La filosofía de Heráclito de Éfeso a través de sus palabras

Heráclito de ÉfesoAlgunas observaciones para comprender la filosofía de Heráclito

-Siglo VII-VI aC: transformación considerable socio-económica. Éfeso era agrícola y comenzó a desarrollarse la industria artesanal y el comercio. Hubo la necesidad de fundar centros de representación comercial, fenómenos que acrecentó la densidad de población en estas colonias. De esta manera se constituye poco a poco la polis. El nuevo espacio político que surgió con la polis explica y da las claves para la comprensión del nuevo espacio cósmico no mítico.

– La economía le sirvió para pensar el fuego.

– El ágora es escenario del logos (La palabra, con razones y causas).

– Nos habla de demos: dos contrarios unidos por el nomos (ley como metrión que no ha sido acordada sino que ha existido siempre): Ricos y pobres.

El cauce. La tensión del logos como condición de posibilidad de movimiento. El tiempo como condición de posibilidad del movimiento. ¿Qué tiempo, pues, tiene esta tensión del logos y por qué permite el movimiento?.

La tensión entre contrarios que existe está enteramente equilibrada, puesto que sino cedería un bando y éste sería arrastrado por el más fuerte. Su tensión, de igual modo que el devenir del péndulo, ¡tan ingenioso y decorativo!, diseñado con ingeniería y exquisito conocimiento físico, autónomo cien por cien, tan sólo requiere… un pequeño empujoncito… para así perdurar hasta el infinito. He aquí el funcionamiento de dicho artefacto.

 Al vaivén de un columpio se le podría aplicar analógicamente el mismo funcionamiento, al igual que al río de Heráclito.

Nótese aquí, en la tensión, la condición de posibilidad de movimiento y, por otra parte, rectifíquese lo dicho en el párrafo anterior en referencia a este empuje genético para poner “en marcha” la tensión de contrario: “Este Kósmos, el mismo para todos, no lo hizo ninguno de los dioses o de los hombres, sino que siempre fue, es y será (…)”[1].¿Por qué Heráclito no sentía la necesidad de plantearse un ser superior, capaz e independiente a su supuesta creación?

Dada la tensión como cauce de aquel río en el cual

 “No es posible penetrar dos veces en el mismo río ni tocar dos veces una sustancia perecedera en un mismo estado (…)”[2],

                                                             entenderemos, a continuación, este fluir cósmico. También trataremos la naturaleza del agua. Y por último reflejaremos todo el potencial ético de la filosofía de Heráclito.

El caudal. La tensión entre opuestos. Logos. Kósmos orgánico. Su movimiento armonioso. Su infinita velocidad.

La tendencia al equilibrio, a la compensación, se refleja claramente cuando dice

“las cosas frías se calientan, lo caliente se enfría, lo húmedo se seca, lo seco se humedece[3]

Cuando todo está estabilizándose sobreviene el Polemos (lo que tensa lo que se relaja, lo que pone bravo al río, lo que hace que sea un rápido, ¿O es una cascada que está siempre en el mismo lugar?), la guerra, la discordia. El Polemos vuelve a aturdirlo para que el ciclo se cierre y vuelva a iniciarse porque ésta es la esencia del movimiento “el Fuego transformándose, reposa”. Está fluyendo y este mover implica, en la totalidad del ser, transformación.. El ser cósmico es como el enfermo que necesita de la transformación para regenerar su interior y que encuentra en el continuo regeneramiento su reposo. Detener toda actividad supondría un mortal degenerar.[4]

 El río[5] no puede desbordarse, es en sí siempre armonioso y caudaloso de limitada agua, no puede ser más ni menos. La necesidad de ser es tal que si algo desapareciera, por ejemplo un guijarro, todo lo demás, es decir, Todo, desaparecería fatalmente[6]. Esa inmediata consecuencia muestra la velocidad del caudal.[7]

 “Por la fuerza y la velocidad del cambio, se dispersa y de nuevo se concentra o, mejor dicho, no de nuevo ni otra vez, sino al mismo tiempo, se concentra y fluye, se avecina y se aleja.”[8]

 Hablemos de la armonía…

 “Tal vez la naturaleza (…) dispuso por medio de contrarios (…) la armonía primordial. Parece que también el arte, al imitar la naturaleza, hace lo mismo. La pintura, por ejemplo, al mezclar los elementos de los colores, blancos y negros, amarillos y rojos, logró que las imágenes estuvieran en armonía con sus modelos. La música, al fundir las notas agudas y graves, largas y breves, consiguió, a través de divergentes sonidos, una única armonía.”[9]

Esta armonía necesaria, aunque equilibrada, no es estática sino polémica, sino brava. Sus contingencias, dentro siempre de un marco de necesidad, estiran o contraen la armonía del todo como si se tratara de un globo, un globo de un niño[10] que juega con él, como cuando juega a las canicas, apaciguándose de ver su globo el cual nunca dejaría estallar, nunca lo dejaría totalmente vacío, asimismo nunca perdería las canicas.

Mientras garantice su continuidad todo irá bien.

El globo se hincha a causa de influjos de principios de movimiento o polemización como el ser humano[11] y se desinfla a causa de influjos de principios de resistencia o pacificación como es la tendencia cósmica a que todo se equilibre equitativamente, suavizando así la guerra sin nunca llegar a la reconciliación, a la paz.

¿Qué significa el ejemplo del ser humano como influjo agitador? ¿No es también un principio de resistencia o pacificación?  ¿Cómo entender, pues, los influjos?

 “Conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia y que todas las cosas sobrevienen por la discordia y la necesidad”[12].

 Extrapolemos el río para que nuestras prisioneras almas de nuestro tiempo puedan entender algo. Por lo menos para que yo pueda entenderlo.

Hemos hablado de prisioneros y mucho temo que tiene que ver. Imaginemos estar en un gran atasco en la operación salida de Navidades, nuestra tendencia será activar la vivacidad de la autopista. Ahora imaginemos estar en la misma autopista durante las doce campanadas de fin de año. Dada la tranquilidad, nuestra tendencia será adaptar una velocidad constante[13].

 ¿Qué he querido aclarar? Que tanto lo ajustado como lo desajustado es causado según necesidad. Hay que aclarar que al ejemplo del atasco hay que atribuirle un tiempo infinitamente veloz, por lo que ese atasco, escenario de desesperación apretujada y harta de fiestas, desembocaría instantáneamente en la libre autopista de fin de año, aligerando así las fuertes aglomeraciones. Acelerar y Frenar no pueden separarse. Están en continua tensión y hay que entender que está tensión es la combinación entre la infinita velocidad y la armonía. Hay que entender, insisto, que Todo proviene de una gran causa: la justa necesidad. Debe comprenderse, vuelvo a insistir, que se rebaja de un lado, se compensa del otro y se retorna a ese equilibrio cósmico que refleja una tensión unificadora, en el sentido armonioso, de todas las tensiones. Esta forma de racionar por todas partes es el sentido del devenir, de aliter.

 “Ellos no entienden cómo lo que difiere está de acuerdo consigo mismo; la armonía consiste en tensiones opuestas, similares a las del arco y la lira”[14]

 En el capítulo “De la visión y enigma” de la tercera parte del “Así habló Zaratustra” de Nietzsche se plasma el nudo que anuda los contrarios, el cual es el instante.

 “¡Mira ese portón!¡Enano!, seguí diciendo: tiene dos caras. Dos caminos convergen aquí: nadie los ha recorrido aún hasta su final.

Esa larga calle hacia atrás: dura una eternidad. Y esa larga calle hacia atrás- es otra eternidad.

Se contraponen esos caminos; chocan derechamente de cabeza:- y aquí, en este portón, es donde convergen. El nombre del portón está escrito arriba: “Instante”.

Pero si alguien recorriese uno de ellos- cada vez y cada vez más lejos: ¿Crees tú, enano, que esos caminos se contradicen eternamente? (…)

¿Y no están todas las cosas anudadas con fuerza, de modo que este instante arrastra tras sí todas las cosas venideras? ¿Por lo tanto, incluso a sí mismo?

¿Pues cada una de las cosas que pueden correr: ¡también por esa larga calle hacia delante- tiene que volver a correr una vez más!”

Si esto tiene algo que ver con Heráclito, si estas calles y este portón se identifica con el río del de Éfeso, si este instante es lo que une los contrarios, estaremos ante un nuevo Heráclito, ¿o es su instante una referencia a la subjetividad y al tiempo que implica ser individuo?[15]

¿Deberíamos concebir a Heráclito como el hombre por el cual todo fluía y reacio a poner sus redes para conocerlo todo, prefirió dejarse llevar por la corriente del río? Un proverbio Zen podría ilustrar bien su actitud[16]: “Ir a la derecha o izquierda es fácil, ganar o ser vencido es fácil también. Pero no ganar ni ser vencido es muy difícil” Podemos reconocer el carácter soteriológico de la filosofía de Heráclito, pues busca la integración del hombre en el orden de la naturaleza, del individuo en sí mismo como un todo, en un todo social. Esa pasividad vive en armonía con la Polemos, ya que la meditación, como disciplina de inacción[17], se preocupa de sí misma.

Volviendo a Nietzsche ¿Es el instante lo que une el circulo? ¿Es el instante un punto de la circunferencia? ¿Qué sería si fuese esférica? ¿Es ese instante el portón? Si alguien contempla el fluir del río[18] y observa cómo una rama pasa flotando y se pierde río abajo, ¿Tendrá que volver a pasar?.

 “común es el principio y el fin en la circunferencia”[19]

 Parece que sí volverá a pasar.

 “El mismo camino hacia arriba y hacia abajo, es uno y el mismo”[20]

 Confirmamos que esos caminos son de la misma naturaleza que los de Heráclito. Hay la misma convergencia, el mismo portón.

 El agua. El contenido. La sustancia del Kósmos.

 El fluir del logos eterno, el movimiento fatal puede ya entenderse. Heráclito nos habla del contenido, de lo susceptible a ser movido o, mejor dicho, a moverse. Para ser fieles al filósofo de Efeso convendremos en que su río es un río ígneo.

 “Todas las cosas son trueque del Fuego y el Fuego lo es de todas,(…)”[21]

 “Que la muerte de la tierra engendra agua y la muerte del agua engendra el aire y la del aire, el Fuego, y viceversa.”[22]

 Del fuego provienen todas las cosas, es causa del ciclo eterno.

 Tengamos en mente al planeta Tierra. Tengámoslo como si estuviésemos en la Luna. Ahora situémonos un poco más lejos, justo en el límite de la heliosfera. Bien, así. Ahora tenemos una visión general de nuestro sistema solar. Para no retorcernos demasiado, para evitar confusiones, destruyamos todos los satélites y tengamos al Sol como el centro de todo.

 Todos los planetas están siempre en órbita al núcleo interior, el Sol. En órbita gracias a su suprema masa.

 Ahora volvamos a la Luna, que sólo estaba eliminada temporalmente. Volvamos a crearla, posémonos en ella y encarémonos cómodamente hacia la Tierra. Ahora aceleremos un poco el Tiempo hasta el verano. La Tierra está siempre en transmutación. Según la posición del Sol, durante la traslación, y respecto a los dos hemisferios de la Tierra, éste se manifiesta frío o caliente. Lo mismo sucede con el Fuego de Heráclito. La multiplicidad (tierra, agua, aire y fuego), pues, responde a las diversas manifestaciones que el interior -el núcleo aquí entendido como el Sol- dispone ordenadamente[23].

 Es lógico pensar que este núcleo es causa de la tensión y del fluir. Esta causa, que es principio de máxima generalidad, gustaría ser detentada por el hombre el cual responde a ella. Heráclito convendría, como muchos pensadores anteriores y posteriores, en entenderla como un Alma Universal, de donde emana tanto la condición de posibilidad de movimiento, el principio de movimiento, como el de resistencia.

 Lo sensible como límite epistemológico

 Heráclito no se fiaba de los sentidos y a la vez sí. Es decir, los sentidos eran relevantes pero no definitivamente reveladores: “Si todas las cosas se volvieran humo, las narices podrían distinguirlas”[24].  Pero eran engañosos: “(sobre la magnitud del sol): que tiene la anchura de un pie humano.”

 “Prefiero las cosas que se puede ver, oír y percibir”[25] ¿Es lo que puede percibirse lo que le compete al hombre? ¿Es lo que puede captar y comprender? ¿Es lo que hay?.

 “Malos testimonios son los ojos y las orejas para aquellos hombres que no entiendan su lenguaje”[26] ¡Pero los sentidos son engañosos! Y el universo está formado de materia que es lo preferible… ¿Es la materia lo único importante?. No, la filosofía trata de inteligir el universo mediante la inteligencia. ¿Acaso es más importante el material de un automóvil que su ingeniería?

 Sin embargo ¿Qué refleja el ser con más exactitud? ¿El material o la ingeniería?

 En su logos, en esa búsqueda de lo absoluto hay una clara conciencia del hombre como mediador impuro, su subjetividad es un confuso obstáculo hacia el saber. “El más bello de los monos es asqueroso cuando se lo compara con el género humano[27]. El criterio para alcanzar la verdad es el logos, a él se le compara el mono y el ser humano. Es necesario conocer la ley divina para comprender que “para Dios todas las cosas son bellas, buenas y justas; pero los hombres a algunas las consideran justas; a otras, injustas.”[28]

 “(Heráclito dijo que) el temperamento es un genio para el hombre”[29]

Ser honesto con la naturaleza personal de cada uno lleva a la genialidad del temperamento. Esta misma genialidad proporciona al hombre de la valentía para que su alma se enfrente al ser “pero la mayor parte de las cosas divinas, escapan al conocimiento por incredulidad.”[30] Tan extraordinarias son que se cuelan incluso entre nuestra microscópica malla de la inteligencia; tan distintas a nuestra concepción, de lo que nuestra inteligencia pudiese retener. Ciertamente, nadie dijo que fuera fácil asimilarlo y aceptarlo. ¿Por qué?. Porque, como dice Khalil Gibran, “estamos enamorados de nuestras cadenas”.

 “ Los buscadores de oro remueven mucha tierra y encuentran poco (oro)”[31] El filósofo está en continua búsqueda de verdad, su pasión por el saber le hace frágil, le hace susceptible de un fatal desmoralizar. ¿Cómo es el oro? ¿cómo lo reconoceré?. Éste metal es oro -se pregunta y se responde el aprendiz buscador de oro- ¡Soy inmensamente rico!- exclama mientras transporta, todo ilusionado, el cobre hallado. Algunos filósofos, sería prudente decir la mayoría, no siendo tan desafortunados, encuentran oro entre cobre y pueden conseguir en un basto conocimiento de necesaria tamización.

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 “Cofúndense los hombres con respecto al conocimiento de lo evidente (de lo cual se encarga el lenguaje de lo cotidiano), de modo semejante a Homero, que fue el más sabio de los helenos. Porque a éste unos muchachos que mataban piojos lo confundieron, diciendo: Lo que hemos visto y cogido, eso lo abandonamos; lo que, en cambio, no vimos ni cogimos, es lo que llevamos a cuestas[32]  “Confundieron” porque creían que Homero lo entendería, creían que era un hombre grande. No estaba preparado para entender la palabra del Tiempo, quien es un niño que juguetea con las canicas, pues del niño es el reino.

 Por una parte, “lo que hemos visto y cogido” es lo múltiple, los entes, lo que hace que todo sea objeto; son las pulgas avistadas. ¿Por qué han sido vistas? Están muertas porque son encontradas o quizás reconocidas por su explicita sensibilidad. Y esto es precisamente “lo que hemos abandonado”, las pulgas muertas. ¿Están muertas sin solución?. Se abandona el niño y su virtud. Por otra parte, “lo que no vimos ni cogimos” es la ley divina de lo Uno, el alma cósmica. Pulgas vivas… ¿que escapan? ¿Ocultas?. Y, éstas, “las llevamos a cuestas”, siendo inherentes. Es nuestro fin, nuestro anhelo, nuestro ser, nuestra razón de ser.

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Caliente tiene relación con el Fuego. Cuanto más cerca del Sol (El logos), el “alma es más seca”, por lo tanto “más sabia y excelente[33]. La humedad, identificada con el agua y, por tanto, con las emociones, se presenta aquí como un obstáculo para el saber.

 Religión VS Misticismo

 Sobre la poca en fe el los ritos. “Invocan a las estatuas de los genios, que no oyen, como si oyeran; que no dan nada, así como nada piden”[34]

 El campo de la religión es elucidar sobre dos cuestiones contrarias, opuestas, que acuciar a los hombres: la vida y la muerte. En ella los sacrificios son, para Heráclito, inadmisibles, pudiendo haber sido el sumo sacerdote. “Vanamente se purifican (los hombres) de los delitos de sangre manchándose con sangre, como si el que se ha metido en el barro pretendiera limpiarse con barro. Loco le parecerá al que le viera intentando hacer esto. Dirigen también súplicas a las estatuas como si se pudiera conversar con las casas, sin conocer la verdadera naturaleza de los dioses ni de los héroes[35].

 “Héroes” son el daimon. La esencia del hombre es hacerse bueno a lo largo de la vida en conexión con el entorno socio-político de las luchas necesarias. “Las almas muertas en combate son más puras que las que perecen de enfermedades”.

  “Difícil es luchar contra el deseo, porque lo que quiere lo compra al precio del alma”[36]. Hay que controlar el deseo ansioso y enfermo, causa de todos los males y clave de todas las soluciones. Como Gandhi ya lo advierte: “Hay suficientes suministros para abastecer las necesidades de todo el mundo, pero no para satisfacer la avidez de todo hombre”. El ser humano, al vivir en esta vida, al pretender vivir vivamente en esta vida, debe entender que “no es mejor para los hombres que se les cumpla cuanto desean”[37] pues debe valorar el sufrimiento. La vida se vive desde los contrarios, desde los extremos opuestos y esto implica también la experiencia de la tragedia.

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 “Inmortales, los mortales; mortales, los inmortales; viviendo unos la muerte de aquellos, muriendo otros la vida de aquellos” [38]

 ¿Hablamos de complementariedad? ¿de contrariedad?. Esta es la tensión de los opuestos en unidad. Además podemos encontrar un gran potencial ético para continuar con lo que estábamos tratando hace un momento.

 Nosotros, como mortales, “vivimos”, pero si nos permitimos otorgarle a “mortales” e “inmortales” acepciones figurativas podremos encontrar ese potencial.

 El fragmento, pues, refleja nuestra posibilidad de ser virtuosos y amar nuestro contrario[39]. Si nos basamos en lo que vemos, ¿refleja que nos creemos vivos y por eso creamos discordia o muerte?[40], pero ya hemos dicho que se trata de la forma de ser virtuosos… Entonces, ¿Cómo entenderlo?. Hay que insistir en el significado figurado y en la intención de enseñar una actitud que está lejos de ser una descripción generalizada.

Sin embargo, todo esto nos hace pensar en lo que poseemos, pues parece que no hemos recapacitado suficientemente y nos hemos adelantado, es decir, ¿Somos mortales o inmortales? Esto es importante para saber sobretodo cuál es nuestro contrario pues parece necesario saber esto si queremos ser virtuosos.

 Todo depende de lo que se pueda hacer en la vida, de pretender ser toda la totalidad de la existencia, somos lo que hemos vivido y lo que hemos muerto; somos lo que nos queda por vivir y lo que nos queda por morir, por eso la virtud consiste en completar nuestro ser.

 El sufrimiento[41] nos hace bien porque nos acerca a la muerte, nos permite amar más la totalidad de la existencia. ¿Qué quiero decir con esto?

 “Las almas huelen conforme al Hades”[42]

 Es un tomar la muerte como vida. ¿Pero por qué?. Por lo dicho,  porque la muerte es parte de la existencia[43] y por que en este completarse acontece el placer, precisamente en el movimiento que supone. Por eso la muerte se relaciona con el placer. La belleza, y el placer que supone amar lo que nos falta, se percibe en el mundo que fluye, que se mueve. Sólo en el movimiento[44] se percibe la belleza, sólo en su tiempo y espacio, sólo en la acción podemos amar.

 Así pues, esta sentencia habla del enamorado de la vida que conoce.

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El Dios: día- noche, invierno-verano, guerra-paz, saciedad-hambre (todas las cosas contrarias: éste es el entendimiento), se transforma como (el Fuego) cuando se mezcla con perfumes; se denomina según el aroma de cada uno de ellos”[45] Este es el ser universal que es indeterminado, es la virtud divina que se rige, el auténtico ser.

El Dios-ser se mezcla con “perfumes” a través del espacio. Hay unidad y todo forma un ser, todo se une energéticamente y materialmente pero esto no implica la pluralidad de entes. Un ente, pongamos un corazón, su forma y densidad lo hace suficientemente poderoso para no fundirse con la sangre que bombea, la sangre entendida como el espacio que la separa de otros “perfumes”, por ejemplo, los pulmones. No obstante, todos poseen una cierta influencia de lo que le rodea por lo que el corazón tendrá cierto aroma a pulmón. Nada es puro, nada se percibe puramente: dos caras de una misma moneda no son dos monedas. Un lugar (un espacio) es ocupado por diversidad de seres que en su armonía crean un perfume, a su vez esta formado por grupos de frutas separadas entre sí a distancias parecidas, una vez, y a distancias de diferentes contraste, otras veces.

 El alma

 ¿Por qué Heráclito relaciona alma y techne? Porque el alma no tiene forma y es la techne la que completa el alma dándole forma a la materia, convirtiéndola en un cuerpo. Porque son, pues, afines, porque la naturaleza no fue creada según su naturaleza. ¿Qué quiere decir esto? Que no fue creada según su alma o según su techne. Entonces, dada es dualidad, ¿Qué es lo que da la forma? ¿Qué crea los entes impermeables? La techne los crea con el alma que es lo que mantiene la impermeabilidad.

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 Sólo tienen idea, ser y alma (las ideas participan en los entes en forma de alma) aquello que tiene ADN, aquello que es un elemento, todas las causas de movimiento, o mejor dicho, todo principio de acción. La idea es una calidad particular intensiva en sí.

 Si fuera una silla un ente con idea el mundo de las ideas que ha existido siempre tendría esta idea antes de que los egipcios la inventaran, que no sería inventar sino descubrir. ¿Podrían incorporarse nuevas ideas?

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 El hombre, que está sometido a las leyes de un universo físico, tiene alma, una alma especialmente material, la energía (el fuego, pues “Un alma seca es muy sabia y buena[46]) que funciona como una araña “así como ésta se dirige raudamente a cualquier parte dañada de su tela, de idéntica manera el alma se precipita a cualquier parte del cuerpo que la necesite en especial”. El alma, cuando muere, se reintegra a la energía del Fuego cósmico y no, como decían los órficos, con su lugar divino. Pero la pregunta es ¿No estaba ya integrado en él? ¿De qué manera su alma es individual y a la vez forma parte del cosmos?

 ¿Es el alma lo único que permite que un ente sea? El alma es el ser de cada cosa, lo que preconfigura la serie de determinantes propios de la identidad del ente, el aglutinante, el que consigue que el ente flote entre el todo sin fusionarse con nada. ¿Pero el alma es la que une todo?¿Qué alma reúne todo en una perfecta armonía? ¿Dios? ¿Y si todo tiene su alma particular y entre todos, por atracción gravitatoria, nos juntamos y separamos, luchamos o nos unimos, según el resultado de la interacción? ¿Es la ley del más poderoso o es una cuestión cualitativa?  ¿Saber lo que cada alma hará para influir es la ley? ¿La ley da poder? ¿Lo que une a todos es el coexistir con Dios? ¿O el ser virtuoso? ¿O es todo lo mismo?

 Todo es uno

 La filosofía es amor al entendimiento:  “La erudición no enseña a tener entendimiento, porque en tal caso se lo habría enseñado a Hesíodo y a Pitágoras y aun a Jenófanes y a Hecateo[47]

 El entendimiento puede ser muy práctico en cuanto a poderoso: “Pues en una sola cosa consiste la sabiduría en conocer el designio por el cual todo mediante todo se rige.[48]

Hay que ser humilde y entender que hay que rectificar continuamente, pues esto es algo inevitable para el filósofo, es algo incompatible con el orgullo, sólo uno puede ser orgulloso cuando todo lo entiende: “Es preciso extinguir la prepotencia más que un incendio[49]

 “Yo soy el camino y la verdad y la vida” dijo Jesús de Nazaret identificándose con la ley suprema. De la misma forma, Heráclito se jactaba de saberlo todo puesto que comprendía la ley suprema que estaba en divina relación con uno mismo pues “también es ley obedecer a la voluntad de uno sólo[50]. Todo es uno, todo en uno: “El entender es la virtud suprema y la sabiduría consiste en decir la verdad y en obrar según la Naturaleza, conformándose a ella”[51]. Entender la Naturaleza y conformándose a ella. ¿Es el eterno retorno nietzscheano?.

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Me investigué a mí mismo[52] y comprendió todo lo demás (dependencia armónica). Luego fue cosa de lógica pensar que el hombre está en armonía, está integrado en el cosmos.

 El alma individual está integrada en el kósmos: “No llegarías a encontrar los límites del alma en tu camino, ni aún recorriendo todos los caminos; tan profunda dimensión tiene” (Fr. 45 D-K, Diógenes Laercio, IX, 7) Conocerse, conocer lo que nos rige, es conocer el kósmos el cual también está sometido a la misma ley. ¿”Olvidamos” que formamos parte del kósmos?:

 “Anduve buscándome a mí mismo[53].


[1] Clemente, Tapices, V, II p. 396, 6 Stahlin

[2] Plutarco, Sobre la “e” de Delfos, 18, p. 392 B. ¿Qué dimensión temporal tiene Heráclito si dice que cada día es idéntico?. El mundo es UNO porque se da en UN tiempo y UN espacio. Sócrates ejemplifica a Protarco. Dice que la música es UNA pero MÚLTIPLE puesto que la misma realidad sonora puede ser: 1) Grave/ Sonora 2) De diferentes combinaciones, intervalos y límites. El ser es en pasado, presente y futuro. Su armonía no es por sí misma un instante, sino la sucesión ordenada de instantes. Para acabar de entenderlo decir que no puede haber una causa y efecto ¿Es este salto abrupto el momento donde interviene la virtud azarosa, y define nuestro ser? No puede haber un salto abrupto entre un lado y otro, todo es, al mismo tiempo, causa y efecto.

[3] Tzetzes, Escolios para la exégesis de la “Ilíada” 11, p. 126.

[4] Está claro que no hay enfermedad más relevante que el mal, lo discordiante, o lo que exige armonizarse pues “De diferente manera crece siempre cada cosa hacia aquello que le falta”. Este continuo adecuarse se refleja, lógicamente, en el día a día.

[5] Heráclito, con su río ¿Responde implícitamente a lo que preguntábamos antes acerca de su postura teológica? ¿Y si mostrase el río cósmico como un instante más en un ciclo eterno? Quiero decir que ¿Se muestra con suficiente claridad que Dios no es la lluvia de las montañas que hacen del río río?.Porque el río forma parte del ciclo evaporación- nubes- lluvia- montañas-río- mar-evaporación y en él vuelven a cumplirse los factores determinantes del río: El movimiento veloz, su eternidad ontológica, su devenir, su armonía, su fatalidad. Demos en este trabajo el asunto por zanjado y concluyamos lo consabido, es decir, el parecer del efesio acerca de que el río siempre existió y, por lo tanto, no fue creado.

[6] La armonia abarca tanto lo pequeño como lo grande, la necesidad lo quiere todo.“Los bosques serían demasiado silenciosos si cantaran sólo los pájaros que mejor lo hacen.” Henry van Dike.

[7] Hay que entender que una pequeña fuga en el río es suficiente para vaciarse instantáneamente si el caudal fluye a infinita velocidad.

[8] Plutarco, Sobre la “e” de Delfos, 18, p. 392 B.

[9] Pseudo Aristóteles, Sobre el mundo, 5, 396 b 7 (p. 75 Lorimer).

[10] O de muchos niños. Es decisivo este niño si lo comparamos con el demiurgo platónico.

[11] Está a la vez integrado e interviene con extraordinaria importancia. Este asunto tiene para nosotros un enfoque ético, por lo que lo trataremos al final.

[12] Fr, 80. D-K, Orígenes, C. Celgum, VI, 42.

[13] Véase aquí la constancia en la velocidad como una estabilización, una pacificación, en contra de la aceleración que sería lo que implica una fuerza desestabilizadora.

[14] La armonía de Heráclito es una lucha fluida, suave en el exterior y cruenta en su interior. Su tensión es cómoda porque ni cansa ni agarrota, mantiene la forma de manera indefinida, desde y para la eternidad.

[15] Concepto más cercano a lo vital que a lo cosmológico si no se entiende la eternidad, en este caso, por la naturaleza circular de lo existente.

[16] Actitud de que demuestra la rotunda asimilación del logos.

[17] En realidad la acción es interior y ésta se funde con la pasión.

[18]  Parece que no corresponde con la verdad puesto que no hay nada fuera de él. Nadie puede estar fuera de él, y aunque muchos estén durmiendo en la orilla no dejan de estar mojándose en él.

[19]  Porfirio, Cuestiones homéricas sobre. XVIII, 200.

[20] Hipólito, Refutación de todas las herejías, IX, 10, 4.

[21] Plutarco, sobre la “e” de Delfos, 8, p. 388 E.

[22] Marco Aurelio, IV, 46,1.

[23] El Fuego eterno, la materia del logos, ejecuta con el rayo. El rayo es el arjé, es la luz que en la oscuridad, de repente, se descubre.

[24] Aristóteles, sobre la sensación, 5, 443 a 21.

[25] Fr. 55 D-K, Hipólito, Ref. IX, 9, 5.

[26] Fr. 107, D-K, Sexto, adv. math. VII, 126.

[27] Platón, Hipias mayor, 289 a.

[28] Porfirio, Cuestiones homéricas, Sobre. IV, 4.

[29] Estobeo, Florilegio, IV. 40, 23.

[30] Plutarco, Coriolano 38, p. 232 d.

[31] Clemente, Tapices, IV, 4, 2.

[32] Hipólito, Refutación de todas las herejías IX, 9, 6

[33] Estobeo, Florilegio, III. 5, 8.

[34] Aristócrito, Teosofía, 74.

[35] Fr. B5, D-K, Aristócrito, Teosofía, 68.

[36] Plutarco, Coriolano, 22, 224 c

[37] Estobeo, Florilegio, I, 176.

[38]  Hipólito, Refutación de todas las herejías, IX, 10, 6.

[39]  Complementario gracias al logos.

[40]  Discordia y muerte, en definitiva, vienen a decir lo mismo. Podríamos pensar que también creamos amor en lugar de discordia. Podríamos, entonces, llegar a concluir que estamos muertos y que por ello vivimos la vida. Esto se aclara inmediatamente.

[41] El vampiro disfruta de la muerte, es el símbolo de la inmortalidad, del sufrimiento, es la afirmación divina si se combina con la  belleza vital.

[42]  Plutarco, sobre la cara que aparece en el disco lunar, 28, p. 943 E.

[43]  Si hay que vivir la existencia hay que vivir sus transformaciones, disfrutar su nacer y su perecer.

[44]  Puede decirse, considerando, ahora sí, lo que encontramos habitualmente, que el que necesita vida, y sólo crea constantemente discordia, acabará estático en su tiempo y espacio, acabará siendo inmortal, por lo que vivirá “fuera” del río de Heráclito, justo en la orilla.

[45] Hipólito, Refutación de todas las herejías, IX, 10, 8

[46] Fr. 118 D-K, Estobeo, Ant. III, 5, 8

[47] Diógenes Laercio, IX, 1

[48] Diógenes Laercio, IX, 1

[49] Diógenes Laercio, IX, 1

[50] II p. 404, 3 Stahlin

[51] Estobeo, Florilegio, I, 178

[52] Plutarco, Contra Colotes, 20, p. 1118 c.

[53] Fr. 101 D-K, Plutarco, adv, Calot. 20, 118

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