El signo zodiacal de Virgo

El Rey echó un vistazo
y todo marchaba,
como un reloj suizo.

Muy atento, el monarca,
había abierto la tapa al reloj,
accediendo a la maquinaría del ahora,
a la intimidad del interior,
donde el rugido metálico hizo magna presencia.

Quejas que eran ruidos,
ruidos que serán remedios,
que corrigen el crujido de unas tuercas,
el ardor de unos estómagos,
suspiros de jóvenes tercas.

Y ahí estaban, en lo profundo,
ahí se diferenciaban,
los trabajadores,
los jornaleros,
que hacían bien las cosas,
que laburaban cada vez más rápido,
mejorando y adaptándose,
resolviendo problemas,
impedimentos a la perfección.

Satisfecho por lo visto,
el Rey por fin cerró la tapa del reloj,
muy feliz de una realidad que le materializaba,
en la cotidianidad del pan horneado,
en el mosaico de los buenos momentos,
en la esperanza de una realidad mejor,
donde cada uno hacía su parte.

Virgo y el trabajo

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