dilemas éticos, etc.

El 14, 15 y 16 de abril de 2005, se celebró en Sevilla el I Congreso Iberoamericano y de habla hispana para el asesoramiento y la orientación filosófica. En este evento asistieron importantes instituciones del sector como ETOR y ASEPRAF o personajes representativos como Roxana Kreimerm y Lou Marinoff, este último autor del bestseller Más Platón y menos Prozac. En dicho congreso se pudo comprobar la situación actual del consultor filosófico el cual está pasando por un momento de expansión gracias, entre otras cosas, a las traducciones de las obras de asesoría filosófica del mundo anglosajón. No obstante, se hizo patente que existen algunas controversias como ocurrió con Manuel Barrios respecto a Marinoff, quien consideraba a este último como la devaluación de la filosofía, en su gran tradición académica, hacia una forma basada en el filosofema, en el marketing personalizado y en el recetario difuso. En algunos casos, como con Luis Cencillo, la asesoría filosófica se planteaba como altamente metafísica, no obstante, estos planteamientos se recibieron como confusos y poco convincentes. Generalmente, la oposición a la psiquiatría era algo bastante consensuado y, en algunos casos como con Peter Raabe, la oposición implicaba a psicoterapias como el psicoanálisis.

La Consultoría filosófica, como puede constatarse, se encuentra actualmente en plena expansión. En algunas universidades de España como la de Sevilla o la nuestra, se ofrecen másters que acreditan la capacitación para la consultoría filosófica. En el caso de la Universidad de Barcelona las materias son: Comprensión y Problemática de la Subjetividad, Modelos Dialógicos en Filosofía, Aplicación de técnicas y modelos de Pensamiento, Filosofía y Espacios Sociales, Investigación aplicada a la Práctica Filosófica, Proyectos y Espacio social, Experiencia en la Práctica y La Tesina.

 

Una alternativa:

http://reconceptualizandolaexperiencia.wordpress.com/2009/12/09/filosofia-publica-el-perfil-profesional-del-filosofo-psicologista/

El fenómeno de emergencia en Vida Artificial

Formalmente, la emergencia es el proceso en el cual un conjunto de propiedades A genera imprevisiblemente otro conjunto de propiedades B. La peculiaridad está en que el conjunto B depende del conjunto A, sin embargo, no puede ser explicado por el conjunto A.

Concretamente, es el proceso que se ha postulado en el caso de la mente. Así pues, la mente sería un conjunto de propiedades que emergería de las conexiones neuronales del cerebro, sin embargo, aunque sin cerebro no habría mente, la mente jamás podría estudiarse sólo a partir los procesos fisiológicos del cerebro.Así, según la teoría del emergentismo, lo emergido es una nueva organización de la materia. Es decir, surge una nueva estructura, una nueva disposición de las partes que genera un nuevo todo.

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Reflexiones acerca de nuestro cerebro, el inconsciente y la intuición

¿Y qué consecuencias tendría aceptar esta doble especialización de nuestro cerebro? Apartar nuestra mirada de toda esta problemática parece ser un grave error. La gélida ciencia la hace el científico pero a éste lo hace la gélida y fogosa naturaleza. El mundo del inconsciente es una realidad que perfila y determina nuestra vida. El terreno de investigación es, por lo menos, interesante y, por lo más, misterioso. Y eso no es todo, puesto que indirectamente interesa a la propia ciencia en la medida que gran parte de ideas que, al ser verificadas científicamente, generaron importantes cambios de paradigma, resultaron ser fruto de intuiciones que inspiraron brillantes hipótesis.

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Hemisferio derecho y hemisferio izquierdo

Este video contiene el relato de una experta en neurología sobre una experiencia personal de máximo interés: esta científica sufrió un infarto cerebral y pudo experimentar cómo funcionan los dos hemisferios cerebrales por separado.

Segunda parte: http://www.youtube.com/watch?v=Ijz7L6KrJQE&feature=related

Olvidamos, en la práctica, que nuestro cerebro está compuesto por dos hemisferios y que, como convendría Cassirer, somos también, además de racionales, animales simbólicos. Por lo general, aunque tengo entendido que hay excepciones, se atribuye al hemisferio izquierdo la capacidad de analizar, razonar lógicamente, articular verbalmente, pensar linealmente. Es el hemisferio que ha acaparado toda la atención de la teoría de conocimiento del academicismo, la ciencia y el saber en general. Por su parte, nuestro hemisferio derecho se ocupa holísticamente de relaciones, patrones, configuraciones y estructuras complejas. A este hemisferio, igual que al sistema reptil de Paul McLean, se le atribuyen la mayoría de procesos del inconsciente. La analogía, propia de este hemisferio, permite comunicar lo que un lobo dominante da a entender cuando aprieta la cabeza contra el suelo de un macho adulto no dominante que intentaba copular con una hembra, pues tal acto es idéntico al de los lobos adultos cuando apartan a sus lobeznos de la comida a racionar. Estamos ante un caso de lenguaje metafórico, ante un vamos mocoso, compórtate.

Más info: http://wp.me/pIkeR-h