Desarrollo sensorial y motor hasta los 3 años de edad

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Durante este post, iremos resumiendo la progresiva conquista de los sentidos y el movimiento por parte de los de los niños (y niñas, se entiende) hasta los tres años, y aunque mencionemos edades en las cuales sucede esto, no debemos olvidar que si nuestro hijo todavía no ha desarrollado alguna de estas capacidades (según la edad referenciada aquí) no significará necesariamente que vaya a arrastrar en el futuro ningún déficit. Lo mismo si nuestro hijo presenta una capacidad antes de tiempo, no significará que vaya a ir siempre adelantado al resto de niños. Remontar o decelerar la velocidad de desarrollo son fenómenos habituales y por ello es precipitado predecir ningún futuro.

Ya desde los 2 meses de gestación se podrán observar en el feto los primeros movimientos -adopción de diferentes posturas-  y que serán fruto de los numerosos reajustes que servirán una vez el bebé nazca. Al nacer, solamente durante los primeros meses, dispondrá de reflejos, es decir, de respuestas primitivas que se activarán automáticamente (como el cerrar la mano cuando algo toca la palma de su mano, la búsqueda del pezón y la succión, el ‘caminar’ al ponerlo de pie sobre una superficie firme, etc.) y observarlos serán indicadores del buen estado de los sentidos del bebé.

A partir de aquí, el movimiento del recién nacido irá ganando poco a poco en complejidad. El primer reto será poder sostener su cabeza, siguiéndole la espalda (y con ello ya podrá sentarse). Este será el punto de salida a otros muchos logros motores, y que irá suponiendo un continuo ejercitar muscular. En paralelo, el bebé irá tomando paulatinamente consciencia del propio cuerpo y su esquema (con sus diferentes sensaciones, articulaciones, referentes espaciales, dinámicas y centro de gravedad). Al principio, todo deambular será torpe y no será hasta los 2 años que adquirirá cierta destreza y hasta los 3 cuando empezará a correr.

Para llegar hasta aquí, el bebé ha tenido que ir generando diferentes hábitos que le permitan ir asimilando las diferentes acciones, empezando por la succión, el más básico, hasta evolucionar, a los 3-4 meses, hasta la combinación de la boca y la mano. Entre los 5-8 meses, los bebés interactúan con el entorno, teniendo una primera idea de que hay objetos “ahí fuera”, lo cual confiere cierta intencionalidad a estas acciones (al agitar sonajeros, por ejemplo), aunque todavía no comprenderán su papel y lo vivirán como un cuadro o un paisaje. Todavía en este punto, los objetos que están ahí fuera solamente son (existen) mientras son directamente percibidos (aunque ya serán conscientes de la impenetrabilidad de éstos). Así por ejemplo, el bebé podrá jugar con su muñeco pero para él será siempre un nuevo muñeco y no “su” muñeco. No será hasta los 6 meses que a la intencionalidad le seguirá la capacidad de diferenciar el objetivo con las maneras de llegar a él. Y aquí, entorno a los 9 meses, ya se desarrollará cierto sentido de la propiedad de permanencia de los objetos (de su continuada existencia). Siguiendo con el ejemplo, al ver su muñeco medio escondido por una manta, sabrá reconocerlo y comprenderá que si lo sujeta y lo deja ir se caerá como consecuencia de su acción. Poco tiempo después, el niño podrá encontrar objetos ocultos siempre y cuando estén escondidos en un solo lugar. Al año el niño expandirá sus horizontes al poder encontrar (y crear) diferentes maneras de llegar a un objetivo, momento en que se volverá todo un experimentador (“a ver qué pasa” será su leitmotiv). La concepción de permanencia del objeto será mayor aquí, desarrollando la concepción de “espacio/lugar”como coordenada variable (ya no todo forma parte del mismo cuadro), pudiendo encontrar objetos después de una secuencia de desplazamientos. De esta manera, el muñeco, de estar debajo de otros muñecos y una manta, podrá ser descubierto encontrando diferentes maneras (por ejemplo agarrándolo de una pata y arrastrándolo hacia afuera, o sacándolo todo de encima).

Por fin, al año y medio, se da otro hito importante: la innovación por pensamiento o inteligencia reflexiva (antes creaba pero bajo el ensayo y prueba). También en este momento se llega a una gran madurez al poder imaginar desplazamientos de objetos sin observarlos. Así pues, para culminar con el ejemplo del muñeco, esto supondría que si el niño lo buscara, en vez de ir mirando en diferentes sitios, podría previamente representarse internamente diferentes ubicaciones posibles del muñeco y luego ir directamente donde estuviera.

Por otro lado, ahora fijándonos en los sentidos, a las 16 semanas, el feto dispone de un gran sentido del tacto, del gusto, del olfato y, sobretodo, del oído. Estudios demuestran que los fetos oyen gran cantidad de procesos orgánicos de la madre (respiración, latidos, digestión…) y el mundo exterior, sobretodo las voces humanas (son los sonidos menos distorsionados por las paredes centrales y el líquido amniótico), favoreciendo el vínculo y el futuro reconocimiento de la madre.

A nivel visual, los primeros meses el bebé dispone de una vista rudimentaria, puede diferenciar los contornos de los objetos, destacándolos de un fondo, priorizando los rostros humanos sobre el resto de objetos. A los 5 meses el bebé, teniendo inmediatamente delante a su muñeco y más atrás a su hermano mayor, al mover la cabeza, dispondrá del cambio de paralaje (percibiendo diferentes velocidades de desplazamiento de los objetos del entorno) para poder juzgar la distancia de esos objetos. A nivel auditivo, ya en los primeros meses perciben las diferencias en modulaciones más expresivas o emocionales, así que reaccionan diferente según escuchan a su madre alegre y entusiasta o deprimida y desanimada. El sentido del tacto se desarrolla sobretodo a través de las manos, las cuales permiten al bebé explorar. También, este sentido es el que permite a los 4 meses diferenciar la forma y tamaño de su muñeco, y a los 6 meses su textura suave, peso ligero y temperatura templada, debido a una manipulación de los objetos más compleja. Parece que los sentidos del olfato y el gusto los tienen más sensibles que los adultos. Debido a que las papilas gustativas, solamente mientras que son pequeños, cubren gran parte de la cavidad bucal podremos ver en sus caras muecas exageradas según cada sabor (salado, dulce, ácido y amargo). Mencionar que el desarrollo de este sentido es fundamental, no solamente para educar el paladar para una sana alimentación, sino por el ritual social al que va asociado. Algo común al desarrollo de todos los sentidos es la finalidad social (ver rostros humanos, reconocer la voz de nuestros cuidadores, establecer contacto con la madre, etc.).

Para acabar, mencionar que desde que nacen, los niños no usan los sentidos por separado sino que son capaces de interconectar la información de los diferentes sentidos, por ejemplo cuando nuestro bebé dirige la mirada sobre un juguete musical.

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