VALORES DICOTÓMICOS Y MULTIPLICADORES

Los valores reflejan aquello que es importante para nosotros.

Por un lado, si valoramos mucho X implícitamente estamos desvalorando a Y, el cual concebimos como su contrario. Por ejemplo, si valoro mucho la comida saludable, este valor lleva implícito mi poco aprecio a la comida rápida.

Así pues, estaríamos ante valores que excluirían y podríamos llamarlos ‘valores dicotómicos o polares’ (afirmarlos supone negar a otros).

Por otro lado, si valoramos X también podemos valorar a Y, su contrario (no necesariamente en el mismo momento y lugar). Por ejemplo, puedo valorar la comida saludable (p.e. por el valor de cuidar mi cuerpo) pero también la comida rápida (p.e. por el valor del placer, la comodidad y el precio).

En este caso el valor no excluiría sino que incluiría, y podríamos llamar a estos valores ‘multiplicadores’ (afirmarlos nos abre un multiverso ante nosotros).

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El impacto psicológico de la pandemia

Restricciones, confinamiento, crisis económica, miedo, estrés, aislamiento, conflictos domésticos, incertidumbre, calles desérticas, la amenaza de una nueva enfermedad mortal, frustración… ¿Cómo nos ha afectado psicológicamente todo ello? La situación que hemos vivido en el último año y medio ha tenido un fuerte impacto en nuestras vidas, y es que no ha sido fácil.

Sobre todo ello hablamos en un vídeo el psicólogo y amigo Román Morales y yo.

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la soledad

Durante la mayor parte de mi vida me he sentido completamente solo. Ayer encontraba una libreta de pensamientos de cuando era adolescente y decía:

«Canto para sentir una voz que me acompaña
en esta travesía de perdición y pena
Quiero que calle este silencio
Esta oscuridad opaca que me angustia y me mata»

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Dormidos, despiertos y nuevos despiertos

Es consabido que hay personas que están dormidas creyendo la versión oficial. También hay los “nuevos despiertos”, quienes cuestionan solamente lo oficial. Por último, están los despiertos, quienes saben pensar en gris o, mejor, en todos los colores. Ni todo lo que dice el sistema es cierto ni falso. El pensamiento dicotómico nos lleva al fanatismo oficialista o antisistema, y el fanatismo es ignorancia pues nos obliga a aceptar packs indivisibles de datos e interpretaciones.

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El drama autocumplido

A veces, estamos esperando a que pase algo crucial, algo que cambiará nuestra suerte, que recompensará nuestra desgracia. Lo esperamos afuera, en forma de palabras sabias, medicamentos milagrosos, eventos cósmicos, alegres tristes abrazos… Esperamos que desde afuera nos salven de la fatalidad del Universo, de esa fatalidad que nos convierte en malnacidos por destino, como daños colaterales sin importancia, ignorados y olvidados por la mayoría, sentenciados por el caos, por ese misterioso azar.

Entre tantos lamentos, ignoramos completamente cómo aquello que necesitamos y esperamos afuera, está ya dentro de nosotros, en este mismo instante, ante nuestros ojos, dentro de nuestros ojos, sumergido en nuestra alma, en el infinito Universo de nuestro mundo interior. Un infinito imposible de capturar con la mente, solamente aprehensible por la profunda fe que se enciende al contemplar lo divino que hay en nosotros.

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Beneficios de saber decir «no lo sé»

Confucio decía: «Saber que se sabe lo que se sabe y y lo que no se sabe; he aquí el verdadero saber». No hay camino más seguro hacia el saber que el reconocer no saber algo. Esto permite saber dónde poner foco para acabar sabiendo (cada vez más) y evita llenar el hueco del no saber con cualquier basura con pretensión de certeza. Y es que no hay peor manera de abocarse a la ignorancia que ser incapaz de sostener el no saber.

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Conciencia e inconsciente en la actualidad

La evolución humana, durante millones de años, deja en el aire muchas cuestiones que a lo sumo podemos hipotetizar, no obstante hay una cosa muy clara y es que nuestra naturaleza consciente emerge de nuestra naturaleza inconsciente. La propia estructura del sistema nervioso, en particular, del encéfalo, refleja una evolución que innova y mejora pero que mantiene, a modo de estratos, aquellos mecanismos que funcionaron exitosamente. Y es lo que ocurre, por ejemplo, con el sistema límbico, responsable del control emocional de respuestas a sensaciones tan básicas como el hambre, el placer, la ira, el miedo, etc. La vida en sociedad hizo imprescindible tal sistema. Y es sólo un ejemplo. Con el transcurso de los cientos de miles de años, el desarrollo de la corteza cerebral permitiría el desarrollo de nuestra capacidad más imprescindible: la conciencia.

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