¿Qué es la ciencia?

El proceso de abstracción nos daba una base epistemológica para comprender, por ejemplo, cómo formamos conceptos para comprender el mundo. Ahora lo que nos importa es el proceso por el cual producimos conocimiento lo suficientemente riguroso y seguro como para llamarlo científico y así entenderlo como un conocimiento objetivo o, si los argumentos en contra del escepticismo no fueran convincentes, lo menos subjetivo y más seguro posible.

El primer paso de este proceso es conocer el propio paradigma. Es decir participar en sus supuestos generales y metafísicos, leyes, problemas y tecnología. Todo ello, pues, supone un capital cultural que margina de entrada todos aquellos movimientos intelectuales que pretenden revolucionar desde la nada. Además, dado que el científico revolucionario debe conocer toda la estructura que conforma su paradigma esto incluye también dimensiones culturales y personales como son las creencias típicas de su tiempo y su relación con ellas.

El segundo paso es experimentar el mundo[1]. Es decir, observar, medir, constatar lo que ocurre efectivamente en el mundo real. Y esto no supone hacerlo como decíamos en el proceso de abstracción sino que aquí se toman las precauciones típicas del método inductivo.

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Vivir en sociedad: un contratiempo para la creatividad y la objetividad

«Lo que consideramos evidente depende y tiene demasiado que ver con nuestra educación, nuestros prejuicios y nuestra cultura para ser una base fiable de lo que es razonable»

A. Chalmers

En este post exploraremos la relación entre conocimiento (supuestamente objetivo) y la vida humana en sociedad. En posts anteriores hemos visto que estamos lejos de ser personas netamente racionales puesto que conservamos nuestra animalidad hasta en aquellas circunstancias que parecerían puramente racionales. Ahora veremos que nuestra pretendida libertad a la hora de juzgar el mundo está limitada por algunos efectos negativos de vivir en sociedad. El científico revolucionario tendrá que ser capaz de estar por encima de la presiones de grupo lo que esto se traducirá en, por ejemplo, no necesitar depositar su confianza en manos ajenas. ¿Un buen ejemplo?  Copérnico.

Y es que en el día a día vivimos con otras personas en una gran superestructura que llamamos sociedad. De la misma forma que en los grupos de primates hay jerarquías y, por lo tanto, estatus (a respetar o desafiar), a nosotros nos pasa exactamente lo mismo: vivimos con otros siempre en severa jerarquía donde el dominante lo defino, muy cercano a Hobbes y Weber, como aquel que garantiza la “seguridad” de un “territorio” al persuadir a la mayoría de estar por encima de sus competidores. Dada la multidimensionalidad de la vida humana ahora el dominante no es el más fuerte sino que ahora la ansiada sensación de seguridad la transmite también el dinero, la inteligencia, el poder político… y lo que nos interesa, el conocimiento.[1] Así pues, el conocimiento científico, entendido éste como producto socio-cultural por consenso entre expertos, también implicará una estricta jerarquía con dominantes respetados (reconocidos e incuestionados) que liderarán la compleja estructura del paradigma imperante.

Así, defenderé la hipótesis de que un científico excelente y revolucionario (en este post me referiré a los intelectuales en general) se verá limitado, incluso perjudicado, por determinadas prácticas típicamente sociales como es la práctica investigadora en equipo. Para empezar, el desafío al dominante implicaría la osadía de socavar la seguridad intelectual de todo un colectivo lo que es violento en sí. Por ello, de pertenecer a este colectivo (de una forma más o menos íntima) este desafío supondría el gran inconveniente de producir la incomodidad de aquellos que uno considera sus colegas (y, en cierta manera, sus iguales). Así pues, ¿Hasta qué punto el inconsciente no conduciría al individuo perteneciente a un colectivo a conclusiones que pudieran perjudicar, por ejemplo, el seguir sintiéndose seguro intelectualmente o socialmente? Más adelante leeremos en Collins otra gran desventaja de pertenecer íntimamente a un grupo y es que el individuo tiende a adoptar el pensamiento del grupo (lo que podemos suponer que disminuye las probabilidades de encontrar a un intelectual creativo capaz de desafiar el paradigma dominante).

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Evolución humana: Australopithecus, Homo Habilis, Homo Erectus y Homo Neanderthalensis

Hoy analizaremos los diferentes cráneos de las especies que representan los diferentes momentos de la evolución humana. También haré algunas referencias al esqueleto postcraneal. En concreto me fijaré en aquellos rasgos que aporten información entorno a:

-El desarrollo de determinadas estructuras cerebrales (a partir de los surcos de las zonas que controlan, por ejemplo, el lenguaje, y que son visibles en los moldes endocraneales).

-El bipedismo (a partir de la posición del foramen magnum, la estructura pélvica, el pie, etc.).

-La dentición y el aparato masticatorio.

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Refutando el escepticismo epistémico

El escepticismo defiende que no podemos saber nada, incluso que no podemos estar seguros de que haya un mundo. En mi opinión esto puede refutarse dando diferentes argumentos:

1)      Saber, algo sabemos. El escéptico tiene buenas razones para negar el grado último de certeza. No obstante, en una concepción gradual de la verdad su postura es frágil.

2)      El escéptico entra en contradicción consigo mismo pues para argumentar que no sabemos nada supone el propio mundo.

3)      El escéptico confunde problemas de subjetividad con cuestiones ontológicas.

4)      El escéptico queda desarmado cuando al preguntarnos qué sabemos respondemos sobre lo que aprendimos de pequeño, esto es, caminar, hablar, pensar, hablar, etc.

5)      El paradigma actual está conformado de un gran conjunto de enunciados observacionales y enunciados generales. Tomando el subconjunto que hace referencia a la naturaleza humana, así como sus capacidades cognitivas, es más que razonable pensar que los problemas de subjetividad, que los escépticos interpretan ontológicamente, son una consecuencia lógica de la evolución natural. Es decir, tomando como criterio el compatibilismo, donde la teoría que sea más compatible con más enunciados observacionales es más probable de ser verdad, el escepticismo se reduce a una posibilidad racional no respaldada ni por la coherencia del escéptico con lo experimentado ni por la probabilidad del compatibilismo.

Así pues, una cosa es que el conocimiento se erija sobre supuestos indemostrables y otra cosa es pensar cosas como que estamos en Matrix. El escéptico abusa de las posibilidades que nos brinda la razón y la imaginación. El hecho de que no podamos demostrar que hay un mundo normal es consecuencia de lo que sabemos sobre evolución natural, el desarrollo cognitivo del ser humano, la formación de la cultura humana, en definitiva, con datos y datos. Decir que todo puede ser Matrix es tan improbable, tan increíble, tan incongruente con esos datos y nuestra forma de vivir, que parece una locura retorcida defender la postura escéptica.

El accidente de Fukushima provoca una ola masiva de voluntarios freaks

La compañía japonesa Tepco, dueña de la central nuclear gravemente accidentada, ha desvelado esta mañana que la mayor parte de sus trabajadores en las actuales tareas de limpieza son «extraños» voluntarios venidos de todo el mundo. La empresa ha tenido que hacer pública esta información debido a los numerosos incidentes y denuncias que han sobrevenido en Fukushima, el escenario de la mayor catástrofe nuclear de Japón desde las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

Pudimos admirar los nuevos poderes de Miguel Rojas

Hemos tenido tenido acceso a los aposentos privados de uno de los voluntarios que pudieron trabajar en la central. «Sabía que la fuga radioactiva era mi oportunidad y no iba a permitir perderla. Lo comprendiera mi madre o no, ya había tomado una decisión, estaba empezando a creer en mi destino«. Así lo expresa, posando como el oscuro hombre araña, Miguel Rojas, de 29 años y estudiante de un módulo superior de informática. Miguel se declara abiertamente amante del manga, el anime y los cómics en general, y está orgulloso de ser el responsable en España de haber movilizado a cientos de personas y freaks. «Cuando me di cuenta de la gravedad del asunto busqué una forma efectiva para llegar a la mayor cantidad de gente posible y por ello decidí hacer publicidad viral a través de juegos online como WOW o Starcraft» . Y así fue. A las pocas horas, Miguel y cientos de personas estababan dispuestas a arriesgar sus vidas por «una oportunidad» como aquella. Miguel nos relata que la mayoría de voluntarios tenían la intención de aprovechar la radiación para mutar y así desarrollar superpoderes. Otros buscaban llenar de alguna manera el vacío traumático que les dejó la película Dragon Ball.

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El proceso de abstracción

“Cuanto más articulado y complejo sea el sistema de conceptos que utilicemos para dar cuenta de una parcela determinada de nuestra experiencia, tanto más articulado y eficaz será también nuestro conocimiento de la realidad derivado de esa parcela”[1]

Con este post, el lector con inquietudes epistemológicas podrá empezar a clasificar a sus pensadores preferidos entre dos tipos:

1) Los que tuvieron la suerte de tener en cuenta este post.

2) Y los que no.

Fuera bromas, lo que voy a comunicar debería ser uno de los pilares de cualquier reflexión filosófica acerca de lo que es buen conocimiento o no.

Advertir al lector que voy a intentar ser sintético y omitiré entrar en detalle lo cual sí podría hacerse en los comentarios de este post. Así pues, no dudéis en participar.

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El camino de regreso del supersabio: lo que Zaratustra no aprendió del mito de la caverna

Introducción  

En este post relacionaré las tres etapas del superhombre que describe Nietzsche en el “Así habló Zaratustra” (el sufrimiento del camello; la rebeldía y liberación del león y la autocreatividad del infante) y el camino de ida del hombre de la caverna del mito de Platón (los hombres en estado de ignorancia y esclavitud; la liberación de ese estado de esclavitud y la experiencia del conocimiento).

Como muchos sabréis, el hombre de las cavernas de Platón regresa a la cueva lo cual supone encontrarse con unos problemas y unas posibilidades que el superhombre de Nietzsche no contempla. Así pues, mi intención será  intentar explicar este retorno a la cueva desde Nietzsche con tal de completar el proceso de transformación del superhombre encarnado en el personaje nietzscheano de Zaratustra.

La cuestión principal es evitar lo siguiente:

Zaratustra, el infante -aquel que ha superado la etapa del camello y del león- está colmado de saber, necesitado de compartir su conocimiento. Así pues, se dirige al pueblo. No obstante, nadie le entiende…

Es interesante fijarse en que, etimológicamente, “infante” es aquel que carece de lenguaje hablado. Como es consabido hoy en disciplinas como psicolingüística o biología evolutiva, el lenguaje surgió en estrecha relación con la cultura. Es por eso que el ser humano que experimenta la etapa del infante se caracteriza, entre otras cosas, por haber conseguido cierta desculturalización (y desconceptualización) y, por consiguiente, por haber perdido aquello que permitía comunicarse empáticamente con la sociedad. Luego entiéndase la etapa del león como este propio proceso de desculturalización. Nietzsche:

Eso es lo que harán los hombres del futuro con todos los valores del pasado; es preciso, pues, revivir voluntariamente esos valores alguna vez, así como los valores opuestos, para acabar teniendo el derecho a pasarlos por la criba.”

El producto resultante del proceso del león es el haberse desligado de los límites impuestos por la cultura. Esto supone desconceptualizar el mundo, supone olvidar la dimensión social y política del mundo, supone autocontrol o, mejor dicho, autoconocimiento y conocimiento del entorno para adaptarse a él. Esto último debería justificarlo con mayor claridad pero para el caso es suficente con quedarnos con la importancia de liberarnos de los límites culturales.

Inevitablemente, el hombre de las cavernas que sale de la cueva (como infante) pasa por una etapa de soledad, de caminar sin referentes, sin conceptos, sin nada. Sólo vértigo y esperanza. Este vivir como ermitaño es el estilo de Zaratustra, es el estilo de vida que le había hecho rebosar de luz. Y lo mismo ocurre con el hombre de las cavernas del mito de Platón; también éste emprende un camino solitario de autoconocimiento y realización personal.

Recapitulando, hasta aquí tenemos el siguiente esquema:

La fase de transformación que Nietzsche olvidó

Cuando se recuerda el mito de la caverna de Platón suele olvidarse una cosa muy importante y es que el hombre de las cavernas (que ha salido y visto el mundo real e ideal) acaba regresando a las cavernas para comunicar lo que ha visto. Cuando ocurre esto, sus iguales se ríen de él. Es justo lo que le ocurre a Zaratustra cuando habla con los demás hombres: no le entienden y también se mofan de él. Es el famoso síndrome del sabio que parece estar loco.

Es por ello que pienso que esta etapa de retorno del hombre de las cavernas supone, en el marco conceptual nietzscheano, la etapa del infante que se autoinstruye, se integra en la sociedad nuevamente y aprende a hablar (por lo que deja de ser un infante). Si no, mientras tanto, a oídos de los demás el infante balbucea y hace gestos graciosos.

Antes de esta etapa, el infante ha desconectado del mundo humano. Así, su forma de hablar no es clara y -aunque ahora consciente de la verdad, el poder del pensamiento y la intuición- ignora el valor de adaptarse al entendimiento de los demás. El director Luis Buñuel trata varias veces esta cuestión en “Simón del desierto”. Por ejemplo, cuando un monje dice al asceta Simón:

“Tu desinterés es admirable y muy eficaz para tu alma pero temo que, como tu penitencia, de poco sirva al hombre”

A lo que Simón responde:

“No te entiendo, hablamos lenguajes distintos”

En la misma película, poco después, cuando Satanás se presenta a Simón en otro intento de hacerle caer en la tentación, Simón se vale de sus recursos que siempre le habían servido para rehuir del mal (p.e., santiguándose). Sin embargo Satanás le dice:

“No hagas más gestos con la mano porque esta vez no te va a servir”

Justo en ese momento, los protagonistas se trasladan desde comienzos de la Era Cristiana en Egipto hasta la Nueva York del S.XX. Y es cuando queda una cosa clara respecto a Simón: su mensaje, su lenguaje, su hacer, su pensar, etc. han quedado obsoletos, sin poder.

En conclusión, es absolutamente necesario que el hombre que ha salido de las cavernas -y ha experimentado lo más elevado- adapte su mensaje al lenguaje (a las reglas) de los cavernícolas. Gadamer:

«Una lengua resulta ser una manera de interpretar el mundo, que precede a toda actitud reflexiva. Todo el pensamiento se desarrolla en el surco trazado por la lengua, tanto en el sentido de limitación como en el de posibilidad»

Haciendo un puente al futuro

Entonces será hora de aprender de nuevo, de volver a culturizarse puesto que la cultura es el suelo común, el que posibilita la comunicación. Además, la culturización después de la desculturización (que supone salir de la caverna) permite que uno tenga un dominio del lenguaje diferente a la gran mayoría que lo ha aprendido inconscientemente (y que todavía cargarán con muchos sufrimientos, todavía serán, en el contexto conceptual nietzscheano, camellos). Es aquí y ahora donde y cuando entran en juego la filosofía, la ciencia y la epistemología (en un sentido amplio) como potentísimos recursos para mantener la cordura, alfabetizarse y comprender qué es el lenguaje, qué ocurre en la cultura, cómo funciona nuestra subjetividad, cómo adquirimos conocimientos, etc. Por supuesto, estas disciplinas ya nos habían ayudado en el múltiple proceso de liberación[1] (proceso que probablemente no acabe nunca del todo). La diferencia entre antes y ahora es que ahora, como infantes, estamos en una dimensión de (relativa) pura percepción por lo que la restauración de la dimensión cultural permite una claridad intelectual muy especial (tenemos la oportunidad de conceptualizar lo que antes, por cultura, nos era imperceptible) y también permite comprender mejor a los demás: ahora es posible lograr un mapa común, encontrarse en el mismo modelo del mundo, o como dice Gadamer: “participar en el sentido compartido” o “ponerse de acuerdo en la cosa” o intentar trasladarnos hacia la “perspectiva bajo la cual el otro ha ganado su opinión”.

Chuck Norris

  1. Para la mayoría de la gente, el testículo izquierdo es más grande que el otro. Para Chuck Norris, cada testículo es más grande que el otro.
  2. Chuck Norris es la razón por la que Wally se esconde.
  3. La gente usa pijamas de Superman. Superman usa pijamas de Chuck Norris.
  4. Chuck Norris puede dividir por cero.
  5. Aunque la tercera ley de Newton dice que hay una reacción por cada acción, no hay reacción a una patada de Chuck Norris. Sigue leyendo

¿Qué es la asesoría filosófica?

La consultoría filosófica nació en 1982 con el alemán Gerd Achenbach cuando ideó aplicar la filosofía a la vida cotidiana. Ignorando los ámbitos académicos que trataban cuestiones similares, Achenbach fundó la Sociedad Alemana de Consultoría y Filosofía Práctica y la Sociedad de Consejerías Filosóficas (GPS). A partir de entonces, esta nueva fórmula se expandió por todo el mundo.

Según este movimiento, anticientífico y radicalmente antipsiquiátrico, los problemas psicológicos tienen un componente filosófico latente que puede tratarse efectivamente mediante el diálogo filosófico. En este diálogo, que por parte del consultante no necesita tener conocimientos en filosofía, el consultor filosófico ayuda al consultante a clarificar racionalmente sus preguntas, conflictos, retos e inquietudes. Esta clarificación racional pasa por el rastreo de teorías filosóficas, la identificación de falacias, la definición y diferenciación de conceptos, la detección de presupuestos y prejuicios, la resolución de dilemas éticos, etc.

El 14, 15 y 16 de abril de 2005, se celebró en Sevilla el I Congreso Iberoamericano y de habla hispana para el asesoramiento y la orientación filosófica. En este evento asistieron importantes instituciones del sector como ETOR y ASEPRAF o personajes representativos como Roxana Kreimerm y Lou Marinoff, este último autor del bestseller Más Platón y menos Prozac. En dicho congreso se pudo comprobar la situación actual del consultor filosófico el cual está pasando por un momento de expansión gracias, entre otras cosas, a las traducciones de las obras de asesoría filosófica del mundo anglosajón. No obstante, se hizo patente que existen algunas controversias como ocurrió con Manuel Barrios respecto a Marinoff, quien consideraba a este último como la devaluación de la filosofía, en su gran tradición académica, hacia una forma basada en el filosofema, en el marketing personalizado y en el recetario difuso. En algunos casos, como con Luis Cencillo, la asesoría filosófica se planteaba como altamente metafísica, no obstante, estos planteamientos se recibieron como confusos y poco convincentes. Generalmente, la oposición a la psiquiatría era algo bastante consensuado y, en algunos casos como con Peter Raabe, la oposición implicaba a psicoterapias como el psicoanálisis.

La Consultoría filosófica, como puede constatarse, se encuentra actualmente en plena expansión. En algunas universidades de España como la de Sevilla o la nuestra, se ofrecen másters que acreditan la capacitación para la consultoría filosófica. En el caso de la Universidad de Barcelona las materias son: Comprensión y Problemática de la Subjetividad, Modelos Dialógicos en Filosofía, Aplicación de técnicas y modelos de Pensamiento, Filosofía y Espacios Sociales, Investigación aplicada a la Práctica Filosófica, Proyectos y Espacio social, Experiencia en la Práctica y La Tesina.

 

Una alternativa:

http://reconceptualizandolaexperiencia.wordpress.com/2009/12/09/filosofia-publica-el-perfil-profesional-del-filosofo-psicologista/