La influencia del contexto en el verbo

Después de analizar la estructura argumental y analizar el lenguaje en términos de roles temáticos, el siguiente paso es atender al tipo de evento involucrado y ello dependiendo de su distribución temporal. La relación entre sintaxis y semántica vuelve a ser muy estrecha: según los complementos y los adjuntos, y cómo estos están dispuestos, un mismo verbo definirá un tipo de evento u otro. La forma del tiempo verbal, así como los lexemas, determinarán también en buena parte lo que aquí ahora está en juego: definir la estructura eventiva.

(1) Juan pintaba

(2) Juan ha pintado un elefante

¿Qué elementos hay en juego? ¿Qué análisis podrá hacerse con esta nueva propuesta? Como primer contacto, e intuitivamente, en el caso (1) encontramos una acción que transcurre en el tiempo, sin más. En cambio, en el caso (2), encontramos una diferencia y es que la acción ha culminado con un resultado: un dibujo de un elefante. El mismo verbo (pintar), según el contexto, tiene lo que se llama “estructuras eventivas” diferentes.

Vendler, en 1967, planteó la estructura eventiva como una categoría semántica asociada al sintagma verbal y que permitía hacer distinciones relativas a la estructura temporal que la situación denotada por el verbo requiere para su desarrollo. Vendler diferencia dos tipos básicos: El estado, que define como una representación semántica que describe propiedades de una entidad en un momento determinado, por ejemplo: Ana está embarazada; y los eventos, que define como descripciones de acciones o actividades que se realizan en un lugar y en un tiempo y de una manera determinada, por ejemplo: Vicente caminaba. Cuando este tipo de acción va acompañada de otro proceso o el mismo proceso va seguido de un estado, entonces Vendler considera que es un evento complejo; de lo contrario, simple.

Es muy interesante seguir profundizando en estos tipos pues Vendler hace un agudo estudio de ellos. En el caso del primer tipo, los estados, el autor hace observar que representan modos de acciones correspondientes a verbos que designan situaciones no dinámicas.

(3) Juan es alto

Este ejemplo de estado no revela un proceso pues ello implicaría cambios que al fin y al cabo harían de ello algo dinámico. En el análisis de Dowty (79), a los estados se les puede aplicar la siguiente diferenciación: o bien los estados son permanentes, como en el caso de (3), o bien no son permanentes, como ocurriría con “Pedro está feliz”[1]. Dick, por su parte, advierte que en los estados no interviene el control. Además, en contra de lo que propone Dowty, considera que un estado es siempre permanente.

En el caso del segundo tipo, los eventos, Vendler hace una triple diferenciación que ejemplifican las siguientes oraciones:

(4) Maria pintaba

(5) Maria pintaba un cuadro

(6) María terminó el cuadro

Primero, tenemos las actividades, las cuales son eventos que acontecen en un tiempo relativamente largo, son dinámicas y sus partes son homogéneas entre sí. La acción carece de fin. Segundo, tenemos las realizaciones, las cuales tienen la misma estructura que las actividades y, además, se les añade un componente estructural nuevo: el límite o fin. Tercero, tenemos los logros, los cuales son eventos que expresan cambios de estado inmediatos. No hay duración como en el caso de las actividades o las realizaciones, sino que la acción es puntual e instantáneo, como con los verbos disparar, toser, clickar, morir, encontrar, acabar, llegar, etc. No obstante, es concebible que en el uso cotidiano del lenguaje digamos cosas como:

(7) Aquel animal estaba muriéndose

(8) Mi tío estaba tosiendo

lo cual es fácilmente explicable, sin embargo sería extraño decir:

(9) *La bala estaba impactando en su blanco

En semántica conceptual, Jackendoff identifica dos tipos básicos: los estados y los eventos, y dentro de los eventos sólo reconoce a dos: el logro y las actividades. ¿Qué ocurre con la realización que ilustraba (5)? Jackendoff relaciona cada tipo con una imagen y así resulta:

Estado:               [   ]

Logro:              -[-   ]

Actividades:       —-

La realización, así pues, se puede deducir de la combinación de los tres:  —-[-  ]

Otra propuesta interesante es la de Pustejovsky. El autor identifica la estructura eventual con un conjunto de eventos. El análisis está en establecer la relación entre eventos. Estas relaciones pueden representar: partes de; secuencias; solapamientos; o la combinación del solapamiento y la secuencialidad. Además, en dicho análisis, Pustejovsky indica dónde está el núcleo y concibe tres tipos de eventos: procesos, estados y transiciones. Algunos ejemplos:

(10) Build: ________ e1* < e2 ________proceso

(11) Arrive: ________e1 < e2*________ logro

(12) Give: ________e1* < e2*________transición

(13) Buy: ________e1* overlaping e2 ________transición

(14) Sell: ________e1 ov e2*________transición

(15) Marry:________e1* ov e2*________transición

(16) Walk: ________e1* <ov e2________proceso

 

Verkuyl y Maurelatos son partidarios de no distinguir logros y realizaciones pues consideran que tienen la misma estructura. Según sus opiniones, la duración no es una característica pertinente. En cierta manera, es una cuestión de relativismo, al estilo de Protágoras y su célebre “El hombre es la medida de las cosas” puesto que toser, como construir, son verbos que ciertamente tienen la misma estructura (un proceso seguido de un fin) y es que la percepción humana del tiempo es la que nos hace distinguir la primera como logro y, por lo tanto, con un proceso casi inexistente, y la segunda como realización, es decir, como un proceso largo en el tiempo (y su fin). Sin embargo, cualquier análisis minucioso desvelaría que el toser es una acción que se compone de un proceso complejísimo a nivel fisiológico, y si queremos ir más lejos, a nivel físico-químico. Es por esto que estos autores, y otros como Tenny y Mittwoch, encuentra la duración como algo de naturaleza extralingüística. De lo contrario, podemos encontrarnos con paradojas como las llamadas “paradojas imperfectivas”:

(PI1) Si estás dibujando un círculo, entonces no has dibujado un círculo.

(PI2) Si estás caminando, entonces has caminado.

Para finalizar, Verkuyl, en 1987, propuso una visión continua:

De esta forma determinó una serie de fórmulas dentro de un mismo esquema:

proceso           +          límite                                                   =          evento

evento              +          límite                                                   =          proceso

estado              +          dinámico                                             =          proceso

proceso           –          dinámico                                             =          estado

evento              –          dinámico          –          delimitado        =          estado

estado              +          dinámico          +          delimitado        =          evento


[1] Por supuesto, la propuesta de Dowty es mucho más compleja pues relaciona clases de verbos con estructuras lógicas. Y añade más variables como si es agentivo o no, etc.

Estructurando el lenguaje en roles temáticos

Las etiquetas abstractas utilizadas para dar cuenta de la relación entre predicados y sus complementos componen lo que se llama la teoría temática. El tipo de relación define diferentes funciones semánticas y, a su vez, muestra una relación directa con las funciones sintácticas. Las diferentes propuestas entorno a ello no han supuesto una llegada a algún tipo de acuerdo, ni a la hora de hacer una lista única ni a la hora de determinar su naturaleza.

Fillmore[1], quien involucró la estructura sintáctica en la estructura profunda y creó reglas del paso de la EP a la ES (estructura superficial)[2], propuso una serie de roles temáticos: el caso del instigador animado de la acción (el niño rompió el cristal), la fuerza inanimada causalmente involucrada en la acción (la llave abrió la puerta), el animado afectado por el estado o acción (dio un regado a Mageles), el objeto que es resultado de la acción o bien es sobreentendido como parte del significado del verbo (construir una casa), el caso que identifica la localización u orientación espacial del estado o la acción (en el valle hace frío) y el caso semántico más neutro: cosas que son afectadas por la acción (la carta llegó cerrada), etc.

Jackendoff concibe los roles temáticos como parte de una estructura semántica léxico-conceptual (ELC) y no como parte de la sintaxis. Las variables de la ELC pueden estar marcadas con papeles temáticos, y ello de manera que la misma variable puede estar marcada con diferentes roles en diferentes partes de la ELC. Estos diferentes papeles o roles temáticos no se conciben como posiciones argumentales[3] ni como primitivas, sino como medios para registrar ordenadamente los componentes sintácticos y las categorías conceptuales[4]. A las ya expuestas por Fillmore destacar el rol temático del sujeto que no controla y meramente vive los qualia. Cuando este rol temático, llamado el experimentador, se une al agente, que es el que inicia una acción, entonces resulta el rol temático del iniciador.

La concepción de rol temático de Dowty, a diferencia de la de Fillmore y Jackendoff, valora el hecho de que a cada rol le sigue una serie de consecuencias en forma de presuposiciones e implicaciones. Por ejemplo, el rol del agente implica cierto grado de volición. A pesar de que la propuesta es muy interesante, el autor se encuentra con serios problemas para encontrar estas consecuencias en cada uno de los roles temáticos. Consciente de ello, Dowty crea el concepto de “proto-role” el cual supone una abstracción capaz de sintetizar los proto-roles en dos: el rol proto-agente y el rol proto-paciente. El primero se caracteriza por su implicación volitiva en el evento o estado descrito por el verbo, por su percepción o conocimiento, por ser causa de un evento o un cambio de estado en otro participante, por ser causa de un movimiento en relación a una posición o a una entidad y por existir independientemente de la eventualidad descrita por el verbo. Algunos ejemplos: Maria come manzanas y lo sabe; las llamadas telefónicas causan interrupciones; etc. En el caso del rol proto-paciente, dicho rol se caracteriza por soportar un cambio de estado, por ser un tema afectado en su integridad, por estar causalmente afectado por otro participante, por ser relativamente estable respecto el movimiento de otro participante y por no tener por qué existir previamente su objeto denotado. Algunos ejemplos: Juan abre la ventana; Ana escribe un libro; fumar provoca cáncer; etc. Dichos roles se asignan a aquel argumento que tenga más propiedades del proto-rol correspondiente.

En 1988, Levin y Rappaport defendieron que los roles temáticos no eran necesarios. Después de mostrar la cantidad de irregularidades que impedían una representación viable, propusieron asociar a los argumentos, un poco en consonancia con los proto-roles de Dowty, una estructura de características de papeles temáticos. Dichas estructuras tendrían una forma como la siguiente en el caso de “load”:

(1) [+Agent, [+Goal, + Affected, + Theme], +Theme].

M. Lluísa Gràcia hizo su versión para el catalán[5].

La última propuesta de roles temáticos que quiero comentar es la de Grimshaw y que siguiendo las ideas de Levin y Rappaport, propuso elaborar jerarquías de papeles temáticos en función del criterio de prominencia. Así por ejemplo:

(2) Agente < Experimentador < Goal, Source, Location < Thema, Pacient.

Algunos roles, como el Theme y el Pacient los considera los más preeminentes porque son los objetos más cercanos al predicado.


[1] The case for case (1968)

[2] (EP) Juan rompe a ventana con una piedra; (ES1) La piedra ha roto la ventana; (ES2) La ventana se ha roto.

[3] Los argumentos se definen como los elementos necesarios para que una pieza léxica pueda ser entendida. Por ejemplo, el verbo de la oración “José dijo el pasado miércoles a su madre que la quería” es “dijo” (y como todo verbo es el núcleo). Si prescindiéramos de “el pasado miércoles” la pieza léxica que nos interesa se entendería igualmente, sin embargo, si prescindiéramos de “a su madre” o “que la quería”, difícilmente entenderíamos lo que está ocurriendo, y es que “José dijo el pasado miércoles” está reclamando imperiosamente un CD y un CI, ambos argumentos. “El pasado miércoles”, así pues, no lo identificaríamos como argumento, sino como adjunto.

[4] En la propuesta de Jackendoff, los conceptos lingüísticos, a diferencia de los papeles temáticos, sí que pueden ser descompuestos en conceptos más elementales hasta llegar a una serie de primitivas (predicados de carácter cerrado) a partir de los cuales es posible construir conceptos complejos. Así pues, diferencia las funciones de la estructura ontológica.

[5] La teoría temática (1989).

Cómo la estructura del lenguaje influye en el contenido

Introducción

¿Comunicamos cosas diferentes según estructuramos una oración de una forma u otra? Parece ser que sí y que es algo bastante consensuado. Muchos especialistas han hecho estudios para comprender tal fenómeno. La propia lógica supone ya una importante propuesta, y ya milenaria. No es de extrañar que autores, más o menos actuales, como Montague, Bach, Dowty y Davidson, hayan hecho sus propuestas desde diferentes teorías lógicas. Como es consabido, la lógica, entre otras cosas, representa formalmente nuestro lenguaje natural. Independientemente de la aplicación que puede hacer para asegurar un conocimiento de alta calidad (pues ha definido las formas y las leyes más generales del procesamiento de información), la lógica muestra la estructura argumental de nuestras oraciones, diferenciando tipos de relaciones, términos, predicados, cuantificadores, etc. A partir de todas estas variables, ordenar los elementos involucrados de una forma u otra, según reglas lógico-matemáticas, implica significados totalmente diferentes.

Otra de las propuestas existentes, muchas veces en estrecha relación con las teorías lógicas, se centran prioritariamente en la estructura argumental. Para empezar, entienden un argumento de forma completamente diferente al lógico, pues éste último lo entiende como epistémologo y los autores de esta propuesta diferente lo entienden como lingüistas (por lo que tienen otro tipo de consideraciones[1]). En este contexto, los argumentos se definen como los elementos necesarios para que una pieza léxica pueda ser entendida. Por ejemplo, el verbo de la oración “José dijo el pasado miércoles a su madre que la quería” es “dijo” (y como todo verbo es el núcleo). Si prescindiéramos de “el pasado miércoles” la pieza léxica que nos interesa se entendería igualmente, sin embargo, si prescindiéramos de “a su madre” o “que la quería”, difícilmente entenderíamos lo que está ocurriendo, y es que “José dijo el pasado miércoles” está reclamando imperiosamente un CD y un CI[2], ambos argumentos. “El pasado miércoles”, así pues, no lo identificaríamos como argumento, sino como adjunto.

La estructura argumental

Sobre esto se ha trabajo mucho y bien. En los inicios, Tesnière (1957) utilizó los términos “actante” y “circunstante” en el lugar de argumentos y adjuntos, respectivamente. Luego, el mismo autor, junto a Leech y muchos otros, estudiaron la aridad, es decir, el número de argumentos que necesitaba una pieza léxica, y las reglas y posibilidades de la combinación de los argumentos. Ejemplos de piezas léxicas y su aridad:

De ningún argumento:             Nieva

De un argumento:                     Juan ríe (x ríe)

De dos argumentos:                 Entre la mesa y la pared (entre x e y)

De tres argumentos:                 Isabel da un beso a su novio (x da y a Z)

De cuatro argumentos:             Raquel traslada la taza desde la mesa hasta la cocina (x traslada y desde z hasta w)

Una de las cuestiones a resolver es cómo determinar el número de argumentos de un predicado. Si en función de la estructura más básica, más frecuente o más completa informativamente… No obstante también hay que considerar cuestiones de pragmatismo puesto que, por ejemplo, la estructura argumental básica de “comprar” sería:

(1)     x compra                    y a           z por            w

Jaime compra     unos pantalones al   vendedor por    cincuenta euros

No obstante, en la práctica real, probablemente haríamos un uso de, y sería completamente comprensible para la audiencia, las siguientes estructuras:

(2)      x compra                y por             w

Jaime compra      unos pantalones por        50 euro

(3)     x compra                y

Jaime compra      unos pantalones

Y es que el lenguaje es flexible y según el contexto un componente puede ser (o no) elidido, omitido, cognado[3] u incorporado. Debido a esta flexibilidad, Levin[4], en 1993,  pensó en un sistema de alternancias en el cual pudiese definir[5] los argumentos que, por el tipo de verbo, pudiesen moverse a otras posiciones gramaticales, pronominalizarse o desaparecer. Por ejemplo, el verbo “romper” admitiría la pérdida del sujeto:

(4) David rompe la ventana con un martillo

(5) El martillo rompe la ventana

O bien el verbo “aburrir” admitiría omitir el objeto de un determinado estímulo:

(6) La película aburre a los espectadores

(7) Los espectadores se aburren

Vázquez, en el 2000, hizo su propuesta para el castellano. Entre otras cosas, su sistema contemplaba movimientos opuestos en la misma pieza léxica que no eran sino cambios de enfoques. Por ejemplo, movimientos en referencia a la causa:

(8) El director despidió al secretario

(9) El secretario fue despedido por el director

O entre un evento y un estado:

(10) Sara corta la carne

(11) Esta carne se corta con facilidad

Estructura de los verbos de movmiento

Algo que resulta muy interesante, y que va más allá de la propuesta de Levin o Vázquez, es la utilización de una sola estructura para comprender todos los verbos de movimiento (recorrer, llegar, dirigir, viajar, finalizar, construir, transformar…). Según el verbo, la esencia de la acción se focalizaría en algún punto de la estructura, y siempre necesitando de la totalidad de la estructura para comprender la acción:

La pregunta es: ¿Hasta qué punto todos los verbos estarían subordinados a este esquema?

Pustejovsky

Pustejovky, en 1995, clasifica los argumentos en tipos. Primero, los “True arguments”, que son argumentos realizados sintácticamente (Nuria ríe). Segundo, los “Default arguments”, que son argumentos que participan en las expresiones lógicas de los qualia pero no necesariamente son realizados sintácticamente (construir una casa con ladrillos). Tercero, los “Shadow arguments”, que son argumentos incorporados semánticamente a la unidad léxica que se puede especificar más (butter the bread with Dutch butter). Luego, Pustejovsky define los “True adjuncts” como los adjuntos, los cuales son partes de la interpretación situacional y no están ligados a la representación semántica del ítem léxico (Maria condujo el coche el sábado por la noche).

¿Aplicación a la PNL?

¿Qué ocurre cuando un hablante prescinde de un argumento que suele ser imprescindible para comprender una pieza léxica? ¿No tiene interesantes implicaciones en la comunicación y en la concepción del mundo del hablante? ¿No podría relacionarse y quizás incluso completar el modelo del lenguaje?

¿Y qué efectos tiene escuchar a alguien que prioritariamente ordena los sintagmas de una forma poco usual? ¿Qué efectos tendría en este alguien modelar sus patrones sintácticos y adecuarse a ellos? ¿Mejoraría el rapport?

Ejemplos de estas variables

(1) Nosotros tratamos la situación actual del pepino en nuestro país

Sujeto          Verbo             CD            CCT        CI                   CCL

Nosotros tratamos en nuestro país la situación actual del pepino

Sujeto          Verbo              CCL                   CD             CCT            CI

(2) Hice un salto mientras chillaba

SV+SN           adv             V

Chillé mientras daba un salto

SV         adv             SV+SN

(3) Carlos se casó con Ana

SN            SV         prep      SN

Carlos y Ana se casaron

SN     conj   SN           SV

Un problema que se me ocurre sería la dificultad para analizar a una persona en estos términos en tiempo real. No obstante, para aquellos casos que fuera posible disponer de grabaciones y de un trato continuado, sí que podría ser útil puesto que además, ayuda a identificar valores y creencias[6]. En todo caso, hay que experimentar para ver qué pasa…

Por cuestiones de pragmatismo, es muy posible que prioricemos un sintagma y otro. Por ejemplo, si estoy buscando dónde estan mis calcetines y se lo pregunto a mi mujer probablemente no me respondería así:

(4) He puesto los calcetines en el cajón

SV                 SN                   SP

Sino así:

(5) En el cajón he puesto los calcetines

SP                SV              SN

O si trabajara en una refinería petrolífera y súbitamente encontrara petróleo, tampoco diría:

(6) He encontrado petróleo

SV                SN

Sino:

(7) ¡Petróleo! he encontrado

SN                   SV


[1] Características propias del lenguaje como la composicionalidad, la ambigüedad, la prominencia, la suficiencia, etc. Aunque afirme esto de la lógica no hay que olvidar que los lógicos suelen tener una importante base en lingüística por lo que sería injusto decir que no atienden a estas características. Algunos ejemplos: Frege, Russell o Wittgenstein.

[2] Por lo común, este tipo de análisis se dan en términos de categorías y no en términos de funciones sintácticas. Kaplan y Brensan sí que hacen su propuesta en tales términos inusuales.

[3] Un objeto cognado es aquel que está restringido porque es, por ejemplo, redundante (Juan pesca un pez).

[4] English verb classes and alternations

[5] Define 48 clases semánticas, 200 subclases y 79 alternancias agrupadas en 8 tipos. Algunas propiedades de cada clase: comparten un número de alternancias, admite excepciones y no se acepta una sola alternancia.

[6] Por ejemplo, en (2) encontramos plasmado el fenómeno mental background & foreground (contexto-figura), lo cual, más allá de la sintaxis, tiene lazos muy fuertes con la semántica cognitiva.

¿Cómo producimos y transformamos significados?

Introducción

Cada palabra que el ser humano ha creado ha supuesto un avance que solemos subestimar. La adquisición del lenguaje, con sus conceptos más abstractos o más concretos, nos equipa con estructuras mentales y así nos habilita para explorar nuevos territorios. Y es que aparentemente el lenguaje no parecería estar tan íntimamente relacionado con nuestro modo de contactar con las diferentes dimensiones del mundo, con la posibilidad de conquistar y vivir nuevas experiencias.

Por ejemplo, y aunque sea sólo una hipótesis: hace 90.000 años, el ser humano, relacionándose con el entorno natural de una forma cada vez más compleja, sintió probablemente la necesidad de comunicar tal complejidad, y no para poder subirse a un pedestal y ser aplaudido, sino, ente otras cosas, para la optimización del trabajo en equipo:

“Puede que los primeros ruidos que acompañaban a la «gramática» de la fabricación secuencial de instrumentos sirvieran también como gramática básica del habla, ya que ésta consta de sonidos que sólo cobran sentido al pronunciarse en el orden debido, como era el caso con las operaciones requeridas para la fabricación de instrumentos. Instrumento y frase vendrían a ser la misma cosa”. [1]

En general, y sobretodo en la génesis de la cultura, es una cuestión de utilidad el hecho de crear un concepto o una palabra. Para Nietzsche, el filósofo es un visionario capaz de poner palabras a aquello sin nombre que reclama una forma, que pide ser bautizado. Así pues, este visionario es el primero que pone atención a algo que no dispone de una etiqueta y así lo captura conceptualmente.[2]

Creación y transformación del léxico

La dinámica de la creación, transformación y desaparición del léxico, y sin entrar en procesos cognitivos, es muy curiosa e interesante.

Los procesos de creación de nuevo léxico más frecuentes son: la analogía, que consiste en asociar un proceso de otra palabra a uno nuevo (panching, penging); el préstamo (e-mail, modem, trust, poof); los tecnicismos (sintagma, neutrón); la composición (cortaplumas); la derivación (megatienda, minicamiseta); los acrónimos (ONU, OTAN), los amalgamas (spanglish); etc.

Los procesos de transformación del léxico más frecuentes son: la extensión de significado por algún tipo de nueva relación (el tiempo, desde Einstein y no antes, se conecta con la idea de relatividad); la metonimia (una copa de vino, hacer un café); la metáfora (tocar madera, ir ciego); la generalización (bambas, celo, chupachups, vespa, kleenex); la reducción (adiós); el truncamiento con cambio de sintagma (progresista-progre); el cambio de denotación (market-to market); etc.

La polisemia

La polisemia, a diferencia de lo que tradicionalmente se piensa, es un fenónemo lingüístico que al estudiarlo diacrónicamente descubrimos varias cosas sorprendentes y que casan perfectamente con lo que aquí estamos tratando.

Tradicionalmente, decimos que la polisemia es una forma con diferentes significados y que es una propiedad asociada a lexemas únicos. También reconocemos que hay una relación[3] entre estos significados. Veamos un ejemplo:

(1) Coco: fruto, cabeza

En contra, decimos que una homonimia son dos (o más) unidades léxicas que tienen la misma forma y diferentes significados etimológicos. Es decir, no hay relación entre significados.

(2) Cola: cola (del lat. cauda), pasta adhesiva (del lat. colla)

Este análisis tradicional responde a un estudio sincrónico. No obstante, diferenciar claramente la homonimia de la polisemia es una cuestión relativa a la diacronía. Lo que para una generación dos palabras son homónimas, otra generación dirá que esos dos significados pertenecen a una forma polisémica. Y es que el hablante puede considerar que no se relacionan semánticamente cuando sí es así diacrónicamente. Por otro lado, se pueden percibir sentidos como relacionados no siendo verdad.

Otras concepciones

La polisemia lógica, según Pustejovsky, se debe a los objetos de la realidad que son complejos y pueden ser interpretados de diferentes formas. Su propuesta, consiste en entradas poliédricas que son focalizadas según el contexto. Se tratan de relaciones metonímicas entre las partes de una realidad compleja y pueden aprehenderse en reglas. Así:

(3) Irlanda: país, gobierno, población

En lingüística cognitiva, Lakoff[4] defiende que la polisemia es la norma, y no la excepción. Para explicar su postura, Lakoff diferencia dos tipos de prototipicidad[5]: los significados individuales y los conjuntos de sentidos expresados por una forma. Así, de un modo similar a la metaentradas de Pustejovsky, utiliza esquemas superiores aplicados sobre sentidos de naturaleza cognitiva. Y es que para el autor siempre existe un conjunto de características comunes. Ejemplo:

(4) Anillo: joya, cuerpo celeste.

La polisemia sincrónica se caracteriza por ser una extensión de sentido, pues ocurre que dos signos léxicos de igual forma son relacionados por el hablante. Encontramos en este tipo, así pues, tres relaciones: metonimia (De contigüidad), sinécdoque (parte-todo y ejemplar-clase) y metáfora (un sentido figurado sin una relación entre los objetos designados).

Tipos de polisemia

Básicamente hay dos: la metonimia y la metáfora. Ambos son relaciones de referencia indirecta entre dos términos que es cuando nos referimos a un entidad implicada a partir de otra entidad explicitada. En el caso de la metonimia, se explica porqué “Picasso” tiene otro significado (un cuadro) además de ser un famoso pintor español; o porqué “copa” también tiene el significado de lo que contiene. En el caso de la metáfora, la relación no es por cercanía o semejanza, sino que implica un proceso de figuración. Así, relacionamos “obstáculo” con “dificultad” porque un obstáculo es algo concreto cuyas características pueden proyectarse con lo que abstractamente llamamos “dificultad”.


[1] (5) Burke J., y Robert Ornstein, “Del hacha al chip: Cómo la tecnología cambia nuestras mentes”, Ed. Planeta, 2001.

[2] Nótese de pasada la capacidad del filósofo-visionario para poder relacionarse con el entorno inconscientemente y desde esta relación tener conocimientos suficientes, herramientas y actitudes para conectarlo con el consciente.

[3] En el caso de (1) la relación será por metáfora.

[4] Metafors we live by 1980

[5] O los “modelos cognitivos idealizados” según Lakoff. Los prototipos son ideas centrales que ordenan nuestra mente. Alrededor de ellos ordenamos otras ideas menos centrales. Por ejemplo, si digo de pensar una fruta, probablemente tengamos como modelo cognitivo idealizado una manzana o una pera, pero raramente diremos uvas o piña. orden de adquisición. Según Lavob, que no es “Lakoff” mal escrito sino otra persona, hay algunas pruebas de la existencia de los prototipos: la facilidad en el aprendizaje, las respuestas más rápidas dada una categoría, los juegos de composición de palabras y el papel especial que juega el parámetro de la frecuencia.

Mapas mentales ¿Cómo ordenamos la información mental?

En nuestra relación con el entorno, nos valemos de determinadas estructuras conceptuales para poder reconocer, diferenciar y comprender tal entorno. Sin estas estructuras nuestra relación se vuelve confusa e inconsciente, lo que no siempre está tan mal.

Básicamente, tenemos tres formas de ordenar la información mental: Primero, en forma de redes o jerarquías[1]; segundo, formando estructuras lineales; y tercero, de forma circular. En PNL, a estas tres formas les corresponde los sistemas representacionales kinestésico, auditivo y visual, respectivamente.

Es interesante investigar cómo relacionamos y ordenamos la información. A continuación hago un esbozo de  criterios que nuestra mente utiliza habitualmente:

1- Por formas, al modo de los diccionarios[2] generales, diccionarios inversos -cuyo listado de unidades léxicas están ordenadas a la inversa-, y los diccionarios etimológicos. Ejemplos: términos acabados en –asa (pensaba, casaba, amaba, deseaba, trabajaba, etc.); términos que empiezan por re- (rehacer, repensar, retocar, reinventar, etc.); etc.

2- Por fonética, relacionando así palabras, por ejemplo, con muchas vocales, tipos de pronunciación, etc. Por ejemplo, con muchas “a”: albahaca, castaña, mañana, araña, fabada, etc.

3- Por pura subjetividad, es decir, relaciones entre conceptos por cuestiones personales (mi historia personal y mi situación actual ). Por ejemplo, si ahora mismo estoy en un proceso creativo, encerrado aquí en mi casa, pensativo, etc., es razonable que al poner ejemplos tienda a exponer, o bien ideas prototípicas[3], o bien lo que envuelve mi vida ahora mismo: pensamientos, trabajo, estudios, deseos, invenciones, etc. Sin ir más lejos, en las relaciones por fonética he dicho “fabada”, y pensándolo ahora, es justo lo que voy a cenar.

4- Por causalidad natural o por conocimiento del mundo extralingüístico, al modo de que al pensar en humo lo relacionamos con el fuego. Este tipo de relación es sintagmática.

5- Por relaciones típicamente paradigmáticas. Aquí querría ir poco a poco:

5.1. La hiponimia. Esta relación enlaza un lexema que denota una clase y un lexema que denota la subclase. Es la relación tipo-ejemplar. El término más general se llama hiperónimo, y el más específico, hipónimo. Cuando dos términos comparten el mismo hiperónimo, son cohipónimos. Ejemplos de estas relaciones: “Milú-perro”, “perro y gato son mamíferos”. Algunas propiedades a destacar: 1) relación transitiva (Milú es un mamífero) y asimétrica (un perro es un mamífero pero un mamífero no es un perro). 2) la extensión del hiperónimo es mayor que la del hipónimo 3) la especificidad del hipónimo es mayor que la del hiperónimo, 4) A veces ciertas relaciones parecen hiponímicas y no lo son. Por ejemplo: que x sea un perro no implica que sea una mascota.

5.2. La meronimia. Esta relación enlaza dos unidades léxicas en la que una denota el todo y la otra una parte de este todo. El término que designa el todo se llama holónimo, y el que designa la parte, merónimo. Ejemplos: silla-pata, rebaño-oveja, etc. Algunas propiedades a destacar: 1) Es asimétrica (dedos < mano pero no al revés), presuntamente transitiva (dedos < mano < brazo, entonces ¿dedos son parte del brazo?). 2) Automeronimia: a veces, la parte y el todo comparten el mismo nombre (puerta: “lo encontramos detrás de la puerta”, “sacamos la puerta del marco”); 3) sus partes pueden estar claramente diferenciadas (taza-asa) o no (punta de la lengua); 4) sus partes pueden ser independientes (senado-senador) o dependientes (hombre-cabeza); 5) sus partes pueden tener una función diferenciada respecto al todo (teclado-ordenador) o no (rebaño-oveja); 6) hay partes que pueden ser necesarias (cara-boca) u opcionales (cara-bigote).7) La meronimia, según Winston y Cruse, cuenta con muchos tipos y subtipos. Hago una enumeración: grupo-miembro, objeto-componente, objeto-material, sustancia-componente, sustancia-porción, objeto-porción, zonas geográficas.

5.3. La relación de contraste. Esta relación enlaza por oposición de significado. Ejemplos: bueno-malo, grande-pequeño, alto-bajo. Encontramos diferentes tipos:

contrarios: tipo de contraste binario. Es la relación que se da entre palabras opuestas. Son estructuras bipolares, evaluables a partir de una norma. Ejemplos: grande-pequeño, caliente-frío. Algunas propiedades: 1) Las zonas intermedias a veces están lexicalizadas (caliente-templado-frío), 2) son relativos, se pueden aplicar a realidades muy diferentes con diferentes medidas (lápiz largo de 80 cm, cuerda corta de 1 m), 3) simétricas, 4) no pueden ser todos verdaderos.

complementarios: tipo de contraste binario. Son contraste disjuntos donde no hay término medio. Por ejemplo: vivo-muerto, soltero-casado. Algunas propiedades: 1) afirmar uno supone negar el otro, 2) no son graduables (*estás muy casado).

-inversos: tipo de contraste binario. Expresan una oposición entre dos unidades que se presuponen mutuamente. Describen la misma realidad desde dos puntos de vista. Ejemplos: padre-hijo, comprar-vender.

relaciones de contraste no binarios. Expresan una incompatibilidad. Escoger un elemento de un conjunto excluye el otro. Ejemplo: lunes, martes, miércoles

Cruse distingue: estructuras lineales bipolares y monopolares. Las primeras son aquellas que en los extremos se sitúan términos opuestos. Ejemplos: frío-templado-caliente-quemando. Algunas propiedades: simétricas y no transitivas. Las segundas son aquellas que expresan grados, etapas, medidas, rango, secuencias. Ejemplos: brisa-viento-tornado-huracán; bebé-niño-adolescente-adulto-vejez. Algunas propiedades: simétricas y transitivas.

5.4. La sinonimia. Es la relación de igualdad. Ejemplos: contento-alegre, mechero-encendedor. Es simétrica y transitiva. Tipos:

1) denotativa (o cognitiva) donde dos palabras se utilizan para denotar exactamente la misma entidad o tipo de identidad. Ejemplos: próximo-cercano, diferente-distinto. Algunas propiedades: a) son idénticos sintácticamente b) tiene unos valores de verdad equivalentes.

2) connotativa: cuando dos palabras tienen el mismo sentido. Esto es cuando no hay sentidos, registros, dialectos o distribuciones diferentes. Ejemplos de sinónimos NO connotativos: sucio-mierdoso, oculista-oftamólogo, niño-pequeño.

3) absoluta: cuando la sinonimia es denotativa y connotativa.

4) parcial: aquellas unidades que tienen un sentido con unas características semánticas centrales idénticas. Ejemplos: escoger-votar-elegir-optar.

5.5. Metáforas conceptuales. Es una relación de referencia indirecta entre dos términos que es cuando nos referimos a un entidad implicada a partir de otra entidad explicitada. La relación implica un proceso de figuración. Así, relacionamos “obstáculo” con “dificultad” porque un obstáculo es algo concreto algunas de cuyas características pueden proyectarse con lo que abstractamente llamamos “dificultad”.

 


[1] En el primer caso, aunque no necesariamente, hablamos de campos temáticos; en el segundo caso, de campos semánticos. En el primer caso, se estructura a partir de redes semánticas y se caracteriza por cubrir un área, dentro de un dominio de significación, de una palabra o grupo de palabras. Admite diferentes categorías sintácticas y utiliza relaciones tanto del tipo paradigmático como sintagmático. En el caso de los campos semánticos, hablamos de un conjunto de palabras de la misma categoría gramatical que se estructura jerárquica y linealmente. Las relaciones que se dan son del tipo paradigmático. Destacar la taxonomía, que es el resultado de establecer hiponimia (ver más abajo) entre un conjunto de vocabulario, y que es un tipo de campo semántico muy frecuente e importante en la producción lingüística pues, entre otras cosas, establece restricciones de selección y con la coordinación.

[2] Es interesante comprobar que hay diccionarios para casi cada una de los criterios que expongo: generales, bilingües, sinónimos/ antónimos, técnicos, históricos, dialectales, etimológicos, enciclopédicos, inversos, neologismos, frecuencias (corpus), etc.

[3] O los “modelos cognitivos idealizados” según Lakoff. Los prototipos son ideas centrales que ordenan nuestra mente. Alrededor de ellos ordenamos otras ideas menos centrales. Por ejemplo, si digo de pensar una fruta, probablemente tengamos como modelo cognitivo idealizado una manzana o una pera, pero raramente diremos uvas o piña. Lakoff, no obstante, diferencia dos tipos de prototipicidad: los significados individuales y los conjuntos de sentidos expresados por una forma. Así, de un modo similar a la metaentradas de Pustejovsky, determina unos esquemas superiores aplicados sobre sentidos de naturaleza cognitiva. Y es que para el autor siempre existe un conjunto de características comunes. Por ejemplo: Anillo como joya y cuerpo celeste. Según otro autor, Lavob, hay algunas pruebas de la existencia de los prototipos: el orden de adquisición, la facilidad en el aprendizaje, las respuestas más rápidas dada una categoría, los juegos de composición de palabras y el papel especial que juega el parámetro de la frecuencia.

Ya tenemos lenguaje, así pues, ¡Empecemos!

¿Quién iba a decirnos que la emergencia del alfabeto significara el fuego que Prometeo robó para nosotros? Después de haber estabilizado pictogramas, de haber desarrollado escrituras logosilábacas, sintetizando cada vez más, en aras de la practicidad, todos aquello signos, llegaron los silabarios semitas los cuales estaban basados en el principio de fonetización. Y con ello llegó el preciadísimo alfabeto consonántico. La expresión abstracta había nacido con su emergencia. La escritura iba a ser el estímulo perfecto para sobrepasar todos aquellos límites que había tenido la cultura oral. Todo era más flexible, más accesible, más fácil de propagar, de corregir. Perfecto para abrir nuevos horizontes, para emprender caminos más lejanos. Con los primeros enunciados teóricos de Tales de Mileto y las primeras argumentaciones, la filosofía iba a inaugurar una nueva etapa.

La estructura semántica en lingüística cognitiva

A continuación hago un resumen del Capítulo 3 del libro “Introducción a la lingüística Cognitiva” de M.J.Cuenca y J. Hilferty y que trata sobre la estructura semántica (o semántica y gramática):

En este capítulo se hace un recorrido por diferentes casos que recogen una de las tesis de la lingüística cognitiva, a saber: el carácter no composicional del lenguaje, la importancia del contexto, de nuestro conocimiento del mundo, de las estructuras gramaticales, de los dominios cognitivos lo cuales dibujan el marco que abarca una cantidad importante de casos de un tema (por ejemplo: ser soltero) y que determinan qué conceptos son más o menos prototípicos, es decir, más o menos representativos de un tipo (dominios cognitivos idealizados). Así pues, ¿el Papa sería soltero?. He aquí un caso poco prototípico.

Para exponer esta idea, el capítulo se vale de diferentes diferenciaciones. Primero, a partir de los conceptos de base y perfil, donde el término definido (perfil) necesita de un marco (base) más amplio (por ej. la rodilla) para ser comprendido. Segundo, a partir del concepto de conceptualización. Así, un mismo contenido proposicional puede tener diferentes interpretaciones (un vaso con agua por la mitad puede “verse” como medio vacío o medio lleno). Tercero, A partir de los conceptos de contenido y estructura. Según la estructura gramatical, según las categorías gramaticales que asignemos al contenido, el significado varía. Por ejemplo, no es lo mismo decir un coche bomba que, en inglés, “a car bomb”. En el primer caso, estamos hablando de un tipo de coche y en el segundo, de un tipo de bomba. Cuarto, a partir del concepto de construcción gramatical. Esta vez, ya totalmente inmersos en la lingüística gramatical, el texto presenta diferentes estructuras gramaticales con un significado propio (independientemente del contenido). Por ejemplo, “No + SV [infinitivo] + SV [gerundio]” como en el caso de “No me hice rico tirando una cosa”. Es curioso comprobar que, literalmente, esta frase dice que no se hizo rico, justo lo contrario de lo que entendemos. Por último, destacar que estos significados muchas veces dependen de nuestro conocimiento del mundo, como puede verse claramente en los casos “¿Tienes bolígrafos?” y “¿Tienes bolígrafo?”, ambos apropiados pero sólo según el contexto.