“Cuanto más articulado y complejo sea el sistema de conceptos que utilicemos para dar cuenta de una parcela determinada de nuestra experiencia, tanto más articulado y eficaz será también nuestro conocimiento de la realidad derivado de esa parcela”[1]
Con este post, el lector con inquietudes epistemológicas podrá empezar a clasificar a sus pensadores preferidos entre dos tipos:
1) Los que tuvieron la suerte de tener en cuenta este post.
2) Y los que no.
Fuera bromas, lo que voy a comunicar debería ser uno de los pilares de cualquier reflexión filosófica acerca de lo que es buen conocimiento o no.
Advertir al lector que voy a intentar ser sintético y omitiré entrar en detalle lo cual sí podría hacerse en los comentarios de este post. Así pues, no dudéis en participar.
En este post relacionaré las tres etapas del superhombre que describe Nietzsche en el “Así habló Zaratustra” (el sufrimiento del camello; la rebeldía y liberación del león y la autocreatividad del infante) y el camino de ida del hombre de la caverna del mito de Platón (los hombres en estado de ignorancia y esclavitud; la liberación de ese estado de esclavitud y la experiencia del conocimiento).
Como muchos sabréis, el hombre de las cavernas de Platón regresa a la cueva lo cual supone encontrarse con unos problemas y unas posibilidades que el superhombre de Nietzsche no contempla. Así pues, mi intención será intentar explicar este retorno a la cueva desde Nietzsche con tal de completarel proceso de transformación del superhombre encarnado en el personaje nietzscheano de Zaratustra.
La cuestión principal es evitar lo siguiente:
Zaratustra, el infante -aquel que ha superado la etapa del camello y del león- está colmado de saber, necesitado de compartir su conocimiento. Así pues, se dirige al pueblo. No obstante, nadie le entiende…
Es interesante fijarse en que, etimológicamente, “infante” es aquel que carece de lenguaje hablado. Como es consabido hoy en disciplinas como psicolingüística o biología evolutiva, el lenguaje surgió en estrecha relación con la cultura. Es por eso que el ser humano que experimenta la etapa del infante se caracteriza, entre otras cosas, por haber conseguido cierta desculturalización (y desconceptualización) y, por consiguiente, por haber perdido aquello que permitía comunicarse empáticamente con la sociedad. Luego entiéndase la etapa del león como este propio proceso de desculturalización. Nietzsche:
“Eso es lo que harán los hombres del futuro con todos los valores del pasado; es preciso, pues, revivir voluntariamente esos valores alguna vez, así como los valores opuestos, para acabar teniendo el derecho a pasarlos por la criba.”
El producto resultante del proceso del león es el haberse desligado de los límites impuestos por la cultura. Esto supone desconceptualizar el mundo, supone olvidar la dimensión social y política del mundo, supone autocontrol o, mejor dicho, autoconocimiento y conocimiento del entorno para adaptarse a él. Esto último debería justificarlo con mayor claridad pero para el caso es suficente con quedarnos con la importancia de liberarnos de los límites culturales.
Inevitablemente, el hombre de las cavernas que sale de la cueva (como infante) pasa por una etapa de soledad, de caminar sin referentes, sin conceptos, sin nada. Sólo vértigo y esperanza. Este vivir como ermitaño es el estilo de Zaratustra, es el estilo de vida que le había hecho rebosar de luz. Y lo mismo ocurre con el hombre de las cavernas del mito de Platón; también éste emprende un camino solitario de autoconocimiento y realización personal.
Recapitulando, hasta aquí tenemos el siguiente esquema:
La fase de transformación que Nietzsche olvidó
Cuando se recuerda el mito de la caverna de Platón suele olvidarse una cosa muy importante y es que el hombre de las cavernas (que ha salido y visto el mundo real e ideal) acaba regresando a las cavernas para comunicar lo que ha visto. Cuando ocurre esto, sus iguales se ríen de él. Es justo lo que le ocurre a Zaratustra cuando habla con los demás hombres: no le entienden y también se mofan de él. Es el famoso síndrome del sabio que parece estar loco.
Es por ello que pienso que esta etapa de retorno del hombre de las cavernas supone, en el marco conceptual nietzscheano, la etapa del infante que se autoinstruye, se integra en la sociedad nuevamente y aprende a hablar (por lo que deja de ser un infante). Si no, mientras tanto, a oídos de los demás el infante balbucea y hace gestos graciosos.
Antes de esta etapa, el infante ha desconectado del mundo humano. Así, su forma de hablar no es clara y -aunque ahora consciente de la verdad, el poder del pensamiento y la intuición- ignora el valor de adaptarse al entendimiento de los demás. El director Luis Buñuel trata varias veces esta cuestión en “Simón del desierto”. Por ejemplo, cuando un monje dice al asceta Simón:
“Tu desinterés es admirable y muy eficaz para tu alma pero temo que, como tu penitencia, de poco sirva al hombre”
A lo que Simón responde:
“No te entiendo, hablamos lenguajes distintos”
En la misma película, poco después, cuando Satanás se presenta a Simón en otro intento de hacerle caer en la tentación, Simón se vale de sus recursos que siempre le habían servido para rehuir del mal (p.e., santiguándose). Sin embargo Satanás le dice:
“No hagas más gestos con la mano porque esta vez no te va a servir”
Justo en ese momento, los protagonistas se trasladan desde comienzos de la Era Cristiana en Egipto hasta la Nueva York del S.XX. Y es cuando queda una cosa clara respecto a Simón: su mensaje, su lenguaje, su hacer, su pensar, etc. han quedado obsoletos, sin poder.
En conclusión, es absolutamente necesario que el hombre que ha salido de las cavernas -y ha experimentado lo más elevado- adapte su mensaje al lenguaje (a las reglas) de los cavernícolas. Gadamer:
«Una lengua resulta ser una manera de interpretar el mundo, que precede a toda actitud reflexiva. Todo el pensamiento se desarrolla en el surco trazado por la lengua, tanto en el sentido de limitación como en el de posibilidad»
Haciendo un puente al futuro
Entonces será hora de aprender de nuevo, de volver a culturizarse puesto que la cultura es el suelo común, el que posibilita la comunicación. Además, la culturización después de la desculturización (que supone salir de la caverna) permite que uno tenga un dominio del lenguaje diferente a la gran mayoría que lo ha aprendido inconscientemente (y que todavía cargarán con muchos sufrimientos, todavía serán, en el contexto conceptual nietzscheano, camellos). Es aquí y ahora donde y cuando entran en juego la filosofía, la ciencia y la epistemología (en un sentido amplio) como potentísimos recursos para mantener la cordura, alfabetizarse y comprender qué es el lenguaje, qué ocurre en la cultura, cómo funciona nuestra subjetividad, cómo adquirimos conocimientos, etc. Por supuesto, estas disciplinas ya nos habían ayudado en el múltiple proceso de liberación[1] (proceso que probablemente no acabe nunca del todo). La diferencia entre antes y ahora es que ahora, como infantes, estamos en una dimensión de (relativa) pura percepción por lo que la restauración de la dimensión cultural permite una claridad intelectual muy especial (tenemos la oportunidad de conceptualizar lo que antes, por cultura, nos era imperceptible) y también permite comprender mejor a los demás: ahora es posible lograr un mapa común, encontrarse en el mismo modelo del mundo, o como dice Gadamer: “participar en el sentido compartido” o “ponerse de acuerdo en la cosa” o intentar trasladarnos hacia la “perspectiva bajo la cual el otro ha ganado su opinión”.
¿Y qué consecuencias tendría aceptar esta doble especialización de nuestro cerebro? Apartar nuestra mirada de toda esta problemática parece ser un grave error. La gélida ciencia la hace el científico pero a éste lo hace la gélida y fogosa naturaleza. El mundo del inconsciente es una realidad que perfila y determina nuestra vida. El terreno de investigación es, por lo menos, interesante y, por lo más, misterioso. Y eso no es todo, puesto que indirectamente interesa a la propia ciencia en la medida que gran parte de ideas que, al ser verificadas científicamente, generaron importantes cambios de paradigma, resultaron ser fruto de intuiciones que inspiraron brillantes hipótesis.
Este video contiene el relato de una experta en neurología sobre una experiencia personal de máximo interés: esta científica sufrió un infarto cerebral y pudo experimentar cómo funcionan los dos hemisferios cerebrales por separado.
Olvidamos, en la práctica, que nuestro cerebro está compuesto por dos hemisferios y que, como convendría Cassirer, somos también, además de racionales, animales simbólicos. Por lo general, aunque tengo entendido que hay excepciones, se atribuye al hemisferio izquierdo la capacidad de analizar, razonar lógicamente, articular verbalmente, pensar linealmente. Es el hemisferio que ha acaparado toda la atención de la teoría de conocimiento del academicismo, la ciencia y el saber en general. Por su parte, nuestro hemisferio derecho se ocupa holísticamente de relaciones, patrones, configuraciones y estructuras complejas. A este hemisferio, igual que al sistema reptil de Paul McLean, se le atribuyen la mayoría de procesos del inconsciente. La analogía, propia de este hemisferio, permite comunicar lo que un lobo dominante da a entender cuando aprieta la cabeza contra el suelo de un macho adulto no dominante que intentaba copular con una hembra, pues tal acto es idéntico al de los lobos adultos cuando apartan a sus lobeznos de la comida a racionar. Estamos ante un caso de lenguaje metafórico, ante un vamos mocoso, compórtate.
Introducción: Conceptos y marco teórico que se aplican en el estudio del caso
El objetivo principal de este estudio es analizar y comprender la cuestión de los alimentos transgénicos y la ingeniería genética. Para ello, lejos de entender la ciencia como algo separado de la cultura, el abordaje del caso seguirá el llamado métodotecnográfico el cual nace de la corriente constructiva alemana de la filosofía de la ciencia (Methodischer Kulturalismus). Concebir la ciencia como íntimamente ligada a la cultura nos permitirá obtener una visión global del suceso, y es que ésta implica más dimensiones de las que se había pensado. Es un gran error reducir los estudios sobre ciencia y tecnología en términos de conocimientos científicos puesto que la práctica de la ciencia está atravesada, hasta lo más hondo de su ser, por las circunstancias sociales, la tecnología disponible, el estado del bioentorno, etc.
Ya hemos dicho que por cultura no hemos de entender algo de carácter humanístico sino que la definiremos como un entramado de prácticas que implican artefactos, técnicas y recursos de diferentes dominios íntimamente interrelacionados y que configuran diferentes entornos: el entorno material (y que implica el conjunto de artefactos, técnicas, construcciones y recursos materiales), el simbólico (y que implica el conjunto de interpretaciones, valoraciones, representaciones y formas de procesamiento de información), el organizativo (y que implica estructuras institucionales, la economía, las leyes y otras formas de organización e interacción social) y el bioentorno (y que implica el estado de la naturaleza –no humana- así como las formas de interactuar con ella). Gracias a esta estructura conceptual podemos entender las culturas o subculturas como sistemas o subsistemas que se definen por los diferentes dominios y entornos, muchos de los cuales se solapan entre ellos, produciendo así complejos híbridos.
Por otra parte, lo que nos interesa es saber qué hacer cuando tenemos que analizar y comprender un fenómeno científico. Ya sabemos que consideraremos más dimensiones de lo que muchos han tenido en cuenta hasta hace poco. Ahora bien ¿Qué secuencia de análisis seguiremos para entender qué ocurre con los transgénicos y, más concretamente, con la colza transgénica de la multinacional Monsanto?
Cuando hablo de ciencia lo hago desde un punto de vista muy concreto y es desde el mentalismo. No pienso que cuando hable de manzanas haga referencia directa a las manzanas reales. En este sentido, no soy realista y creo que no podemos iniciar un programa epistemológico sin partir de ciertos supuestos[1]. Por otro lado, pienso que hay una realidad, es decir, creo que existen estas manzanas independientemente que existan mentes humanas para percibirlas. Además, creo posible encontrar estrategias para que esta realidad sea susceptible de ser conocida intersubjetivamente lo cual hace que rechace una postura epistemológica absolutamente subjetivista o relativista.
Así pues, al decir que soy metalista estoy diciendo que la mente actúa como mediador entre el mundo y nosotros. Cuando me refiero a las manzanas lo hago mediante el concepto de manzana, que a su vez estará conectado con otros conceptos y otras entidades mentales como las sensaciones o las creencias. Por todo esto, la expresión de Alfred Korzybski “El mapa no es el territorio” sintetizaría esta postura.
<<Según Frege, hablar del mundo no consiste en establecer conexiones, por así decirlo, horizontalmente sobre un plano. Hay una jerarquía de niveles. Utilizando la herramienta técnica mediante la cual se había creado la maquinaria de la matemática moderna, Frege introduce un simbolismo formal para imponer el reconocimiento automático de las nuevas distinciones conceptuales: el uso de diferentes tipos de imprenta para diferenciar claramente entre uso y mención; un símbolo que indica que algo se asevera, distinto de aquello que se asevera; signos que sustituyen a «no», «y», «o» «si … entonces»; y el cuantificador universal «para todo valor de x» que traduce las distinciones entre «todo», «algún» y «ningún» del lenguaje ordinario. Las confusiones presentes en la vieja retórica se hacen ahora visibles. Al hablar de una «cualidad» se estaba confundiendo el contenido no aseverado con el hecho de su aseveración (Coffa, 1991: 63). La cópula no es algo separado que una un sujeto con sus cualidades, sino un aspecto de la enunciación funcional. Por esa razón, comenta Frege ([1883J 1980; 65), la prueba ontológica de la existencia de Dios se desmorona, ya que la existencia no es una cualidad.>>
Randall Collins, Sociología de las filosofías. Editorial Hacer, Barcelona 2005.
Cap. 13. La condición post-revolucionaria: La demarcación como problema filosófico
Hace 6 años, cuando era estudiante en la Facultad de Filosofía, empecé a conocer la grandeza de la astrología. Desde entonces una pregunta empezó a resonar dentro de mí: ¿Por qué la astrología no es una ciencia si es algo tan real? Motivado por dar cuenta a una pregunta tan fundamental, aproveché mi carrera y profundicé en la disciplina filosófica que se ocupa de estudiar las bases del conocimiento científico (y no científico): la espistemología. Así, formándome también en lingüística, biología, psicología, astronomía, sociología y otras disciplinas, conseguí abordar con cierto rigor la pregunta que tanto me motivaba.
Como fruto de todo ello he preparado un video sobre la relación entre astrología y ciencia. Concretamente, este video va dirigido al colectivo científico y espero con él, sobretodo, dar una información que ayude a plantear correctamente un experimento para demostrar el hecho astrológico.
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Índice del contenido:
1. INTRODUCCIÓN 2. TEORÍA COGNITIVA DEL SIGNIFICADO 2.1. LAS ESTRUCTURAS CONCEPTUALES 2.2. NIVELES DE ABSTRACCIÓN 2.3. PROPIEDADES DE LOS CONCEPTOS ABSTRACTOS 3. EPISTEMOLOGÍA 3.1. CONOCIMIENTO CIENTÍFICO 3.2. CONCEPTOS ASTROLÓGICOS 4. USO Y ABUSO DEL LENGUAJE METAFÓRICO 4.1 PENSAMIENTO METAFÓRICO 4.2. LOS DOMINIOS 4.3. DOMINIOS Y ABSTRACCIÓN 4.4. DOMINIOS Y ASTROLOGÍA 4.5. LA RELACIÓN CGSS-MOCTs Y LAMÚLTIPLE MANIFESTACIÓN DE LO ÚNICO (MMU) 5. EL PROBLEMA DE LOS NIVELES INTERMEDIOS 5.1. LOS NIVELES INTERMEDIOS 5.2. EL SALTO ABISMAL 5.3. LA CREACIÓN DEL PUENTE 6. ALGUNAS CONCLUSIONES 6.1. LA ASTROLOGÍA Y SUS LÍMITES EPISTEMOLÓGICOS 6.2. EXPERIMENTO PARA DEMOSTRAR EL HECHO ASTROLÓGICO 6.3. PAUTAS PARA EL APRENDIZAJE E INVESTIGACIÓN ASTROLÓGICO 7. AGRADECIMIENTO, LINKS DE INTERÉS Y CONTACTO
La idea de hacer un experimento ha sido una idea recurrente en mis estudios y he podido perfeccionar y concretar cómo tendría que ser este soñado experimento.
He visto que ya han habido intentos para demostrar la realidad de la astrología sin embargo han sido experimentos que habían sido diseñados sin tener en consideración lo siguiente:
-El tipo de conocimiento de la astrología (el cual involucra disciplinas como la psicología, la lingüística, la antropología, la biología, la astronomía, algunas filosofías, etc.). -La teoría de conocimiento de la ciencia. A ojos de la mayoría de científicos, una prueba que confirme la astrología sólo será válida si cumple una serie de condiciones.
Así pues, es la disciplina de la epistemología la gran ausente en los experimentos hasta ahora realizados. Además, si a esto le sumamos cierto prejuicio por parte de los astrólogos respecto a lo científico, tenemos como resultado la actual situación social de la astrología.
Personalmente, apoyaría que la astrología tuviera más relevancia pública.
A parte de todas estas consideraciones que podrían llevarnos a un debate realmente apasionante, mi intención sería hacer este experimento con la suficiente seriedad -apoyado y supervisado por alguna universidad- para poder publicar los resultados.