Astronomía y astrología: el zodiaco y las casas

¿Qué es el Zodiaco para la Astrología tropical?

El zodiaco es la franja del cielo que, a lo largo de la eclíptica, se extiende ocho grados y medio arriba y ocho grados y medio abajo[1]. Los doce signos del Zodíaco NO son las doce constelaciones de igual nombre. La astrología tropical ha adoptado los nombres de las constelaciones pero nada más que los nombres. El Zodíaco debe entenderse como sectores, como una partición en doce partes iguales de 30 º. El signo de Aries ocupa los treinta primeros grados de la Eclíptica y a contar desde el punto Gamma (equinoccio de primavera).

El Zodiaco es un ciclo entero, una totalidad partida en doce partes iguales que representan, entre otras cosas, los diferentes momentos de cualquier ciclo. El principio lo marca el punto Gamma y no la constelación de Aries el cual, por el fenómeno de la precesión de equinoccios, no coincide con el 0º de Aries. Lo importante en astrología tropical es tomar en cuenta el momento de «inicio» del ciclo. El criterio que subyace para marcar ese inicio está en la relación de la luz del Sol y la Tierra. El 0º de aries es el momento de la intersección de la eclíptica y el plano del ecuador celeste que alcanza el Sol en su trayectoria dirección norte (pasando del hemisferio Austral al Boreal). En este momento la luz del Sol se proyecta en perpendicular sobre la Tierra (Igual que en el 0º de libra pero en dirección opuesta). Esto, por la inclinación de la Tierra respecto a la eclíptica, se manifiesta dualmente en polos opuestos (estaciones inversas).

La partición en 12 responde a razones numerológicas, convencionales en parte, y que no suponen una diferenciación de ninguna constelación. El zodiaco es un todo continuo que la astrología pretende comprender racionalmente.

Por ser un todo continuo es conveniente pensarlo como un degradado en que el paso de un signo a otro no supone un salto abrupto (aunque guarden entre sí un proceso dialéctico) sino que, como al determinar dos colores, rojo y amarillo por ejemplo, el paso del uno al otro no es abrupto sino que se funde en un intenso naranja.

Por ser objeto de racionalización, decir que la razón, por su naturaleza, necesita información, pluralidad de elementos, y por ello la necesidad de partir este todo continuo. El número 12 ofrece unas ventajas especiales, sin embargo, antes de llegar al 12, el zodiaco es partido por 2, por 3, y por 4, números infinitamente ricos en simbolismo. El 12 nace de ellos puesto que cada signo zodiacal se define básicamente por una modalidad de las tres (cardinalidad, fijeza y mutabilidad) y un elemento de los cuatro (fuego, tierra, aire y agua). Además, los signos también se definen por un principio dual (masculino-femenino)[2].

¿Qué son las casas?

Su existencia se debe a la rotación axial de la Tierra, lo que produce que en horas diferentes en un mismo día los cuerpos celestes puedan encontrarse en el cielo o tapados por la Tierra. Las energías astrales, según si nos llegan directamente o a través de la Tierra, pueden estructurarse en el consciente o el inconsciente, respectivamente. No es lo mismo un Sol en el MC (medio cielo) que en el IC (bajo cielo). Esto es tan fácil como decir que no es lo mismo nacer de día que de noche.[3]

Sabemos que el movimiento rotacional de la Tierra produce el aparente desplazamiento de la bóveda celeste. Esta rotación aparente del cielo es la que da origen a los cuatro «ángulos» del horóscopo. Estos cuatro puntos son la estructura básica para la construcción de casas lo que su explicación ayudará a entender por qué puede aplicarse a cualquier punto del globo terráqueo y a cualquier planeta[4]

Estos cuatro ángulos son: Ascendente, Medio Cielo, Descendiente y Bajo Cielo.

Ascendente (Asc): punto de intersección de la eclíptica con el horizonte oriental del lugar considerado.

Por lo tanto, siempre podremos definir el Asc, el cual es la 1ª casa.

El Medio cielo es el punto de intersección de la eclíptica con el meridiano superior del lugar considerado.

Así pues, siempre podremos definir el Mc, el cual es la 10ª casa.

Los puntos opuestos del Asc y el Mc definen los otros dos puntos angulares (Descendente y bajo cielo, respectivamente).

Cada uno de estos puntos tiene su significado (el cual no interesa ahora) e inicia el comienzo de cada cuadrante.

Por lo general, la línea que en la carta astral representa al horizonte (uniendo Asc y Desc) no es totalmente perpendicular a la que representa el meridiano (que enlaza los puntos correspondientes a Mc y Ic). Esta no perpendicularidad del horizonte con el meridiano, hace que los cuatro cuadrantes del tema sean de desigual extensión, dando origen a la desigualdad del tamaño de las casas.

Los nacidos en el mismo momento, en lugares diferentes de la Tierra, pero situados todos ellos a lo largo del mismo meridiano terrestre (no importando que las respectivas localizaciones se aproximen al Polo Norte, al Ecuador o al Polo Sur), tendrán exactamente, la misma posición del Mc en sus correspondientes horóscopos.

Sin embargo, sólo los nacidos cerca del Ecuador tendrán el Asc a 90º del Mc, pues a medida que los nacimientos, ocurridos a la misma hora y en el mismo meridiano, varían en latitud geográfica, los ángulos formados por los cuatro cuadrantes del horóscopo, son cada vez más desiguales, porque el horizonte deja de ser perpendicular al meridiano, formando con él un ángulo agudo u obtuso, que será más acentuado cuanta mayor sea la latitud al aproximarse el lugar a los polos.


[1] La mayoría de astrólogos no tienen en cuenta que una conjunción entre planetas puede ser perfecta (lo que haría que viéramos un cuerpo celeste «encima» del otro) o no (viéndolos uno encima del otro). Es decir, se prescinde de una de las tres coordenadas básicas para ubicar la posición de un astro sobre la esfera celeste: la latitud celestial. Es por ello que se utilizan programas auxiliares para así determinar qué tipo de conjunción es. No obstante esta crítica deberían tenerla más en cuenta los que programan los programas de cálculo de cartas astrales.

[2] Hay seis signos masculinos (aries, géminis, leo, libra, sagitario y acuario) y seis signos femeninos (tauro, cáncer, virgo, escorpio, capricornio y piscis); cuatro signos cardinales (aries, cáncer, libra y capricornio), cuatro signos fijos (tauro, leo, escorpio y acuario) y cuatro signos mutables (géminis, virgo, sagitario y piscis) : tres signos de fuego (aries, leo y sagitario), tres signos de tierra (tauro, virgo y capricornio), tres signos de aire (géminis, libra y acuario) y tres signos de agua (cáncer, escorpio y piscis).

[3] Cuando nacemos lo hacemos sin conocimiento de nada y poco a poco vamos distinguiendo la presencia de lo que tenemos alrededor nuestro. Primero los padres, la comida… luego el resto del mundo. La astrología más profunda hace hincapié en la presencia de la Tierra como totalidad. El hecho de que no sintamos a la Tierra en su totalidad es una cuestión sencilla de responder: vivimos en nuestra burbuja y somos incapaces de sentir más allá de lo que vemos que nos afecta. Si no somos capaces ni de percibir lo que le preocupa a nuestra pareja parece lógico que difícilmente tomaremos conciencia de la Tierra. Como se puede ver esto tiene un trasfondo espiritual (más allá el ego o de expansión del ego más allá del cuerpo y la mente).

Por cercanía, por no saber discernir, la presencia de la Tierra se haya en nuestro inconsciente, como el resto de los planetas. Es un trabajo personal y transpersonal, llegar a tomar consciencia de ellos.

[4] Recordar que la astrología es geocéntrica porque generalmente su objeto de estudio son los seres terrestres respecto al sistema solar.

¿Cómo producimos y transformamos significados?

Introducción

Cada palabra que el ser humano ha creado ha supuesto un avance que solemos subestimar. La adquisición del lenguaje, con sus conceptos más abstractos o más concretos, nos equipa con estructuras mentales y así nos habilita para explorar nuevos territorios. Y es que aparentemente el lenguaje no parecería estar tan íntimamente relacionado con nuestro modo de contactar con las diferentes dimensiones del mundo, con la posibilidad de conquistar y vivir nuevas experiencias.

Por ejemplo, y aunque sea sólo una hipótesis: hace 90.000 años, el ser humano, relacionándose con el entorno natural de una forma cada vez más compleja, sintió probablemente la necesidad de comunicar tal complejidad, y no para poder subirse a un pedestal y ser aplaudido, sino, ente otras cosas, para la optimización del trabajo en equipo:

“Puede que los primeros ruidos que acompañaban a la «gramática» de la fabricación secuencial de instrumentos sirvieran también como gramática básica del habla, ya que ésta consta de sonidos que sólo cobran sentido al pronunciarse en el orden debido, como era el caso con las operaciones requeridas para la fabricación de instrumentos. Instrumento y frase vendrían a ser la misma cosa”. [1]

En general, y sobretodo en la génesis de la cultura, es una cuestión de utilidad el hecho de crear un concepto o una palabra. Para Nietzsche, el filósofo es un visionario capaz de poner palabras a aquello sin nombre que reclama una forma, que pide ser bautizado. Así pues, este visionario es el primero que pone atención a algo que no dispone de una etiqueta y así lo captura conceptualmente.[2]

Creación y transformación del léxico

La dinámica de la creación, transformación y desaparición del léxico, y sin entrar en procesos cognitivos, es muy curiosa e interesante.

Los procesos de creación de nuevo léxico más frecuentes son: la analogía, que consiste en asociar un proceso de otra palabra a uno nuevo (panching, penging); el préstamo (e-mail, modem, trust, poof); los tecnicismos (sintagma, neutrón); la composición (cortaplumas); la derivación (megatienda, minicamiseta); los acrónimos (ONU, OTAN), los amalgamas (spanglish); etc.

Los procesos de transformación del léxico más frecuentes son: la extensión de significado por algún tipo de nueva relación (el tiempo, desde Einstein y no antes, se conecta con la idea de relatividad); la metonimia (una copa de vino, hacer un café); la metáfora (tocar madera, ir ciego); la generalización (bambas, celo, chupachups, vespa, kleenex); la reducción (adiós); el truncamiento con cambio de sintagma (progresista-progre); el cambio de denotación (market-to market); etc.

La polisemia

La polisemia, a diferencia de lo que tradicionalmente se piensa, es un fenónemo lingüístico que al estudiarlo diacrónicamente descubrimos varias cosas sorprendentes y que casan perfectamente con lo que aquí estamos tratando.

Tradicionalmente, decimos que la polisemia es una forma con diferentes significados y que es una propiedad asociada a lexemas únicos. También reconocemos que hay una relación[3] entre estos significados. Veamos un ejemplo:

(1) Coco: fruto, cabeza

En contra, decimos que una homonimia son dos (o más) unidades léxicas que tienen la misma forma y diferentes significados etimológicos. Es decir, no hay relación entre significados.

(2) Cola: cola (del lat. cauda), pasta adhesiva (del lat. colla)

Este análisis tradicional responde a un estudio sincrónico. No obstante, diferenciar claramente la homonimia de la polisemia es una cuestión relativa a la diacronía. Lo que para una generación dos palabras son homónimas, otra generación dirá que esos dos significados pertenecen a una forma polisémica. Y es que el hablante puede considerar que no se relacionan semánticamente cuando sí es así diacrónicamente. Por otro lado, se pueden percibir sentidos como relacionados no siendo verdad.

Otras concepciones

La polisemia lógica, según Pustejovsky, se debe a los objetos de la realidad que son complejos y pueden ser interpretados de diferentes formas. Su propuesta, consiste en entradas poliédricas que son focalizadas según el contexto. Se tratan de relaciones metonímicas entre las partes de una realidad compleja y pueden aprehenderse en reglas. Así:

(3) Irlanda: país, gobierno, población

En lingüística cognitiva, Lakoff[4] defiende que la polisemia es la norma, y no la excepción. Para explicar su postura, Lakoff diferencia dos tipos de prototipicidad[5]: los significados individuales y los conjuntos de sentidos expresados por una forma. Así, de un modo similar a la metaentradas de Pustejovsky, utiliza esquemas superiores aplicados sobre sentidos de naturaleza cognitiva. Y es que para el autor siempre existe un conjunto de características comunes. Ejemplo:

(4) Anillo: joya, cuerpo celeste.

La polisemia sincrónica se caracteriza por ser una extensión de sentido, pues ocurre que dos signos léxicos de igual forma son relacionados por el hablante. Encontramos en este tipo, así pues, tres relaciones: metonimia (De contigüidad), sinécdoque (parte-todo y ejemplar-clase) y metáfora (un sentido figurado sin una relación entre los objetos designados).

Tipos de polisemia

Básicamente hay dos: la metonimia y la metáfora. Ambos son relaciones de referencia indirecta entre dos términos que es cuando nos referimos a un entidad implicada a partir de otra entidad explicitada. En el caso de la metonimia, se explica porqué «Picasso» tiene otro significado (un cuadro) además de ser un famoso pintor español; o porqué «copa» también tiene el significado de lo que contiene. En el caso de la metáfora, la relación no es por cercanía o semejanza, sino que implica un proceso de figuración. Así, relacionamos “obstáculo” con “dificultad” porque un obstáculo es algo concreto cuyas características pueden proyectarse con lo que abstractamente llamamos “dificultad”.


[1] (5) Burke J., y Robert Ornstein, “Del hacha al chip: Cómo la tecnología cambia nuestras mentes”, Ed. Planeta, 2001.

[2] Nótese de pasada la capacidad del filósofo-visionario para poder relacionarse con el entorno inconscientemente y desde esta relación tener conocimientos suficientes, herramientas y actitudes para conectarlo con el consciente.

[3] En el caso de (1) la relación será por metáfora.

[4] Metafors we live by 1980

[5] O los “modelos cognitivos idealizados” según Lakoff. Los prototipos son ideas centrales que ordenan nuestra mente. Alrededor de ellos ordenamos otras ideas menos centrales. Por ejemplo, si digo de pensar una fruta, probablemente tengamos como modelo cognitivo idealizado una manzana o una pera, pero raramente diremos uvas o piña. orden de adquisición. Según Lavob, que no es “Lakoff” mal escrito sino otra persona, hay algunas pruebas de la existencia de los prototipos: la facilidad en el aprendizaje, las respuestas más rápidas dada una categoría, los juegos de composición de palabras y el papel especial que juega el parámetro de la frecuencia.

Mapas mentales ¿Cómo ordenamos la información mental?

En nuestra relación con el entorno, nos valemos de determinadas estructuras conceptuales para poder reconocer, diferenciar y comprender tal entorno. Sin estas estructuras nuestra relación se vuelve confusa e inconsciente, lo que no siempre está tan mal.

Básicamente, tenemos tres formas de ordenar la información mental: Primero, en forma de redes o jerarquías[1]; segundo, formando estructuras lineales; y tercero, de forma circular. En PNL, a estas tres formas les corresponde los sistemas representacionales kinestésico, auditivo y visual, respectivamente.

Es interesante investigar cómo relacionamos y ordenamos la información. A continuación hago un esbozo de  criterios que nuestra mente utiliza habitualmente:

1- Por formas, al modo de los diccionarios[2] generales, diccionarios inversos -cuyo listado de unidades léxicas están ordenadas a la inversa-, y los diccionarios etimológicos. Ejemplos: términos acabados en –asa (pensaba, casaba, amaba, deseaba, trabajaba, etc.); términos que empiezan por re- (rehacer, repensar, retocar, reinventar, etc.); etc.

2- Por fonética, relacionando así palabras, por ejemplo, con muchas vocales, tipos de pronunciación, etc. Por ejemplo, con muchas “a”: albahaca, castaña, mañana, araña, fabada, etc.

3- Por pura subjetividad, es decir, relaciones entre conceptos por cuestiones personales (mi historia personal y mi situación actual ). Por ejemplo, si ahora mismo estoy en un proceso creativo, encerrado aquí en mi casa, pensativo, etc., es razonable que al poner ejemplos tienda a exponer, o bien ideas prototípicas[3], o bien lo que envuelve mi vida ahora mismo: pensamientos, trabajo, estudios, deseos, invenciones, etc. Sin ir más lejos, en las relaciones por fonética he dicho “fabada”, y pensándolo ahora, es justo lo que voy a cenar.

4- Por causalidad natural o por conocimiento del mundo extralingüístico, al modo de que al pensar en humo lo relacionamos con el fuego. Este tipo de relación es sintagmática.

5- Por relaciones típicamente paradigmáticas. Aquí querría ir poco a poco:

5.1. La hiponimia. Esta relación enlaza un lexema que denota una clase y un lexema que denota la subclase. Es la relación tipo-ejemplar. El término más general se llama hiperónimo, y el más específico, hipónimo. Cuando dos términos comparten el mismo hiperónimo, son cohipónimos. Ejemplos de estas relaciones: “Milú-perro”, “perro y gato son mamíferos”. Algunas propiedades a destacar: 1) relación transitiva (Milú es un mamífero) y asimétrica (un perro es un mamífero pero un mamífero no es un perro). 2) la extensión del hiperónimo es mayor que la del hipónimo 3) la especificidad del hipónimo es mayor que la del hiperónimo, 4) A veces ciertas relaciones parecen hiponímicas y no lo son. Por ejemplo: que x sea un perro no implica que sea una mascota.

5.2. La meronimia. Esta relación enlaza dos unidades léxicas en la que una denota el todo y la otra una parte de este todo. El término que designa el todo se llama holónimo, y el que designa la parte, merónimo. Ejemplos: silla-pata, rebaño-oveja, etc. Algunas propiedades a destacar: 1) Es asimétrica (dedos < mano pero no al revés), presuntamente transitiva (dedos < mano < brazo, entonces ¿dedos son parte del brazo?). 2) Automeronimia: a veces, la parte y el todo comparten el mismo nombre (puerta: “lo encontramos detrás de la puerta”, “sacamos la puerta del marco”); 3) sus partes pueden estar claramente diferenciadas (taza-asa) o no (punta de la lengua); 4) sus partes pueden ser independientes (senado-senador) o dependientes (hombre-cabeza); 5) sus partes pueden tener una función diferenciada respecto al todo (teclado-ordenador) o no (rebaño-oveja); 6) hay partes que pueden ser necesarias (cara-boca) u opcionales (cara-bigote).7) La meronimia, según Winston y Cruse, cuenta con muchos tipos y subtipos. Hago una enumeración: grupo-miembro, objeto-componente, objeto-material, sustancia-componente, sustancia-porción, objeto-porción, zonas geográficas.

5.3. La relación de contraste. Esta relación enlaza por oposición de significado. Ejemplos: bueno-malo, grande-pequeño, alto-bajo. Encontramos diferentes tipos:

contrarios: tipo de contraste binario. Es la relación que se da entre palabras opuestas. Son estructuras bipolares, evaluables a partir de una norma. Ejemplos: grande-pequeño, caliente-frío. Algunas propiedades: 1) Las zonas intermedias a veces están lexicalizadas (caliente-templado-frío), 2) son relativos, se pueden aplicar a realidades muy diferentes con diferentes medidas (lápiz largo de 80 cm, cuerda corta de 1 m), 3) simétricas, 4) no pueden ser todos verdaderos.

complementarios: tipo de contraste binario. Son contraste disjuntos donde no hay término medio. Por ejemplo: vivo-muerto, soltero-casado. Algunas propiedades: 1) afirmar uno supone negar el otro, 2) no son graduables (*estás muy casado).

-inversos: tipo de contraste binario. Expresan una oposición entre dos unidades que se presuponen mutuamente. Describen la misma realidad desde dos puntos de vista. Ejemplos: padre-hijo, comprar-vender.

relaciones de contraste no binarios. Expresan una incompatibilidad. Escoger un elemento de un conjunto excluye el otro. Ejemplo: lunes, martes, miércoles

Cruse distingue: estructuras lineales bipolares y monopolares. Las primeras son aquellas que en los extremos se sitúan términos opuestos. Ejemplos: frío-templado-caliente-quemando. Algunas propiedades: simétricas y no transitivas. Las segundas son aquellas que expresan grados, etapas, medidas, rango, secuencias. Ejemplos: brisa-viento-tornado-huracán; bebé-niño-adolescente-adulto-vejez. Algunas propiedades: simétricas y transitivas.

5.4. La sinonimia. Es la relación de igualdad. Ejemplos: contento-alegre, mechero-encendedor. Es simétrica y transitiva. Tipos:

1) denotativa (o cognitiva) donde dos palabras se utilizan para denotar exactamente la misma entidad o tipo de identidad. Ejemplos: próximo-cercano, diferente-distinto. Algunas propiedades: a) son idénticos sintácticamente b) tiene unos valores de verdad equivalentes.

2) connotativa: cuando dos palabras tienen el mismo sentido. Esto es cuando no hay sentidos, registros, dialectos o distribuciones diferentes. Ejemplos de sinónimos NO connotativos: sucio-mierdoso, oculista-oftamólogo, niño-pequeño.

3) absoluta: cuando la sinonimia es denotativa y connotativa.

4) parcial: aquellas unidades que tienen un sentido con unas características semánticas centrales idénticas. Ejemplos: escoger-votar-elegir-optar.

5.5. Metáforas conceptuales. Es una relación de referencia indirecta entre dos términos que es cuando nos referimos a un entidad implicada a partir de otra entidad explicitada. La relación implica un proceso de figuración. Así, relacionamos “obstáculo” con “dificultad” porque un obstáculo es algo concreto algunas de cuyas características pueden proyectarse con lo que abstractamente llamamos “dificultad”.

 


[1] En el primer caso, aunque no necesariamente, hablamos de campos temáticos; en el segundo caso, de campos semánticos. En el primer caso, se estructura a partir de redes semánticas y se caracteriza por cubrir un área, dentro de un dominio de significación, de una palabra o grupo de palabras. Admite diferentes categorías sintácticas y utiliza relaciones tanto del tipo paradigmático como sintagmático. En el caso de los campos semánticos, hablamos de un conjunto de palabras de la misma categoría gramatical que se estructura jerárquica y linealmente. Las relaciones que se dan son del tipo paradigmático. Destacar la taxonomía, que es el resultado de establecer hiponimia (ver más abajo) entre un conjunto de vocabulario, y que es un tipo de campo semántico muy frecuente e importante en la producción lingüística pues, entre otras cosas, establece restricciones de selección y con la coordinación.

[2] Es interesante comprobar que hay diccionarios para casi cada una de los criterios que expongo: generales, bilingües, sinónimos/ antónimos, técnicos, históricos, dialectales, etimológicos, enciclopédicos, inversos, neologismos, frecuencias (corpus), etc.

[3] O los “modelos cognitivos idealizados” según Lakoff. Los prototipos son ideas centrales que ordenan nuestra mente. Alrededor de ellos ordenamos otras ideas menos centrales. Por ejemplo, si digo de pensar una fruta, probablemente tengamos como modelo cognitivo idealizado una manzana o una pera, pero raramente diremos uvas o piña. Lakoff, no obstante, diferencia dos tipos de prototipicidad: los significados individuales y los conjuntos de sentidos expresados por una forma. Así, de un modo similar a la metaentradas de Pustejovsky, determina unos esquemas superiores aplicados sobre sentidos de naturaleza cognitiva. Y es que para el autor siempre existe un conjunto de características comunes. Por ejemplo: Anillo como joya y cuerpo celeste. Según otro autor, Lavob, hay algunas pruebas de la existencia de los prototipos: el orden de adquisición, la facilidad en el aprendizaje, las respuestas más rápidas dada una categoría, los juegos de composición de palabras y el papel especial que juega el parámetro de la frecuencia.

El mal del odio

(Este post puede entenderse mejor en el marco del post que enlazo a continuación: http://wp.me/pIkeR-1V)

Se puede decir que todos somos malos (o imperfectos) en cuanto que todos nacemos bajo el estigma del pecado original, desafiados por el reto de no necesitar nada y ser perfectos.

La inmensa mayoría, cada uno en su medida y según su disposición, siente odio por algo o por alguien, al menos en algunos momentos o situaciones de la vida. Este odio es uno de los síntomas de nuestra imperfección y puede identificarse, sobretodo, con el pecado de la ira.

¿Se puede odiar justificadamente? Según las circunstancias, parece ser que sí. Sin embargo, el ego, entendido como nuestro yo orgulloso y colmado de pecados, que parece que justamente tiene su derecho a reivindicarse, impide comprender algo subyacente.

Véanse las consecuencias que esto tiene para contemplar el ser:

Aquel que es malo, que odia, que transmite maldad, que busca el daño de los demás, padece en sí mismo el peor de los males: el infierno interior.

Conscientemente, esto se entiende como un estado anímico de malestar grave y, a un mismo tiempo, agudo. Es un profundo sentimiento de insatisfacción e inarmonía consigo mismo y con el entorno. Inconscientemente, esto se entiende como lo que ocultamente decide por nosotros. Esto compromete al yo pues representa un impedimento para afrontar libremente las ocupaciones del alma.

De la misma forma: el descontrol, el nulo conocimiento de mis miedos, mis caprichos, mis límites, mi incapacidad para adaptarme al cambio, a lo inesperado y a lo imposible, hacen de mí un ser que no es, un ser superficial no liberado del ego que exilia mi verdadero ser. De hecho, mi falta de capacidad de transformación es mi estancamiento y, en muchas ocasiones, es mi fuente de odio para y hacia los demás.

Jalaud Din Rumi escribió en el Masnavi un capítulo titulado Hasta que el hombre no destruye el “ego” no es un verdadero amigo de Dios y dice así:

 

Una vez un hombre llegó y llamó a la puerta de su amigo.

Su amigo dijo, “¿Quién eres, Oh fiel?”

Él dijo, “Soy yo”. Su amigo respondió, “No hay admisión.

No hay lugar para el “crudo” en mi fiesta bien cocida.

¡Nada sino el fuego de la separación y la ausencia

puede cocer al crudo y librarle de la hipocresía!

Puesto que tu “ego” aún no te ha dejado

debes arder en feroces llamas.”

El pobre hombre se alejó, y durante todo un año

viajó ardiendo de dolor por la ausencia de su amigo.

Su corazón ardió hasta que estuvo cocido; entonces regresó

y se acercó a la casa de su amigo.

Llamó a la puerta con miedo y turbación

de que alguna palabra descuidada pudiera caer de sus labios.

Su amigo gritó, “¿Quién está en la puerta?”

Él respondió: “¡Eres Tú quien está en la puerta, Oh Amado!”

El amigo dijo: “Puesto que éste soy yo, déjame entrar,

no hay lugar para dos “Yos” en una casa.”

 

El poder del amor

El amor juega un papel clave a la hora de pretender comprender -y ayudar- al odioso. Compadecerse de alguien así estando uno mismo en condiciones tan débiles, como causa la susceptibilidad de abrirse de corazón, es complicado si el ego está por el medio porque, por éste, se tiende a pensar en uno mismo y no en la desgracia del odioso.

El amor permite adentrarse en el otro, percibiendo su angustia, su infierno. Esto no significa que el otro quiera nuestro amor. El amor permite conocer al otro, en la medida de lo posible, por lo que sensorialmente puede percibirse, ya sea a través de los sentidos (sus gestos, su olor, su voz rasgada, sus rasgos), ya sea a través de la antipatía que inspira o de sus palabras destructoras, etc.

Esto, logrado con amor incondicional, permite sintonizar con el odioso. Dedico unos versos que espero que sean reflejo del fenómeno del poder del amor en relación a su acceso transparente al ser. La situación es la siguiente: El filántropo junto al odioso. El filántropo se introduce en -o deja que se introduzca en él- el ser interior e infernal del odioso y llora, profundamente desesperado, la desgracia de su acompañante -el odioso- quien, entretanto, no deja de asaetar al buen filántropo con burlas hostiles, crueles, buscando así su mal.. Y así el filántropo expresa, en primera persona, su experiencia:

.

Lloro por su desgracia,

no dejo de derramar lágrimas,

de pena, de compasión.

 

La tragedia vivida por mis sentidos y mi entendimiento

es vista por el odioso

como la muestra de su triunfo.

 

Y ante ello se jacta. Porque ha ganado la guerra.

Sin embargo, algo arruina sus carcajadas.

 

Lloro y,

desde mi amor,

hago la guerra, su guerra pírrica.

 

Justifico,

con máxima atención a mi interior dolorido,

mi tragedia.

 

Y a cada palabra jadeante,

al odiado se le añade una nueva expresión de terror.

 

La autocompasión que siempre se había negado,

que había sufrido, al menos,

en la más íntima soledad,

en la oscuridad y en la vergüenza,

está siendo ahora explicitada, con la sinceridad más indudable,

con la elocuencia más cegadora.

Estos últimos versos muestran un ejemplo del poder del amor y es totalmente extrapolable a cualquier objeto que quiera conocerse. Intuitivamente puede concluirse que mientras hay amor hay acceso al ser y, por lo tanto, saber[1]. En mi opinión, el amor hace al sabio infinitamente poderoso y ello produce importantísimas transformaciones[2] por derredor suyo y no sólo en su pensamiento.

Por supuesto, todo esto supone recorrer un camino angosto que empieza en la propia cotidianidad. En este entorno, un atento examen de uno mismo desvela enseguida la cantidad de imperfecciones a ir trabajando con sabiduría, paciencia y predisposición a aprender de los errores. Que por cierto, imperfecciones que nos parecerán no tener mucha importancia. He aquí la dificultad y la soledad del camino.

 

Y quiero concluir este trabajo con un relato de Gibran titulado El astrónomo:

 

A la sombra de un templo, mi amigo y yo vimos a un ciego sentado solo. Mi amigo dijo:

-Mira ahí al hombre más sabio de nuestro país.

Dejé a mi amigo y me aproximé al ciego, lo saludé y conversamos. Después de un tiempo le dije:

-Perdona mi pregunta, pero ¿desde cuándo eres ciego?

Respondió:

-Desde mi nacimiento.

Dije:

-¿Qué sendero has recorrido para llegar a la sabiduría?

Me respondió:

-Soy astrónomo.-Puso la mano en el pecho y agregó-: Observo todos esos soles, y lunas y estrellas.


[1] De hecho hay estudios científicos en los que se han mostrado indicios de que cuando se ama nuestro cerebro funciona utilizando más su potencial con lo que aumentan las capacidades cognitivas.

[2] No en el sentido de Karl Marx sino en el sentido de que cuando cambiamos, el mundo lo hace con nosotros.

Los diez principales problemas filosóficos que le esperan al siglo XXI

Según el excelente blog/programa radial de filosofía en inglés: Philosophy Talk. La lista es la siguiente, traducida por mí:

10.  Encontrar una nueva base para sensibilidades y valores comunes.

9. Encontrar una nueva base para la identificación social.

8. El problema mente-cuerpo

7. ¿Puede la libertad sobrevivir la embestida de la ciencia?

6. Información y desinformación en la era de la información.

5. Propiedad intelectual, en la era de la cultura “re-mix”.

4. Nuevos modelos de toma de decisiones y racionalidad colectiva.

3. ¿Qué es una persona?

2.  Los humanos y el medio ambiente.

1. Justicia Global.

La versión completa y en inglés la pueden encontrar aquí.

La filosofía hacia el siglo XXI.

Personalmente, me parece que el problema número dos no es de índole filosófica (al igual que un par más), sino de aplicación política y social. Pues, incluso si asumimos que el medio ambiente no es más que una herramienta del hombre, ¿acaso no nos dice el sentido común de supervivencia que debemos cuidar igual esta “herramienta” para seguir usándola, y más incluso si nuestra existencia depende de ella? Que un sector ignorante de la población se niegue a aceptar la evidencia es algo que no le concierne a la filosofía como un problema, pues es el mismo caso con los que se niegan a aceptar la teoría de la evolución. No se puede argumentar filosóficamente con alguien que no presenta argumentos reales.

En todo caso, la idea de la propuesta me parece genial e inicia el debate en un gran número de áreas.

Autor: Zimmerman

Petropo, el elefante explorador

Era una vez un elefante llamado Petropo de orejas tan grandes como Dumbo. Petropo era del color del mar y hablaba el idioma de los elefantes de la selva. Su voz era más suave y profunda que el ronquido de una ballena.

Gracias a sus grandes orejas, Petropo podía volar como un pájaro. Y como él era tan voluminoso y robusto, las águilas y los halcones no podían atacarle, así que no tenía miedo de nada. Era el rey de los cielos.

Petropo, durante años, había volado por todo el mundo.

Ningún animal sino sólo él había visto las doce montañas más altas del mundo, ni oído los oleajes de los cinco grandes océanos.

Jamás un solo animal había comido y saboreado exóticos frutos como la piña, el coco, el kiwi o las fresas; ni olido flores como las gardenias, las rosas, los claveles, los geranios o las margaritas.

Petropo, ahora ya anciano, era el animal más sabio de la selva.

Todos los seres vivos del mundo iban a ver a Petropo para preguntarle cosas como cómo curarse una pata rota, cómo evitar ser mordido por serpientes, cómo construir un nido más grande, cómo encontrar los alimentos preferidos…. A cambio de la ayuda de Petropo, era habitual que los animales trajeran alimentos y todo tipo de regalos.

Petropo tenía una casa dentro del tronco de una secuoya de cinco mil años y tan alta como un rascacielos. Siempre se sentaba en su trono de madera en lo alto de una de las anchas ramas del árbol y así podía ver todos los animales desde arriba.

Era un mediodía cualquiera de verano, la selva estaba tan llena de árboles que la calurosa luz del sol no llegaba al suelo. Los pájaros cantaban bonitas canciones y se respiraba un aroma muy agradable. Delante de la casa de Petropo había una larga cola de animales: dos cebras, ocho búfalos, tres leones, cinco hienas, un cocodrilo, doce halcones, una rana, muchas hormigas, tres grillos y a lo lejos… Petropo pudo ver dos animales que nunca había visto. Eran dos hermosísimas niñas con cuerpo de pez. Después de dos horas, cuando les llegó su turno ante el trono de Petropo, una de las niñas con cuerpo de pez dijo:

-Somos dos princesas de los mares. Yo soy la princesa Irina, del Reino de Neptuno, y ella es Aina, mi hermana, princesa del Reino de Sémele.
-Bienvenidas, yo soy Petropo, el sabio de la selva. Veo que sois medio humanas medio peces. ¿Queréis saber cómo solucionar los problemas de los peces?
-No – contestó la princesa Aina- nosotras…

Pero Petropo interrumpió a Aina y se apresuró a decir:
-¿Entonces queréis saber cómo solucionar los problemas de los humanos?
-No, tampoco, señor Petropo. Nuestros problemas son diferen…

Pero Petropo volvió a interrumpir a la princesa Aina y durante segundos, minutos y luego horas estuvo preguntando si tenían problemas en los ojos con la sal del mar, o con algunos temibles tiburones, o con los peligrosos pescadores, o en el colegio, o con sus amigos… Petropo estuvo así preguntando durante dos días acerca de los problemas típicos de los peces y los humanos. Constantemente, las princesas Irina y Aina intentaban hablar pero Petropo no las escuchaba. Petropo, acostumbrado a ver a un animal y saber qué le pasaba, no podía reconocer que no sabía qué problemas podían tener aquellas princesas.

Petropo, al final, ya a punto de desmayarse por el cansancio, les dijo enfadado:
-Y entonces, si no tenéis los problemas de un pez ni los de un ser humano… ¡No tenéis ningún problema! ¡Así que podéis marcharos!

Antes de que Aina e Irina se marcharan totalmente frustradas, la princesa Irina hizo un último comentario:

-Nos vamos, no porque no puedas resolver nuestros problemas sino porque no te has fijado que somos algo más que medio peces y medio humanas, somos la unión de estas dos partes: ¡somos sirenas!

Petropo, al escuchar esas palabras, se avergonzó profundamente y les dijo:

-¡Oh! ¡Lo siento mucho! ¡He sido tozudo y orgulloso! ¡Tenía que haberos preguntado y escuchado! Lo que he hecho ha sido tan inútil como querer solucionar los problemas de la arena mojada solucionando por separado los problemas del agua, por un lado, y los problemas de la arena seca, por otro. Pero… ¡La arena mojada siempre será algo más! ¡Con ella se pueden hacer magníficos castillos de arena! En cambio, con el agua sola no se puede y con la arena seca tampoco…

Y así, Petropo, volviendo a ser el explorador que había sido de joven, y esta vez sin tener que volar, miró y escuchó con atención durante horas lo que aquellas preciosas sirenas tenían que contarle y así, una vez que comprendió qué les pasaba, pudo ayudarlas gracias a su inmensa experiencia.

Las princesas Aina e Irina se marcharon a sus Reinos más felices que nunca y, antes de su partida, regalaron a Petropo un collar de perlas de nácar y un tesoro de un barco hundido. A partir de ese día, Petropo dejó de pensar que ya lo sabía todo y volvió a observar y escuchar a los animales. Así, durante años y años, aprendió muchas cosas nuevas que jamás hubiera imaginado y siempre mantuvo cariñosamente en el recuerdo el día que las princesas Irina y Aina visitaron su morada y le ayudaron a volver a ser lo que había sido siempre: un explorador.

Los límites de la lógica según Erich Fromm

En oposición a la lógica aristotélica, existe la que podríamos llamar lógica paradójica, que supone que A y no-A no se excluyen mutuamente como predicados de X. La lógica paradójica predominó en el pensamiento chino e indio, en la filosofía de Heráclito, y posteriormente, con el nombre de dialéctica, se convirtió en la filosofía de Hegel y de Marx. Lao-tsé formuló claramente el principio general de la lógica paradójica: «Las palabras que son estrictamente verdaderas parecen ser paradójicas» (Lao-tsé, The Tao Teh King, The Sacred Books of the East, ed. por F. Max Mueller, Vol. XXXIX,Londres, Oxford University Press, 1927, pág. 120.). Y Chuang-tzu: «Lo que es uno es uno. Aquello que es no-uno, también es uno.»

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Los maestros de la lógica paradójica afirman que el hombre puede percibir la realidad sólo en contradicciones, y que su pensamiento es incapaz de captar la realidad-unidad esencial, lo Uno mismo. Ello trajo como consecuencia que no se aspira como finalidad última a descubrir la respuesta en el pensamiento. Este sólo nos dice que no puede darnos la última respuesta. El mundo del pensamiento permanece envuelto en la paradoja. La única forma como puede captarse el mundo en su esencia reside, no en el pensamiento, sino en el acto, en la experiencia de unidad.

Fragmento del libro «El arte de amar»

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Subjetividad en la metafísica aristotélica y platónica

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En resumidas cuentas, tenemos a Platón y su Ser-uno-límite y a Aristóteles con su ser pensado (de muchas maneras). Platón comete el despropósito -visto sería así por la mayoría de los analistas lógicos- de hablar de lo extra-lingüístico, de lo puramente metafísico, incluso de lo puramente meta-mundano. Aristóteles, en cambio, al modo kantiano, está circunscrito a los límites mundanos del lenguaje y lo pensable.

Así pues, la lectura que veo implícita en esta diferenciación es que tenemos a Platón que toma la razón como un instrumento no meramente mecanicista ni exclusivamente humano sino con la extraordinaria capacidad de motivar la aspiración del alma a estratos superiores. Efectivamente, el método dialéctico, impulsado por la suprema intuición del Bien, permitiría la emergencia de nuevos horizontes y ello es lo que le llevaría a asediar la fortaleza inderivable de los principios platónicos de la misma forma que la mente emerge del cerebro y no es reducible a las propiedades de éste ni se puede explicar que el paso del uno al otro no sea sino por medio de un salto cualitativo repentinamente sobrevenido.

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Por una parte tenemos la concepción propiamente aristotélica de un Dios inteligente, podemos decir que racional. Por otra parte podemos pensar en un “Dios” que es puro amor, el Bien platónico.

Lo racional puede entenderse como lo que relaciona discriminadamente y por ello parecería más que coherente que la persona especialmente racional “quisiera” o hiciese apología de la importancia de la separación o lo diferente.

Por otra parte, el amor también se puede entender como lo que relaciona pero en el sentido de unir y por ello el especialmente amante “querría” o haría apología de que nada estuviese separado.

Platón, en mi opinión, integra los dos principios pues el método dialéctico lo concibe como el arte de unir lo que está unido y separar lo que está separado dentro de un todo perfectamente trazado. Esta predisposición holista, actitud que Aristóteles, quizá por dialéctica con su maestro, no supo tomar, permitió a Platón unir la razón al mito. A todo análisis racional le introdujo inteligentes dosis de intuición que le permitieron concebir su investigación como un viaje espiritual de purificación del alma (y no sólo como un placentero ejercicio intelectual).

¿El error de Aristóteles? Que ante las continuas y contraproducentes confusiones que la intuición causaba en todo análisis racional, aislara ambos (razón e intuición) en cámaras separadas ¿Por qué? Por amor a la lógica y desconfianza a la intuición (aunque pienso que su concepción de prudencia en su ética anularía parcialmente mi acusación). En vez de buscar cómo confiar en las intuiciones dio una casi total relevancia a la segura (y ciega) mecanicidad de la razón analítica.

La postura aristotélica da cuenta de cómo lo subjetivo afecta al presunto método objetivo: la pura lógica. Ciertamente, en el momento de dar contenido a la lógica los prejuicios y los valores monopolizan y determinan subrepticiamente el transcurso del discurso, corrompiendo así, diría casi por completo, la objetividad. La selección de las premisas que llevaron a Aristóteles a sus conclusiones metodológicas se llevó a término en el mismo escenario, en la misma situación, con los mismos elementos que cuando Platón tuvo que determinar sus premisas. Las propias inclinaciones hicieron que cada cual se fijara en uno u otro elemento y a partir de ello cada cual gestionó la información a su manera. El resultado: dos epistemologías muy diferentes.

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