La creatividad intelectual según Randall Collins

“La creatividad intelectual, como todos los fenómenos sociales, tiene un aspecto macro y un aspecto micro. Toda estructura social viene dada; su realidad empírica consiste en acciones individuales, pensamientos y encuentros cara a cara. Lo que la hace macro –es decir, le da la reiteración que pretendemos expresar con “estructura”, es la manera en que estos sucesos micro se encuentran unidos entre ellos en patrones a través del tiempo y el espacio. Esto ocurre gracias a lo que he llamado “Cadenas Rituales de Interacción” (Collins, 1981). En pocas palabras, cada situación está unida a otras porque:

(1) Cada individuo aporta su capital cultural particular, el conjunto de ideas y conceptos adquiridos de encuentros previos.

(2) Cada individuo aporta su carga de energía emocional, adquirida de su éxito o fracaso en encuentros previos. Ésta fluctúa desde la confianza, el entusiasmo y la agresividad en un extremo hasta la pasividad, la depresión y el abandono en el otro.

(3) El individuo aporta además un sentido de sus oportunidades de mercado personales. Es una percepción, enormemente basada en experiencias de su pasado reciente, por lo que respecta a con qué tipo de personas podría interactuar, y cómo uno se adecua en poder relativo y atractivo de estatus frente a frente con estos otros.

Cada situación tiene una cualidad negociable o emergente para ello. Lo que realmente ocurre en una interacción nueva, aun así, viene determinado por la combinación del capital cultural, energía emocional y oportunidades de mercado de todos los participantes. Estos factores dan forma a sus motivaciones para tratar con cada uno de los otros, y también a los tipos de construcciones rituales de la realidad que son capaces de realizar.

(…)

Microprocesos de creatividad intelectual

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El capital cultural es crucial para los innovadores intelectuales. Es fácil mostrar que los creadores notables no se encuentran aislados, sino que provienen de posiciones en red en las que recibieron las mejores fuentes intelectuales posibles. Y el tipo de producto creativo que tiene éxito no puede ser sacado de la nada en un espacio intelectual distante, sino que emerge de ideas pasadas, incluso aunque pueda significar una ruptura con ellas.
La energía emocional
es el rasgo de la creatividad que ha sido estudiado normalmente en psicología. (Véase el sumario de estudios en Collins, 1975: 273 – 4). Las personas creativas tienen una alta motivación para ser innovadoras en un área reconocida, para ser líderes en su campo. Tienen una gran confianza en sus propias habilidades, y por eso están dispuestos a apuntar alto. La “energía emocional” es también una buena descripción de la oleada de “impulso creativo” que proviene de estas personas cuando realizan su mejor trabajo, que les capacita para alcanzar intensos periodos de concentración. Es este sentimiento de las ideas creativas al parecer fluyendo espontáneamente lo que se ha identificado poéticamente con entidades mitológicas tales como las “musas” o los “daímones” de los griegos.
Hay que notar, sin embargo, que tan sólo la energía emocional no es suficiente: en ausencia de suficiente capital cultural y su relativa posición en la red de una comunidad intelectual, el entusiasmo creativo se convertirá probablemente en preludio de ambiciones frustradas y fracaso en el reconocimiento.

(…)

La posición en red de los intelectuales

Otra complejidad: los intelectuales creativos son introvertidos, no extrovertidos. La creatividad intelectual no se hace en situaciones de grupo, sino en el trabajo en soledad, normalmente durante muchas horas al día. Hay pruebas, también, de que las futuras personas creativas pasaron por un considerable aislamiento en su infancia, en la que aprendieron a disfrutar de sus propios pensamientos y actividades. Podemos comprender esto desde el punto de vista de la teoría durkheimiana de la realidad-construcción: las interacciones altamente enfocadas al grupo tienden a ritualizar las ideas de las que se habla, transformándolas en símbolos de la pertenencia al grupo y reforzando así la conformidad más que la innovación individual. Hablando de forma general, cuanto más extrovertida es una persona y más centradas en el grupo son sus experiencias cotidianas, más probablemente resultarán tópicas sus ideas. Es sólo en tanto que los intelectuales pueden romper la influencia inmediata del grupo que pueden comprometerse creativamente en la construcción de nuevas realidades.

Ahora parece que hayamos llegado a una contradicción. Por una parte, los intelectuales están ligados a redes sociales; por la otra, deben estar aislados si pretenden escapar de las presiones conformistas de los rituales de interacción. Esto se resuelve, en parte, por un flujo temporal de aislamiento y contacto: los intelectuales deben retirarse a la privacidad para hacer su trabajo, pero los contactos son importantes de antemano para proporcionarles las ideas-ingredientes, el capital cultural; y con posterioridad, para la validación y transmisión de las ideas en el mercado intelectual (afectando por consiguiente el sentido que tiene el individuo de su posición de mercado y su grado de confianza en lo que está haciendo). Un rasgo adicional es que los intelectuales, incluso cuando están trabajando en aislamiento físico, no se encuentran necesariamente en aislamiento intelectual. A partir del auge de las comunicaciones escritas (del mismo modo que de interacciones altamente estructuradas como las conferencias y seminarios universitarios) es posible que un individuo tenga contactos sociales con la red intelectual relevante, pero en sus propios términos. Esto se logra a través de la lectura y la escritura (que siempre implica una audiencia imaginaria). Estas actividades transmiten capital cultural y un sentido de posición de mercado, sin estar sujetas a las presiones abrumadoramente ritualizadas de la conformidad experimentada en un grupo cara a cara.

No obstante, las redes son extremadamente importantes para los intelectuales creativos. Hay una fuerte tendencia que los liga conjuntamente en cadenas de profesores y alumnos con una eminencia aproximadamente equivalente. Esto se puede interpretar como la transmisión del capital cultural de más alta calidad, así como del ofrecimiento de lo que podría llamarse “modelos de ambición” que constituyen la energía emocional del más joven. Los innovadores provienen típicamente de los principales centros intelectuales (tales como las universidades líderes en un campo dado), en los momentos históricos que les proporcionan un mercado de oportunidades favorable. Y los líderes creativos de un campo forman a menudo un círculo de amigos o conocidos. Es necesario un equilibrio entre la presencia de introvertidos con hábitos de trabajo privado y una gran independencia personal, colocados en redes que proporcionan un alto grado de transmisión de las condiciones requeridas para el éxito: el capital cultural, la energía emocional y un mercado de oportunidades favorable.”

A Micro-Macro Theory of Intellectual Creativity:
The Case of German Idealist Philosophy,
Sociological Theory, Vol. 5, No. 1 (Spring, 1987), pp. 47-49
RANDALL COLLINS
University of California, Riverside

Randall Collins
Randall Collins
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