Cuatro escritos de ciencia-ficción de mi adolescencia

No sé por qué pero hoy me he levantado dispuesto a publicar algunos escritos de mi juventud. Antes me apasionaba escribir ciencia ficción.

la Tierra de noche europa africa orienteEl siguiente texto lo escribí con 14 años y en catalán (se titulaba “Mal d’orella… i de cap”). Con él gané un tercer puesto en los juegos florales de ese año y de mi categoría. Más tarde también lo utilicé para mi novela Newterrics como otro ejemplo de “newpass”.

     Nada me podía detener, o era lo que yo creía. Estaba dispuesto a que, fuera como fuer,a mi vida cambiara radicalmente. Este deseo de cambio inmediato lo había causado mi situación social por el sólo hecho de ser negro lo cual por ello ya perdía la mitad de mis derechos. Yo era catalán pero de descendencia africana, o sea, un negro. Por eso intentaba aliviar mi presencia molesta por mucha gente tiñiéndome de rubio el cabello. Y si añadía unas lentillas de ojos azules creaba una sensación agradable y un aire bastante occidental. Al menos me libraba de muchas miradas desafiantes y peligrosas que había provocado la xenofobia y el racismo, el único problema que quedaba por solucionar en el mundo. Sin embargo, laboralmente estaba bastante bien situado y la vida me había tratado bien, pero yo aspiraba a nuevas experiencias, a nuevas sensaciones y sobre todo lo que realmente buscaba era mi definitiva aceptación social. Sigue leyendo

Neuw, pedúnculo de la existencia

 La Tierra. 20 de Diciembre de 4048 d.C.

No quise repudiarlo, pero lo hice… mi viejo compañero de viaje interestelar, con quien había recorrido millones de años luz de antimateria más allá de la periferia imperial, se había convertido en un desdeñoso sicario. Me temo el porqué. La guerra no llegaba a su fin y cuando parecía acabar acometía con más violencia. El fragor de antaño me anegaba el cuerpo de odio, sin embargo a medida que transcurrían esperadísimas calendas podía sentirme valiente y con fuerzas para lo que fuera. La guerra no podría acabar conmigo, la muerte no la aceptaría jamás, a no ser que me atasen en una nave de las fuerzas del Imperio Galáctico en lo más alto de la cofa norte y utilizaran todos los nervios de mi cuerpo para poderme columpiar debidamente.

Decidí bajar al piélago. Necesitaba reflexionar y no había tiempo. Quería llorar y tampoco tenía tiempo. Quería entrar en contienda con el mundo ventrílocuo pero no había tiempo. Vanidoso tiempo. Siempre necesitando y queriendo sentir lo que no comprendía.

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