Evitación terapéutica

A veces escucho personas que dicen que la terapia no les ayudó con su ansiedad, ataques de pánico, depresión, etc. Hacen una crítica general a la psicología o a algunos enfoques, como si fueran inútiles. Sin embargo, me suele extrañar que el tratamiento no les haya funcionado pues son problemáticas muy estudiadas en el terreno clínico y la eficacia de los tratamientos es alta.

Por ejemplo, en el caso de una persona cercana me percataba que no acabó nunca ningún tratamiento. Simplemente dejaba de ir porque lo pasaba mal. Su mejor opción han sido siempre los psicofármacos. Sé que muchos pensaréis que eso es un parche y yo también lo creo. El tema para mí es que esto muestra dos problemas estructurales en el conocimiento general de lo psicológico:

1) el poco respeto y credibilidad que tiene la psicología a pesar de la evidencia acumulada. Si esta persona hubiera estado en un médico con un problema físico ordinario y el profesional le hubiera propuesto un tratamiento de, digamos, 10 sesiones, esta persona hubiera comprendido que era crucial dichas 10 sesiones. Interrumpir el tratamiento sería una irresponsabilidad. Pero con un psicólogo… qué sabrá… o qué lento es.. o…

2) la aversión y evitación del dolor. Es una condición básica en el tratamiento de todo tipo de problemas. Se esperan tratamientos que hagan efecto mientras estamos sedados por analgésicos. No niego que se puedan hacer uso de ciertos fármacos para acompañar la terapia pero hay que asumir cierto grado de incomodidad, estrés y emociones negativas durante los procesos profundos. Por ejemplo, en el caso de los ataques de pánico, difícil será hacer algo al respecto si uno no se expone (de forma trabajada) a situaciones que suelen amenazar dichos ataques.

En fin, mucho por divulgar al respecto.

¿Qué otros motivos se te ocurren que podrían explicar el rechazo a la terapia? ¿Qué crees que genera esa percepción de tiempo perdido?

4 comentarios en “Evitación terapéutica

  1. Se me ocurre que estamos acostumbrados a la inmediatez y queremos que las cosas se solucionen «ya», esto tiene asociado el no poder/querer sostener un proceso largo. Esto nos lleva, y la sociedad así nos empuja (vuelve a tu sitio cuanto antes ¿ehe?), a la medicación, que es rápida y como parece que estamos mejor… Abandonamos, si es que lo habíamos empezado, el verdadero proceso de sanación, ya que es largo, doloroso y caro. Nadie subvenciona este tipo de terapias, por no decir que muchas de ellas están ridiculizadas, denostadas e incluso perseguidas.
    Sin embargo, en cuanto al dolor, yo diría que, en el fondo, nos gusta, tal vez nos genera algún tipo de adicción química y por eso lo perpetuamos; esta mecánica, ciertamente, es inconsciente. Con la boca decimos «me quiero curar» pero por debajo, en las profundidades de nuestro subconsciente, no queremos. Esto lo negamos, pero así es y estoy firmemente convencida de que muchos seres NO se quieren curar.
    Por último, padecer cierto tipo de trastornos otorga beneficios sociales y de otro tipo, además de la anteriormente mencionada dependencia química inconsciente: nos cuidan porque «pobrecito (me niego a seguir el juego de les niñes), nos permiten descansar de ritmos infernales que, de otra forma, aún no sabemos neutralizar y nos facilitan ir de víctimas por la vida, decididamente bien visto por la multitud, y por la poquitud.

    1. Me encanta, muy completo tu análisis!!! Estoy muy de acuerdo con todo…. Por añadir: en mis redes sociales algunos hablaban de que hay pocos buenos psicólogos, poco trabajo personal por su parte, por ejemplo.

      1. Pues sí, absolutamente de acuerdo. No en vano el dicho «en casa del herrero, cuchara de palo».
        Numerosos psicólogos se dedican a hacer que escuchan y a decirnos lo que tenemos que hacer (haz lo que yo te digo, pero no hagas lo que yo hago). Con buena fe, sin duda, pero rebosantes de ego; además «es por tu bien», con lo que esto conlleva.
        Y también se me ocurre una asociación con, por ejemplo, los sacerdotes, docentes e incluso médicos: hay vocaciones, hay quien tiene ese trabajo porque otro, el que querían de veras, no pudo ser, o porque ahí se gana mucho dinero y da prestigio social, o porque mi árbol genealógico así lo quiso y blablabla.

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