Algunas consecuencias cognitivas del dimorfismo sexual

El dimorfismo sexual se define como aquellos caracteres fisiológicos que diferencian a machos y hembras de una misma especie. En nuestra especie el dimorfismo es muy claro. Además de que poseemos sistemas reproductores diferentes (creo que no hace falta que ponga una imagen para ilustrar esto), el hombre tiene mucho más bello y en más ubicaciones, una voz grave, una piel más gruesa, un mayor tamaño corporal, mayor musculatura, etc. De las mujeres sabemos que en la pubertad (como a los hombres), por acción del hipotálamo (y, consecuentemente, de la hipófisis), se les ensanchan las caderas, les aumentan los pechos (y nosotros nos quedamos con los pezones sin rellenar…), les aparecen vello en pubis y axilas, etc.[1]

A partir de aquí, para el desarrollo y definición de cada uno de los sexos, es necesaria la acción de las hormonas de la gónada correspondiente sobre los conductos de Wolf y Müller[2]:

-Si el sexo es masculino: los conductos de Wolf (por la acción hormonal antimülleriana y los andrógenos) se irán diferenciando mientras que los conductos de Müller irán desapareciendo.

-Si el sexo es femenino: los conductos de Müller formarán los tubos uterinos, el útero y gran parte de la vagina. Los conductos de Wolf no desaparecen.[3]

Diferencias sexuales en el cerebro

En el desarrollo fetal, la llegada de hormonas al cerebro causa la masculinización o feminización del cerebro. A las 8 semanas, la llegada de testosterona al cerebro, cambia el tamaño de las estructuras cerebrales. Las primeras 18 semanas ocurre la mayor parte de la construcción cerebral específico de cada sexo. Luego, durante los primeros años de vida los estrógenos activan las áreas dedicadas a la observación, la comunicación (especialmente la oral) y el cerebro maternal (y que implica desarrollo de la atención, la atención y el instinto de protección). Por lo contrario, la testosterona hace al varón menos sensible a las emociones y a la relación social (es decir, es más independiente a lo que pensarán de él). Luego, en la pubertad, la testosterona asienta el pensamiento espacial y la concentración de progesterona (hormona femenina por excelencia junto a los estrógenos) hace que el cerebro sea más o menos simétrico.

El cromosoma X contiene una gran cantidad de genes implicados en la construcción del cerebro. Dado que la mujer posee dos de estos cromosomas tiene menos posibilidades de padecer trastornos en el desarrollo de las aptitudes mentales (en caso de que los genes de un cromosomas estén dañados tiene más genes de reserva, por si acaso). No obstante, aunque en los hombres se da una mayor cantidad de discapacitados mentales, su susceptibilidad respecto al cambio de un gen cerebral en el cromosoma X hace que sus coeficientes intelectuales puedan ser de los más altos.

El cerebro de mujeres y hombres es distinto fisiológicamente lo cual hace que también lo sea funcionalmente[4]. Es justo lo que a continuación exploraremos:

Estructuralmente:

-El cerebro femenino tiene más simetría funcional lo cual lo hace menos propenso a trastornos ante daños de un hemisferio (es la misma idea de antes sobre el cromosoma X y el desarrollo de las aptitudes mentales).

-El cerebro masculino es más asimétrico funcionalmente lo cual permite que procese rápidamente informaciones de áreas próximas.

En cuanto a la corteza cerebral (parte del cerebro que nos hace humanos):

-La corteza parietal (que se ocupa de la percepción del espacio) es mayor en hombres.

-La corteza prefrontal (que se ocupa del control emocional) es mayor en mujeres

-La corteza cingulada anterior (que se ocupa de la toma de decisiones y preocupaciones menores) es también mayor en mujeres.

-Por último, en mujeres hay mayor densidad de neuronas en el lóbulo temporal (y que se ocupa del lenguaje).

En cuanto al sistema límbico (una de las partes del cerebro que nos hace animales):

-La amígdala (que procesa los instintos, las respuestas emocionales rápidas y automáticas) es mayor en hombres.

-Los centros del hipotálamo relacionados con la sexualidad son mayores en los hombres.

-La ínsula (responsable de los sentimientos viscerales) es mayor en mujeres.

-El hipotálamo (tanto la parte que organiza las hormonas como la que memoriza las emociones) es mayor en mujeres.

-La glándula pituitaria (que segrega hormonas de fertilidad) es mayor en mujeres.

Como es de esperar, estas diferencias tienen una importante repercusión a la hora de resolver determinadas tareas. Por ejemplo, ante una tarea visual-espacial, la mujer utiliza generalmente una estrategia de “recuerdo y reconocimiento” mientras que el hombre “construye” manipulando mentalmente el objeto a fin de reorientarlo en el espacio. El rendimiento es este tipo de tareas está relacionado con la elevación de estrógenos. Empeora cuanto más estrógenos. Todo lo contrario que con la fluidez verbal. Cuando mayor concentración de estrógenos mayor fluidez.

En cuanto a movimientos finos y secuenciales la mujer está mejor dotada. Igual que su memoria. No obstante, los hombres son más hábiles arrojando objetos con precisión (es todo un consuelo…)

En cuanto a las emociones, las mujeres son más vulnerables a la presión psicológica que suponen los conflictos interpersonales. Son más susceptibles a la depresión, a desórdenes de ansiedad, el estrés crónico y trastornos de la alimentación. Es curioso que el estrés agudo facilite el aprendizaje en chicos pero que lo dificulte en chicas. A lo dicho anteriormente, añadamos los cambios psicológicos premenstruales como la depresión el sentimiento de tristeza y melancolía, el cansancio y fatiga, la tensión o intranquilidad, la ansiedad, la irritabilidad y agresividad, la dificultad de concentración, etc.


[1] Primera interpretación metafísica: El inicio de todo es genético. La clave del dimorfismo sexual es el cromosoma Y, es decir, es el cromosoma del hombre quien determinará el sexo de su hijo. Es decir, los espermatozoides contienen los cromosomas sexuales diferenciados (XY) mientras que la mujer no puede aportar dicha diferencia (sus cromosomas son homogaméticos: XX)

[2] Los conductos de Wolf y Müller son estructuras primordiales que coexisten durante las primeras semanas del desarrollo embrionario, a partir de los cuales se inicia la diferenciación sexual (semana 8 de gestación), dando origen a los genitales internos masculinos y femeninos.

[3] Segunda interpretación metafísica: Explicado así,  superficialmente, el sexo femenino parece ser más completo puesto que mantiene los conductos de Müller y de Wolf. Además, genéticamente, la mujer tiene los cromosomas XX, cosa que frente al brazo corto del hombre, sugiere también una mayor completud. ¿Y si hablamos de sexo directamente? ¿El orgasmo múltiple es una prueba concluyente de la superioridad sexual?

[4] Hay dos modos de procesar la información. Según la metáfora que Daniel Turbón utiliza en sus clases en la Facultad de Biología:  “Un diferente cableado, como el trazado de las autopistas, asegura los circuitos neuronales propios de un cerebro de varón y los de un cerebro de mujer. Después de nacer, cada persona traza al detalle el complejo mapa de redes secundarias propias por las que fluye la información y la respuesta de las grandes autopistas.”

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