Inmensidad

Respecto a los dioses, no tengo medios de saber si existen o no, ni cuál es su forma. Me lo impiden muchas cosas: la oscuridad de la cuestión y la brevedad de la vida humana”  Protágoras

“Inmensidad”, este es el concepto que en los últimos meses ha ido escurriéndose dentro de mí hasta lo más profundo. Ahora siento que nuevas palabras emergen como sondas exploradoras llenas de datos, como noticias de un lugar acabado de descubrir. Sinceramente, no había sentido nunca que el inconsciente pudiera extenderse hasta el infinito y que algo volviera de tan diferente tiempo y espacio.

Aprender a ser humano

monasterioTodo empezó con un retiro de una semana en un monasterio, en Poblet, a principios de Mayo de 2015, en la provincia de Tarragona, España. Una de las noches, cuando la estela del Sol todavía dejaba recordar el ocaso, agarré un par de mantas, mi mp3, cascos, libreta, bolígrafo, agua y algo de comida, dispuesto a mirar el cielo y escribir toda la noche. Así que salí de mi habitación y recorrí el largo de las murallas pedregosas. Llegué a uno de los torreones y subí por una estrechísima y oscura escalera de caracol llena de telarañas. Sólo veía lo que la linterna de mi móvil podía alumbrar. Subí hasta lo más alto, desde donde podía ver todo el monasterio: los patios, la viña, otros edificios, las montañas, el horizonte, el cielo… Hacía frío pero la baldosa del suelo conservaba el calor del día. Me acomodé lo mejor que pude, me puse la banda sonora de la película de Solaris y mis percepciones empezaron a tener también su propia banda sonora. La parte visual de la experiencia también era una obra maestra. Llevaba mucho tiempo sin ver un cielo así.  Continue reading

Lo ente “y” el eidos. La “y “ como virtud del filósofo

Interpretación ontológica del proceso del conocer

La ontología no depende de lo existente sino de por qué aparece lo que aparece, de aleceia. Es la causa lo que hace ente al ente y esta causa es necesariamente el ser. Desde aquí, desde esta necesidad de buscar aquello que permita que podamos hablar de verdades, aquello que determine lo ente en cuanto ente, y aquello que diferencie al ser de los entes, podemos sentirnos obligados a releer a Platón desde una postura metafísica.

“A medida que se indague en lo verdaderamente ente y lo no verdaderamente ente se irá definiendo un criterio para aprehender el ser”.

Esto es, tanto en Platón como en Parménides, y dicho por Marzoa, el segundo momento en el que, después de aclarar el primer momento -que el ser es y el no-ser no es-, se trata de definir lo óntico dentro de la problemática epistemológica que conlleva que el no-ser pueda ser tomada como ser. El ser tiene que ser inmóvil pues la verdad es siempre la misma  y lo no verdaderamente ente tiene que ser opinión.

Para Platón la idea es lo que determina al ente por lo que la Idea es lo verdaderamente ente, es decir, lo que verdaderamente tiene ser. Estamos ante Platón quien ontologiza, a través de un proceso, lo óntico.

Marzoa nos advierte de que esto “plantea el problema más grave: Lo ente se escinde en dos planos, de los cuales uno, en esa división, aparece como lo ente y el otro como lo no-ente, sin que por ello deje de tratarse, en todo negocio, de lo ente”. Y Alejandro Escudero Pérez saca tres consecuencias de dicha advertencia.
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Dios como fenómeno emergente

0. Introducción

Este ensayo es un intento de demostración de la existencia de Dios[1]. Sin embargo, su demostración implica premisas diferentes a las utilizadas tradicionalmente en el campo de la filosofía griega y la teología natural. Esto tendrá sus ventajas pero también sus inconvenientes. La ventaja principal será tener menos problemas explicativos con algunas cuestiones como la materia y la creación. No obstante, sus desventajas empiezan por una inevitable transformación[2] de la concepción de Dios y sus propiedades.

Como podrá comprobarse, encontraremos nuevos problemas lo cual creo que es tan estimulante como una nueva teoría.

La novedad principal de mi argumentación estriba en la inclusión del concepto moderno de emergencia.

Formalmente, la emergencia es el proceso en el cual un conjunto de propiedades A genera imprevisiblemente otro conjunto de propiedades B. La peculiaridad está en que el conjunto B depende del conjunto A, sin embargo, no puede ser explicado por el conjunto A.

Concretamente, es el proceso que se ha postulado en el caso de la mente. Así pues, la mente sería un conjunto de propiedades que emergería de las conexiones neuronales del cerebro, sin embargo, aunque sin cerebro no habría mente, la mente jamás podría estudiarse sólo a partir los procesos fisiológicos del cerebro.[3]

Desde este marco conceptual mi tesis a demostrar es que Dios es, en un sentido fuerte y ontológico, un fenómeno emergente.

Así pues, pienso que la materia del universo se organizó de forma que hizo emerger una especie de mente cósmica que llamo Dios. Es decir, Dios sería lo resultante de la organización total de la materia del universo.

1. El fenómeno de la emergencia

En el siglo XIX, George Henry Lewis, alumno de John Stuart Mill, acuñó el concepto de emergencia para referirse a la idea de su maestro de las leyes heteropáticas. Estas leyes se caracterizan por no seguir el principio de Composición de Causas que dice que el efecto de varias causas es igual a la suma de sus efectos por separado.

Antes de seguir, dadas las polémicas que históricamente se han dado entorno a todo esto, quiero insistir que mi propuesta, aunque cueste creerlo a primera vista, es compatible con el mecanicismo más materialista.

A continuación quiero presentar diferentes casos de emergentismo en el campo de la biología para aclarar un poco más este fenómeno. Ahora bien, para ello abordaré la cuestión desde la disciplina de la Vida Artificial. Me interesa que el lector esté especialmente atento a las relaciones que se irán estableciendo entre el concepto de vida y conceptos como forma, organización, configuración, estructura o información, puesto que serán fundamentales para el entendimiento de mi exposición:

“Todos los intentos de definir la vida tienen excepciones que hacen incompleta la definición. Entonces, más que buscar una definición de vida basada en una sola propiedad que incluya la totalidad de sistemas que podemos considerar “vivos” y excluir el resto, actualmente puede ser más eficaz acercarnos a una posible definición a partir de las principales propiedades que observamos en los sistemas que cualificamos de “vivos”. Observando el único ejemplo de vida que conocemos (el de la Tierra), e intentando abstraer al máximo sus componentes accidentales, Farmer y Belin (1992) indicaron que la vida podría caracterizarse por los ocho siguientes puntos:

–          La vida es una configuración en el espacio y el tiempo, y no un objeto material. Es decir, la vida es una forma de organización y, por tanto, no reside en un tipo concreto de molécula.

–          La vida tiene tendencia a la autoreproducción.

–          Los sistemas vivos contienen información sobre ellos mismos, lo que podemos llamar autorepresentación.

–          La vida prospera según el metabolismo.

–          Los sistemas vivos tienen la capacidad de responder a estímulos externos, adaptándose y controlando su entorno.

–          Las partes que forman los sistemas vivos dependen críticamente de las otras partes, por eso si faltan ciertas partes críticas el sistema puede morir.

–          Los sitemas vivos se mantienen estables a las perturbaciones, es decir, pueden mantener la forma y organización dentro de unos límites.

–          Las poblaciones de sistemas vivos tienen capacidad de evolucionar[4]

La Vida Artificial (VA) es una disciplina que está dentro de las ciencias de la complejidad y pretende llegar a comprender los procesos de los seres vivos recreando estos procesos artificialmente (por ordenador, lo que implica abstraer las propiedades de la vida). La estrategia utilizada es sintética, es decir, no coge el objeto de estudio (un ser vivo) y lo analiza, sino que coge las partes de la vida y las junta para ver qué necesitamos para obtener vida.

“(…) <<la vida es una propiedad de un conjunto de unidades que comparten información codificada en un sustrato físico, la cual en presencia de ruido mantiene la entropía significativamente más baja que la entropía máxima del conjunto, en escalas de tiempo que superan la escala de tiempo natural de descomposición del substrato (como transportador de información) en diferentes órdenes de magnitud.>> (Adami, 1998, página 6).

Esta definición hace énfasis a algunas tesis importantes de la VA, entre otras, que la vida deja de ser una propiedad de un sólo objeto y se convierte en un proceso emergente, o que es necesario disponer de una base física en la cual representar la información y un proceso para preservarla, proceso que en la vida que conocemos en la Tierra se basa en la autoreproducción. Finalmente, si la vida es una resistencia al ruido, que permite el mantenimiento de la información, es posible beneficiarnos de los formalismos de la información (…).

En términos generales, podemos decir que la VA estudia sistemas creados por los humanos que exhiben comportamientos característicos de los sistemas vivos naturales con el objetivo general de comprender su funcionamiento y la organización, como también los principios generales que definen la vida (Langton, 1988). Por la VA los organismos vivos son máquinas bioquímicas complejas constituidas por grandes poblaciones de máquinas relativamente simples. La complejidad que observamos globalmente en los organismos se produce por la naturaleza fuertemente no lineal de las interacciones entre las máquinas simples. Entonces, para crear sistemas que puedan generar propiedades parecidas a las de los organismos vivos hará falta (…) organizar una población de máquinas simples de manera que su dinámica interactiva sea compleja y emergente”[5]

Así pues, y esto es muy interesante, la complejidad que encontramos en lo emergente (p.e.: la mente) responde a la aplicación de reglas por parte de sus constituyentes simples (p.e.: las neuronas). Estas reglas se caracterizan por su simplicidad, su aplicación masiva en paralelo (a la vez), su localidad (cada regla hace referencia al entorno espacio-temporal inmediato) y su autonomía (cada constituyente aplica la regla sin consultar con otros constituyentes). A la interacción total de estos constituyentes, que han aplicado la regla, le sigue una no linealidad, es decir, un efecto inexplicable por sus causas. Ninguna regla predecía la conducta del sistema emergente en el cual se observa el fenómeno de la autoorganización, es decir, un comportamiento global del sistema en el que no hay elementos directores de la misma (por ej.: no hay ninguna neurona que “mande” a las otras o que sea la responsable de la conciencia).

Para desarrollar efectivamente estos experimentos están los autómatas celulares. Los autómatas celulares (AC) son máquinas constituidas por casillas que pueden encontrarse en varios estados según reglas aplicadas masivamente y paralelamente. La máquina de Turing fue el precedente más claro de los AC. Luego se han desarrollado simuladores de vida artificial más sofisticados como el CA, el Life 32 o el Starlogo. A continuación presento, mediante capturas de pantalla, algunas muestras de estos autómatas. En todas estas muestras de AC hubo una aplicación masiva y paralela de reglas sorprendentemente sencillas y, en ningún caso, los resultados obtenidos podían predecirse a partir de la definición de reglas tan simples:

Como ya he dicho antes, los AC han sido ampliamente utilizados para el estudio de la vida. No obstante, las capturas anteriores no pretenden reproducir ningún fenómeno concreto de la vida. Veamos, pues, simulaciones de AC que sí pretendan reproducir ciertos fenómenos biológicos. Por ejemplo, los termiteros suelen ser un ejemplo paradigmático para defender el emergentismo. No hay ninguna termita que planifique la construcción del complejo termitero (sus salas especializadas, sus sistemas de refrigeración, etc.).

Veamos concretamente cómo diseñar una simulación de esta conducta mediante AC:

Pongamos a 100 termitas en un espacio discreto (en casillas) y toroidal. Luego pongamos 500 trozos de madera repartidos aleatoriamente sobre este espacio. Ahora hagamos que las termitas sigan las siguientes reglas:

1- Si no has cogido un pedazo de madera, avanza con rumbo aleatorio hasta que encuentres uno.

2- Si encuentras un pedazo de madera (porque estás en una casilla que contiene uno), entonces:

2.1. Si estabas transportando un pedazo de madera, deposítalo en la casilla y avanza con rumbo aleatorio. Luego, repite el paso 2.

2.2. Si no estabas transportando un trozo de madera, coge el que hay en la casilla y avanza con rumbo aleatorio. Luego, repite el paso 2.

Así, al aplicar la regla, progresivamente nos encontramos con algo inesperado:

Este es uno de los muchos ejemplos que encontramos en Vida Artificial. Con AC también ha sido posible simular el vuelo de una bandada de pájaros, el nado de un banco de peces, etc.:

2. Niveles de organización

El concepto de organización lo identifico con el concepto metafísico de “forma” porque creo que tienen exactamente las mismas propiedades. Así pues, en adelante, utilizaré la fórmula “forma / organización”.

En este apartado quiero describir cómo las formas / organizaciones se combinan con la materia a diferentes niveles.

Tomemos como ejemplo la forma / organización del hexágono y exploremos algunas manifestaciones materiales de ésta:

Cuando hablo de niveles de organización me refiero a que una forma / organización determinada se encuentra en un contexto organizativo. Es decir, que una forma / organización se encuentra dentro de otra (una macro-organización) y que, además, está “formada” de formas / organizaciones (micro-organizaciones). Esto quedaría representado, muy simplificadamente, por los siguientes ejemplos:

Lo curioso es que una misma forma / organización podrá formar parte (será micro-organización) de formas / organizaciones diferentes lo cual implicará resultados diferentes. Por ejemplo, según cuál es la estructura cristalina del carbono resultan dos minerales radicalmente diferentes: si el sistema cristalino es hexagonal resulta el grafito, si es cúbico, el diamante. Otro ejemplo: el agua, según se encuentre a una temperatura u otra se encuentra en estados diferentes (sólido, líquido o gaseoso) y por ello, según la teoría cinética, tiene propiedades muy diferentes a pesar de estar formada por los mismos componentes (micro-organizaciones[6]).

Vemos, pues, cómo la forma / organización puede implicar unas propiedades no reductibles a las propiedades de sus componentes. Nótese también que utilizo principalmente ejemplos de estados sólidos de la materia, sin embargo cuando hablo de formas no me refiero sólo a formas estáticas sino que considero que una organización puede estar más o menos organizada. Así, considero que, por una parte, los estados sólido y líquido son los más organizados y, por otra parte, el gaseoso y plasma (fuego) los más caóticos. No obstante, los fenómenos emergentes más interesantes requieren organizaciones ordenadas y caóticas a la vez, puesto que las organizaciones donde coexisten diferentes tipos de estados son más complejos que organizaciones donde no ocurra esto[7].

Concebir las formas / organizaciones estáticamente, al modo de formas geométricas, está siendo una forma ilustrativa de exponer mi pensamiento, sin embargo es insuficiente para dar cuenta de la realidad[8].

Con todo lo expuesto hasta ahora, creo que podrá entreverse el tipo de razonamiento que me gustaría elaborar:

Tomando cualquier forma / organización podemos ir en dos direcciones: 1) hacia un nivel macro y 2) hacia un nivel micro.

El ejemplo de la adenina y sus relaciones macro-micro es un buen punto de partida:

Así, si fuéramos sucesivamente en dirección macro finalmente llegaríamos a un forma / organización que lo abarcaría todo y del cual emergería Dios. A la inversa, en dirección micro, finalmente llegaríamos a la materia prima del universo, la cual pienso que tendría que ser un cúmulo de partículas elementales en movimiento (energía).

3. El movimiento de la materia y las leyes físicas. La creación de formas / organizaciones por el desarrollo necesario.

La novedad de este enfoque teológico está en su planteamiento mecanicista[9] y en su primer principio absoluto: el movimiento eterno de las partículas elementales[10]. Estas partículas son actualmente un absoluto misterio y quién sabe si algún día podremos llegar a encontrar una partícula primigenia. En cualquier caso, para mi exposición necesito ciertos postulados y el principio eterno de la materia en movimiento es uno de ellos[11].

Otro postulado sería que el movimiento sigue ciclos sincrónicamente y diacrónicamente, es decir, sigue diferentes procesos a la vez y a lo largo del tiempo, procesos que al culminar se renuevan[12]. Es más, estos procesos siguen una dialéctica en el sentido que el paso de un momento a otro implica una relación de opuestos. Así pues, el movimiento exige una estructura interna basada en la dialéctica, en la capacidad de contradicción en un marco de adición, de suma de momentos que, contrariándose, mantienen, más allá del instante, una coherencia racional.

De este modo, dentro de la eternidad, la materia del universo no dejaría de moverse y seguir cíclicamente dos procesos principales de expansión y contracción. Es lo que algunos físicos han llamado el Big Bang y el Big Crunch, respectivamente. Así, el momento de máximo colapso sería el momento previo a la expansión de un nuevo universo ordenado[13]. Y es en los primeros momentos de la expansión donde presento lo que yo llamo el “desarrollo necesario”.

El desarrollo necesario, una teoría de índole mecanicista, sería el responsable del surgimiento de las formas / organizaciones.

El desarrollo necesario hace referencia a un desarrollo primigenio, dialéctico[14] y lógico que despliega momentos cualitativamente diferentes hasta su culminación. Cuando hablo de desarrollo necesario me refiero al proceso de génesis que sufre cíclicamente la materia y que se rige por la estructura dialéctica del movimiento[15]. Así, al principio hubo un punto o una esfera (1)[16], que luego, al moverse[17] (siempre dialécticamente), se desdobló y formó la línea (2). De la línea pasó al triángulo (3) y de éste al cuadrado (4). Y más tarde, lógicamente, se llegó al pentágono (5)[18]. Y así el proceso iría siguiendo. En conclusión, el desarrollo necesario supondría la formación de formas / organizaciones elementales[19] en los primeros instantes de la expansión del universo.

Decir que este desarrollo es necesario quiere decir que es imposible pasar del punto al triangulo sin pasar por la creación de una línea. Lo mismo ocurre con la creación de un cuadrado: no podemos llegar al cuadrado sin antes haber estabilizado formas anteriores. Sin embargo, el desarrollo necesario no es un proceso limpio y exacto en el sentido de que se descubre en el medio de un océano de azar, violencia y caos[20]. Por lo tanto, lo que quiere decir que sea necesario es que dentro de esta tempestad habrá un orden necesario de surgimiento de las primeras formas / organizaciones y que serán siempre la base lógica de todo universo.

Luego, con el tiempo, habría un periodo en el que la materia iría adoptando formas / organizaciones cada vez más complejas y en un número cada vez más elevado[21]. Así hasta llegar a una masa crítica, es decir, a un punto culminante en cantidad y calidad de formas / organizaciones que permitiera la emergencia de leyes físicas más complejas y, con ello, formas / organizaciones revolucionarias como las estrellas, los planetas, la vida y, finalmente, el fenómeno emergente más maravilloso: Dios.

4. El resultado de la organización total: Dios

Dicho intuitivamente, las conexiones neuronales, de naturaleza eléctrico-química, presentan una forma / organización similar al universo conocido, el cual también está interconectado aunque a través de la gravedad, los rayos cósmicos y otras fuerzas. Esta supuesta misma forma / organización[22] se situaría claramente en niveles diferentes, en contextos muy diferentes, sin embargo esta forma / organización podría ser una de las condiciones indispensables para que las relaciones entre estos diversos elementos siderales formaran unidad y así emergiera una mente y una conciencia, “la sensación de penetración unitaria e integración de la totalidad del organismo[23].

Supongamos que podemos concluir satisfactoriamente que Dios es un fenómeno emergente ¿Qué consecuencias tendría desde un punto de vista teológico?

En mi opinión, lo más sorprendente sería hablar de un Dios no creador del universo[24]. Un fenómeno emergente surge en un momento posterior a la base desde la cual ha emergido; así, Dios habría emergido cuando el universo se hubiera configurado debidamente. Hasta entonces el universo habría funcionado mediante leyes sencillas. Con el tiempo, y al poner masivamente en interacción compleja[25] a trillones de formas / organizaciones, un nuevo ser emergería en el gran cosmos: Dios.

Luego, una vez emergido, sería planteable que Él pudiese influir en el cosmos del mismo modo que la mente emergida (o supervenida) influye en el cerebro (causalidad descendente) lo cual es constatable, por ejemplo, en las enfermedades psico-somáticas.

Es interesante constatar que la propuesta de esta exposición sería congruente con el estatuto ontológico del demiurgo de Platón en El Timeo. Igual que el Dios que concibo, el demiurgo tenía poder sobre la materia aunque no era creador de ésta. Además, el demiurgo se retiraba cíclicamente[26] a su atalaya. De la misma manera, por el proceso cíclico de expansión y contracción del universo, Dios nacería y moriría cíclicamente. No obstante, a diferencia del demiurgo, la dependencia de lo emergido respecto a su base material implicaría que Dios, en la etapa joven del universo, fuera un Dios joven. Así, Dios no sería perfectamente omnisapiente (igual que considero que no sería completamente omnipotente) e iría madurando con el tiempo.

Por último, de esta concepción de Dios quería hacer un reflexión ética. El modelo ético que sigo parte de la idea más o menos estoica y darwinista de aceptación y adaptación total a la realidad, la cual considero que, en un último término, implica un proceso interno de “liberación”: de autorealización, autoconsciencia, autocontrol, etc. Es decir, a la vez que la adaptación al entorno supone un proceso externo -experimentar y conocer este entorno- también es necesario experimentarse y conocerse, puesto que uno mismo, por un lado, supone la esfera más íntima y subjetiva del mundo objetivo y, por otro lado, es el instrumento de medición de dicho mundo objetivo.

Y es que gracias a la evolución, después de millones de años, el ser humano ha desarrollado ciertas capacidades como la razón y la intuición que, susceptibles de aprovechamiento mediante un adecuado aprendizaje, supondrían la posibilidad de absoluta concienciación con el entorno y que sería algo así como la experiencia mística del nirvana, algo así como sintonizar con la naturaleza emergente de Dios y, a la vez, con su base material organizada. De esta manera, supuestamente, estaríamos siguiendo la voluntad mejor posible en el estado de cosas actual, lo cual, como he escrito antes, no significa que con el tiempo no pudiese mejorar o, al menos, cambiar.

¿Y cuál sería este adecuado aprendizaje que hacía referencia en el párrafo anterior? Es curioso observar que aquellas tradiciones que han perseguido estados de trascendencia siempre han tenido como conocimiento último un tipo de conocimiento que para la mente científica resulta vaga: los símbolos (y con ellos, el pensamiento analógico). Sin embargo, las formas / organizaciones, de existir como defiendo, jamás podrían ser definidas y comprendidas sino al modo de símbolos. Dicho de otro modo, cuando hablo de símbolos lo contrapongo a cuando hablo de conceptos. Un concepto sí se puede definir con certeza, sin embargo los símbolos, por hacer referencia a entidades como las formas / organizaciones realizables en pluralidad de contextos, no pueden definirse de forma concisa. En su lugar, el estudio de las formas / organizaciones es triple: por un lado, listando cada forma / organización en su pluralidad de realizaciones; por otra,  definiendo las propiedades geométricas y aritméticas de tales; y por último, haciendo un trabajo personal de integración e interiorización de la información obtenida.


[1] Soy consciente de que estoy siendo exagerado al hablar de “demostración” y ello por mucho que diga que es un “intento”. Los problemas demostrativos se cuentan por decenas, no obstante, intentaré construir un discurso coherente a partir de conocimientos, conceptos y teorías que hoy en día cuentan con cierto reconocimiento. Así pues, véase mi exposición como una gran hipótesis que quizás jamás pueda ser contrastada. No obstante quiero acogerme al principio precautorio que dice que la ausencia de evidencias no es evidencia de ausencia. A falta de evidencias presentaré diferentes postulados que me servirán para ir erigiendo mi razonamiento. En cualquier caso, me parece que dichos postulados no son insensateces. Además, parece razonable pensar, al menos desde mi posición epistemológica, que es imposible llegar a la total certeza de un ser tan sublime como Dios sin antes haber llegado a la total certeza de la naturaleza humana, la vida y la física en general. Y quién sabe si precisamente por ello jamás tendremos un conocimiento certero de Dios.

[2] Supone reconceptualizar el pensamiento tradicional y actualizarlo con los conceptos más modernos en el campo de la epistemología y, en general, de la filosofía y la ciencia.

[3] Así, según la teoría del emergentismo, lo emergido es una nueva organización de la materia. Es decir, surge una nueva estructura, una nueva disposición de las partes que genera un nuevo todo.

[4] Quera, V., Salvador, F. i Miñano, M. (2005). “Fonaments de vida artificial”. Palma de Mallorca: FUNTAP [Se puede encontrar una versión inicial en formato de libro electrónico en: http://www.afuntap.com/fva/index.html%5D

[5] Íbid.

[6] Aclarar que los conceptos “micro-organización” y “macro-organización” son relativos. Es decir, una forma / organización A es “micro-organización” en cuanto que forma parte o es constituyente de una forma / organización B. Al mismo tiempo, esta misma organización A es “macro-organización” en relación a sus constituyentes (y que serán, pues, “micro-organizaciones” respecto a él).

[7] Y ya hemos visto que la complejidad es uno de los factores que posibilita la emergencia.

[8] Para empezar, ya he mencionado que hay otros estados de la materia además del sólido. Además, las formas / organizaciones, sobretodo las más macro (las más complejas), llevan consigo diferentes patrones de procesamiento de información. Una de las claves de las formas / organizaciones es que pueden mover y/o procesar micro-organizaciones. Dos ejemplos: por un lado, el agua o la plata, por sus propiedades, son buenos conductores de electricidad; y, por otro lado, los sólidos son buenos conductores de vibraciones sonoras.

[9] Nótese las semejanzas de esta teoría con la de Demócrito.

[10] Así, al ser el movimiento eterno, no habría una causa primera que lo generara.

[11] El inicio de todo es incognoscible, no es posible concebir la necesidad del ser o el principio de éste a partir de la nada. Sólo cabe la eternidad del movimiento y de la materia prima.

[12] El ciclo conforma así la esencia necesaria para que el movimiento no deje de cambiar de un momento a otro.

[13] En el momento de máximo colapso, la ingente cantidad de energía imposibilitaría el orden.

[14] Considero muy sugerentes las aportaciones del epistémologo Gregory Bateson, quien, desde la perspectiva de la cibernética, identifica el proceso de diferenciación como la ley que rige los procesos mentales (“la esfera gobernada por distinciones y diferencias”), la Creatura. En contraposición a esta esfera está la “crudamente física gobernada sólo por fuerzas y choques”, el Pleroma. Bateson tratará extensamente esta cuestión: “Lo que del territorio puede ser delineado como mapa (recuérdese la distinción entre mapa y territorio de Alfred Korzybski) es la noticia de la diferencia” lo cual es “sinónimo de información”. Añade: “Cuando este reconocimiento de la diferencia fue considerado junto con la clara comprensión de que la Creatura estaba organizada en series [trenes] circulares de causación, como las que describe la cibernética y que estaba organizada en múltiples niveles lógicos, concebí una serie de ideas que juntas me permitieron entender sistemáticamente el proceso mental como algo diferenciado de las secuencias simplemente físicas o mecanicistas, pero sin concebirlo desde el punto de vista de dos “sustancias” separadas. Mi libro “Mind and Nature: A Necesary Unity” combina estas ideas con el reconocimiento de que el proceso mental y la evolución biológica son necesariamente análogos en estas características de la Creatura”. Bateson, Gregory y Mary Catherine, “El temor de los ángeles: Epistemología de lo sagrado”, Ediciones Gedisa, Barcelona, 2000. Respecto a lo anterior citado: ¿Qué consecuencias tendría relacionar el proceso de diferenciación propio de la mente y la dialéctica desarrollo necesario? ¿Hasta qué punto la dialéctica es el movimiento necesario para la diferenciación? ¿Qué plantea que el desarrollo necesario pudiese ser un proceso mental?

[15] Insisto en que todo este movimiento estaría regido, además de por esta dialéctica, por las leyes de la física más simples.

[16] Las formas / organizaciones estarían metafísicamente relacionadas con los números.

[17] El movimiento tiene implícita la dirección. Ésta surge del movimiento. Un punto estático al moverse lo tiene que hacer en alguna dirección. Así, automáticamente, se crea un delante, un detrás, una derecha, una izquierda, etc. Por otra parte, el movimiento también tiene implícito el espacio (como fondo). En este caso, un espacio infinito y eterno. No obstante, podría ser que el movimiento, por su fogosidad, se hiciera hueco, creara espacio. En cualquier caso, esta cuestión, aunque interesante, no es imprescindible para el desarrollo de mi exposición.

[18] Una de las formas de entenderlo es que a partir de la estrella de cinco puntas (5) se repitió el ciclo en combinaciones más complejas. La estrella de seis puntas (6), por ejemplo, se compone de dos triángulos (3+3).De todas maneras, véase apéndice. El gráfico muestra posibles formas de entender este desarrollo (representándolo sólo en 2D). No he considerado oportuno profundizar más pues introducir aquí un análisis sobre la relación entre la geometría y la aritmética nos alejaría de la cuestión de esta exposición. La idea de fondo es dar un valor ontológico y óntico a la forma / organización; proponer la existencia de unas formas / organizaciones básicas (comunes) con su razón de ser. Por otro lado, también se darían formas / organizaciones más especializadas y que serían algo más que la unión de formas / organizaciones básicas.

[19] Y de la misma manera que el carbono según su estructura puede ser cosas tan diferentes como el grafito o el diamante, cada número y/o forma / organización tiene sus propiedades diferenciadoras.

[20] Por la ley del caos, pequeñas variantes en los primeros momentos del Big Bang pueden ocasionar grandes diferencias en el desarrollo de los diferentes universos aunque, por el desarrollo necesario, habrían las mismas formas / organizaciones. Por ejemplo, encontraríamos necesariamente los mismos átomos puesto que sería imposible un universo donde se formara carbono y no hidrógeno o helio. De todas maneras, a causa de estos diferentes Big Bangs emergerían Dioses diferentes. En caso contrario, si los Big Bangs fueran exactamente iguales, ahora estaríamos repitiendo exactamente la misma historia universal.

[21] Para no sobrecargar el ensayo he omitido integrar la teoría del biólogo Rupert Sheldrake sobre los campos mórficos. No obstante quería mencionarla: esta teoría defiende que el espacio está lleno de información flotante, inmaterial, nacida de la materia pero independiente (en un sentido especial) una vez aparecida en el mundo material: “El rasgo principal es que la forma de las sociedades, ideas, cristales y moléculas dependen de la manera en que tipos similares han sido organizados en el pasado. Hay una especie de memoria integrada en los campos mórficos de cada cosa auto-organizada. Concibo las regularidades de la naturaleza como hábitos más que cosas gobernadas por leyes matemáticas eternas que existen de alguna forma fuera de la naturaleza” Sheldrake, Rupert, “Una nueva ciencia de la vida. La hipótesis de la causación formativa”, Editorial Kairós, Barcelona, 2007. Véase también lo referente al nivel de “diseño” en la “Evolución de la libertad” del filósofo Daniel C. Dennett, Editorial Paidós, 2004.

[22] Estructuras de redes complejas donde la información fluye con libertad y plasticidad. No obstante, aunque atribuya a las formas / organizaciones cierta ontología, mi tesis -acerca de que de la forma / organización total del universo surgió algo similar a una mente cósmica- requiere resolver muchas cuestiones que surgen de la comparación mente – Dios. Por un lado, la mente del ser humano es fruto de la evolución, es decir, es el resultado de un recorrido milenario hacia una mejor adaptación al entorno. En base a este pretexto, la mente surgió y, además, lo hizo al unísono con el lenguaje. En el caso del universo ¿Para qué el universo iba a necesitar una mente? Y si fuera el caso ¿Esta necesidad no se debería a un entorno al cual adaptarse? Por otro lado, mi propuesta también debería hacer frente a las críticas que recibió el funcionalismo de H. Putnam por parte, por ejemplo, de Searle (habitación china) o Ned Black (mente china). Así pues, véasen los límites de la analogía mente humana – mente cósmica.

[23] Montserrat, Javier, “Epistemología evolutiva y teoría de la ciencia”, Publicaciones de la Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 1987.

[24] Eso resolvería los problemas que se derivan de la creación ex nihilo.

[25] Al mencionar la complejidad quiero subrayar lo que antes he llamado “niveles de organización”.

[26] El Forastero cuenta que una vez finalizado el tiempo de la primera edad del universo, la divinidad abandona el control del mundo (la caña del timón) y se retira a su atalaya, dejándolo gobernado por el destino y la pasión connaturales. Las divinidades encargadas de velar por los grupos de seres lo imitan y también se retiran  (El Político, 272e-273a).

La autoconciencia según Hegel y la dialéctica del señor y el siervo

La naturaleza de la autoconciencia consiste en un doble sentido: primero, es en sí; segundo, es para sí. No acaba de ser hasta que se reconoce, hasta que es para sí mismo. Su unidad, pues puede no diferenciarse (son, a la vez, diferentes pero sincronizados dialécticamente: este es el doble sentido de lo diferenciado), se entiende en esta duplicación en el tiempo, pues son dos momentos, uno detrás del otro; y en el espacio, pues acontece un desdoblamiento que hace a la autoconciencia salirse de sí misma: “Para la autoconciencia hay otra autoconciencia; ésta se presenta fuera de sí” (Esto puede entenderse mejor si recordamos lo que Hegel explica cuando se refiere a Dios y a la creación del mundo, acontecimiento en el que Dios se proyecta para crear todo, con lo cual se niega a sí mismo).

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Reconstrucción histórica y caracterización de la corriente metafísica tradicional a partir del siglo XVIII

Reconstrucción

La corriente metafísica tradicional y religiosa, a finales del siglo XVIII, debido a la Revolución francesa y, anteriormente, a la Reforma de Lutero, vivía una las crisis más profundas de su historia. La Facultad de Teología, junto a Derecho y Medicina, eran las carreras universitarias de mayor prestigio y mayor poder, no obstante, la reforma en la estructura universitaria, que iniciaría el idealismo alemán, prontamente desestabilizó la predominancia de la religión católica. De todos modos, Baviera se presentaría como el centro del conservadurismo.

Aunque en Francia la Reforma hizo un daño importante pues incluso llegó a expulsar la Teología de la universidad, en Alemania el impacto no fue tan grave. A finales del s. XVIII, el problema de la universidad estaba claro: había un número importante de estudiantes a los que se impartían un temario obsoleto (a pesar de la reforma universitaria en Gottingen en 1737) lo cual perjudicaba al estatus de los graduados hasta el punto que esos títulos no tenían valor a la hora de aspirar a puestos en la administración estatal. La reforma universitaria que iba desestabilizar casi por completo a las universidades católicas aprovechó la crisis política de la década 1790, década en la que se abolieron 22 de las 42 universidades que habían en Alemania. De las 20 restantes, solamente una era católica. Entonces es cuando surgieron movimientos culturales que poblaron Alemania de periódicos, libros, revistas, etc. fuera del dominio de la iglesia y que influyeron al movimiento idealista en ese fervor por romper con la tradición. De hecho, como dice Collins, la cumbre del movimiento idealista tuvo lugar en el momento en que parecía que las universidades desaparecían de todos lados.[1] En este punto, la reforma prusiana instauraría un sistema de requisitos que frenó el número de estudiantes y con la fundación de la universidad de Alemania, la formación universitaria fue un requisito para trabajar para el estado.

Prusia fue el estado que mayor oposición ofreció ante la revolución de Napoleón que había secularizado los estados eclesiásticos y derribado las censuras religiosas. En Hungría, el hervor de la mala sangre llevó a la condena a muerte y la encarcelación de muchos liberales. Jacobi, funcionario civil del gobierno, ortodoxo religioso y spinozista, desde su burbuja en Dusseldorf, representó la oposición intelectual, aunque con fondo político, a todo el movimiento desestabilizador liderado por Kant. Prontamente salió de su burbuja y en 1790 se trasladaría a Munich donde más tarde ocuparía la presidencia de la Academia de las Ciencias (1804-1812). 

El anticatolicismo fue una constante durante todo el siglo XIX. En las últimas décadas de este siglo, el Papa mantuvo una actitud especialmente agresiva al encontrarse una Francia y una Alemania que estaba secularizando la educación. Durante los años 1907-1910, el Papa acusaba severamente de herejía y exigía fidelidad a la doctrina de los milagros y otras cuestiones de fe. Ante tal derroche de fanatismo, filósofos como Brentano abandonaron el sacerdocio. El mismo Heidegger, influenciado intelectualmente por las obras iniciales de Brentano, educado desde joven gracias a una beca de la iglesia y estudiando Teología en Friburgo, universidad especialmente católica, obtuvo de esta corriente todo un capital cultural basado sobretodo en la escolástica, y sin embargo, en 1916, sufriría una conversión que le separó del catolicismo para siempre.

Caracterización

Esta corriente estaba fuertemente arraigada en la tradición por lo que era reacia a todo tipo de innovaciones. Al estar en el poder político a través de la Iglesia sus miembros siempre se mostraron contrarios a reformas y, por supuesto, a la secularización.

Fuertemente anclados en la escolástica y, por lo tanto, en la metafísica de Tomás de Aquino y Duns Escoto, por no mencionar a Aristóteles, su gran objeto de estudio fue el ser y su univocidad, lo cual conectaba con Dios, el ser único, absoluto y más perfecto.

El pensamiento concreto, el empirismo, cosmologías materialistas, etc. fueron el continuo enemigo al que derrotar. No sólo estaba en juego una determinada relación con la verdad, sino que le iba el mismo pan de cada día. Por eso, la religión tenía que tener su representante en el Vaticano, pues el protestantismo no era rentable, ni saciaba su estómago no espiritual.

Así pues, el único Dios era el católico y lo demás, herejías.


[1] Randall Collins, “A Micro-Macro Theory of Intellectual Creativity: The Case of German Idealist Philosophy”, Sociological Theory, Vol. 5, No. 1 (Spring, 1987), P. 70

El mal del odio

(Este post puede entenderse mejor en el marco del post que enlazo a continuación: http://wp.me/pIkeR-1V)

Se puede decir que todos somos malos (o imperfectos) en cuanto que todos nacemos bajo el estigma del pecado original, desafiados por el reto de no necesitar nada y ser perfectos.

La inmensa mayoría, cada uno en su medida y según su disposición, siente odio por algo o por alguien, al menos en algunos momentos o situaciones de la vida. Este odio es uno de los síntomas de nuestra imperfección y puede identificarse, sobretodo, con el pecado de la ira.

¿Se puede odiar justificadamente? Según las circunstancias, parece ser que sí. Sin embargo, el ego, entendido como nuestro yo orgulloso y colmado de pecados, que parece que justamente tiene su derecho a reivindicarse, impide comprender algo subyacente.

Véanse las consecuencias que esto tiene para contemplar el ser:

Aquel que es malo, que odia, que transmite maldad, que busca el daño de los demás, padece en sí mismo el peor de los males: el infierno interior.

Conscientemente, esto se entiende como un estado anímico de malestar grave y, a un mismo tiempo, agudo. Es un profundo sentimiento de insatisfacción e inarmonía consigo mismo y con el entorno. Inconscientemente, esto se entiende como lo que ocultamente decide por nosotros. Esto compromete al yo pues representa un impedimento para afrontar libremente las ocupaciones del alma.

De la misma forma: el descontrol, el nulo conocimiento de mis miedos, mis caprichos, mis límites, mi incapacidad para adaptarme al cambio, a lo inesperado y a lo imposible, hacen de mí un ser que no es, un ser superficial no liberado del ego que exilia mi verdadero ser. De hecho, mi falta de capacidad de transformación es mi estancamiento y, en muchas ocasiones, es mi fuente de odio para y hacia los demás.

Jalaud Din Rumi escribió en el Masnavi un capítulo titulado Hasta que el hombre no destruye el “ego” no es un verdadero amigo de Dios y dice así:

 

Una vez un hombre llegó y llamó a la puerta de su amigo.

Su amigo dijo, “¿Quién eres, Oh fiel?”

Él dijo, “Soy yo”. Su amigo respondió, “No hay admisión.

No hay lugar para el “crudo” en mi fiesta bien cocida.

¡Nada sino el fuego de la separación y la ausencia

puede cocer al crudo y librarle de la hipocresía!

Puesto que tu “ego” aún no te ha dejado

debes arder en feroces llamas.”

El pobre hombre se alejó, y durante todo un año

viajó ardiendo de dolor por la ausencia de su amigo.

Su corazón ardió hasta que estuvo cocido; entonces regresó

y se acercó a la casa de su amigo.

Llamó a la puerta con miedo y turbación

de que alguna palabra descuidada pudiera caer de sus labios.

Su amigo gritó, “¿Quién está en la puerta?”

Él respondió: “¡Eres Tú quien está en la puerta, Oh Amado!”

El amigo dijo: “Puesto que éste soy yo, déjame entrar,

no hay lugar para dos “Yos” en una casa.”

 

El poder del amor

El amor juega un papel clave a la hora de pretender comprender -y ayudar- al odioso. Compadecerse de alguien así estando uno mismo en condiciones tan débiles, como causa la susceptibilidad de abrirse de corazón, es complicado si el ego está por el medio porque, por éste, se tiende a pensar en uno mismo y no en la desgracia del odioso.

El amor permite adentrarse en el otro, percibiendo su angustia, su infierno. Esto no significa que el otro quiera nuestro amor. El amor permite conocer al otro, en la medida de lo posible, por lo que sensorialmente puede percibirse, ya sea a través de los sentidos (sus gestos, su olor, su voz rasgada, sus rasgos), ya sea a través de la antipatía que inspira o de sus palabras destructoras, etc.

Esto, logrado con amor incondicional, permite sintonizar con el odioso. Dedico unos versos que espero que sean reflejo del fenómeno del poder del amor en relación a su acceso transparente al ser. La situación es la siguiente: El filántropo junto al odioso. El filántropo se introduce en -o deja que se introduzca en él- el ser interior e infernal del odioso y llora, profundamente desesperado, la desgracia de su acompañante -el odioso- quien, entretanto, no deja de asaetar al buen filántropo con burlas hostiles, crueles, buscando así su mal.. Y así el filántropo expresa, en primera persona, su experiencia:

.

Lloro por su desgracia,

no dejo de derramar lágrimas,

de pena, de compasión.

 

La tragedia vivida por mis sentidos y mi entendimiento

es vista por el odioso

como la muestra de su triunfo.

 

Y ante ello se jacta. Porque ha ganado la guerra.

Sin embargo, algo arruina sus carcajadas.

 

Lloro y,

desde mi amor,

hago la guerra, su guerra pírrica.

 

Justifico,

con máxima atención a mi interior dolorido,

mi tragedia.

 

Y a cada palabra jadeante,

al odiado se le añade una nueva expresión de terror.

 

La autocompasión que siempre se había negado,

que había sufrido, al menos,

en la más íntima soledad,

en la oscuridad y en la vergüenza,

está siendo ahora explicitada, con la sinceridad más indudable,

con la elocuencia más cegadora.

Estos últimos versos muestran un ejemplo del poder del amor y es totalmente extrapolable a cualquier objeto que quiera conocerse. Intuitivamente puede concluirse que mientras hay amor hay acceso al ser y, por lo tanto, saber[1]. En mi opinión, el amor hace al sabio infinitamente poderoso y ello produce importantísimas transformaciones[2] por derredor suyo y no sólo en su pensamiento.

Por supuesto, todo esto supone recorrer un camino angosto que empieza en la propia cotidianidad. En este entorno, un atento examen de uno mismo desvela enseguida la cantidad de imperfecciones a ir trabajando con sabiduría, paciencia y predisposición a aprender de los errores. Que por cierto, imperfecciones que nos parecerán no tener mucha importancia. He aquí la dificultad y la soledad del camino.

 

Y quiero concluir este trabajo con un relato de Gibran titulado El astrónomo:

 

A la sombra de un templo, mi amigo y yo vimos a un ciego sentado solo. Mi amigo dijo:

-Mira ahí al hombre más sabio de nuestro país.

Dejé a mi amigo y me aproximé al ciego, lo saludé y conversamos. Después de un tiempo le dije:

-Perdona mi pregunta, pero ¿desde cuándo eres ciego?

Respondió:

-Desde mi nacimiento.

Dije:

-¿Qué sendero has recorrido para llegar a la sabiduría?

Me respondió:

-Soy astrónomo.-Puso la mano en el pecho y agregó-: Observo todos esos soles, y lunas y estrellas.


[1] De hecho hay estudios científicos en los que se han mostrado indicios de que cuando se ama nuestro cerebro funciona utilizando más su potencial con lo que aumentan las capacidades cognitivas.

[2] No en el sentido de Karl Marx sino en el sentido de que cuando cambiamos, el mundo lo hace con nosotros.

El asombro ante el ser en Oriente

La cuestión del asombro ante y por el ser antecede cualquier formalidad racional. Es por ello que al tantear unos pocos poetas orientales místico-religiosos, prontamente nos empapamos de ejemplos sobre tal sobrecogimiento.

Una de las peculiaridades más significativas que caracterizan este asombro es la receptividad que requiere y que resulta del impacto del ser en nuestra consciencia. Impacto desorientador por un ser que no puede ser ubicado ni en el espacio ni en el tiempo sino en todo el espacio y en toda la eternidad, donde no hallamos puntos de referencia, sólo un continuo estado de admiración inefable como cuando Dante, en su Divina Comedia, culmina su viaje contemplando a Dios.

Podemos decir que cuando una acción culmina su intención deja paso a la no-acción, al no-hacer, donde no hay, en la voluntad responsable, ni movimiento ni dirección (finalidad), sólo un estado sublime de gozo y plenitud. No obstante, este estado puede darse no sólo como efecto del hacer sino también, y esto es lo más interesante, como efecto de contemplar el ser.

El no-hacer como camino hacia el ser cobra así su sentido, su pertinencia. Lao Tse[1] fundamenta su Tao te King en esta concepción.

Por el estudio se acumula día a día.

Por el Tao se disminuye día a día.

Disminuyendo cada vez más

se llega a la no-acción.

Por la no-acción

nada se deja sin hacer

El mundo siempre se ha ganado sin acción.

La acción no es suficiente para ganar el mundo.

Cuando se observa y se contacta con el ser (Tao[2]), lo que supone ganar el mundo, el sujeto queda absorto, vacío, dejado a la intemperie, entregándose al Todo. Este no-hacer (Wu-Wey) no debe entenderse por pasividad o quietismo sino como carente de intención o, dicho de otro modo, como un estado de subordinación estoica al mundo[3]. Así pues, recuperando el sentido originario del no-hacer taoísta, hablamos de no-hacer haciendo (wey-wu-wey) al modo de un botánico amante de las flores que, moviéndose alrededor de una gardenia, observa receptivamente.

(si te interesa, este post se extiende en http://wp.me/pIkeR-1V)


[1] S. VI a.C. In-hsi, guardia de la frontera de Han-ku, al reconocer en un viajero a Lao Tse, quien se disponía a abandonar definitivamente el mundo conocido, le rogó que antes de partir dejara un resumen de sus enseñanzas. Lao Tse condescendió al deseo, y descendiendo de su cabalgadura, dictó al guardia un texto en el cual expuso la totalidad de su pensamiento. Luego partió y nada más se supo de él. De este modo había compuesto el Tao Te King, texto básico del taoísmo.

[2] Originariamente Tao se traduce por camino, sin embargo traduzco Tao por Ser porque para el taoísmo no hay nada superior al Tao y es el camino que nos abre la realidad y nos libera de lo que parece ser y no es.

[3] En el Taoísmo se recurre a la figura del niño como figura ausente de prejuicios lo que nos puede recordar el tercer estadio del proceso hacia el superhombre que F. Nietzsche describe en su Así habló Zaratustra.

Subjetividad en la metafísica aristotélica y platónica

(…)

En resumidas cuentas, tenemos a Platón y su Ser-uno-límite y a Aristóteles con su ser pensado (de muchas maneras). Platón comete el despropósito -visto sería así por la mayoría de los analistas lógicos- de hablar de lo extra-lingüístico, de lo puramente metafísico, incluso de lo puramente meta-mundano. Aristóteles, en cambio, al modo kantiano, está circunscrito a los límites mundanos del lenguaje y lo pensable.

Así pues, la lectura que veo implícita en esta diferenciación es que tenemos a Platón que toma la razón como un instrumento no meramente mecanicista ni exclusivamente humano sino con la extraordinaria capacidad de motivar la aspiración del alma a estratos superiores. Efectivamente, el método dialéctico, impulsado por la suprema intuición del Bien, permitiría la emergencia de nuevos horizontes y ello es lo que le llevaría a asediar la fortaleza inderivable de los principios platónicos de la misma forma que la mente emerge del cerebro y no es reducible a las propiedades de éste ni se puede explicar que el paso del uno al otro no sea sino por medio de un salto cualitativo repentinamente sobrevenido.

(…)

Por una parte tenemos la concepción propiamente aristotélica de un Dios inteligente, podemos decir que racional. Por otra parte podemos pensar en un “Dios” que es puro amor, el Bien platónico.

Lo racional puede entenderse como lo que relaciona discriminadamente y por ello parecería más que coherente que la persona especialmente racional “quisiera” o hiciese apología de la importancia de la separación o lo diferente.

Por otra parte, el amor también se puede entender como lo que relaciona pero en el sentido de unir y por ello el especialmente amante “querría” o haría apología de que nada estuviese separado.

Platón, en mi opinión, integra los dos principios pues el método dialéctico lo concibe como el arte de unir lo que está unido y separar lo que está separado dentro de un todo perfectamente trazado. Esta predisposición holista, actitud que Aristóteles, quizá por dialéctica con su maestro, no supo tomar, permitió a Platón unir la razón al mito. A todo análisis racional le introdujo inteligentes dosis de intuición que le permitieron concebir su investigación como un viaje espiritual de purificación del alma (y no sólo como un placentero ejercicio intelectual).

¿El error de Aristóteles? Que ante las continuas y contraproducentes confusiones que la intuición causaba en todo análisis racional, aislara ambos (razón e intuición) en cámaras separadas ¿Por qué? Por amor a la lógica y desconfianza a la intuición (aunque pienso que su concepción de prudencia en su ética anularía parcialmente mi acusación). En vez de buscar cómo confiar en las intuiciones dio una casi total relevancia a la segura (y ciega) mecanicidad de la razón analítica.

La postura aristotélica da cuenta de cómo lo subjetivo afecta al presunto método objetivo: la pura lógica. Ciertamente, en el momento de dar contenido a la lógica los prejuicios y los valores monopolizan y determinan subrepticiamente el transcurso del discurso, corrompiendo así, diría casi por completo, la objetividad. La selección de las premisas que llevaron a Aristóteles a sus conclusiones metodológicas se llevó a término en el mismo escenario, en la misma situación, con los mismos elementos que cuando Platón tuvo que determinar sus premisas. Las propias inclinaciones hicieron que cada cual se fijara en uno u otro elemento y a partir de ello cada cual gestionó la información a su manera. El resultado: dos epistemologías muy diferentes.

(si te interesa, este post está extendido en http://wp.me/pIkeR-1T)

La libertad entendida como liberación

Sabiduría, liberación de la cabeza.
Amor, liberación del corazón.
Belleza, liberación de los sentidos.
Rito, liberación del acto

(Lanza del Vasto)

Esta temática es tan abstracta que cuando la concretamos, nos encontramos con concepciones casi contrarias. En mi caso, me refiero a la libertad como la búsqueda de liberación de aquella parte de uno mismo que impide llegar a ser lo que uno es en potencia. Según se pueda más o se pueda menos hablamos de más libertad o menos. Es, por un lado, el poder aprovechar más y mejor nuestras posibilidades (determinadas de antemano por las facultades del ser humano y nuestra individualidad) y, por otro lado, el podernos adaptar a las circunstancias, lo que nos hace más o menos libres.

En mi opinión, defendería que la libertad:

1.  Presupone que la naturaleza ha “determinado” al ser humano para que pueda autodeterminarse.

2.  Nace en el ser humano de la unión de, al menos, seis desarrollos:

– El desarrollo del conocimiento. Básicamente se trata de adquirir información sobre el mundo natural y cultural así como sus bases epistemológicas. Supone un conocimiento teórico y técnico adquirido en instituciones que garanticen la calidad de dicha información. La importancia de este desarrollo se basa también en tener conocimientos políticamente correctos.

El desarrollo de la atención sobre lo que ocurre alrededor nuestro, lo que puede llamarse desarrollo de la consciencia. Ampliar/ expandir el diámetro y la calidad de observación y atención supone estar en unas condiciones ventajosas respecto a aquel que sólo observa lo que le pasa a un palmo y medio. Estar en una situación u otra dependerá de la fijación por uno mismo. Para mí la libertad nace con la consciencia y ésta la relaciono con la libertad porque permite recibir sin tener que reaccionar instintivamente. La consciencia permite recibir y objetivizar en mayor o en menor medida. Este relativismo es el que permite grados de libertad.

El desarrollo del entendimiento, entendido éste como quien interioriza lo que observa y lo relaciona con otras realidades interiorizadas, desarrollando así en el interior de uno mismo una estructura capaz de captar la estructura exterior. Esto es algo así como que interiorizo el triángulo y una vez conseguido esto puedo optar por comprender todos los triángulos con los que me encuentre en mi vida diaria. Tener muchas experiencias diferentes y comprendidas por la consciencia ¿Permiten a este sujeto tener más posibilidades para comprender lo que le sucede, deducir y anticiparse a lo que pasará, pudiendo así adaptarse más adecuadamente a las circunstancias?

El desarrollo de la intuición, entendida ésta como nuestra relación con la realidad a través de nuestro fondo inconsciente, lo que involucra todo tipo de deseos, instintos, necesidades, creencias, miedos, etc. Se trataría de educar el inconsciente para poder confiar en él, para poder poner el “piloto automático” sin temer sufrir serios accidentes.

El desarrollo de la razón, entendida ésta como la capacidad para pensar bien, lógicamente, jerárquicamente (diferenciando niveles), para analizar, criticar y así poder estructurar y reestructurar nuestro mundo interno (mundo de relaciones de ideas). [1]

El desarrollo de la paz interior y el amor. Para poder relacionarse adecuadamente al entorno es necesario que uno mismo esté abierto al entorno. Es necesario estar neutro, vacío, para que el exterior entre lo más puro posible y así uno pueda empatizar. Si el entorno es la nota si bemol y yo tengo ruido en mi interior u otra nota en mi interior, el entorno pasará me desapercibido o confundido con mi propio estado. No obstante, también podría concebirse que yo formara parte de una melodía cósmica y aportara una nota en el momento adecuado de esta partitura cósmica. En este caso debería atender al resto de la orquestra para evitar ser disonante. [2]

 

Como puede verse, cuando menciono la consciencia hablo de aquello que permite dejar en suspensión, sin urgencia (como sobretodo sí ocurre con los instintos y las pasiones), un determinado contenido, sin que éste tenga que determinar forzosamente ninguna acción. Esto sólo es posible, creo, con cierta paz interior. La libertad depende, pues, de poseer una consciencia de la que somos conscientes (autoconsciencia), la cual, es la que permite observarnos y juzgarnos. Un autojuicio desvinculado de nuestros miedos y nuestro ego (o lo que sea) juzgará, mediante la razón o mero sentido común, que nuestro modo de sentir, pensar o hacer, no es el modo más apropiado para relacionarse con lo que nos rodea.

0.1. Ejemplos

– El incendio. Tenemos a dos sujetos (A y B) en un local en el que se produce un incendio. Imaginemos que el sujeto A tiene mayor capacidad para atender a lo que acontece alrededor suyo: conoce las salidas de emergencia y sabe cómo actúa el fuego. El sujeto B no tiene estas presuntas ventajas. ¿Quién tiene más opciones? ¿Quién tenderá a ponerse histérico y quién tenderá a mantener la serenidad? En mi opinión, el sujeto A puede controlar la situación y se adaptaría mejor a ésta. Así pues, esto le permitiría optar por lo que el sujeto B no tendría oportunidad.

El agresivo autómata. Si soy consciente de que tengo una agresividad interior que no sé canalizar y que me corroe por dentro, entonces tenderé, con toda seguridad, a cometer una agresión a alguien cercano, incluso amado. Si yo desconozco mis pasiones y mis posibles reacciones, entonces no seré libre sino que estaré sometido al determinismo. En cambio, ante la misma situación, pero con autoconocimiento, podré tomar medidas adecuadas para evitar ser víctima de mis impulsos.

El poder del amor. El amor permite adentrarse en el otro, incluso en el odioso, percibiendo su angustia, su infierno. Permite conocerlo, en la medida de lo posible, por lo que sensorialmente puede percibirse, ya sea a través de los sentidos (sus gestos, su olor, su voz rasgada, sus rasgos), ya sea a través de la antipatía que inspira o de sus palabras destructoras.

Este adentrarse, logrado con amor incondicional, permite sintonizar con el odioso, aquel que es malo, que odia, que transmite maldad, que busca el daño de los demás y padece en sí mismo el peor de los males: el infierno interior.. A continuación, escribo unos versos que espero que sean reflejo del fenómeno del poder del amor en relación a su acceso transparente a su entorno. La situación es la siguiente: El filántropo junto al odioso. El filántropo se introduce en(o deja que se introduzca en él) el ser interior e infernal del odioso y llora, profundamente desesperado, la desgracia de su acompañante (el odioso) quien, entretanto, no deja de asaetar al buen filántropo con burlas hostiles, crueles, buscando así su mal.. Y así el filántropo expresa, en primera persona, su experiencia:

Lloro por su desgracia,

no dejo de derramar lágrimas,

de pena, de compasión.

La tragedia vivida por mis sentidos y mi entendimiento

es vista por el odioso

como la muestra de su triunfo.

 

Y ante ello se jacta. Porque ha ganado la guerra.

Sin embargo, algo arruina sus carcajadas.

Lloro y,

desde mi amor,

hago la guerra, su guerra pírrica.

Justifico,

con máxima atención a mi interior dolorido,

mi tragedia.

Y a cada palabra jadeante,

al odiado se le añade una nueva expresión de terror.

La autocompasión que siempre se había negado,

que había sufrido, al menos,

en la más íntima soledad,

en la oscuridad y en la vergüenza,

está siendo ahora explicitada, con la sinceridad más indudable,

con la elocuencia más cegadora.


[1] Kant, en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, dice que la “voluntad es una especie de causalidad de los seres vivios, en cuanto que son racionales, y libertad sería la propiedad de esta causalidad, por la cual puede ser eficiente, independientemente de extrañas causas que la determinen; así como necesidad natural es la propiedad de la causalidad de todos los seres irracionales de ser determinados a la actividad por el influjo de causas extrañas. (…) La citada definición de la libertad es negativa, y por tanto, infructuosa para conocer su esencia. Pero de ella se deriva un concepto positivo de la misma que es tanto más rico y fructífero. El concepto de una causalidad lleva consigo el concepto de leyes según las cuales, por medio de algo que llamamos causa, ha de ser puesto algo, a saber: la consecuencia. De donde resulta que la libertad, aunque no es una propiedad de la voluntad, según leyes naturales, no por eso carece de ley, sino que ha de ser más bien una causalidad, según leyes, si bien de particular especie; de otro modo una voluntad libre sería un absurdo. (…) La necesidad natural era una heteronomía de las causas eficientes; pues todo efecto no era posible según ley de que alguna otra cosa determine a la causalidad la causa eficiente ¿qué puede ser, pues la libertad de la voluntad sino autonomía, esto es, propiedad de la voluntad de ser una ley para sí misma? Pero la proposición “la voluntad es, en todas las acciones, una ley de sí misma”, caracteriza tan sólo el principio de no obrar según ninguna otra máxima que la que pueda ser objeto de sí misma, como ley universal. Esta es justamente la fórmula del imperativo categórico y el principio de la moralidad; así, pues, voluntad libre y voluntad sometida a leyes morales son una y la misma cosa.”

[2] Jalaud Din Rumi escribió en el Masnavi un capítulo titulado Hasta que el hombre no destruye el “ego” no es un verdadero amigo de Dios y dice así:

<<Una vez un hombre llegó y llamó a la puerta de su amigo.

Su amigo dijo, “¿Quién eres, Oh fiel?”

Él dijo, “Soy yo”. Su amigo respondió, “No hay admisión.

No hay lugar para el crudo en mi fiesta bien cocida.

¡Nada sino el fuego de la separación y la ausencia

puede cocer al crudo y librarle de la hipocresía!

Puesto que tu ego aún no te ha dejado

debes arder en feroces llamas.”

El pobre hombre se alejó, y durante todo un año

viajó ardiendo de dolor por la ausencia de su amigo.

Su corazón ardió hasta que estuvo cocido; entonces regresó

y se acercó a la casa de su amigo.

Llamó a la puerta con miedo y turbación

de que alguna palabra descuidada pudiera caer de sus labios.

Su amigo gritó, “¿Quién está en la puerta?”

Él respondió: “¡Eres Tú quien está en la puerta, Oh Amado!”

El amigo dijo: “Puesto que éste soy yo, déjame entrar,

no hay lugar para dos Yos en una casa.”>>