Cómo la estructura del lenguaje influye en el contenido

Introducción

¿Comunicamos cosas diferentes según estructuramos una oración de una forma u otra? Parece ser que sí y que es algo bastante consensuado. Muchos especialistas han hecho estudios para comprender tal fenómeno. La propia lógica supone ya una importante propuesta, y ya milenaria. No es de extrañar que autores, más o menos actuales, como Montague, Bach, Dowty y Davidson, hayan hecho sus propuestas desde diferentes teorías lógicas. Como es consabido, la lógica, entre otras cosas, representa formalmente nuestro lenguaje natural. Independientemente de la aplicación que puede hacer para asegurar un conocimiento de alta calidad (pues ha definido las formas y las leyes más generales del procesamiento de información), la lógica muestra la estructura argumental de nuestras oraciones, diferenciando tipos de relaciones, términos, predicados, cuantificadores, etc. A partir de todas estas variables, ordenar los elementos involucrados de una forma u otra, según reglas lógico-matemáticas, implica significados totalmente diferentes.

Otra de las propuestas existentes, muchas veces en estrecha relación con las teorías lógicas, se centran prioritariamente en la estructura argumental. Para empezar, entienden un argumento de forma completamente diferente al lógico, pues éste último lo entiende como epistémologo y los autores de esta propuesta diferente lo entienden como lingüistas (por lo que tienen otro tipo de consideraciones[1]). En este contexto, los argumentos se definen como los elementos necesarios para que una pieza léxica pueda ser entendida. Por ejemplo, el verbo de la oración “José dijo el pasado miércoles a su madre que la quería” es “dijo” (y como todo verbo es el núcleo). Si prescindiéramos de “el pasado miércoles” la pieza léxica que nos interesa se entendería igualmente, sin embargo, si prescindiéramos de “a su madre” o “que la quería”, difícilmente entenderíamos lo que está ocurriendo, y es que “José dijo el pasado miércoles” está reclamando imperiosamente un CD y un CI[2], ambos argumentos. “El pasado miércoles”, así pues, no lo identificaríamos como argumento, sino como adjunto.

La estructura argumental

Sobre esto se ha trabajo mucho y bien. En los inicios, Tesnière (1957) utilizó los términos “actante” y “circunstante” en el lugar de argumentos y adjuntos, respectivamente. Luego, el mismo autor, junto a Leech y muchos otros, estudiaron la aridad, es decir, el número de argumentos que necesitaba una pieza léxica, y las reglas y posibilidades de la combinación de los argumentos. Ejemplos de piezas léxicas y su aridad:

De ningún argumento:             Nieva

De un argumento:                     Juan ríe (x ríe)

De dos argumentos:                 Entre la mesa y la pared (entre x e y)

De tres argumentos:                 Isabel da un beso a su novio (x da y a Z)

De cuatro argumentos:             Raquel traslada la taza desde la mesa hasta la cocina (x traslada y desde z hasta w)

Una de las cuestiones a resolver es cómo determinar el número de argumentos de un predicado. Si en función de la estructura más básica, más frecuente o más completa informativamente… No obstante también hay que considerar cuestiones de pragmatismo puesto que, por ejemplo, la estructura argumental básica de “comprar” sería:

(1)     x compra                    y a           z por            w

Jaime compra     unos pantalones al   vendedor por    cincuenta euros

No obstante, en la práctica real, probablemente haríamos un uso de, y sería completamente comprensible para la audiencia, las siguientes estructuras:

(2)      x compra                y por             w

Jaime compra      unos pantalones por        50 euro

(3)     x compra                y

Jaime compra      unos pantalones

Y es que el lenguaje es flexible y según el contexto un componente puede ser (o no) elidido, omitido, cognado[3] u incorporado. Debido a esta flexibilidad, Levin[4], en 1993,  pensó en un sistema de alternancias en el cual pudiese definir[5] los argumentos que, por el tipo de verbo, pudiesen moverse a otras posiciones gramaticales, pronominalizarse o desaparecer. Por ejemplo, el verbo “romper” admitiría la pérdida del sujeto:

(4) David rompe la ventana con un martillo

(5) El martillo rompe la ventana

O bien el verbo “aburrir” admitiría omitir el objeto de un determinado estímulo:

(6) La película aburre a los espectadores

(7) Los espectadores se aburren

Vázquez, en el 2000, hizo su propuesta para el castellano. Entre otras cosas, su sistema contemplaba movimientos opuestos en la misma pieza léxica que no eran sino cambios de enfoques. Por ejemplo, movimientos en referencia a la causa:

(8) El director despidió al secretario

(9) El secretario fue despedido por el director

O entre un evento y un estado:

(10) Sara corta la carne

(11) Esta carne se corta con facilidad

Estructura de los verbos de movmiento

Algo que resulta muy interesante, y que va más allá de la propuesta de Levin o Vázquez, es la utilización de una sola estructura para comprender todos los verbos de movimiento (recorrer, llegar, dirigir, viajar, finalizar, construir, transformar…). Según el verbo, la esencia de la acción se focalizaría en algún punto de la estructura, y siempre necesitando de la totalidad de la estructura para comprender la acción:

La pregunta es: ¿Hasta qué punto todos los verbos estarían subordinados a este esquema?

Pustejovsky

Pustejovky, en 1995, clasifica los argumentos en tipos. Primero, los “True arguments”, que son argumentos realizados sintácticamente (Nuria ríe). Segundo, los “Default arguments”, que son argumentos que participan en las expresiones lógicas de los qualia pero no necesariamente son realizados sintácticamente (construir una casa con ladrillos). Tercero, los “Shadow arguments”, que son argumentos incorporados semánticamente a la unidad léxica que se puede especificar más (butter the bread with Dutch butter). Luego, Pustejovsky define los “True adjuncts” como los adjuntos, los cuales son partes de la interpretación situacional y no están ligados a la representación semántica del ítem léxico (Maria condujo el coche el sábado por la noche).

¿Aplicación a la PNL?

¿Qué ocurre cuando un hablante prescinde de un argumento que suele ser imprescindible para comprender una pieza léxica? ¿No tiene interesantes implicaciones en la comunicación y en la concepción del mundo del hablante? ¿No podría relacionarse y quizás incluso completar el modelo del lenguaje?

¿Y qué efectos tiene escuchar a alguien que prioritariamente ordena los sintagmas de una forma poco usual? ¿Qué efectos tendría en este alguien modelar sus patrones sintácticos y adecuarse a ellos? ¿Mejoraría el rapport?

Ejemplos de estas variables

(1) Nosotros tratamos la situación actual del pepino en nuestro país

Sujeto          Verbo             CD            CCT        CI                   CCL

Nosotros tratamos en nuestro país la situación actual del pepino

Sujeto          Verbo              CCL                   CD             CCT            CI

(2) Hice un salto mientras chillaba

SV+SN           adv             V

Chillé mientras daba un salto

SV         adv             SV+SN

(3) Carlos se casó con Ana

SN            SV         prep      SN

Carlos y Ana se casaron

SN     conj   SN           SV

Un problema que se me ocurre sería la dificultad para analizar a una persona en estos términos en tiempo real. No obstante, para aquellos casos que fuera posible disponer de grabaciones y de un trato continuado, sí que podría ser útil puesto que además, ayuda a identificar valores y creencias[6]. En todo caso, hay que experimentar para ver qué pasa…

Por cuestiones de pragmatismo, es muy posible que prioricemos un sintagma y otro. Por ejemplo, si estoy buscando dónde estan mis calcetines y se lo pregunto a mi mujer probablemente no me respondería así:

(4) He puesto los calcetines en el cajón

SV                 SN                   SP

Sino así:

(5) En el cajón he puesto los calcetines

SP                SV              SN

O si trabajara en una refinería petrolífera y súbitamente encontrara petróleo, tampoco diría:

(6) He encontrado petróleo

SV                SN

Sino:

(7) ¡Petróleo! he encontrado

SN                   SV


[1] Características propias del lenguaje como la composicionalidad, la ambigüedad, la prominencia, la suficiencia, etc. Aunque afirme esto de la lógica no hay que olvidar que los lógicos suelen tener una importante base en lingüística por lo que sería injusto decir que no atienden a estas características. Algunos ejemplos: Frege, Russell o Wittgenstein.

[2] Por lo común, este tipo de análisis se dan en términos de categorías y no en términos de funciones sintácticas. Kaplan y Brensan sí que hacen su propuesta en tales términos inusuales.

[3] Un objeto cognado es aquel que está restringido porque es, por ejemplo, redundante (Juan pesca un pez).

[4] English verb classes and alternations

[5] Define 48 clases semánticas, 200 subclases y 79 alternancias agrupadas en 8 tipos. Algunas propiedades de cada clase: comparten un número de alternancias, admite excepciones y no se acepta una sola alternancia.

[6] Por ejemplo, en (2) encontramos plasmado el fenómeno mental background & foreground (contexto-figura), lo cual, más allá de la sintaxis, tiene lazos muy fuertes con la semántica cognitiva.

Prejuicios epistemológicos en Platón y Aristóteles

En la Grecia del siglo IV a. C., en un contexto repleto de innovaciones técnicas, sociales y políticas, donde se da un importante desarrollo de las ciudades, una fuerte presencia de las técnicas artesanales y el comercio, y el inicio de formas democráticas en la dirección del Estado, se posicionan dos interpretaciones acerca la ciencia, la tecnología y la cultura. Por un lado está la metafísica, la cual representa la posición desestabilizadora de la tecnología, la ciencia y la cultura. Por otro lado hay la intepretación constructiva, la cual representa la posición estabilizadora.

La posición metafísica, no obstante, no se queda satisfecha con el primado epistemológico de la teoría sobre la técnica, sino que pretende darle al asunto un alcance político. Fuertemente arraigados en la aristocracia, la tradición filosófica, tiene su propio modelo político donde los artesanos tienen su papel. Por otra parte, la posición constructiva, aunque a veces sus defensores provengan de la aristocracia, defiende un punto de vista democrático cuyos representantes por excelencia son los sofistas. Sus teorías políticas proponen una organización totalmente diferente a la de los filósofos metafísicos.

Manuel Medina habla sobre la relación entre las concepciones cosmológicas y las diferentes concepciones políticas:

“Al igual que los antiguos mitos cosmológicos, las cosmologías filosóficas contienen una legitimación de carácter político. El cosmos refleja el orden jurídico deseado y este, a su vez, queda legitimado como una parte del orden socio-natural global.”[1]

La antigua tradición metafísica

La tradición interpretativa teórica defiende que todo aquello que no sea teoría filosófica no constituye verdadero conocimiento. Concibe así un mundo susceptible de ser abstraído mediante conceptos y de derivarse a partir de principios teóricos.

Manuel Medina sostiene que:

“En contraposición a las meras sensaciones, todo conocimiento propiamente dicho constituye, según las teorías filosóficas, un juicio. Es decir, se trata de conocimiento predicativo que se expresa en enunciados asertorios, susceptibles de verdad y falsedad. Tales juicios son posibles gracias a los objetos simbólicos que aparecen con la experiencia, al trascender la multiplicidad de los objetos de la sensación.” [2]

Mediante la demostración de los elementos constituyentes de sus teorías pretende que, dado que han demostrado su veracidad y la verdad es vinculante para todos, todos acepten su perspectiva como única tradición válida. Para hacer esta demostración esta tradición se apoya en elaboraciones teóricas previas sobre lenguaje, la verdad y la prueba. Con estas cuestiones se ocupa de a) sobre la posibilidad de conocimiento teórico, b) sobre su relación con el conocimiento operativo y c) sobre el por qué del primado epistemológico.

Para Platón y Aristóteles las técnicas están en relación con la verdad de enunciados pero en sí no comportan básicamente un juicio pues éstas se reducen a meras sensaciones. Así pues, corresponde al conocimiento predicativo pero de forma subordinada a la episteme. No obstante, ambos filósofos llegan a considerar gradualmente las diferentes técnicas según su proximidad con la ciencia, lo cual llega a representar que una técnica sea más o menos pura que otra.

La teoría que esta posición defiende parte de una diferenciación radical. Por un lado tenemos la teoría y la política, las cuales se valoran en cuando actividades propias del hombre razonable. Hablamos de ciudadanos, cuya naturaleza consiste en usar (y no en producir) aquello que ellos mismos han ideado. Es la clase gobernante la cual es lo propiamente humano.

Por otro lado, incompatible con la teoría y la política, está la producción material, la cual se valora como actividad propia del hombre sumiso, esclavo, obediente, cuya naturaleza consiste en producir (y no en usar) aquello que son totalmente incapaces de entender teóricamente y que otros han ideado.

Aristóteles ilustra esta diferencia con el ejemplo del teórico y el carpintero. El primero tiene una actividad desinteresada, en cambio, el segundo representa todo lo contrario pues su actividad, interesada, es un medio para otros fines.

Manuel Medina escribe acerca de Platón:

“Su orientación política se puso de manifiesto cuando criticó el pujante desarrollo de la marina y propugnó una legislación que impidiera la innovación técnica así como la práctica de las técnicas por parte de los ciudadanos libres (Leyes, 706 b, 707 a). Según Platón, el ejercicio de las técnicas había de ser estrictamente reglamentado y, junto con el comercio, sólo debía permitirse a extranjeros y a esclavos.” [3]

Según Platón, la política se basa en conocimientos teóricos como las virtudes de la justicia y la sensatez. Y así concibe la política como una especialización al igual que un técnico respecto a su ocupación. Con ello, Platón quiere justificar la aristocracia y así invalidar teóricamente la democracia.

La antigua corriente constructiva

La corriente constructiva representa la interpretación positiva de las técnicas, las cuales se conciben como partes integradas de la cultura. A diferencia de la posición metafísica, lo propiamente operativo es algo inteligente. Hesíodo, en el primer mito de Prometeo, presenta la técnica como un don de los dioses. Este mito será fundamental a la hora de ilustrar el valor de la técnica. Homero atribuye la cultura humana a Hefesto y Atenea, es decir, a las capacidades técnicas que Hefesto y Atenea transmiten a los humanos. Y ello es precisamente lo que diferencia al hombre de los animales: la técnica. Así, Homero identifica ésta con la sabiduría, asociación que también hacen Solón, Píndaro y Sófocles.

Por su parte, Jenófanes representa una importante ruptura con aquella tradición que atribuía a los dioses el origen de la cultura. En su lugar pone a los mismos hombres, seres buscadores de lo mejor.

Esquilo retoma el mito de Prometeo en “Prometeo encadenado” para replantear el tema del origen de la cultura en un nuevo contexto: la ciudad donde era muy importante el desarrollo de las técnicas. Esquilo habla del desarrollo de todo tipo de técnicas, totalmente complementarias entre sí, sin diferenciaciones ni graduaciones, pues tanto capacidades intelectuales, de construcción o de uso de artefactos materiales, forman el entramado de la cultura, la cual es causa de que hayamos dejado de ser animales.

Lucrecio, en la misma línea que los autores nombrados, da una explicación al estado anterior del hombre, cuando era una bestia, y explica que la causa de tal estado se debía a la ausencia de fuego, vestimenta y costumbres y leyes. La cultura, la cual hizo dejar atrás este estadio animal, se debió a la aparición de formas de vida social y familiar, lenguaje, agricultura, ciudades, metalurgia, música, etc.

Sobre los jonios, Manuel Medina escribe:

“De los primeros filósofos Tales, Anaximandro y Anaxímenes son conocidos sus múltiples intereses y capacidades técnicas. Aunque pertenecían a familias aristocráticas, fueron hombres prácticos que se dedicaron al comercio, intervinieron en política y no se identificaron con la oligarquía. En sus tratados inauguran una interpretación profana del mundo que se aparta de los tradicionales mitos agrarios. La cosmología jonia es en buena parte una cosmología artesanal. En ella, la incipiente conceptualización teórica de los procedimientos técnicos se extrapola al ámbito de procesos cósmicos fuera del alcance de la acción humana. Las interpretaciones fantásticas y sobrehumanas de las antiguas cosmologías se transforman en una interpretación en términos de la experiencia operativa propia de las technai”

Protágoras ofrece una interpretación integrada de la cultura pues incluye las técnicas políticas relativas a la organización de las ciudades y al derecho. Para explicar esto hace uso del mito de Prometeo, del cual hace una interpretación filosófica. Según Protágoras, Prometeo facilita la sabiduría técnica pero la cultura es resultado de la creatividad de los propios hombres.

“Entonces Zeus, temiendo que nuestra especie quedase exterminada por completo, envió a Hermes para que llevase a los hombres el pudor y la justicia, a fin de que la armonía y los lazos comunes de amistad rigiesen las ciudades”[4]

Vemos la necesidad de la técnica política como condición de posibilidad para la convivencia. Por suerte, a diferencia de cómo pensaban los filósofos metafísicos, esta técnica es común a todos lo que significa la posibilidad de un gobierno democrático. Los sofistas, en contienda con los filósofos, defendieron las técnicas y esto estaba vinculado, normalmente, a posiciones democráticas. Según éstos, los técnicos pueden tener virtudes políticas por lo que es natural que dejen hablar a todo hombre porque si no participaran todos no habrían ciudades. Según ellos, la técnica política estaba al alcance de todos. Es decir, no constituía un saber especializado lo cual cuestionaba el ejercicio exclusivo de la política por parte de las clases tradicionalmente dominantes. Por ello, los sofistas emprendieron una campaña de alfabetización política para el funcionamiento de la democracia.

 

Hermes pregunta: “¿Reparto así la justicia y el pudor entre los hombres, o bien las distribuyo entre todos?”.[5]

 

Y Zeus responde:“Entre todos, respondió Zeus, y que todos participen de ellas. Porque si participan de ellas sólo unos pocos, como ocurre con las demás técnicas, jamás habrá ciudades” [6]


[1] Manuel Medina  “Técnica, teoría, cultura y política en la filosofía antigua”, http://www.ub.edu/prometheus21/

[2] Manuel Medina , “Ciencia, técnica, teoría y filosofía antigua”., http://www.ub.edu/prometheus21/

[3] Manuel Medina,  “Técnica, teoría, cultura y política en la filosofía antigua”, http://www.ub.edu/prometheus21/

[4] Platón, “Protágoras”,  321 c-322 d

[5] Ibid.

[6] Íbid.

¿Cómo producimos y transformamos significados?

Introducción

Cada palabra que el ser humano ha creado ha supuesto un avance que solemos subestimar. La adquisición del lenguaje, con sus conceptos más abstractos o más concretos, nos equipa con estructuras mentales y así nos habilita para explorar nuevos territorios. Y es que aparentemente el lenguaje no parecería estar tan íntimamente relacionado con nuestro modo de contactar con las diferentes dimensiones del mundo, con la posibilidad de conquistar y vivir nuevas experiencias.

Por ejemplo, y aunque sea sólo una hipótesis: hace 90.000 años, el ser humano, relacionándose con el entorno natural de una forma cada vez más compleja, sintió probablemente la necesidad de comunicar tal complejidad, y no para poder subirse a un pedestal y ser aplaudido, sino, ente otras cosas, para la optimización del trabajo en equipo:

“Puede que los primeros ruidos que acompañaban a la «gramática» de la fabricación secuencial de instrumentos sirvieran también como gramática básica del habla, ya que ésta consta de sonidos que sólo cobran sentido al pronunciarse en el orden debido, como era el caso con las operaciones requeridas para la fabricación de instrumentos. Instrumento y frase vendrían a ser la misma cosa”. [1]

En general, y sobretodo en la génesis de la cultura, es una cuestión de utilidad el hecho de crear un concepto o una palabra. Para Nietzsche, el filósofo es un visionario capaz de poner palabras a aquello sin nombre que reclama una forma, que pide ser bautizado. Así pues, este visionario es el primero que pone atención a algo que no dispone de una etiqueta y así lo captura conceptualmente.[2]

Creación y transformación del léxico

La dinámica de la creación, transformación y desaparición del léxico, y sin entrar en procesos cognitivos, es muy curiosa e interesante.

Los procesos de creación de nuevo léxico más frecuentes son: la analogía, que consiste en asociar un proceso de otra palabra a uno nuevo (panching, penging); el préstamo (e-mail, modem, trust, poof); los tecnicismos (sintagma, neutrón); la composición (cortaplumas); la derivación (megatienda, minicamiseta); los acrónimos (ONU, OTAN), los amalgamas (spanglish); etc.

Los procesos de transformación del léxico más frecuentes son: la extensión de significado por algún tipo de nueva relación (el tiempo, desde Einstein y no antes, se conecta con la idea de relatividad); la metonimia (una copa de vino, hacer un café); la metáfora (tocar madera, ir ciego); la generalización (bambas, celo, chupachups, vespa, kleenex); la reducción (adiós); el truncamiento con cambio de sintagma (progresista-progre); el cambio de denotación (market-to market); etc.

La polisemia

La polisemia, a diferencia de lo que tradicionalmente se piensa, es un fenónemo lingüístico que al estudiarlo diacrónicamente descubrimos varias cosas sorprendentes y que casan perfectamente con lo que aquí estamos tratando.

Tradicionalmente, decimos que la polisemia es una forma con diferentes significados y que es una propiedad asociada a lexemas únicos. También reconocemos que hay una relación[3] entre estos significados. Veamos un ejemplo:

(1) Coco: fruto, cabeza

En contra, decimos que una homonimia son dos (o más) unidades léxicas que tienen la misma forma y diferentes significados etimológicos. Es decir, no hay relación entre significados.

(2) Cola: cola (del lat. cauda), pasta adhesiva (del lat. colla)

Este análisis tradicional responde a un estudio sincrónico. No obstante, diferenciar claramente la homonimia de la polisemia es una cuestión relativa a la diacronía. Lo que para una generación dos palabras son homónimas, otra generación dirá que esos dos significados pertenecen a una forma polisémica. Y es que el hablante puede considerar que no se relacionan semánticamente cuando sí es así diacrónicamente. Por otro lado, se pueden percibir sentidos como relacionados no siendo verdad.

Otras concepciones

La polisemia lógica, según Pustejovsky, se debe a los objetos de la realidad que son complejos y pueden ser interpretados de diferentes formas. Su propuesta, consiste en entradas poliédricas que son focalizadas según el contexto. Se tratan de relaciones metonímicas entre las partes de una realidad compleja y pueden aprehenderse en reglas. Así:

(3) Irlanda: país, gobierno, población

En lingüística cognitiva, Lakoff[4] defiende que la polisemia es la norma, y no la excepción. Para explicar su postura, Lakoff diferencia dos tipos de prototipicidad[5]: los significados individuales y los conjuntos de sentidos expresados por una forma. Así, de un modo similar a la metaentradas de Pustejovsky, utiliza esquemas superiores aplicados sobre sentidos de naturaleza cognitiva. Y es que para el autor siempre existe un conjunto de características comunes. Ejemplo:

(4) Anillo: joya, cuerpo celeste.

La polisemia sincrónica se caracteriza por ser una extensión de sentido, pues ocurre que dos signos léxicos de igual forma son relacionados por el hablante. Encontramos en este tipo, así pues, tres relaciones: metonimia (De contigüidad), sinécdoque (parte-todo y ejemplar-clase) y metáfora (un sentido figurado sin una relación entre los objetos designados).

Tipos de polisemia

Básicamente hay dos: la metonimia y la metáfora. Ambos son relaciones de referencia indirecta entre dos términos que es cuando nos referimos a un entidad implicada a partir de otra entidad explicitada. En el caso de la metonimia, se explica porqué «Picasso» tiene otro significado (un cuadro) además de ser un famoso pintor español; o porqué «copa» también tiene el significado de lo que contiene. En el caso de la metáfora, la relación no es por cercanía o semejanza, sino que implica un proceso de figuración. Así, relacionamos “obstáculo” con “dificultad” porque un obstáculo es algo concreto cuyas características pueden proyectarse con lo que abstractamente llamamos “dificultad”.


[1] (5) Burke J., y Robert Ornstein, “Del hacha al chip: Cómo la tecnología cambia nuestras mentes”, Ed. Planeta, 2001.

[2] Nótese de pasada la capacidad del filósofo-visionario para poder relacionarse con el entorno inconscientemente y desde esta relación tener conocimientos suficientes, herramientas y actitudes para conectarlo con el consciente.

[3] En el caso de (1) la relación será por metáfora.

[4] Metafors we live by 1980

[5] O los “modelos cognitivos idealizados” según Lakoff. Los prototipos son ideas centrales que ordenan nuestra mente. Alrededor de ellos ordenamos otras ideas menos centrales. Por ejemplo, si digo de pensar una fruta, probablemente tengamos como modelo cognitivo idealizado una manzana o una pera, pero raramente diremos uvas o piña. orden de adquisición. Según Lavob, que no es “Lakoff” mal escrito sino otra persona, hay algunas pruebas de la existencia de los prototipos: la facilidad en el aprendizaje, las respuestas más rápidas dada una categoría, los juegos de composición de palabras y el papel especial que juega el parámetro de la frecuencia.

Mapas mentales ¿Cómo ordenamos la información mental?

En nuestra relación con el entorno, nos valemos de determinadas estructuras conceptuales para poder reconocer, diferenciar y comprender tal entorno. Sin estas estructuras nuestra relación se vuelve confusa e inconsciente, lo que no siempre está tan mal.

Básicamente, tenemos tres formas de ordenar la información mental: Primero, en forma de redes o jerarquías[1]; segundo, formando estructuras lineales; y tercero, de forma circular. En PNL, a estas tres formas les corresponde los sistemas representacionales kinestésico, auditivo y visual, respectivamente.

Es interesante investigar cómo relacionamos y ordenamos la información. A continuación hago un esbozo de  criterios que nuestra mente utiliza habitualmente:

1- Por formas, al modo de los diccionarios[2] generales, diccionarios inversos -cuyo listado de unidades léxicas están ordenadas a la inversa-, y los diccionarios etimológicos. Ejemplos: términos acabados en –asa (pensaba, casaba, amaba, deseaba, trabajaba, etc.); términos que empiezan por re- (rehacer, repensar, retocar, reinventar, etc.); etc.

2- Por fonética, relacionando así palabras, por ejemplo, con muchas vocales, tipos de pronunciación, etc. Por ejemplo, con muchas “a”: albahaca, castaña, mañana, araña, fabada, etc.

3- Por pura subjetividad, es decir, relaciones entre conceptos por cuestiones personales (mi historia personal y mi situación actual ). Por ejemplo, si ahora mismo estoy en un proceso creativo, encerrado aquí en mi casa, pensativo, etc., es razonable que al poner ejemplos tienda a exponer, o bien ideas prototípicas[3], o bien lo que envuelve mi vida ahora mismo: pensamientos, trabajo, estudios, deseos, invenciones, etc. Sin ir más lejos, en las relaciones por fonética he dicho “fabada”, y pensándolo ahora, es justo lo que voy a cenar.

4- Por causalidad natural o por conocimiento del mundo extralingüístico, al modo de que al pensar en humo lo relacionamos con el fuego. Este tipo de relación es sintagmática.

5- Por relaciones típicamente paradigmáticas. Aquí querría ir poco a poco:

5.1. La hiponimia. Esta relación enlaza un lexema que denota una clase y un lexema que denota la subclase. Es la relación tipo-ejemplar. El término más general se llama hiperónimo, y el más específico, hipónimo. Cuando dos términos comparten el mismo hiperónimo, son cohipónimos. Ejemplos de estas relaciones: “Milú-perro”, “perro y gato son mamíferos”. Algunas propiedades a destacar: 1) relación transitiva (Milú es un mamífero) y asimétrica (un perro es un mamífero pero un mamífero no es un perro). 2) la extensión del hiperónimo es mayor que la del hipónimo 3) la especificidad del hipónimo es mayor que la del hiperónimo, 4) A veces ciertas relaciones parecen hiponímicas y no lo son. Por ejemplo: que x sea un perro no implica que sea una mascota.

5.2. La meronimia. Esta relación enlaza dos unidades léxicas en la que una denota el todo y la otra una parte de este todo. El término que designa el todo se llama holónimo, y el que designa la parte, merónimo. Ejemplos: silla-pata, rebaño-oveja, etc. Algunas propiedades a destacar: 1) Es asimétrica (dedos < mano pero no al revés), presuntamente transitiva (dedos < mano < brazo, entonces ¿dedos son parte del brazo?). 2) Automeronimia: a veces, la parte y el todo comparten el mismo nombre (puerta: “lo encontramos detrás de la puerta”, “sacamos la puerta del marco”); 3) sus partes pueden estar claramente diferenciadas (taza-asa) o no (punta de la lengua); 4) sus partes pueden ser independientes (senado-senador) o dependientes (hombre-cabeza); 5) sus partes pueden tener una función diferenciada respecto al todo (teclado-ordenador) o no (rebaño-oveja); 6) hay partes que pueden ser necesarias (cara-boca) u opcionales (cara-bigote).7) La meronimia, según Winston y Cruse, cuenta con muchos tipos y subtipos. Hago una enumeración: grupo-miembro, objeto-componente, objeto-material, sustancia-componente, sustancia-porción, objeto-porción, zonas geográficas.

5.3. La relación de contraste. Esta relación enlaza por oposición de significado. Ejemplos: bueno-malo, grande-pequeño, alto-bajo. Encontramos diferentes tipos:

contrarios: tipo de contraste binario. Es la relación que se da entre palabras opuestas. Son estructuras bipolares, evaluables a partir de una norma. Ejemplos: grande-pequeño, caliente-frío. Algunas propiedades: 1) Las zonas intermedias a veces están lexicalizadas (caliente-templado-frío), 2) son relativos, se pueden aplicar a realidades muy diferentes con diferentes medidas (lápiz largo de 80 cm, cuerda corta de 1 m), 3) simétricas, 4) no pueden ser todos verdaderos.

complementarios: tipo de contraste binario. Son contraste disjuntos donde no hay término medio. Por ejemplo: vivo-muerto, soltero-casado. Algunas propiedades: 1) afirmar uno supone negar el otro, 2) no son graduables (*estás muy casado).

-inversos: tipo de contraste binario. Expresan una oposición entre dos unidades que se presuponen mutuamente. Describen la misma realidad desde dos puntos de vista. Ejemplos: padre-hijo, comprar-vender.

relaciones de contraste no binarios. Expresan una incompatibilidad. Escoger un elemento de un conjunto excluye el otro. Ejemplo: lunes, martes, miércoles

Cruse distingue: estructuras lineales bipolares y monopolares. Las primeras son aquellas que en los extremos se sitúan términos opuestos. Ejemplos: frío-templado-caliente-quemando. Algunas propiedades: simétricas y no transitivas. Las segundas son aquellas que expresan grados, etapas, medidas, rango, secuencias. Ejemplos: brisa-viento-tornado-huracán; bebé-niño-adolescente-adulto-vejez. Algunas propiedades: simétricas y transitivas.

5.4. La sinonimia. Es la relación de igualdad. Ejemplos: contento-alegre, mechero-encendedor. Es simétrica y transitiva. Tipos:

1) denotativa (o cognitiva) donde dos palabras se utilizan para denotar exactamente la misma entidad o tipo de identidad. Ejemplos: próximo-cercano, diferente-distinto. Algunas propiedades: a) son idénticos sintácticamente b) tiene unos valores de verdad equivalentes.

2) connotativa: cuando dos palabras tienen el mismo sentido. Esto es cuando no hay sentidos, registros, dialectos o distribuciones diferentes. Ejemplos de sinónimos NO connotativos: sucio-mierdoso, oculista-oftamólogo, niño-pequeño.

3) absoluta: cuando la sinonimia es denotativa y connotativa.

4) parcial: aquellas unidades que tienen un sentido con unas características semánticas centrales idénticas. Ejemplos: escoger-votar-elegir-optar.

5.5. Metáforas conceptuales. Es una relación de referencia indirecta entre dos términos que es cuando nos referimos a un entidad implicada a partir de otra entidad explicitada. La relación implica un proceso de figuración. Así, relacionamos “obstáculo” con “dificultad” porque un obstáculo es algo concreto algunas de cuyas características pueden proyectarse con lo que abstractamente llamamos “dificultad”.

 


[1] En el primer caso, aunque no necesariamente, hablamos de campos temáticos; en el segundo caso, de campos semánticos. En el primer caso, se estructura a partir de redes semánticas y se caracteriza por cubrir un área, dentro de un dominio de significación, de una palabra o grupo de palabras. Admite diferentes categorías sintácticas y utiliza relaciones tanto del tipo paradigmático como sintagmático. En el caso de los campos semánticos, hablamos de un conjunto de palabras de la misma categoría gramatical que se estructura jerárquica y linealmente. Las relaciones que se dan son del tipo paradigmático. Destacar la taxonomía, que es el resultado de establecer hiponimia (ver más abajo) entre un conjunto de vocabulario, y que es un tipo de campo semántico muy frecuente e importante en la producción lingüística pues, entre otras cosas, establece restricciones de selección y con la coordinación.

[2] Es interesante comprobar que hay diccionarios para casi cada una de los criterios que expongo: generales, bilingües, sinónimos/ antónimos, técnicos, históricos, dialectales, etimológicos, enciclopédicos, inversos, neologismos, frecuencias (corpus), etc.

[3] O los “modelos cognitivos idealizados” según Lakoff. Los prototipos son ideas centrales que ordenan nuestra mente. Alrededor de ellos ordenamos otras ideas menos centrales. Por ejemplo, si digo de pensar una fruta, probablemente tengamos como modelo cognitivo idealizado una manzana o una pera, pero raramente diremos uvas o piña. Lakoff, no obstante, diferencia dos tipos de prototipicidad: los significados individuales y los conjuntos de sentidos expresados por una forma. Así, de un modo similar a la metaentradas de Pustejovsky, determina unos esquemas superiores aplicados sobre sentidos de naturaleza cognitiva. Y es que para el autor siempre existe un conjunto de características comunes. Por ejemplo: Anillo como joya y cuerpo celeste. Según otro autor, Lavob, hay algunas pruebas de la existencia de los prototipos: el orden de adquisición, la facilidad en el aprendizaje, las respuestas más rápidas dada una categoría, los juegos de composición de palabras y el papel especial que juega el parámetro de la frecuencia.

Los límites de la lógica según Erich Fromm

En oposición a la lógica aristotélica, existe la que podríamos llamar lógica paradójica, que supone que A y no-A no se excluyen mutuamente como predicados de X. La lógica paradójica predominó en el pensamiento chino e indio, en la filosofía de Heráclito, y posteriormente, con el nombre de dialéctica, se convirtió en la filosofía de Hegel y de Marx. Lao-tsé formuló claramente el principio general de la lógica paradójica: «Las palabras que son estrictamente verdaderas parecen ser paradójicas» (Lao-tsé, The Tao Teh King, The Sacred Books of the East, ed. por F. Max Mueller, Vol. XXXIX,Londres, Oxford University Press, 1927, pág. 120.). Y Chuang-tzu: «Lo que es uno es uno. Aquello que es no-uno, también es uno.»

(…)

Los maestros de la lógica paradójica afirman que el hombre puede percibir la realidad sólo en contradicciones, y que su pensamiento es incapaz de captar la realidad-unidad esencial, lo Uno mismo. Ello trajo como consecuencia que no se aspira como finalidad última a descubrir la respuesta en el pensamiento. Este sólo nos dice que no puede darnos la última respuesta. El mundo del pensamiento permanece envuelto en la paradoja. La única forma como puede captarse el mundo en su esencia reside, no en el pensamiento, sino en el acto, en la experiencia de unidad.

Fragmento del libro «El arte de amar»

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Subjetividad en la metafísica aristotélica y platónica

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En resumidas cuentas, tenemos a Platón y su Ser-uno-límite y a Aristóteles con su ser pensado (de muchas maneras). Platón comete el despropósito -visto sería así por la mayoría de los analistas lógicos- de hablar de lo extra-lingüístico, de lo puramente metafísico, incluso de lo puramente meta-mundano. Aristóteles, en cambio, al modo kantiano, está circunscrito a los límites mundanos del lenguaje y lo pensable.

Así pues, la lectura que veo implícita en esta diferenciación es que tenemos a Platón que toma la razón como un instrumento no meramente mecanicista ni exclusivamente humano sino con la extraordinaria capacidad de motivar la aspiración del alma a estratos superiores. Efectivamente, el método dialéctico, impulsado por la suprema intuición del Bien, permitiría la emergencia de nuevos horizontes y ello es lo que le llevaría a asediar la fortaleza inderivable de los principios platónicos de la misma forma que la mente emerge del cerebro y no es reducible a las propiedades de éste ni se puede explicar que el paso del uno al otro no sea sino por medio de un salto cualitativo repentinamente sobrevenido.

(…)

Por una parte tenemos la concepción propiamente aristotélica de un Dios inteligente, podemos decir que racional. Por otra parte podemos pensar en un “Dios” que es puro amor, el Bien platónico.

Lo racional puede entenderse como lo que relaciona discriminadamente y por ello parecería más que coherente que la persona especialmente racional “quisiera” o hiciese apología de la importancia de la separación o lo diferente.

Por otra parte, el amor también se puede entender como lo que relaciona pero en el sentido de unir y por ello el especialmente amante “querría” o haría apología de que nada estuviese separado.

Platón, en mi opinión, integra los dos principios pues el método dialéctico lo concibe como el arte de unir lo que está unido y separar lo que está separado dentro de un todo perfectamente trazado. Esta predisposición holista, actitud que Aristóteles, quizá por dialéctica con su maestro, no supo tomar, permitió a Platón unir la razón al mito. A todo análisis racional le introdujo inteligentes dosis de intuición que le permitieron concebir su investigación como un viaje espiritual de purificación del alma (y no sólo como un placentero ejercicio intelectual).

¿El error de Aristóteles? Que ante las continuas y contraproducentes confusiones que la intuición causaba en todo análisis racional, aislara ambos (razón e intuición) en cámaras separadas ¿Por qué? Por amor a la lógica y desconfianza a la intuición (aunque pienso que su concepción de prudencia en su ética anularía parcialmente mi acusación). En vez de buscar cómo confiar en las intuiciones dio una casi total relevancia a la segura (y ciega) mecanicidad de la razón analítica.

La postura aristotélica da cuenta de cómo lo subjetivo afecta al presunto método objetivo: la pura lógica. Ciertamente, en el momento de dar contenido a la lógica los prejuicios y los valores monopolizan y determinan subrepticiamente el transcurso del discurso, corrompiendo así, diría casi por completo, la objetividad. La selección de las premisas que llevaron a Aristóteles a sus conclusiones metodológicas se llevó a término en el mismo escenario, en la misma situación, con los mismos elementos que cuando Platón tuvo que determinar sus premisas. Las propias inclinaciones hicieron que cada cual se fijara en uno u otro elemento y a partir de ello cada cual gestionó la información a su manera. El resultado: dos epistemologías muy diferentes.

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¿Qué tipo de conocimiento es la astrología?

La astrología no debe confundirse con la astronomía. La astrología, desde la civilización babilónica al menos, es la ciencia más pretenciosa que la humanidad haya conocido nunca pues pretende dar cuenta de la relación existente entre el macrokosmos (el sistema solar-Vía Láctea-Universo) y el microkosmos (Planeta Tierra, países, instituciones, grupos, personas y órganos). Llegar a interpretar el “logos” de los astros es algo que, a primeras, parece descabellado. Sin embargo, han sido grandes científicos los que se han interesado por esta ciencia, sorprendentemente, personas que no dudaríamos en calificar de racionales, como es el caso de Isaac Newton (http://webapp1.dlib.indiana.edu/newton/mss/dipl/ALCH00110#f1r). Y algunos escépticos, cuando quisieron desmentirla desde dentro, esto es, conociéndola en profundidad, no como Carl Sagan, acabaron como defensores de la misma. Este es por ejemplo el caso de Michel Gauquelin (“Los relojes cósmicos”).

Independientemente de lo que los astrólogos digan o cómo interpreten, este tipo de conocimiento, como he dicho antes, es el más pretencioso del “kosmos”, por lo que no tiene que pensarse mal cuando los astrólogos afirman que antes de emitir un juicio lapidario sobre la validez de esta disciplina, es necesario hacer un aprendizaje adecuado del tipo de conocimiento que se tiene entre manos.

Y aquí es donde el epistemólogo entra en acción. Éste, prontamente, se ve rodeado por prejuicios de todo tipo. Demasiado sencillo rechazarlo de primeras. Patrice Guinard es un filósofo que dedicó su tesis doctoral a explicar en qué consiste la astrología (http://cura.free.fr/articles.html) y que entre otros, enfocó el tema ayudándose del semiólogo Charles Sanders Pierce. Personalmente, por ahora, me atrevo a hacer las siguientes observaciones para el estudio de la astrología:

1. Estar «abierto» a la posibilidad de que algo sea real es condición de posibilidad para poder percibir (o no) la realidad de esa posibilidad.

2. Aprendizaje. Si no habilito mi mente para determinadas realidades, mediante estructuras conceptuales adecuadas, no seré capaz de atender a ciertas realidades. Dicha formación de estructuras conceptuales supone un esfuerzo a través del tiempo para aprender la dinámica particular de la astrología.

3. Diferenciar conceptos de superconceptos. Requiere, pues, un aprendizaje especial. Más info en https://transformandoelinfierno.com/wp-content/uploads/2010/02/reflexic3b3n-sobre-la-relacic3b3n-entre-ciencia-y-astrologc3ada.pdf

4. Adaptación. Identificar patrones de conducta relacionados con el macrokosmos tiene que implicar necesariamente un tipo de observación diferente a cuando identificamos una célula u otro microorganismo mediante el microscópio.

5. Hay indicios para abrirse a la posibilidad de que la Astrología pueda tener una base real: (…)

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¿Cuánta verdad hay en lo que decimos sobre los quarks y los ángeles?

El Pleroma y la Creatura

Pleroma: Procesos físicos. Noúmeno (Kant). Territorio (Korzybski). “La esfera crudamente física gobernada sólo por fuerzas y choques”.

Creatura:. Procesos mentales. Fenómeno (Kant). Mapas (Korzybski: «El mapa no es el territorio»). “La esfera gobernada por distinciones y diferencias” “En realidad, cuando hay información o comparación hay para mí un proceso mental”

“La caracterización de un espíritu o una mente fue uno de los empeños centrales de Mind and Nature, (…). La definición ancla la noción de una mente firmemente en la disposición de partes materiales:
1. Una mente es un conjunto de partes o componentes que están en interacción.
2. La interacción entre partes de la mente es desencadenada por la diferencia.
3. El proceso mental requiere energía colaretal
4. El proceso mental requiere cadenas circulares (o más complejas) de determinación.
5. En el proceso mental, los efectos de las diferencias han de considerarse como transformas (es decir, versiones codificadas) de sucesos que los precedieron.
6. La descripción y clasificación de estos procesos de transformación revelan una jerarquía de tipos lógicos inmanentes a los fenómenos.»

“(…) la definición se aplica a una gama mucho más amplia de esos fenómenos llamados “sistemas”, incluso sistemas qe consisten en múltiples organismos o sistemas en los cuales algunas de sus partes son vivas y otras no lo son, o hasta sistemas en los que no hay ninguna parte viva. Lo que describimos aquí es algo que puede recibir información y que puede (por obra de la autorregulación o de la autocorrección que son posibles en virtud de series circulares de causación) mantener la verdad de ciertas proposiciones sobre sí mismo.»

Epistemología

“(…) definiré la epistemología como la ciencia que estudia el proceso del conocer: la interacción de la capacidad de responder a las diferencias, por un lado, con el mundo material en que de algún modo se originan esas diferencias, por otro lado. Debemos considerar pues una superficie o línea de encuentro entre el Pleroma y la Creatura.”

“Existe una definición convencional de epistemología, la cual sencillamente dice que epistemología es el estudio filosófico de cómo es posible el conocimiento. Yo prefiero mi definición –la de saber cómo se realiza el conocer- porque sitúa la Creatura dentro de la esfera total, más amplia y presumiblemente inanimada del Pleroma y porque mi definición identifica lisa y llanamente la epistemología como el estudio de los fenómenos que se dan en la línea de encuentro y como una relama de la historia natural.»

Relación entre el Pleroma y la Creatura. La cuestión de la verdad

“(…) existe en el Pleroma toda una cantidad de regularidades, que no están nombradas y están listas a que se las recoja. Pero las distinciones y diferencias que se usarían en un análisis no están todavía trazadas a falta de los organismo para quienes las diferencias podrían tener sentido.”

“Soy antropólogo por vocación y formación, y las ideas de la relatividad cultural forman parte de la ortodoxia antropológica… pero ¿hasta dónde puede llegar la relatividad cultural? ¿Qué puede decir el relativista cultural sobre las verdades eternas? ¿No tiene la aritmética sus raíces en la roca sólida e inmutable del Pleroma? ¿Y cómo podemos hablar sobre semejante cuestión?

¿Existe pues un objeto de indagación como la Epistemología con E mayúscula? ¿O se trata siempre de epistemologías locales y hasta personales, cada una de las cuales es tan buena y correcta como cualquier otra?

Esta es la clase de cuestiones que surgen cuando tratamos de escrutar la superficie de encuentro entre Pleroma y Creatura, y es evidente que la aritmética se encuentra muy cerca de esa línea.

Pero no desechamos esas cuestiones por considerarlas “abstractas” o “intelectuales” y por lo tanto carentes de significación. Pues esas cuestiones abstractas nos llevarán a cuestiones humanas muy inmediatas. ¿Qué clase de pregunta estamos haciendo cuando decimos “¿Qué es la herejía?” o “¿Qué es un Sacramento?” Estas cuestiones profundamente humanas –cuestiones de vida y muerte, de cordura y locura, para millones de personas-, y las respuestas (si las hay) están ocultas en las paradojas generadas por la línea de separación de Creatura y Pleroma… la línea por la cual los gnósticos, Jung y yo sustituiríamos la separación cartesiana de espíritu y materia… una línea que en realidad es un puente o una vía de transmisión de mensajes.

¿Es posible estar epistemológicamente equivocado? ¿Equivocado en la raíz misma del pensamiento? Los cristianos, los musulmanes y los marxistas (muchos biólogos) dicen sí, es posible, y llaman a ese error “herejía» que equiparan con la muerte espiritual. Otras religiones- el hinduismo, el budismo, las religiones más francamente pluralistas- parecen no tener conciencia de semejante problema. La posibilidad de error epistemológico no entra en sus respectivas epistemologías. Y aun hoy en los Estados Unidos es casi ua herejía creer que las raíces del pensamiento tengan alguna importancia y que es antidemocrático excomulgar a un hombre por errores epistemológicos. Si las religiones tienen que ver con la epistemología, ¿Cómo interpretamos el hecho de que algunas de ellas tengan el concepto de “herejía” y otras no la tengan?»

«El temor de los ángeles» de Gregory y Mary Catherine Bateson