Filosofía
La naturaleza del derecho a la propiedad privada
Uno de los más punzantes y discutidos temas que ha sido tratado tanto por la ética como por la política en los últimos siglos ha sido (y con toda probabilidad lo seguirá siendo en el futuro) la legitimidad o no del derecho a la propiedad privada. El saber si es legítimo y ético que un ser humano disfrute con exclusividad de un bien o derecho, excluyendo al resto de la posibilidad de hacerlo, ha centrado la mayor parte de las discusiones políticas y filosóficas de los últimos tiempos.
Y de la consideración como legítimo o no de este derecho a apropiarse, a hacer propio cualquier ente, han nacido los sistemas económico-políticos que conocemos. Negar, reconocer o proteger este derecho ha sido el fin último del legislador positivo, y lo sigue siendo.
Pero para poder discutir acerca de la legitimidad o no de este derecho, antes tenemos que comprender cual es su alcance y contenido. Difícilmente podremos discutir acerca del derecho de la propiedad si antes no tenemos exactamente claro de qué estamos hablando. En este artículo obviaremos la definición positiva que de él se ha hecho en los ordenamientos jurídicos contemporáneos para tratar de encontrar una definición lo más ajustada posible a parámetros universales y extrajurídicos, que puedan a su vez ser extrapolables a cualquier otro sistema.
Como bien anunciamos anteriormente, el derecho a la propiedad privada consiste en la potestad que tiene una persona, ya sea física o jurídica, para hacer suya una cosa o un derecho de tal forma que su uso y disfrute impida a terceros usarla y disfrutarla. El derecho a la propiedad privada no deja de ser, por tanto, un derecho de exclusión.
A la vez, se trata de un derecho de carácter universal, que necesariamente en su forma pasiva (ser poseídos en régimen de propiedad privada) tienen todas las cosas y derechos. No es concebible ningún ente que no sea propiedad privada: la misma naturaleza gregaria del ser humano, expresada en la soberanía nacional de los estados, hace que todas las cosas y derechos incluidas dentro de un espacio físico sean, subsidiariamente y en caso de no tener dueño, propiedad de la colectividad, representada por el estado.
Por ello, en sociedades donde se pretendía eliminada la propiedad privada, como la Rusia Bolchevique, eso no era más que un quimérico espejismo: la propiedad privada no había sido eliminada, había sido atribuida al estado; el titular dominical de cualquier bien dejaba de ser la persona jurídica para ser el estado. Y en sociedades primitivas desconocedoras del concepto técnico de propiedad esta se haya implícita en la naturaleza de su modus vivendi: la titularidad dominical de los vienes la ostentan el conjunto de miembros de la comunidad, que se sienten naturalmente dueños del espacio que ocupan.
Y es que la propiedad privada va necesariamente unida a la naturaleza humana: donde hay humanidad hay propiedad. La relación del yo, del sujeto pensante, con el exterior es de propiedad. El verbo que explica la interacción del hombre con su entorno no es el ser; es el tener.
Autor: Ángel Escolano
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Providencia y Destino según Boecio
Boecio diferencia los comúnmente confundidos conceptos de Providencia y Destino. Los dos conceptos, no obstante, comparten un mismo objeto: el Plan de Dios para el mundo.
La diferencia parte de la distinción entre Dios y su creación. Así pues, el Plan visto por Dios es la Providencia (está en el interior de Dios) y el plan manifestado en el mundo es el Destino[1] (está en el exterior de Dios o en su creación).
El Plan, en la Providencia, es simple, sintetizado, íntegro, eterno, inmutable. En cambio, a diferencia de la Providencia, el Plan del Destino es actual/temporal y múltiple.
En síntesis, dicho filosóficamente, la Providencia es la esencia de cualquier existencia posible y el Destino es esta esencia pero ya existente y desplegada en el mundo de las cosas sometidas al cambio.
Los dos conceptos tratan de lo mismo, aunque la Providencia en un sentido ontológico y el Destino en un sentido óntico.
Boecio, además de hacer esta distinción, explica cómo se relacionan. Esta relación es presentada como necesaria de la misma manera que las ideas necesitan del entendimiento de un sujeto, o una obra de arte de un artista. Como cualquier elemento de una dualidad, éste necesita del otro elemento para poder definirse. Nunca podremos definir la oscuridad sin el concepto de luz.
Ciñéndonos a la dicotomía que nos interesa, y siguiendo con el ejemplo de la luz, es posible explicar la relación entre Providencia y Destino. El Sol (Providencia) nos ilumina con un gran haz de luz, no obstante, esta misma luz influencia de forma distinta según sobre qué, cómo y cuándo actúe (Destino). A un viejo nórdico de blanca y sensible piel, la luz del Sol le afectará de forma distinta que a un joven ecuatoriano de oscura y resistente piel.
El sentido en el que Boecio explica esto está muy acorde con el pensamiento astrológico si entendemos éste como la relación armónica de algo unitario (configuración astral) con algo múltiple (diferentes configuraciones manifestadas en el mundo a partir de la misma configuración astral). Para comprenderlo mejor pensemos un kosmos astral (organización general) que comparte con todos los kosmos terrestres (organismos particulares) una misma estructura constitutiva (el Plan de Dios) que hace posible la famosa y recurrente ley de correspondencia (la que permite relacionar lo de arriba/el Uno con lo de abajo/ lo Múltiple).
Todo aquello que forma parte de la multiplicidad gira en torno a un mismo punto: la Divinidad. El hecho de que todo sea respecto a un único centro conlleva que cada cosa se defina según la proximidad o lejanía respecto a la causa de todas las cosas.
Boecio dice que hay cosas, que al estar próximas a este centro, ”escapan al Destino y se rigen sólo por la Providencia”. Dicho así, con el “sólo”, esto es tajante y no admite graduaciones, no obstante su posterior ejemplo sí que lo admite: una “serie de esferas o círculos concéntricos que se mueven entorno a un eje”.
Según este ejemplo, cuanto más cerca del centro está el círculo, más comparte de Divinidad[2].
Partiendo del esquema que utiliza Boecio para ejemplificar la relación de la Providencia con el Destino, el sistema solar es un sistema donde todos los planetas (Destino) giran alrededor del Sol (Providencia). El planeta con la órbita más cercana al Sol, Mercurio, representaría el planeta que, en proporción a la inmutable quietud del Sol, participa, en mayor medida, en la Providencia. Cualquier otro planeta es más inquieto en el sentido de que recorre más distancia (aunque en otro sentido Mercurio sería el más inquieto en cuanto que es el más veloz).
Sorprendentemente, en la tradición astrológica, este planeta representa la facultad humana que muy posiblemente convendremos que “participa más intensamente en la simplicidad del centro común”, es decir, que participa más fielmente en la esencia de Dios (Sol). ¿Qué facultad es esta? El intelecto entendido como la capacidad de razonar, pensar, discernir, relacionar (mentalmente) y comunicar. ¿Y qué facultad representa tradicionalmente el Sol (o la esencia de Dios) que tan íntimamente está relacionada con la facultad del pensar? La conciencia[3].
Conciencia (sea divina o no) e intelecto no son idénticos[4], sin embargo están íntimamente relacionados (incluso confundidos) por muchas filosofías (Anaxágoras y su Nous, Filosofía del futuro de Feuerbach) y religiones (Ley capital del hermetismo).
Después de esta, espero, adecuada y aclaratoria explicación está la cuestión del hombre. ¿Qué representa para el hombre que el mundo de las cosas móviles estén sujetas a una única causa? A diferencia de lo que Boecio piensa antes de que la Filosofía consuele su visión pesimista, el hombre, al estar sujeto a Dios, debe comprender el carácter necesario de todo lo que sucede y es esta aceptación del todo la aceptación del plan divino (Providencia). Cualquier pensamiento contrario es fruto de la ignorancia, el mal, el error, la confusión, el miedo, la pereza y todo aquello que conlleva no “comprometerse” con Dios.
[1] Reflejo del plan.
[2] Esto recuerda al neoplatonismo de Plotino.
[3] Identifico esta facultad con Dios porque un Dios sin conciencia parece imposible.
[4] No son idénticos como no lo son la Providencia y el Destino o, más acorde con lo que trato de mostrar, el centro/eje no es idéntico (¡aunque se parezcan mucho, puedan compartir mucho!) al círculo o a la esfera más próxima a dicho centro/eje.
Ya tenemos lenguaje, así pues, ¡Empecemos!
¿Quién iba a decirnos que la emergencia del alfabeto significara el fuego que Prometeo robó para nosotros? Después de haber estabilizado pictogramas, de haber desarrollado escrituras logosilábacas, sintetizando cada vez más, en aras de la practicidad, todos aquello signos, llegaron los silabarios semitas los cuales estaban basados en el principio de fonetización. Y con ello llegó el preciadísimo alfabeto consonántico. La expresión abstracta había nacido con su emergencia. La escritura iba a ser el estímulo perfecto para sobrepasar todos aquellos límites que había tenido la cultura oral. Todo era más flexible, más accesible, más fácil de propagar, de corregir. Perfecto para abrir nuevos horizontes, para emprender caminos más lejanos. Con los primeros enunciados teóricos de Tales de Mileto y las primeras argumentaciones, la filosofía iba a inaugurar una nueva etapa.
Para una filosofía sociológica
“Así como la sociología ha construido sus recursos tratando con cuestiones filosóficas, la filosofía actual ha llegado a las fronteras con la sociología. ¿Qué ha motivado el giro de la filosofía hacia lo social? En epistemología, esto se ha realizado para un propósito limitado, para subrayar el relativismo a través de la naturaleza supuestamente cambiante y contextual de la creencia. Los filósofos juegan normalmente la carta sociológica como triunfo, no como apertura de un desarrollo posterior, sino como la conclusión del debate, el clavo en el ataúd positivista. Otra aproximación a lo social se ha dado por el ala analítica. Los teóricos del acto de habla wittgensteinianos y austinianos, y los filósofos del lenguaje ordinario se han orientado durante mucho tiempo en la dirección de ver al menos algunos temas filosóficos como compuestos de actividades sociales. Pero este giro sociológico no ha ido demasiado lejos, como si se dirigiera hacia una barrera al indagar muy profundamente sobre qué tipos de procesos sociales son éstos realmente.
Una fuente de resistencia es el compromiso de los filósofos con el descubrimiento de condiciones duraderas y no-contingentes de juicio, significado, lógica o moralidad que sostengan todo pensamiento y todo conocimiento; por su simple naturaleza, estas verdades eternas no pueden ser afectadas por particulares meramente empíricos, que presumiblemente conforman el contenido de la sociología. ¿Cómo se puede responder a esta objeción? Una sección del mundo filosófico –especialmente los más militantes de entre la generación post-positivista (y posmoderna), evoca lo social precisamente porque rechaza el ideal de filosofía desinteresada y fundamentada en verdades eternas, y en su lugar lo ve todo como históricamente contingente. Sin ir necesariamente tan lejos, podemos reconocer que lo que quiera que sean las verdades fundamentales, eternas o transcendentes, nos acercamos a ellas sólo a través del mundo temporal –y social– en el que existimos. La naturaleza de la lógica, la verdad y otros objetos de la filosofía tradicional, con todo lo objetivos que puedan resultar ser, no pueden ser descubiertos sin enfrontarse a la dimensión social en la que están arraigados y –muchos de nosotros argumentaríamos– por la que están constituidos.
Algunos filósofos parecen preparados para admitir esto. El problema es que empiezan en este camino, pero fracasan al pasar algo más allá. Un ejemplo es Alasdair MacIntyre, que escribe que “Una filosofía moral … presupone una sociología,” pero luego continúa robando unas versiones engañosamente simplistas de Weber y de Goffman, como si ellos vieran la sociedad moderna como completamente maquiavélica y falta de ética. La ironía es que Weber y Goffman, junto con Durkheim (al que MacIntyre no cita), proporcionan justo la comprensión de la transformación histórica de los ideales de virtud que MacIntyre estaba tratando de explicar. Las reflexiones de Durkheim/Goffman proporcionan una respuesta mejor que la que puede proporcionar MacIntyre a por qué el racionalismo de la Ilustración no podía basar una moralidad secular moderna. Pero los sociólogos evitan la falacia romántica de MacIntyre de volver a atender a una sociedad supuestamente harmoniosa e integrada del pasado, en contraste con la cual la sociedad de hoy en día es degenerada. Es mejor sociología reconocer que todas las formas de interacción social producen sus tipos particulares de pautas morales y las encarnan en “objetos sagrados” simbólicos, incluso en el contexto de la vida cotidiana moderna. En efecto, MacIntyre se está acercando a una sociología histórica durkheimiana, sin saberlo, y consecuentemente sólo se queda a medio camino. Y esto es demostrativo de la situación actual de la filosofía.”
Randall Collins, For a sociological Philosophy, Theory and Society, 1998, vol. 17, pp. 695.
Algunos riesgos de la Biotecnología y la Nanotecnología
«El error más común (en pronóstico tecnológico) es el del entusiasta que es tan optimista sobre un nuevo desarrollo que descuida los constreñimientos sociales, económicos, y políticos, y anticipa la llegada de una tecnología antes de que ocurra … esto se complementa con un segundo error: pasar por alto los efectos colaterales de la nueva tecnología. (Coates, 1998)
(…)
Fue hace más de veinte años que fui el co-autor, con Ted Howard, de un libro titulado Who Should Play God?. En ese libro escribimos sobre las promesas y los peligros de una nueva tecnología de la que poca gente había oído hablar, la ingeniería genética. Al discutir sobre las muchas ventajas que resultarían de la nueva ciencia, también advertimos sobre los peligros que pueden acompañar a la revolución tecnológica. También expresamos la preocupación por el aumento en la comercialización de la reserva de genes de la Tierra en manos de firmas farmacéuticas, químicas, y de la biotecnología, y de las preguntas planteadas sobre los impactos potencialmente devastadores a largo plazo como consecuencia de liberar organismos genéticamente modificados al medioambiente. (Jeremy Rifkin, 1998)
(…)
Los genetistas han relacionado la aparición de bacterias patógenas y de la resistencia antibiótica a la transferencia del material genético entre los organismos y la especie, a que los expertos se refieren como transferencia génica horizontal. Los estudios de laboratorio demuestran que los organismos genéticamente modificados (OGM) aumentan la variedad de ADN disponible de las bacterias para transferir o para superar rasgos, incluyendo los perjudiciales, desde un organismo al siguiente, o a partir de una especie a la siguiente (Ho, 2001:45). Esto sucede con la infección de los virus, sobre pedazos de ADN tomados de elementos del ambiente, o acoplándose entre especies sin relación. Los expertos han identificado la transferencia horizontal genética como la causa del desarrollo de cepas resistentes a antibióticos responsables de brotes de cólera en la India en 1992, de la epidemia de estreptococo en Tayside, Inglaterra, en 1993, y del brote del E. coli en Escocia en 1995 (Ho, 1997). Dos cepas de E. coli, que fueron aisladas en una sala de trasplante en Cambridge, en Inglaterra en 1993, eran resistentes a 21 de los 22 antibióticos comunes (Ho, 1997). De hecho, las enfermedades tales como la tuberculosis, el cólera, la malaria, la difteria, y la meningitis, que se pensaba que estaban bajo control, están resurgiendo por todo el mundo; muchas de ellas se cree que son resistentes a los antibióticos. Finalmente, la Organización Mundial de la Salud divulga que por lo menos 30 nuevas enfermedades, incluyendo SIDA, Ébola, y la hepatitis C, han surgido durante los últimos 25 años y están ligadas a los efectos negativos de la transferencia horizontal genética, la técnica principal utilizada en la ingeniería genética (Ho, 1997).
(…)
Dentro de algunas décadas, las máquinas auto-replicantes tendrán el potencial de producir efectos catastróficos sobre las comunidades humanas y el medio ambiente. La combinación de seres vivos o inanimados auto-replicantes salvajes y de automutaciones no anticipadas puede producir un accidente que destruya la biosfera. Esto podría suceder o por accidente, o de forma más funesta y malévola, podría iniciarse de forma consciente, Joy pone el ejemplo de una mente criminal que crea ‘agentes patógenos diseñadores’, algo que podía ser posible en los próximos 20 o 30 años, según los investigadores de este campo. Una enfermedad así, no sería enteramente biológica o mecánica, sino una combinación de las dos. Especialistas en este campo se refieren a los peligros de la auto-replicación como el problema de la «plaga gris». Drexler describe el problema:
«Los replicantes peligrosos podrían fácilmente ser demasiado resistentes, pequeños, y de rápida expansión -al menos si no estuviéramos preparados. Tenemos bastantes problemas controlando virus y gusanos. Entre los expertos en nanotecnología, esta amenaza es conocida como el problema de la ‘plaga gris’. Aunque las masas de replicantes incontrolados no necesitan ser grises o plagas, el término ‘plaga gris’ acentúa que los replicantes capaces de suprimir vida pueden ser menos inspiradores que una sola especie de maleza. Pueden ser ‘superiores’ en sentido evolutivo, pero esto no los hace necesariamente valiosos. – la amenaza de ‘plaga gris’ muestra una cosa perfectamente evidente: no podemos permitirnos ciertos tipos de accidentes con los ensambladores de replicantes». (Drexler, 198c: 173)
Los peligros de la rápida replicación y proliferación no se limitan a la nanotecnología. Como Ho expone:
<<El lanzamiento en masa de organismos transgénicos es… peor que las armas nucleares o los desechos radioactivos, los genes pueden replicarse indefinidamente, separarse y recombinarse. Puede todavía haber suficiente tiempo para evitar que los sueños de la industria se conviertan en pesadillas… – antes de que se alcance el nivel de fusión genética crítica>>. (Ho, 1997)»
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Evan, W. M. y Manion, M. (2000) «Three Industrial Revolutions and Beyond» en Minding the Machine: Preventing Technological Disasters, Manion Upper Saddle River, NJ: Prentice Hall, Cap. 6.

La creatividad intelectual según Randall Collins
«La creatividad intelectual, como todos los fenómenos sociales, tiene un aspecto macro y un aspecto micro. Toda estructura social viene dada; su realidad empírica consiste en acciones individuales, pensamientos y encuentros cara a cara. Lo que la hace macro –es decir, le da la reiteración que pretendemos expresar con “estructura”, es la manera en que estos sucesos micro se encuentran unidos entre ellos en patrones a través del tiempo y el espacio. Esto ocurre gracias a lo que he llamado “Cadenas Rituales de Interacción” (Collins, 1981). En pocas palabras, cada situación está unida a otras porque:
(1) Cada individuo aporta su capital cultural particular, el conjunto de ideas y conceptos adquiridos de encuentros previos.
(2) Cada individuo aporta su carga de energía emocional, adquirida de su éxito o fracaso en encuentros previos. Ésta fluctúa desde la confianza, el entusiasmo y la agresividad en un extremo hasta la pasividad, la depresión y el abandono en el otro.
(3) El individuo aporta además un sentido de sus oportunidades de mercado personales. Es una percepción, enormemente basada en experiencias de su pasado reciente, por lo que respecta a con qué tipo de personas podría interactuar, y cómo uno se adecua en poder relativo y atractivo de estatus frente a frente con estos otros.
Cada situación tiene una cualidad negociable o emergente para ello. Lo que realmente ocurre en una interacción nueva, aun así, viene determinado por la combinación del capital cultural, energía emocional y oportunidades de mercado de todos los participantes. Estos factores dan forma a sus motivaciones para tratar con cada uno de los otros, y también a los tipos de construcciones rituales de la realidad que son capaces de realizar.
(…)
Microprocesos de creatividad intelectual
(…)
El capital cultural es crucial para los innovadores intelectuales. Es fácil mostrar que los creadores notables no se encuentran aislados, sino que provienen de posiciones en red en las que recibieron las mejores fuentes intelectuales posibles. Y el tipo de producto creativo que tiene éxito no puede ser sacado de la nada en un espacio intelectual distante, sino que emerge de ideas pasadas, incluso aunque pueda significar una ruptura con ellas.
La energía emocional es el rasgo de la creatividad que ha sido estudiado normalmente en psicología. (Véase el sumario de estudios en Collins, 1975: 273 – 4). Las personas creativas tienen una alta motivación para ser innovadoras en un área reconocida, para ser líderes en su campo. Tienen una gran confianza en sus propias habilidades, y por eso están dispuestos a apuntar alto. La “energía emocional” es también una buena descripción de la oleada de “impulso creativo” que proviene de estas personas cuando realizan su mejor trabajo, que les capacita para alcanzar intensos periodos de concentración. Es este sentimiento de las ideas creativas al parecer fluyendo espontáneamente lo que se ha identificado poéticamente con entidades mitológicas tales como las “musas” o los “daímones” de los griegos.
Hay que notar, sin embargo, que tan sólo la energía emocional no es suficiente: en ausencia de suficiente capital cultural y su relativa posición en la red de una comunidad intelectual, el entusiasmo creativo se convertirá probablemente en preludio de ambiciones frustradas y fracaso en el reconocimiento.
(…)
La posición en red de los intelectuales
Otra complejidad: los intelectuales creativos son introvertidos, no extrovertidos. La creatividad intelectual no se hace en situaciones de grupo, sino en el trabajo en soledad, normalmente durante muchas horas al día. Hay pruebas, también, de que las futuras personas creativas pasaron por un considerable aislamiento en su infancia, en la que aprendieron a disfrutar de sus propios pensamientos y actividades. Podemos comprender esto desde el punto de vista de la teoría durkheimiana de la realidad-construcción: las interacciones altamente enfocadas al grupo tienden a ritualizar las ideas de las que se habla, transformándolas en símbolos de la pertenencia al grupo y reforzando así la conformidad más que la innovación individual. Hablando de forma general, cuanto más extrovertida es una persona y más centradas en el grupo son sus experiencias cotidianas, más probablemente resultarán tópicas sus ideas. Es sólo en tanto que los intelectuales pueden romper la influencia inmediata del grupo que pueden comprometerse creativamente en la construcción de nuevas realidades.
Ahora parece que hayamos llegado a una contradicción. Por una parte, los intelectuales están ligados a redes sociales; por la otra, deben estar aislados si pretenden escapar de las presiones conformistas de los rituales de interacción. Esto se resuelve, en parte, por un flujo temporal de aislamiento y contacto: los intelectuales deben retirarse a la privacidad para hacer su trabajo, pero los contactos son importantes de antemano para proporcionarles las ideas-ingredientes, el capital cultural; y con posterioridad, para la validación y transmisión de las ideas en el mercado intelectual (afectando por consiguiente el sentido que tiene el individuo de su posición de mercado y su grado de confianza en lo que está haciendo). Un rasgo adicional es que los intelectuales, incluso cuando están trabajando en aislamiento físico, no se encuentran necesariamente en aislamiento intelectual. A partir del auge de las comunicaciones escritas (del mismo modo que de interacciones altamente estructuradas como las conferencias y seminarios universitarios) es posible que un individuo tenga contactos sociales con la red intelectual relevante, pero en sus propios términos. Esto se logra a través de la lectura y la escritura (que siempre implica una audiencia imaginaria). Estas actividades transmiten capital cultural y un sentido de posición de mercado, sin estar sujetas a las presiones abrumadoramente ritualizadas de la conformidad experimentada en un grupo cara a cara.
No obstante, las redes son extremadamente importantes para los intelectuales creativos. Hay una fuerte tendencia que los liga conjuntamente en cadenas de profesores y alumnos con una eminencia aproximadamente equivalente. Esto se puede interpretar como la transmisión del capital cultural de más alta calidad, así como del ofrecimiento de lo que podría llamarse “modelos de ambición” que constituyen la energía emocional del más joven. Los innovadores provienen típicamente de los principales centros intelectuales (tales como las universidades líderes en un campo dado), en los momentos históricos que les proporcionan un mercado de oportunidades favorable. Y los líderes creativos de un campo forman a menudo un círculo de amigos o conocidos. Es necesario un equilibrio entre la presencia de introvertidos con hábitos de trabajo privado y una gran independencia personal, colocados en redes que proporcionan un alto grado de transmisión de las condiciones requeridas para el éxito: el capital cultural, la energía emocional y un mercado de oportunidades favorable.»
A Micro-Macro Theory of Intellectual Creativity:
The Case of German Idealist Philosophy,
Sociological Theory, Vol. 5, No. 1 (Spring, 1987), pp. 47-49
RANDALL COLLINS
University of California, Riverside

- Randall Collins
