Cómo la estructura del lenguaje influye en el contenido

Introducción

¿Comunicamos cosas diferentes según estructuramos una oración de una forma u otra? Parece ser que sí y que es algo bastante consensuado. Muchos especialistas han hecho estudios para comprender tal fenómeno. La propia lógica supone ya una importante propuesta, y ya milenaria. No es de extrañar que autores, más o menos actuales, como Montague, Bach, Dowty y Davidson, hayan hecho sus propuestas desde diferentes teorías lógicas. Como es consabido, la lógica, entre otras cosas, representa formalmente nuestro lenguaje natural. Independientemente de la aplicación que puede hacer para asegurar un conocimiento de alta calidad (pues ha definido las formas y las leyes más generales del procesamiento de información), la lógica muestra la estructura argumental de nuestras oraciones, diferenciando tipos de relaciones, términos, predicados, cuantificadores, etc. A partir de todas estas variables, ordenar los elementos involucrados de una forma u otra, según reglas lógico-matemáticas, implica significados totalmente diferentes.

Otra de las propuestas existentes, muchas veces en estrecha relación con las teorías lógicas, se centran prioritariamente en la estructura argumental. Para empezar, entienden un argumento de forma completamente diferente al lógico, pues éste último lo entiende como epistémologo y los autores de esta propuesta diferente lo entienden como lingüistas (por lo que tienen otro tipo de consideraciones[1]). En este contexto, los argumentos se definen como los elementos necesarios para que una pieza léxica pueda ser entendida. Por ejemplo, el verbo de la oración “José dijo el pasado miércoles a su madre que la quería” es “dijo” (y como todo verbo es el núcleo). Si prescindiéramos de “el pasado miércoles” la pieza léxica que nos interesa se entendería igualmente, sin embargo, si prescindiéramos de “a su madre” o “que la quería”, difícilmente entenderíamos lo que está ocurriendo, y es que “José dijo el pasado miércoles” está reclamando imperiosamente un CD y un CI[2], ambos argumentos. “El pasado miércoles”, así pues, no lo identificaríamos como argumento, sino como adjunto.

La estructura argumental

Sobre esto se ha trabajo mucho y bien. En los inicios, Tesnière (1957) utilizó los términos “actante” y “circunstante” en el lugar de argumentos y adjuntos, respectivamente. Luego, el mismo autor, junto a Leech y muchos otros, estudiaron la aridad, es decir, el número de argumentos que necesitaba una pieza léxica, y las reglas y posibilidades de la combinación de los argumentos. Ejemplos de piezas léxicas y su aridad:

De ningún argumento:             Nieva

De un argumento:                     Juan ríe (x ríe)

De dos argumentos:                 Entre la mesa y la pared (entre x e y)

De tres argumentos:                 Isabel da un beso a su novio (x da y a Z)

De cuatro argumentos:             Raquel traslada la taza desde la mesa hasta la cocina (x traslada y desde z hasta w)

Una de las cuestiones a resolver es cómo determinar el número de argumentos de un predicado. Si en función de la estructura más básica, más frecuente o más completa informativamente… No obstante también hay que considerar cuestiones de pragmatismo puesto que, por ejemplo, la estructura argumental básica de “comprar” sería:

(1)     x compra                    y a           z por            w

Jaime compra     unos pantalones al   vendedor por    cincuenta euros

No obstante, en la práctica real, probablemente haríamos un uso de, y sería completamente comprensible para la audiencia, las siguientes estructuras:

(2)      x compra                y por             w

Jaime compra      unos pantalones por        50 euro

(3)     x compra                y

Jaime compra      unos pantalones

Y es que el lenguaje es flexible y según el contexto un componente puede ser (o no) elidido, omitido, cognado[3] u incorporado. Debido a esta flexibilidad, Levin[4], en 1993,  pensó en un sistema de alternancias en el cual pudiese definir[5] los argumentos que, por el tipo de verbo, pudiesen moverse a otras posiciones gramaticales, pronominalizarse o desaparecer. Por ejemplo, el verbo “romper” admitiría la pérdida del sujeto:

(4) David rompe la ventana con un martillo

(5) El martillo rompe la ventana

O bien el verbo “aburrir” admitiría omitir el objeto de un determinado estímulo:

(6) La película aburre a los espectadores

(7) Los espectadores se aburren

Vázquez, en el 2000, hizo su propuesta para el castellano. Entre otras cosas, su sistema contemplaba movimientos opuestos en la misma pieza léxica que no eran sino cambios de enfoques. Por ejemplo, movimientos en referencia a la causa:

(8) El director despidió al secretario

(9) El secretario fue despedido por el director

O entre un evento y un estado:

(10) Sara corta la carne

(11) Esta carne se corta con facilidad

Estructura de los verbos de movmiento

Algo que resulta muy interesante, y que va más allá de la propuesta de Levin o Vázquez, es la utilización de una sola estructura para comprender todos los verbos de movimiento (recorrer, llegar, dirigir, viajar, finalizar, construir, transformar…). Según el verbo, la esencia de la acción se focalizaría en algún punto de la estructura, y siempre necesitando de la totalidad de la estructura para comprender la acción:

La pregunta es: ¿Hasta qué punto todos los verbos estarían subordinados a este esquema?

Pustejovsky

Pustejovky, en 1995, clasifica los argumentos en tipos. Primero, los “True arguments”, que son argumentos realizados sintácticamente (Nuria ríe). Segundo, los “Default arguments”, que son argumentos que participan en las expresiones lógicas de los qualia pero no necesariamente son realizados sintácticamente (construir una casa con ladrillos). Tercero, los “Shadow arguments”, que son argumentos incorporados semánticamente a la unidad léxica que se puede especificar más (butter the bread with Dutch butter). Luego, Pustejovsky define los “True adjuncts” como los adjuntos, los cuales son partes de la interpretación situacional y no están ligados a la representación semántica del ítem léxico (Maria condujo el coche el sábado por la noche).

¿Aplicación a la PNL?

¿Qué ocurre cuando un hablante prescinde de un argumento que suele ser imprescindible para comprender una pieza léxica? ¿No tiene interesantes implicaciones en la comunicación y en la concepción del mundo del hablante? ¿No podría relacionarse y quizás incluso completar el modelo del lenguaje?

¿Y qué efectos tiene escuchar a alguien que prioritariamente ordena los sintagmas de una forma poco usual? ¿Qué efectos tendría en este alguien modelar sus patrones sintácticos y adecuarse a ellos? ¿Mejoraría el rapport?

Ejemplos de estas variables

(1) Nosotros tratamos la situación actual del pepino en nuestro país

Sujeto          Verbo             CD            CCT        CI                   CCL

Nosotros tratamos en nuestro país la situación actual del pepino

Sujeto          Verbo              CCL                   CD             CCT            CI

(2) Hice un salto mientras chillaba

SV+SN           adv             V

Chillé mientras daba un salto

SV         adv             SV+SN

(3) Carlos se casó con Ana

SN            SV         prep      SN

Carlos y Ana se casaron

SN     conj   SN           SV

Un problema que se me ocurre sería la dificultad para analizar a una persona en estos términos en tiempo real. No obstante, para aquellos casos que fuera posible disponer de grabaciones y de un trato continuado, sí que podría ser útil puesto que además, ayuda a identificar valores y creencias[6]. En todo caso, hay que experimentar para ver qué pasa…

Por cuestiones de pragmatismo, es muy posible que prioricemos un sintagma y otro. Por ejemplo, si estoy buscando dónde estan mis calcetines y se lo pregunto a mi mujer probablemente no me respondería así:

(4) He puesto los calcetines en el cajón

SV                 SN                   SP

Sino así:

(5) En el cajón he puesto los calcetines

SP                SV              SN

O si trabajara en una refinería petrolífera y súbitamente encontrara petróleo, tampoco diría:

(6) He encontrado petróleo

SV                SN

Sino:

(7) ¡Petróleo! he encontrado

SN                   SV


[1] Características propias del lenguaje como la composicionalidad, la ambigüedad, la prominencia, la suficiencia, etc. Aunque afirme esto de la lógica no hay que olvidar que los lógicos suelen tener una importante base en lingüística por lo que sería injusto decir que no atienden a estas características. Algunos ejemplos: Frege, Russell o Wittgenstein.

[2] Por lo común, este tipo de análisis se dan en términos de categorías y no en términos de funciones sintácticas. Kaplan y Brensan sí que hacen su propuesta en tales términos inusuales.

[3] Un objeto cognado es aquel que está restringido porque es, por ejemplo, redundante (Juan pesca un pez).

[4] English verb classes and alternations

[5] Define 48 clases semánticas, 200 subclases y 79 alternancias agrupadas en 8 tipos. Algunas propiedades de cada clase: comparten un número de alternancias, admite excepciones y no se acepta una sola alternancia.

[6] Por ejemplo, en (2) encontramos plasmado el fenómeno mental background & foreground (contexto-figura), lo cual, más allá de la sintaxis, tiene lazos muy fuertes con la semántica cognitiva.

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