Para una filosofía sociológica

“Así como la sociología ha construido sus recursos tratando con cuestiones filosóficas, la filosofía actual ha llegado a las fronteras con la sociología. ¿Qué ha motivado el giro de la filosofía hacia lo social? En epistemología, esto se ha realizado para un propósito limitado, para subrayar el relativismo a través de la naturaleza supuestamente cambiante y contextual de la creencia. Los filósofos juegan normalmente la carta sociológica como triunfo, no como apertura de un desarrollo posterior, sino como la conclusión del debate, el clavo en el ataúd positivista. Otra aproximación a lo social se ha dado por el ala analítica. Los teóricos del acto de habla wittgensteinianos y austinianos, y los filósofos del lenguaje ordinario se han orientado durante mucho tiempo en la dirección de ver al menos algunos temas filosóficos como compuestos de actividades sociales. Pero este giro sociológico no ha ido demasiado lejos, como si se dirigiera hacia una barrera al indagar muy profundamente sobre qué tipos de procesos sociales son éstos realmente.

Una fuente de resistencia es el compromiso de los filósofos con el descubrimiento de condiciones duraderas y no-contingentes de juicio, significado, lógica o moralidad que sostengan todo pensamiento y todo conocimiento; por su simple naturaleza, estas verdades eternas no pueden ser afectadas por particulares meramente empíricos, que presumiblemente conforman el contenido de la sociología. ¿Cómo se puede responder a esta objeción? Una sección del mundo filosófico –especialmente los más militantes de entre la generación post-positivista (y posmoderna), evoca lo social precisamente porque rechaza el ideal de filosofía desinteresada y fundamentada en verdades eternas, y en su lugar lo ve todo como históricamente contingente. Sin ir necesariamente tan lejos, podemos reconocer que lo que quiera que sean las verdades fundamentales, eternas o transcendentes, nos acercamos a ellas sólo a través del mundo temporal –y social– en el que existimos. La naturaleza de la lógica, la verdad y otros objetos de la filosofía tradicional, con todo lo objetivos que puedan resultar ser, no pueden ser descubiertos sin enfrontarse a la dimensión social en la que están arraigados y –muchos de nosotros argumentaríamos– por la que están constituidos.

Algunos filósofos parecen preparados para admitir esto. El problema es que empiezan en este camino, pero fracasan al pasar algo más allá. Un ejemplo es Alasdair MacIntyre, que escribe que “Una filosofía moral … presupone una sociología,” pero luego continúa robando unas versiones engañosamente simplistas de Weber y de Goffman, como si ellos vieran la sociedad moderna como completamente maquiavélica y falta de ética. La ironía es que Weber y Goffman, junto con Durkheim (al que MacIntyre no cita), proporcionan justo la comprensión de la transformación histórica de los ideales de virtud que MacIntyre estaba tratando de explicar. Las reflexiones de Durkheim/Goffman proporcionan una respuesta mejor que la que puede proporcionar MacIntyre a por qué el racionalismo de la Ilustración no podía basar una moralidad secular moderna. Pero los sociólogos evitan la falacia romántica de MacIntyre de volver a atender a una sociedad supuestamente harmoniosa e integrada del pasado, en contraste con la cual la sociedad de hoy en día es degenerada. Es mejor sociología reconocer que todas las formas de interacción social producen sus tipos particulares de pautas morales y las encarnan en “objetos sagrados” simbólicos, incluso en el contexto de la vida cotidiana moderna. En efecto, MacIntyre se está acercando a una sociología histórica durkheimiana, sin saberlo, y consecuentemente sólo se queda a medio camino. Y esto es demostrativo de la situación actual de la filosofía.”

Randall Collins, For a sociological Philosophy, Theory and Society, 1998, vol. 17, pp. 695.

Algunos riesgos de la Biotecnología y la Nanotecnología

“El error más común (en pronóstico tecnológico) es el del entusiasta que es tan optimista sobre un nuevo desarrollo que descuida los constreñimientos sociales, económicos, y políticos, y anticipa la llegada de una tecnología antes de que ocurra … esto se complementa con un segundo error: pasar por alto los efectos colaterales de la nueva tecnología. (Coates, 1998)


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Fue hace más de veinte años que fui el co-autor, con Ted Howard, de un libro titulado Who Should Play God?. En ese libro escribimos sobre las promesas y los peligros de una nueva tecnología de la que poca gente había oído hablar, la ingeniería genética. Al discutir sobre las muchas ventajas que resultarían de la nueva ciencia, también advertimos sobre los peligros que pueden acompañar a la revolución tecnológica. También expresamos la preocupación por el aumento en la comercialización de la reserva de genes de la Tierra en manos de firmas farmacéuticas, químicas, y de la biotecnología, y de las preguntas planteadas sobre los impactos potencialmente devastadores a largo plazo como consecuencia de liberar organismos genéticamente modificados al medioambiente. (Jeremy Rifkin, 1998)


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Los genetistas han relacionado la aparición de bacterias patógenas y de la resistencia antibiótica a la transferencia del material genético entre los organismos y la especie, a que los expertos se refieren como transferencia génica horizontal. Los estudios de laboratorio demuestran que los organismos genéticamente modificados (OGM) aumentan la variedad de ADN disponible de las bacterias para transferir o para superar rasgos, incluyendo los perjudiciales, desde un organismo al siguiente, o a partir de una especie a la siguiente (Ho, 2001:45). Esto sucede con la infección de los virus, sobre pedazos de ADN tomados de elementos del ambiente, o acoplándose entre especies sin relación. Los expertos han identificado la transferencia horizontal genética como la causa del desarrollo de cepas resistentes a antibióticos responsables de brotes de cólera en la India en 1992, de la epidemia de estreptococo en Tayside, Inglaterra, en 1993, y del brote del E. coli en Escocia en 1995 (Ho, 1997). Dos cepas de E. coli, que fueron aisladas en una sala de trasplante en Cambridge, en Inglaterra en 1993, eran resistentes a 21 de los 22 antibióticos comunes (Ho, 1997). De hecho, las enfermedades tales como la tuberculosis, el cólera, la malaria, la difteria, y la meningitis, que se pensaba que estaban bajo control, están resurgiendo por todo el mundo; muchas de ellas se cree que son resistentes a los antibióticos. Finalmente, la Organización Mundial de la Salud divulga que por lo menos 30 nuevas enfermedades, incluyendo SIDA, Ébola, y la hepatitis C, han surgido durante los últimos 25 años y están ligadas a los efectos negativos de la transferencia horizontal genética, la técnica principal utilizada en la ingeniería genética (Ho, 1997).


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Dentro de algunas décadas, las máquinas auto-replicantes tendrán el potencial de producir efectos catastróficos sobre las comunidades humanas y el medio ambiente. La combinación de seres vivos o inanimados auto-replicantes salvajes y de automutaciones no anticipadas puede producir un accidente que destruya la biosfera. Esto podría suceder o por accidente, o de forma más funesta y malévola, podría iniciarse de forma consciente, Joy pone el ejemplo de una mente criminal que crea ‘agentes patógenos diseñadores’, algo que podía ser posible en los próximos 20 o 30 años, según los investigadores de este campo. Una enfermedad así, no sería enteramente biológica o mecánica, sino una combinación de las dos. Especialistas en este campo se refieren a los peligros de la auto-replicación como el problema de la “plaga gris”. Drexler describe el problema:
“Los replicantes peligrosos podrían fácilmente ser demasiado resistentes, pequeños, y de rápida expansión -al menos si no estuviéramos preparados. Tenemos bastantes problemas controlando virus y gusanos. Entre los expertos en nanotecnología, esta amenaza es conocida como el problema de la ‘plaga gris’. Aunque las masas de replicantes incontrolados no necesitan ser grises o plagas, el término ‘plaga gris’ acentúa que los replicantes capaces de suprimir vida pueden ser menos inspiradores que una sola especie de maleza. Pueden ser ‘superiores’ en sentido evolutivo, pero esto no los hace necesariamente valiosos. – la amenaza de ‘plaga gris’ muestra una cosa perfectamente evidente: no podemos permitirnos ciertos tipos de accidentes con los ensambladores de replicantes”. (Drexler, 198c: 173)


Los peligros de la rápida replicación y proliferación no se limitan a la nanotecnología. Como Ho expone:
<<El lanzamiento en masa de organismos transgénicos es… peor que las armas nucleares o los desechos radioactivos, los genes pueden replicarse indefinidamente, separarse y recombinarse. Puede todavía haber suficiente tiempo para evitar que los sueños de la industria se conviertan en pesadillas… – antes de que se alcance el nivel de fusión genética crítica>>. (Ho, 1997)”

Evan, W. M. y Manion, M. (2000) “Three Industrial Revolutions and Beyond” en Minding the Machine: Preventing Technological Disasters, Manion Upper Saddle River, NJ: Prentice Hall, Cap. 6.