Fantaseando con las marabuntas

Desde hace muchísimos años fantaseo con las marabuntas. Siempre he imaginado una hipotética ciudad de miles de habitantes y de escasos recursos tecnológicos con siempre el mismo problema año tras año: las migraciones de millones de hormigas que, ansiosas por encontrar comida para sus larvas, arrasaban con la ciudad y aquellos habitantes que no hubieran escapado a tiempo. En mi fantasía juvenil imagino que de un gran problema así acabó surgiendo (en esa hipotética ciudad) una costumbre que consistiría en aguardar todos y todas a la marabunta lo mejor preparados posibles, para pisar y pisar hormigas sin parar, sin piedad, y siempre en perfecta sincronización con los demás ciudadanos. Sería algo muy emocionante, algo así como esperarlos todos en línea, en alguna llanura a las afueras de la ciudad, todos formados como en las antiguas batallas medievales, abarcando la máxima extensión posible, equipados quizás con un calzado especial para pisar mejor y mayor superficie.
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