Dios como fenómeno emergente

0. Introducción

Este ensayo es un intento de demostración de la existencia de Dios[1]. Sin embargo, su demostración implica premisas diferentes a las utilizadas tradicionalmente en el campo de la filosofía griega y la teología natural. Esto tendrá sus ventajas pero también sus inconvenientes. La ventaja principal será tener menos problemas explicativos con algunas cuestiones como la materia y la creación. No obstante, sus desventajas empiezan por una inevitable transformación[2] de la concepción de Dios y sus propiedades.

Como podrá comprobarse, encontraremos nuevos problemas lo cual creo que es tan estimulante como una nueva teoría.

La novedad principal de mi argumentación estriba en la inclusión del concepto moderno de emergencia.

Formalmente, la emergencia es el proceso en el cual un conjunto de propiedades A genera imprevisiblemente otro conjunto de propiedades B. La peculiaridad está en que el conjunto B depende del conjunto A, sin embargo, no puede ser explicado por el conjunto A.

Concretamente, es el proceso que se ha postulado en el caso de la mente. Así pues, la mente sería un conjunto de propiedades que emergería de las conexiones neuronales del cerebro, sin embargo, aunque sin cerebro no habría mente, la mente jamás podría estudiarse sólo a partir los procesos fisiológicos del cerebro.[3]

Desde este marco conceptual mi tesis a demostrar es que Dios es, en un sentido fuerte y ontológico, un fenómeno emergente.

Así pues, pienso que la materia del universo se organizó de forma que hizo emerger una especie de mente cósmica que llamo Dios. Es decir, Dios sería lo resultante de la organización total de la materia del universo.

1. El fenómeno de la emergencia

En el siglo XIX, George Henry Lewis, alumno de John Stuart Mill, acuñó el concepto de emergencia para referirse a la idea de su maestro de las leyes heteropáticas. Estas leyes se caracterizan por no seguir el principio de Composición de Causas que dice que el efecto de varias causas es igual a la suma de sus efectos por separado.

Antes de seguir, dadas las polémicas que históricamente se han dado entorno a todo esto, quiero insistir que mi propuesta, aunque cueste creerlo a primera vista, es compatible con el mecanicismo más materialista.

A continuación quiero presentar diferentes casos de emergentismo en el campo de la biología para aclarar un poco más este fenómeno. Ahora bien, para ello abordaré la cuestión desde la disciplina de la Vida Artificial. Me interesa que el lector esté especialmente atento a las relaciones que se irán estableciendo entre el concepto de vida y conceptos como forma, organización, configuración, estructura o información, puesto que serán fundamentales para el entendimiento de mi exposición:

“Todos los intentos de definir la vida tienen excepciones que hacen incompleta la definición. Entonces, más que buscar una definición de vida basada en una sola propiedad que incluya la totalidad de sistemas que podemos considerar “vivos” y excluir el resto, actualmente puede ser más eficaz acercarnos a una posible definición a partir de las principales propiedades que observamos en los sistemas que cualificamos de “vivos”. Observando el único ejemplo de vida que conocemos (el de la Tierra), e intentando abstraer al máximo sus componentes accidentales, Farmer y Belin (1992) indicaron que la vida podría caracterizarse por los ocho siguientes puntos:

–          La vida es una configuración en el espacio y el tiempo, y no un objeto material. Es decir, la vida es una forma de organización y, por tanto, no reside en un tipo concreto de molécula.

–          La vida tiene tendencia a la autoreproducción.

–          Los sistemas vivos contienen información sobre ellos mismos, lo que podemos llamar autorepresentación.

–          La vida prospera según el metabolismo.

–          Los sistemas vivos tienen la capacidad de responder a estímulos externos, adaptándose y controlando su entorno.

–          Las partes que forman los sistemas vivos dependen críticamente de las otras partes, por eso si faltan ciertas partes críticas el sistema puede morir.

–          Los sitemas vivos se mantienen estables a las perturbaciones, es decir, pueden mantener la forma y organización dentro de unos límites.

–          Las poblaciones de sistemas vivos tienen capacidad de evolucionar[4]

La Vida Artificial (VA) es una disciplina que está dentro de las ciencias de la complejidad y pretende llegar a comprender los procesos de los seres vivos recreando estos procesos artificialmente (por ordenador, lo que implica abstraer las propiedades de la vida). La estrategia utilizada es sintética, es decir, no coge el objeto de estudio (un ser vivo) y lo analiza, sino que coge las partes de la vida y las junta para ver qué necesitamos para obtener vida.

“(…) <<la vida es una propiedad de un conjunto de unidades que comparten información codificada en un sustrato físico, la cual en presencia de ruido mantiene la entropía significativamente más baja que la entropía máxima del conjunto, en escalas de tiempo que superan la escala de tiempo natural de descomposición del substrato (como transportador de información) en diferentes órdenes de magnitud.>> (Adami, 1998, página 6).

Esta definición hace énfasis a algunas tesis importantes de la VA, entre otras, que la vida deja de ser una propiedad de un sólo objeto y se convierte en un proceso emergente, o que es necesario disponer de una base física en la cual representar la información y un proceso para preservarla, proceso que en la vida que conocemos en la Tierra se basa en la autoreproducción. Finalmente, si la vida es una resistencia al ruido, que permite el mantenimiento de la información, es posible beneficiarnos de los formalismos de la información (…).

En términos generales, podemos decir que la VA estudia sistemas creados por los humanos que exhiben comportamientos característicos de los sistemas vivos naturales con el objetivo general de comprender su funcionamiento y la organización, como también los principios generales que definen la vida (Langton, 1988). Por la VA los organismos vivos son máquinas bioquímicas complejas constituidas por grandes poblaciones de máquinas relativamente simples. La complejidad que observamos globalmente en los organismos se produce por la naturaleza fuertemente no lineal de las interacciones entre las máquinas simples. Entonces, para crear sistemas que puedan generar propiedades parecidas a las de los organismos vivos hará falta (…) organizar una población de máquinas simples de manera que su dinámica interactiva sea compleja y emergente”[5]

Así pues, y esto es muy interesante, la complejidad que encontramos en lo emergente (p.e.: la mente) responde a la aplicación de reglas por parte de sus constituyentes simples (p.e.: las neuronas). Estas reglas se caracterizan por su simplicidad, su aplicación masiva en paralelo (a la vez), su localidad (cada regla hace referencia al entorno espacio-temporal inmediato) y su autonomía (cada constituyente aplica la regla sin consultar con otros constituyentes). A la interacción total de estos constituyentes, que han aplicado la regla, le sigue una no linealidad, es decir, un efecto inexplicable por sus causas. Ninguna regla predecía la conducta del sistema emergente en el cual se observa el fenómeno de la autoorganización, es decir, un comportamiento global del sistema en el que no hay elementos directores de la misma (por ej.: no hay ninguna neurona que “mande” a las otras o que sea la responsable de la conciencia).

Para desarrollar efectivamente estos experimentos están los autómatas celulares. Los autómatas celulares (AC) son máquinas constituidas por casillas que pueden encontrarse en varios estados según reglas aplicadas masivamente y paralelamente. La máquina de Turing fue el precedente más claro de los AC. Luego se han desarrollado simuladores de vida artificial más sofisticados como el CA, el Life 32 o el Starlogo. A continuación presento, mediante capturas de pantalla, algunas muestras de estos autómatas. En todas estas muestras de AC hubo una aplicación masiva y paralela de reglas sorprendentemente sencillas y, en ningún caso, los resultados obtenidos podían predecirse a partir de la definición de reglas tan simples:

Como ya he dicho antes, los AC han sido ampliamente utilizados para el estudio de la vida. No obstante, las capturas anteriores no pretenden reproducir ningún fenómeno concreto de la vida. Veamos, pues, simulaciones de AC que sí pretendan reproducir ciertos fenómenos biológicos. Por ejemplo, los termiteros suelen ser un ejemplo paradigmático para defender el emergentismo. No hay ninguna termita que planifique la construcción del complejo termitero (sus salas especializadas, sus sistemas de refrigeración, etc.).

Veamos concretamente cómo diseñar una simulación de esta conducta mediante AC:

Pongamos a 100 termitas en un espacio discreto (en casillas) y toroidal. Luego pongamos 500 trozos de madera repartidos aleatoriamente sobre este espacio. Ahora hagamos que las termitas sigan las siguientes reglas:

1- Si no has cogido un pedazo de madera, avanza con rumbo aleatorio hasta que encuentres uno.

2- Si encuentras un pedazo de madera (porque estás en una casilla que contiene uno), entonces:

2.1. Si estabas transportando un pedazo de madera, deposítalo en la casilla y avanza con rumbo aleatorio. Luego, repite el paso 2.

2.2. Si no estabas transportando un trozo de madera, coge el que hay en la casilla y avanza con rumbo aleatorio. Luego, repite el paso 2.

Así, al aplicar la regla, progresivamente nos encontramos con algo inesperado:

Este es uno de los muchos ejemplos que encontramos en Vida Artificial. Con AC también ha sido posible simular el vuelo de una bandada de pájaros, el nado de un banco de peces, etc.:

2. Niveles de organización

El concepto de organización lo identifico con el concepto metafísico de “forma” porque creo que tienen exactamente las mismas propiedades. Así pues, en adelante, utilizaré la fórmula “forma / organización”.

En este apartado quiero describir cómo las formas / organizaciones se combinan con la materia a diferentes niveles.

Tomemos como ejemplo la forma / organización del hexágono y exploremos algunas manifestaciones materiales de ésta:

Cuando hablo de niveles de organización me refiero a que una forma / organización determinada se encuentra en un contexto organizativo. Es decir, que una forma / organización se encuentra dentro de otra (una macro-organización) y que, además, está “formada” de formas / organizaciones (micro-organizaciones). Esto quedaría representado, muy simplificadamente, por los siguientes ejemplos:

Lo curioso es que una misma forma / organización podrá formar parte (será micro-organización) de formas / organizaciones diferentes lo cual implicará resultados diferentes. Por ejemplo, según cuál es la estructura cristalina del carbono resultan dos minerales radicalmente diferentes: si el sistema cristalino es hexagonal resulta el grafito, si es cúbico, el diamante. Otro ejemplo: el agua, según se encuentre a una temperatura u otra se encuentra en estados diferentes (sólido, líquido o gaseoso) y por ello, según la teoría cinética, tiene propiedades muy diferentes a pesar de estar formada por los mismos componentes (micro-organizaciones[6]).

Vemos, pues, cómo la forma / organización puede implicar unas propiedades no reductibles a las propiedades de sus componentes. Nótese también que utilizo principalmente ejemplos de estados sólidos de la materia, sin embargo cuando hablo de formas no me refiero sólo a formas estáticas sino que considero que una organización puede estar más o menos organizada. Así, considero que, por una parte, los estados sólido y líquido son los más organizados y, por otra parte, el gaseoso y plasma (fuego) los más caóticos. No obstante, los fenómenos emergentes más interesantes requieren organizaciones ordenadas y caóticas a la vez, puesto que las organizaciones donde coexisten diferentes tipos de estados son más complejos que organizaciones donde no ocurra esto[7].

Concebir las formas / organizaciones estáticamente, al modo de formas geométricas, está siendo una forma ilustrativa de exponer mi pensamiento, sin embargo es insuficiente para dar cuenta de la realidad[8].

Con todo lo expuesto hasta ahora, creo que podrá entreverse el tipo de razonamiento que me gustaría elaborar:

Tomando cualquier forma / organización podemos ir en dos direcciones: 1) hacia un nivel macro y 2) hacia un nivel micro.

El ejemplo de la adenina y sus relaciones macro-micro es un buen punto de partida:

Así, si fuéramos sucesivamente en dirección macro finalmente llegaríamos a un forma / organización que lo abarcaría todo y del cual emergería Dios. A la inversa, en dirección micro, finalmente llegaríamos a la materia prima del universo, la cual pienso que tendría que ser un cúmulo de partículas elementales en movimiento (energía).

3. El movimiento de la materia y las leyes físicas. La creación de formas / organizaciones por el desarrollo necesario.

La novedad de este enfoque teológico está en su planteamiento mecanicista[9] y en su primer principio absoluto: el movimiento eterno de las partículas elementales[10]. Estas partículas son actualmente un absoluto misterio y quién sabe si algún día podremos llegar a encontrar una partícula primigenia. En cualquier caso, para mi exposición necesito ciertos postulados y el principio eterno de la materia en movimiento es uno de ellos[11].

Otro postulado sería que el movimiento sigue ciclos sincrónicamente y diacrónicamente, es decir, sigue diferentes procesos a la vez y a lo largo del tiempo, procesos que al culminar se renuevan[12]. Es más, estos procesos siguen una dialéctica en el sentido que el paso de un momento a otro implica una relación de opuestos. Así pues, el movimiento exige una estructura interna basada en la dialéctica, en la capacidad de contradicción en un marco de adición, de suma de momentos que, contrariándose, mantienen, más allá del instante, una coherencia racional.

De este modo, dentro de la eternidad, la materia del universo no dejaría de moverse y seguir cíclicamente dos procesos principales de expansión y contracción. Es lo que algunos físicos han llamado el Big Bang y el Big Crunch, respectivamente. Así, el momento de máximo colapso sería el momento previo a la expansión de un nuevo universo ordenado[13]. Y es en los primeros momentos de la expansión donde presento lo que yo llamo el “desarrollo necesario”.

El desarrollo necesario, una teoría de índole mecanicista, sería el responsable del surgimiento de las formas / organizaciones.

El desarrollo necesario hace referencia a un desarrollo primigenio, dialéctico[14] y lógico que despliega momentos cualitativamente diferentes hasta su culminación. Cuando hablo de desarrollo necesario me refiero al proceso de génesis que sufre cíclicamente la materia y que se rige por la estructura dialéctica del movimiento[15]. Así, al principio hubo un punto o una esfera (1)[16], que luego, al moverse[17] (siempre dialécticamente), se desdobló y formó la línea (2). De la línea pasó al triángulo (3) y de éste al cuadrado (4). Y más tarde, lógicamente, se llegó al pentágono (5)[18]. Y así el proceso iría siguiendo. En conclusión, el desarrollo necesario supondría la formación de formas / organizaciones elementales[19] en los primeros instantes de la expansión del universo.

Decir que este desarrollo es necesario quiere decir que es imposible pasar del punto al triangulo sin pasar por la creación de una línea. Lo mismo ocurre con la creación de un cuadrado: no podemos llegar al cuadrado sin antes haber estabilizado formas anteriores. Sin embargo, el desarrollo necesario no es un proceso limpio y exacto en el sentido de que se descubre en el medio de un océano de azar, violencia y caos[20]. Por lo tanto, lo que quiere decir que sea necesario es que dentro de esta tempestad habrá un orden necesario de surgimiento de las primeras formas / organizaciones y que serán siempre la base lógica de todo universo.

Luego, con el tiempo, habría un periodo en el que la materia iría adoptando formas / organizaciones cada vez más complejas y en un número cada vez más elevado[21]. Así hasta llegar a una masa crítica, es decir, a un punto culminante en cantidad y calidad de formas / organizaciones que permitiera la emergencia de leyes físicas más complejas y, con ello, formas / organizaciones revolucionarias como las estrellas, los planetas, la vida y, finalmente, el fenómeno emergente más maravilloso: Dios.

4. El resultado de la organización total: Dios

Dicho intuitivamente, las conexiones neuronales, de naturaleza eléctrico-química, presentan una forma / organización similar al universo conocido, el cual también está interconectado aunque a través de la gravedad, los rayos cósmicos y otras fuerzas. Esta supuesta misma forma / organización[22] se situaría claramente en niveles diferentes, en contextos muy diferentes, sin embargo esta forma / organización podría ser una de las condiciones indispensables para que las relaciones entre estos diversos elementos siderales formaran unidad y así emergiera una mente y una conciencia, “la sensación de penetración unitaria e integración de la totalidad del organismo[23].

Supongamos que podemos concluir satisfactoriamente que Dios es un fenómeno emergente ¿Qué consecuencias tendría desde un punto de vista teológico?

En mi opinión, lo más sorprendente sería hablar de un Dios no creador del universo[24]. Un fenómeno emergente surge en un momento posterior a la base desde la cual ha emergido; así, Dios habría emergido cuando el universo se hubiera configurado debidamente. Hasta entonces el universo habría funcionado mediante leyes sencillas. Con el tiempo, y al poner masivamente en interacción compleja[25] a trillones de formas / organizaciones, un nuevo ser emergería en el gran cosmos: Dios.

Luego, una vez emergido, sería planteable que Él pudiese influir en el cosmos del mismo modo que la mente emergida (o supervenida) influye en el cerebro (causalidad descendente) lo cual es constatable, por ejemplo, en las enfermedades psico-somáticas.

Es interesante constatar que la propuesta de esta exposición sería congruente con el estatuto ontológico del demiurgo de Platón en El Timeo. Igual que el Dios que concibo, el demiurgo tenía poder sobre la materia aunque no era creador de ésta. Además, el demiurgo se retiraba cíclicamente[26] a su atalaya. De la misma manera, por el proceso cíclico de expansión y contracción del universo, Dios nacería y moriría cíclicamente. No obstante, a diferencia del demiurgo, la dependencia de lo emergido respecto a su base material implicaría que Dios, en la etapa joven del universo, fuera un Dios joven. Así, Dios no sería perfectamente omnisapiente (igual que considero que no sería completamente omnipotente) e iría madurando con el tiempo.

Por último, de esta concepción de Dios quería hacer un reflexión ética. El modelo ético que sigo parte de la idea más o menos estoica y darwinista de aceptación y adaptación total a la realidad, la cual considero que, en un último término, implica un proceso interno de “liberación”: de autorealización, autoconsciencia, autocontrol, etc. Es decir, a la vez que la adaptación al entorno supone un proceso externo -experimentar y conocer este entorno- también es necesario experimentarse y conocerse, puesto que uno mismo, por un lado, supone la esfera más íntima y subjetiva del mundo objetivo y, por otro lado, es el instrumento de medición de dicho mundo objetivo.

Y es que gracias a la evolución, después de millones de años, el ser humano ha desarrollado ciertas capacidades como la razón y la intuición que, susceptibles de aprovechamiento mediante un adecuado aprendizaje, supondrían la posibilidad de absoluta concienciación con el entorno y que sería algo así como la experiencia mística del nirvana, algo así como sintonizar con la naturaleza emergente de Dios y, a la vez, con su base material organizada. De esta manera, supuestamente, estaríamos siguiendo la voluntad mejor posible en el estado de cosas actual, lo cual, como he escrito antes, no significa que con el tiempo no pudiese mejorar o, al menos, cambiar.

¿Y cuál sería este adecuado aprendizaje que hacía referencia en el párrafo anterior? Es curioso observar que aquellas tradiciones que han perseguido estados de trascendencia siempre han tenido como conocimiento último un tipo de conocimiento que para la mente científica resulta vaga: los símbolos (y con ellos, el pensamiento analógico). Sin embargo, las formas / organizaciones, de existir como defiendo, jamás podrían ser definidas y comprendidas sino al modo de símbolos. Dicho de otro modo, cuando hablo de símbolos lo contrapongo a cuando hablo de conceptos. Un concepto sí se puede definir con certeza, sin embargo los símbolos, por hacer referencia a entidades como las formas / organizaciones realizables en pluralidad de contextos, no pueden definirse de forma concisa. En su lugar, el estudio de las formas / organizaciones es triple: por un lado, listando cada forma / organización en su pluralidad de realizaciones; por otra,  definiendo las propiedades geométricas y aritméticas de tales; y por último, haciendo un trabajo personal de integración e interiorización de la información obtenida.


[1] Soy consciente de que estoy siendo exagerado al hablar de “demostración” y ello por mucho que diga que es un “intento”. Los problemas demostrativos se cuentan por decenas, no obstante, intentaré construir un discurso coherente a partir de conocimientos, conceptos y teorías que hoy en día cuentan con cierto reconocimiento. Así pues, véase mi exposición como una gran hipótesis que quizás jamás pueda ser contrastada. No obstante quiero acogerme al principio precautorio que dice que la ausencia de evidencias no es evidencia de ausencia. A falta de evidencias presentaré diferentes postulados que me servirán para ir erigiendo mi razonamiento. En cualquier caso, me parece que dichos postulados no son insensateces. Además, parece razonable pensar, al menos desde mi posición epistemológica, que es imposible llegar a la total certeza de un ser tan sublime como Dios sin antes haber llegado a la total certeza de la naturaleza humana, la vida y la física en general. Y quién sabe si precisamente por ello jamás tendremos un conocimiento certero de Dios.

[2] Supone reconceptualizar el pensamiento tradicional y actualizarlo con los conceptos más modernos en el campo de la epistemología y, en general, de la filosofía y la ciencia.

[3] Así, según la teoría del emergentismo, lo emergido es una nueva organización de la materia. Es decir, surge una nueva estructura, una nueva disposición de las partes que genera un nuevo todo.

[4] Quera, V., Salvador, F. i Miñano, M. (2005). “Fonaments de vida artificial”. Palma de Mallorca: FUNTAP [Se puede encontrar una versión inicial en formato de libro electrónico en: http://www.afuntap.com/fva/index.html%5D

[5] Íbid.

[6] Aclarar que los conceptos “micro-organización” y “macro-organización” son relativos. Es decir, una forma / organización A es “micro-organización” en cuanto que forma parte o es constituyente de una forma / organización B. Al mismo tiempo, esta misma organización A es “macro-organización” en relación a sus constituyentes (y que serán, pues, “micro-organizaciones” respecto a él).

[7] Y ya hemos visto que la complejidad es uno de los factores que posibilita la emergencia.

[8] Para empezar, ya he mencionado que hay otros estados de la materia además del sólido. Además, las formas / organizaciones, sobretodo las más macro (las más complejas), llevan consigo diferentes patrones de procesamiento de información. Una de las claves de las formas / organizaciones es que pueden mover y/o procesar micro-organizaciones. Dos ejemplos: por un lado, el agua o la plata, por sus propiedades, son buenos conductores de electricidad; y, por otro lado, los sólidos son buenos conductores de vibraciones sonoras.

[9] Nótese las semejanzas de esta teoría con la de Demócrito.

[10] Así, al ser el movimiento eterno, no habría una causa primera que lo generara.

[11] El inicio de todo es incognoscible, no es posible concebir la necesidad del ser o el principio de éste a partir de la nada. Sólo cabe la eternidad del movimiento y de la materia prima.

[12] El ciclo conforma así la esencia necesaria para que el movimiento no deje de cambiar de un momento a otro.

[13] En el momento de máximo colapso, la ingente cantidad de energía imposibilitaría el orden.

[14] Considero muy sugerentes las aportaciones del epistémologo Gregory Bateson, quien, desde la perspectiva de la cibernética, identifica el proceso de diferenciación como la ley que rige los procesos mentales (“la esfera gobernada por distinciones y diferencias”), la Creatura. En contraposición a esta esfera está la “crudamente física gobernada sólo por fuerzas y choques”, el Pleroma. Bateson tratará extensamente esta cuestión: “Lo que del territorio puede ser delineado como mapa (recuérdese la distinción entre mapa y territorio de Alfred Korzybski) es la noticia de la diferencia” lo cual es “sinónimo de información”. Añade: “Cuando este reconocimiento de la diferencia fue considerado junto con la clara comprensión de que la Creatura estaba organizada en series [trenes] circulares de causación, como las que describe la cibernética y que estaba organizada en múltiples niveles lógicos, concebí una serie de ideas que juntas me permitieron entender sistemáticamente el proceso mental como algo diferenciado de las secuencias simplemente físicas o mecanicistas, pero sin concebirlo desde el punto de vista de dos “sustancias” separadas. Mi libro “Mind and Nature: A Necesary Unity” combina estas ideas con el reconocimiento de que el proceso mental y la evolución biológica son necesariamente análogos en estas características de la Creatura”. Bateson, Gregory y Mary Catherine, “El temor de los ángeles: Epistemología de lo sagrado”, Ediciones Gedisa, Barcelona, 2000. Respecto a lo anterior citado: ¿Qué consecuencias tendría relacionar el proceso de diferenciación propio de la mente y la dialéctica desarrollo necesario? ¿Hasta qué punto la dialéctica es el movimiento necesario para la diferenciación? ¿Qué plantea que el desarrollo necesario pudiese ser un proceso mental?

[15] Insisto en que todo este movimiento estaría regido, además de por esta dialéctica, por las leyes de la física más simples.

[16] Las formas / organizaciones estarían metafísicamente relacionadas con los números.

[17] El movimiento tiene implícita la dirección. Ésta surge del movimiento. Un punto estático al moverse lo tiene que hacer en alguna dirección. Así, automáticamente, se crea un delante, un detrás, una derecha, una izquierda, etc. Por otra parte, el movimiento también tiene implícito el espacio (como fondo). En este caso, un espacio infinito y eterno. No obstante, podría ser que el movimiento, por su fogosidad, se hiciera hueco, creara espacio. En cualquier caso, esta cuestión, aunque interesante, no es imprescindible para el desarrollo de mi exposición.

[18] Una de las formas de entenderlo es que a partir de la estrella de cinco puntas (5) se repitió el ciclo en combinaciones más complejas. La estrella de seis puntas (6), por ejemplo, se compone de dos triángulos (3+3).De todas maneras, véase apéndice. El gráfico muestra posibles formas de entender este desarrollo (representándolo sólo en 2D). No he considerado oportuno profundizar más pues introducir aquí un análisis sobre la relación entre la geometría y la aritmética nos alejaría de la cuestión de esta exposición. La idea de fondo es dar un valor ontológico y óntico a la forma / organización; proponer la existencia de unas formas / organizaciones básicas (comunes) con su razón de ser. Por otro lado, también se darían formas / organizaciones más especializadas y que serían algo más que la unión de formas / organizaciones básicas.

[19] Y de la misma manera que el carbono según su estructura puede ser cosas tan diferentes como el grafito o el diamante, cada número y/o forma / organización tiene sus propiedades diferenciadoras.

[20] Por la ley del caos, pequeñas variantes en los primeros momentos del Big Bang pueden ocasionar grandes diferencias en el desarrollo de los diferentes universos aunque, por el desarrollo necesario, habrían las mismas formas / organizaciones. Por ejemplo, encontraríamos necesariamente los mismos átomos puesto que sería imposible un universo donde se formara carbono y no hidrógeno o helio. De todas maneras, a causa de estos diferentes Big Bangs emergerían Dioses diferentes. En caso contrario, si los Big Bangs fueran exactamente iguales, ahora estaríamos repitiendo exactamente la misma historia universal.

[21] Para no sobrecargar el ensayo he omitido integrar la teoría del biólogo Rupert Sheldrake sobre los campos mórficos. No obstante quería mencionarla: esta teoría defiende que el espacio está lleno de información flotante, inmaterial, nacida de la materia pero independiente (en un sentido especial) una vez aparecida en el mundo material: “El rasgo principal es que la forma de las sociedades, ideas, cristales y moléculas dependen de la manera en que tipos similares han sido organizados en el pasado. Hay una especie de memoria integrada en los campos mórficos de cada cosa auto-organizada. Concibo las regularidades de la naturaleza como hábitos más que cosas gobernadas por leyes matemáticas eternas que existen de alguna forma fuera de la naturaleza” Sheldrake, Rupert, “Una nueva ciencia de la vida. La hipótesis de la causación formativa”, Editorial Kairós, Barcelona, 2007. Véase también lo referente al nivel de “diseño” en la “Evolución de la libertad” del filósofo Daniel C. Dennett, Editorial Paidós, 2004.

[22] Estructuras de redes complejas donde la información fluye con libertad y plasticidad. No obstante, aunque atribuya a las formas / organizaciones cierta ontología, mi tesis -acerca de que de la forma / organización total del universo surgió algo similar a una mente cósmica- requiere resolver muchas cuestiones que surgen de la comparación mente – Dios. Por un lado, la mente del ser humano es fruto de la evolución, es decir, es el resultado de un recorrido milenario hacia una mejor adaptación al entorno. En base a este pretexto, la mente surgió y, además, lo hizo al unísono con el lenguaje. En el caso del universo ¿Para qué el universo iba a necesitar una mente? Y si fuera el caso ¿Esta necesidad no se debería a un entorno al cual adaptarse? Por otro lado, mi propuesta también debería hacer frente a las críticas que recibió el funcionalismo de H. Putnam por parte, por ejemplo, de Searle (habitación china) o Ned Black (mente china). Así pues, véasen los límites de la analogía mente humana – mente cósmica.

[23] Montserrat, Javier, “Epistemología evolutiva y teoría de la ciencia”, Publicaciones de la Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 1987.

[24] Eso resolvería los problemas que se derivan de la creación ex nihilo.

[25] Al mencionar la complejidad quiero subrayar lo que antes he llamado “niveles de organización”.

[26] El Forastero cuenta que una vez finalizado el tiempo de la primera edad del universo, la divinidad abandona el control del mundo (la caña del timón) y se retira a su atalaya, dejándolo gobernado por el destino y la pasión connaturales. Las divinidades encargadas de velar por los grupos de seres lo imitan y también se retiran  (El Político, 272e-273a).

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