Formación interdisciplinar y relevancia pública de la práctica filosófica

Durante mi vida universitaria participé activamente como representante de estudiantes, etapa en la que reformamos radicalmente el que iba a ser el futuro plan de estudios del nuevo Grado de Filosofía, reforma que supuso el derribo del equipo decanal que se resistía al cambio. El resultado de todo el proceso culminó con la elaboración de un plan de estudios elogiado en toda España.

Asimismo, fue durante esta etapa en la cual organicé un grupo de trabajo que elaboró un estudio sociológico crítico con la situación académica y laboral de la Filosofía en nuestro país. Dicha investigación pudo ser finalmente expuesta en un Congreso universitario sobre el impacto del Plan Bolonia el 15 de diciembre de 2009 en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona:

Introducción

El objetivo de nuestra comunicación es demostrar, de una forma muy resumida y visual, que la formación universitaria española en filosofía prescinde en gran parte de las fuentes primeras y que ello tiene consecuencias negativas, por ejemplo desde el punto de vista de la relevancia pública. Estudiamos interpretaciones del mundo sin ir al mundo concreto del que partieron los filósofos más importantes y del que extrajeron sus teorías. Ciertamente, podemos afirmar que en nuestra enseñanza se omite el aprendizaje de conocimientos y técnicas para estudiar este mundo concreto.

Daremos razón, a partir de la historia, de por qué hemos llegado a ser el tipo de filósofos que somos; recordaremos que los filósofos que han sido relevantes tenían formación en otras disciplinas; explicaremos cómo se refleja esto en los planes de estudios y en el tipo de revistas de filosofía en España.

Además, mostraremos las consecuencias negativas que tiene esto aportando datos, a partir del Libro Blanco y otras fuentes, sobre la realidad laboral de los licenciados en filosofía.

En contraste a todo esto, mostraremos que hay otros países que estructuran su formación en filosofía atendiendo a la formación interdisciplinar; que en otros países la filosofía no tiene el papel marginal que tiene en nuestro país; que en España se ha tomado conciencia de este problema y que hay una incipiente voluntad de cambio; etc.

A pesar de la gran cantidad de información que hemos tenido que gestionar, nuestra comunicación presentará toda esta información de una forma sintética y lo más clara posible. Para ello la hemos estructurado en cuatro partes:

I. Diagnóstico principal de los estudios en filosofía en España.

II. ¿Cómo y por qué hemos llegado a esto? Reconstrucción histórica.

III. ¿Cuál es el estado actual? Actualidad de la formación universitaria y situación laboral de los licenciados en filosofía.

IV. ¿Podría ser de otro modo? Modelos alternativos.

Es conveniente, antes de empezar, situar esta comunicación en el contexto de los hechos ocurridos este último año en nuestra facultad.

Todo empezó, y no precisamente como un cuento de hadas, a raíz de la petición de moratoria del primer plan del nuevo Grado de Filosofía que llevaron a término los representantes de los estudiantes en la Junta de Facultad del 11 de diciembre del 2008. Comenzaría lo que sería la lucha contrarreloj para derribarlo y posponer su implantación y, de esta manera, ganar tiempo para su reelaboración. En esta Junta, los representantes de los estudiantes argumentaron que este nuevo plan mantenía muchas de las deficiencias del anterior y que, incluso, presentaba nuevas; pero, sobretodo, criticaron el procedimiento que se había seguido en su elaboración, ya que, primero, no había habido suficiente transparencia en la elaboración de los diferentes esbozos, en su versión definitiva y en la redacción de la memoria del grado; segundo, estos textos no se habían discutido suficientemente; y, tercero, tampoco se había facilitado su transmisión a los miembros de la junta con suficiente anterioridad para posibilitar una lectura conveniente. Por tanto, se pedía una moratoria que permitiera un debate a fondo sobre la estructuración y las características que tenía que cumplir el nuevo grado de Filosofía, de tal manera que se facilitara la transparencia y el diálogo entre aquellos encargados de su redacción y los miembros de la Junta que tenían que votarlo.

Algunos profesores que también habían puesto de manifiesto estas creencias se sumaron a la propuesta de los representantes de los estudiantes y, después de diversas Juntas donde se discutió la posibilidad –y necesidad- de una moratoria, se realizó una Junta el 2 de abril de 2009, destinada a decidir, mediante el voto de sus miembros, si se iniciaba un proceso de moratoria y reelaboración de un nuevo plan de Grado, o si se mantenía el anterior que, cumpliendo con las fechas establecidas, había de entrar en vigor al curso siguiente. Los votos a favor de la moratoria superaron con creces los votos en contra, pero el equipo decanal pospuso para una posterior Junta la decisión sobre cuál había de ser la naturaleza de esta moratoria. En esta nueva Junta se hizo votar a sus miembros si se ratificaba la decisión de seguir adelante con la moratoria y si esta moratoria implicaba la reformulación total o parcial del plan que se había elaborado. No hubo dudas y se votó a favor de una moratoria que implicara una reformulación total.

A partir de aquí, se crearon de nuevo todos los órganos implicados en la redacción de este otro nuevo plan de estudios y se determinó un calendario con todas las reuniones y Juntas necesarias para que esta redacción fuera lo suficientemente transparente y debatida. Paralelamente, algunos profesores y estudiantes buscaron la forma de ampliar la participación mediante una plataforma moodle la cual estuvo abierta a todos los estudiantes y profesores de la Facultad. El trabajo de estos nuevos órganos se inició con la disputa de fórmulas para la mejora de los estudios de Filosofía y para aumentar la optatividad que el plan anterior quedaba reducido a treinta créditos a elegir entre una oferta ridícula. Después de estas reuniones, el trabajó culminó con la reformulación de la formación básica, que es el primer año del Grado y que supone dar una base útil para la formación filosófica; la creación de menciones, que son intensificaciones dentro de la propia enseñanza de Filosofía; y los minors, que permiten a los estudiantes acercarse a otras disciplinas. En cuanto a la optatividad, al estudiante se le ofrece la posibilidad de escoger 54 créditos entre 168 créditos de oferta de la propia facultad y los más de 400 créditos que implican los minors.

Es justo en la creación de minors y en el criterio que subyació a la hora de determinar la formación básica[1] donde encontramos los primeros síntomas claros de la toma de conciencia de que Filosofía debería ser ampliamente interdisciplinar. Esta voluntad de cambio, no obstante, choca con las resistencias en el propio seno de la Facultad y cuyo primer síntoma claro lo encontramos en la forma que importantes miembros de la Junta trataron la propuesta de la moratoria. Nuestra intención no es explicar las causas de esta resistencia sino mostrar los inconvenientes de que Filosofía esté anclada en el pasado y rechace la idea de actualizarse en cuanto a conocimientos y recursos se refiere. Además, el mero hecho de constatar y presentar datos concretos es suficiente para defender nuestra propuesta.

Básicamente, nuestra propuesta trata de defender que Filosofía necesita conocimientos y metodologías que le hagan entrar en contacto directo con el mundo, sea éste el mundo natural o cultural. Nuestra propuesta, a la vez, hace hincapié en que se ha perdido este contacto por circunstancias del todo contingentes y que nada parece decir que valga la pena que sigamos desconectados.

Parte I: Diagnóstico principal de los estudios en filosofía en España

El Libro Blanco es probablemente el documento más interesante para hacer el diagnóstico porque es un análisis exhaustivo de cómo está la filosofía en España. Además, fue elaborado por el conjunto de facultades de filosofía de España y ha sido el referente en el nuevo plan de estudios del Grado de Filosofía de la UB. En dicho documento leemos que:

“Llama poderosamente la atención la condición de estudiante de licenciado en Filosofía. Éste, lejos de ser un estudiante concentrado exclusivamente en su carrera, amplía y completa con frecuencia esta formación con otros estudios. Casi dos tercios (62%) de los licenciados se hallan en esta condición pluridisciplinar, estudiando otros estudios tanto dentro de la misma área como de otras, unos después de licenciarse otros simultaneando los estudios de filosofía con los de otras disciplinas (informática, empresariales, antropología…).”[2]

“El primer rasgo que caracteriza al estudiante de filosofía es su multidisciplinaridad. La inmensa mayoría de los estudiantes, lejos de limitarse a su especialidad universitaria, dedica un tiempo importante a efectuar una extensión importante de sus estudios en forma de másters, de cursillos, incluso de licenciaturas en otras disciplinas, aprendizaje de idiomas y del lenguaje informático.”[3]

Aunque es peligroso derivar conclusiones sin presentar más datos, cosa que iremos haciendo a lo largo de nuestra comunicación, el Libro Blanco hace un análisis que refleja ciertas insuficiencias en la enseñanza de Filosofía. El hecho de que el estudiante complete su formación fuera de la facultad hace pensar que el contenido de la carrera no satisface y que tiene importantes lagunas. Si a esto le añadimos una tasa de abandono entorno a un 47% y un porcentaje similar de estudiantes matriculados que no se presentan a exámenes, se refuerza considerablemente la idea de que la enseñanza en filosofía presenta insuficiencias.

La formación actual destaca por su multiplicidad de enfoques. Conocer tantas corrientes diferentes, a veces antagónicas, permite conocer muchas de las opciones existentes y ello ayuda a estar orientado –o completamente confundido- entre tantas opciones epistemológicas y éticas[4]. Sin embargo, el problema que nosotros destacamos es que el estudiante echa en falta tener acceso a las fuentes primeras, saber cosas concretas del mundo, cosas en las se basaron los filósofos que estudiamos. Esta situación puede ilustrase con la siguiente metáfora:

Un hombre en una habitación sin ventanas. Jamás ha salido de esa habitación. La habitación está equipada sólo para cubrir las necesidades fisiológicas. El único conocimiento que este hombre tiene de lo que es un árbol es lo que extrae de un libro de poesía medieval donde el poeta expresa lo que le evoca el mandarino de su jardín en momentos de éxtasis orgiástico.

Esta metáfora expresa, de forma exagerada, el tipo de conocimiento que aprendemos y a partir del cual luego hacemos nuestras teorías. Nos enseñan las mil y una interpretaciones de este mandarino y, en ningún caso, nos enseñan una foto del mandarino o su descripción físico-químico-biológica, así como sus variantes, historia, etc. Y ello por no decir que no nos llevan a ningún jardín botánico… Todo ello repercute en un ensalzamiento del subjetivismo, la estética, la vagancia, la falta de originalidad y el rigor y entusiasmo de los vinos filosóficos. Por supuesto, este diagnóstico no es algo que pueda generalizarse, sin embargo, como estudiantes somos testigos de la ley del mínimo esfuerzo que impera en las aulas y en los pasillos.

No tenemos nada en contra de filosofías especialmente subjetivas como la estética, la cuestión es la interdisciplinariedad que requiere lo siguiente: por una parte, que hasta la propia literatura necesita herramientas que suponen un sacrificio como es el dominio de otras lenguas, el conocimiento de sus gramáticas, la adquisición de un léxico adecuado, la lectura atenta y análisis de obras universales, etc; y, por otra parte, que el conocimiento más descriptivo y las técnicas que facilitan recoger y procesar información del mundo concreto son perfectamente compatibles con las mil y una interpretaciones de este mundo. Es más, una interpretación filosófica, la cual nosotros reivindicamos que debería partir del mundo en sí, también necesita de otras interpretaciones pues de éstas puede nutrirse y extraer los criterios usados, los problemas epistemológicos encontrados, los resultados obtenidos, etc.

En nuestra carrera hablábamos de la sociedad, de la ciencia, de la mente, del gobernar, de Dios, de la vida, de la belleza y de muchas otras cosas, sin embargo esto lo hacemos sin que nadie nos enseñe las estructuras sociales y políticas más comunes, las principales teorías científicas, las descripciones concretas de la conducta y los procesos cognitivos involucrados, los principales textos de libros sagrados que marcaron nuestra cultura, las obras artísticas más importantes, etc. El problema es que estudiamos teorías de personas que sí conocían estas cosas y luego pretendemos hablar, no sólo de sus teorías, sino de las cosas a las que referían sus teorías. Esto, por un lado, supone una falta de rigor preocupante, y, poro otro lado, es un acto de fe: opinamos sobre el mundo a partir de otros ojos, ojos que miraron desde una perspectiva muy diferente a la actual, ojos que sabían lo que nosotros ignoramos, ojos que se fijaron en unos problemas que muchas veces no son los nuestros.

Actualmente existen una gran cantidad de disciplinas que se desarrollan en su propio espacio académico. Así, la mente se estudia en la Facultad de Psicología; la organización social y económica en las Facultades de Sociología, Ciencias Políticas o ADE; etc. El hecho de dejar de interesarse por lo que se investiga en otras facultades hace de nuestra filosofía una filosofía antifilosófica puesto que al hacer un breve repaso en la formación de los filósofos más comunes (Aristóteles, Descartes, Hume, Kant, Nietzsche, Marx, Husserl, Heidegger, Russell, Wittgenstein, Foucault, Habermas etc.) prontamente nos percatamos de que siempre tuvieron un conocimiento importante en otras disciplinas como matemáticas, física, lógica, política, historia, teología, astronomía, derecho, economía, psicología, lingüística, etc.

¿Realmente estos filósofos habían tenido que espabilarse o era habitual tener dichos conocimientos? ¿Y por qué nosotros no? Al respecto, en esta comunicación mostraremos el efecto de vaciado que han ido sufriendo las facultades de filosofía pues en un principio éstas contenían gran cantidad de disciplinas, es decir, era impensable un filósofo que no supiera matemáticas, física, historia, otras lenguas, etc. La reconstrucción histórica que haremos a continuación mostrará este proceso y esperamos que sirva para tomar conciencia de estas importantes pérdidas y de la importancia de recuperar estas técnicas y conocimientos.

Parte II: ¿Cómo y por qué hemos llegado a esto? Reconstrucción histórica

Desde la publicación en el siglo XVII de la obra de Descartes la filosofía teórica había iniciado un proceso de modificación de algunos de sus preceptos más tradicionales. Por un lado, la duda y la exigencia de certidumbre condicionaban la producción filosófica y su forma de conocer el mundo. Por el otro, la matemática se desplazaba lentamente desde una herramienta meramente notacional hacia posiciones más centrales. Este mismo proceso de modificación metodológica desde la matemática se daría con mucha más intensidad, y sería el epicentro del movimiento de independización de las disciplinas, a partir de la publicación de la obra de Isaac Newton.

Con los Philosophae Naturalis Principia Mathematica se marcaba el inicio de una nueva época no sólo en lo referente al impacto de sus resultados sino a la evidencia de la efectividad de sus métodos. La sistematización del método experimental y la constatación matemática no sólo de los efectos sino también de las causas, se demostraban útiles hasta el punto de mostrar como necesaria una modificación de las formas de trabajo de la filosofía natural. Esta modificación afectaba al cuerpo central de la filosofía especulativa y sentaba las bases para la especialización en el estudio de la naturaleza. Para ver con claridad estos efectos, reconstruyamos brevemente el proceso de evolución desde la filosofía natural hasta la filosofía experimental y las diferentes disciplinas científicas.

En el currículum medieval la filosofía incluía lógica, filosofía práctica, filosofía mecánica y filosofía teórica, dentro de la cual se encontraban la matemática, la física y la metafísica. La filosofía natural jugaba el papel de integradora y justificadora del proceso de investigación sobre la naturaleza.[5] A través de un proceso de revolución académica, este papel integrado del filósofo multi-uso[6] se desintegraría en los siguientes siglos en un movimiento que tuvo lugar en paralelo a la estabilización del método científico y a la desestabilización de los poderes eclesiales.

La filosofía natural tradicional pretendía buscar las verdaderas causas de las cosas a través de un sistema de causas y efectos que culminaba en la metafísica. El elemento básico para la construcción de su conocimiento era la experiencia ordinaria del sentido común. Observar características y establecer relaciones entre las mismas buscando la generalización en un sistema total. La dualidad clásica de la filosofía de la naturaleza en todas sus formas, materia y forma o materia y espíritu o acto y potencia, presenta una incompatibilidad básica con los principios mecánicos o matemáticos que son automáticamente relegados a un segundo plano como meros sistemas para conocer los efectos pero sin capacidad alguna para analizar las causas de los mismos.[7]

La mecánica newtoniana introdujo modificaciones en estas concepciones, sobretodo en el campo metodológico, ya que permitía ciertamente seguir manteniendo justificaciones metafísicas para los sistemas naturales pero invalidaba los métodos de investigación clásicos de la filosofía natural. Aunque ya se daban en áreas concretas del conocimiento, la obra de Newton estabilizó definitivamente la observación experimental y la comparación de datos cuantitativos frente a la observación común y las construcciones cualitativas de la filosofía natural tradicional. Las características propias de los objetos no se encuentran en su mera apariencia, sino que se explican por la interacción de partículas y fuerzas estudiables a través del método físico-matemático en las que encontramos las causas para los efectos que se observan en la naturaleza.

A través de la relación entre estos factores y métodos se iniciaba el camino hacia lo que sería la filosofía experimental (física-matemática). Este camino se recorría con el objetivo de conseguir una teoría general de la naturaleza, objetivo propio de la filosofía natural, utilizando los métodos y los descubrimientos de la obra newtoniana. Al intentar explicar la materia con este sistema aparecieron lentamente las distintas clasificaciones que más adelante darían lugar a distintas disciplinas de la física y del conocimiento de la ciencia moderna como la óptica, la mecánica, la termodinámica o la química. La aplicación del método científico en sí misma exigía una especialización y una organización exhaustiva de las inmensas cantidades de datos registradas, así como un trabajo concreto de organización y teorización propio para cada una de las ramas del conocimiento de la naturaleza.

El proceso fue, a rasgos generales, una transformación progresiva de métodos y objetivos desde los más cercanos a la globalidad de la filosofía natural tradicional hasta los más especializados y cuantificados del método científico. En un principio la mayoría de disciplinas contaba con abundante ontología y clasificaciones especulativas no experimentales, poco a poco la progresiva cuantificación y medición fueron modificando los procesos de teorización y separándolos de la especulación pura. Los procesos deductivos formales y la matematización dejaban de ser lentamente secundarios y se situaban en el centro del proceso de investigación. Se pasó de las explicaciones causales especulativas de la filosofía natural a las leyes predictivas surgidas de la experimentación y posteriormente a las teorías explicativas, sustentadas en la experimentación y los resultados de la misma, que formaban uno de los pies que cimentarían la separación de las distintas disciplinas científicas.[8]

Este proceso fue acompañado del reconocimiento público y administrativo de la filosofía experimental y sus resultados. De ser una mera rama secundaria de la filosofía pasaría en poco menos de dos siglos a representar un método reconocido de conocimiento y a estructurar la multitud de disciplinas de investigación del mundo contemporáneo. En 1785 la Academie des Sciences dividía sus actividades en dos partes: Las matemáticas (geometría, astronomía y mecánica) y la física (química, anatomía y biología) y pocos años después añadía a éstas la filosofía experimental (física matemática) y la historia natural. La academia de ciencias de San Petersburgo en 1746 constaba de dos secciones también, la física (óptica, hidráulica, botánica y astronomía) y la matemática (mecánica terrestre y celeste) a las que se añadió pocos años más tarde la física matemática (con óptica, hidráulica, termodinámica, electricidad, magnetismo y dinámica analítica). En 1790 se constituyen las matemáticas puras como disciplina independiente. [9]

Los resultados de los nuevos métodos de experimentación de las nuevas disciplinas tenían contrapartidas económicas y de reconocimiento sólidas basadas en la espectacularidad de sus efectos y demostraciones. En 1794 se creó la Politécnica de Paris y empezó un período de reforma universitaria general en Europa y de introducción de las nuevas disciplinas en el mundo académico técnico. Habría que esperar hasta el siglo XIX para que la enseñanza de estas disciplinas se diese en el mundo universitario clásico dominado a partes iguales por la metafísica tradicional y el idealismo.

La separación definitiva entre ciencia y filosofía se produce en el siglo XIX cuando culmina el proceso de institucionalización de las diferentes disciplinas y su introducción y estabilización en el mundo universitario y en la producción intelectual en general. Si tradicionalmente las diferentes disciplinas habían encontrado su elemento integrador en las teorías de la filosofía natural y en última instancia en la metafísica, en esta época empieza a asumirse la unidad de conocimiento científico y por tanto a entenderse la ciencia misma como justificación propia de su método.

Volviendo al momento de la revolución académica, la aparición y consolidación de las diferentes disciplinas académicas fue el resultado más evidente de un proceso de revolución académica que tuvo como causas más fundamentales el proceso de racionalización antimetafísico de la ilustración y las tensiones internas entre intelectuales y núcleos de poder en las universidades.[10] Si el proceso de cristalización de las diferentes disciplinas surgidas de la filosofía natural fue uno de los efectos de esta situación, el otro fue la reacción idealista y romántica que sirvió para resituar la organización académica e hizo las veces de catalizador de algunas de las corrientes de pensamiento del mundo contemporáneo.

Empecemos por una aproximación a la reubicación de las posturas filosóficas después de la publicación de la primera edición de La crítica de la razón pura en 1781. Tras unos inicios algo tibios, el libro tuvo una enorme repercusión en el grupo de jóvenes intelectuales que estaba en ese momento introduciéndose en el mundo cultural. Fichte, Schelling, Hegel y Hölderlin se acercaron por ejemplo a la zona de influencia kantiana atraídos por la fuerte presencia de su análisis en las discusiones intelectuales. [11]

Kant presentará un punto de partida para muy diferentes corrientes de pensamiento. Por un lado, desde su método trascendental se tensará su programa a través de un idealismo de corte místico y político. Por el otro, desde sus investigaciones en teoría del conocimiento se construirá un sistema de reflexión filosófico-crítico sobre el proceso de conocimiento humano. Así, para principios del siglo XIX, la obra kantiana ya había sentado las bases para movimientos dispares, algunos en una línea realista científica (Helmholtz, Wundt, Herbart,…) y otros en un sentido dialéctico idealista radical o incluso cristiano-idealista.[12]

En la revolución idealista, la creación de unos nuevos principios de conocimiento y de una nueva relación entre saber y mundo era el primer peldaño en la escalera que debía llevar al matrimonio entre espíritu y naturaleza. La naturaleza se redimiría en el espíritu a través de los hombres que con su esfuerzo y sacrificio completarían el destino de la autoconsciencia. En este camino, se crearía un nuevo objeto de experiencia compatible con el idealismo más radical y a través de ello el contenido del conocimiento sería derivado del concepto en su totalidad.

Como hemos comentado antes, la misma reorganización de los núcleos de poder en las universidades estaba alimentando la estabilización de este tipo de corrientes. La filosofía luchaba por un espacio propio en el vacío dejado por los viejos intelectuales vinculados profundamente a la iglesia. En esta lucha, lo que en un momento nació como promotor del movimiento ilustrado pronto se radicalizaría en una filosofía de corte espiritual que situaba el ser, el espíritu, en el centro de todo lo humano y que, si bien proponía una nueva religión que substituyera las viejas creencias, también se oponía a las formas cientifistas de conocimiento.

No hace falta profundizar más para comprender, en esta introducción, que las tensiones entre estas corrientes idealistas de pensamiento y las que conformaban los primeros pasos de la ciencia moderna estaban condenadas al conflicto. Un conflicto que, como hemos comentado antes, sumado a las condiciones materiales resultado de las diferentes revoluciones universitarias, funcionó como catalizador de la cristalización de las múltiples disciplinas científicas desde la filosofía natural.

Este proceso que hemos introducido hasta ahora, que podríamos decir se inicia con las revoluciones cartesiana y newtoniana, continúa con Kant y se define hasta la contemporaneidad a través de las tensiones entre idealismo y método científico, presenta algunas características que vale la pena destacar brevemente para introducir las siguientes fases de nuestro comunicado.

Kant asumió el reto propuesto por las mencionadas revoluciones proponiendo una filosofía centrada en la teoría del conocimiento y en su papel de revisadora crítica de los procesos de la razón. Hombre de ciencias, su objetivo no era contraponer la filosofía al trabajo que empezaba a desarrollarse en el campo de la ciencia experimental, sino complementar éste con las capacidades propias del trabajo filosófico. Si bien encontramos una línea, ya comentada antes, que a través de la radicalización fichteana de las posturas de Kant enroca la filosofía en posturas idealistas radicales, también es verdad que desde Kant podemos trazar una línea en la que la filosofía y la ciencia comparten protagonismo y que nos conduce, por ejemplo, a Hermann von Helmholtz y en última instancia a Wilhelm M. Wundt, fundador del primer laboratorio de psicología experimental en 1879. Le citamos como ejemplo porque Helmholtz fue un científico en el que se unieron con especial fuerza los métodos científicos de estudio experimental y los métodos filosóficos de estudio epistemológico, considerando el sujeto kantiano en términos psicofisiológicos y presentando teorías puente entre la teoría del conocimiento y la física y la biología en las que se utilizaba lenguaje filosófico para el trabajo experimental y lenguaje científico para el trabajo filosófico.[13] Más adelante, Wundt, discípulo de Hemholtz, ayudó a delimitar las barreras entre filosofía y psicología, en cuanto a estudio de la consciencia, al fundar la psicología empírica y separarla de los estudios del conocimiento previos a la experiencia que tan bien conocía a través de la formación kantiana de su maestro. Wundt pretendía, pues, dejar definitivamente atrás la metafísica y apartarse de los sistemas idealistas para centrarse en el método psicológico experiencial.[14] A través de sus estudios encontramos pues la pista de una de las corrientes en las que la filosofía permaneció relacionada con la ciencia experimental sin debilitarse hasta bien entrado el siglo XIX.

Es cierto, de todas formas, que sobretodo a partir del siglo XIX la misma resistencia al intercambio que encontramos en la filosofía desde la modernidad también la encontramos en el devenir de la ciencia y las múltiples corrientes filosóficas que permanecen cercanas a ella. La línea de pensamiento desde el positivismo al positivismo lógico, la filosofía analítica y el post-positivismo destaca también por tener en la mayoría de sus exponentes una fuerte resistencia a todo tipo de reflexión crítica sobre su trabajo y una fe absoluta en la capacidad del método científico para explicar el mundo en su totalidad.

Conclusión

De esta forma encontramos en las tensiones entre ambas formas de conocimiento los orígenes modernos de dos de las corrientes de pensamiento con más influencia en el siglo XX. Los grandes sistemas idealistas, la preocupación por el Ser como objeto de pensamiento, la renuncia a la realidad del mundo y la exigencia de certidumbre absoluta, han marcado una corriente filosófica que poco a poco ha ido separando irremediablemente, en ciertos campos, el conocimiento filosófico del conocimiento científico y, lo que es más importante, el conocimiento filosófico del conocimiento del mundo como objeto de pensamiento. Tras la muerte de los grandes sistemas esta corriente de pensamiento se ha dividido en muchas otras que, desde la literaturización de la filosofía o la preocupación metodológica por el fenómeno, por ejemplo, han mantenido las diferencias insalvables entre filosofía y ciencias experimentales y sociales. Por otro lado, si bien el conocimiento experimental se ha centrado en muchas áreas en métodos anticipativos e hiperespecializados dejando fuera la reflexión crítica, también podemos encontrar campos en los que se ha dejado espacio a la reflexión filosófica sobre el método científico superando esta pretendida incompatibilidad.

En cualquier caso, el objeto de esta primera parte del comunicado, de esta reconstrucción histórica, es simplemente el de situarnos en los cimientos del pensamiento contemporáneo en lo que se refiere a la filosofía y su relación con el resto de disciplinas. La idea era dibujar ligeramente el proceso de separación de las distintas formas de conocer el mundo y, si es posible, empezar a mostrar que tal separación no es ni necesaria ni aconsejable. Esta aparente contraposición no se da, por ejemplo, en disciplinas de estudios sociales, en lo que ha dado en llamarse ciencias sociales, que han seguido un camino paralelo, aunque posterior en muchos casos, al de las disciplinas de ciencia experimental, y que hoy en día cuentan con bien cimentados campos de acción y con un claro perfil de intervención social y política. La filosofía, por el contrario, anclada en posturas encerradas e inamovibles en sus preceptos, ha vivido un proceso de separación del mundo que ha afectado gravemente su capacidad para la intervención y su relevancia pública. Con esto no queremos afirmar que haya una corriente de pensamiento que sea la correcta o que simplemente haya que adaptar la filosofía a las situaciones concretas del momento actual, sino simplemente que es necesaria una reubicación de los puntos de partida, una revisión de la jerarquía de la tradición filosófica o quizás un reposicionamiento en posturas más abiertas e interdisciplinares.

Parte III: ¿Cuál es el estado actual? Actualidad de la formación universitaria y situación laboral de los licenciados en filosofía

En España, la formación universitaria en Filosofía está desvinculada de la interdisciplinariedad y pensamos que ello tiene graves consecuencias. En contadas ocasiones, nuestros planes de estudio y sus respectivos planes docentes invitan a conocer lo que en otras disciplinas se desarrolla y todo ello desemboca, una vez con el título de licenciado en mano, en la más trágica de las realidades laborales: la incompetencia. La poca relevancia pública se presenta aquí como el mayor de los tabúes. Mientras, en un ejercicio de imaginación e idealismo, las facultades de Filosofía prometen salidas profesionales y claro, todo este autoengaño no favorece en absoluto tener una facultad en condiciones de ofrecer algo que pueda repercutir en las sociedad actual.

Una muestra de esta nula interdisciplinariedad se refleja en el hecho de que de la totalidad de revistas especializadas en Filosofía, sólo un 10% tiene como objeto de estudio filosofía que involucra otras disciplinas. El resto de revistas se ocupan de hacer hermenéutica, exégesis, literatura, etc., dejando en un segundo plano todas aquellas otras disciplinas que serían excelentes fuentes de información para el trabajo filosófico. Y esto mismo es lo que también ocurre con las tesis doctorales que producen las facultades de filosofía en España.

El poco interés por los conocimientos, las metodologías y los problemas actuales no podía sino repercutir en el desprestigio de la licenciatura en Filosofía y es que de aquellas personas que poseen dicho título, el 51% están trabajando en algo no relacionado con filosofía y del 49% restante, un 32% están sin trabajo. Otro dato significativo es que un 42% de los licenciados con empleo trabajan en instituciones públicas. Así pues, sólo un 17% de los licenciados trabajan de aquello para lo cual fueron capacitados cursando nuestra licenciatura.

Ahora bien ¿Y qué trabajos son aquellos que oficialmente prometen a los licenciados como propios de la filosofía? Más allá de la docencia[15], lo cual es irrelevante si queremos buscar algo distintivo, las profesiones son: gestor cultural, editor, asesor editorial y asesor filosófico.

No obstante, la realidad del mercado laboral no se ajusta a dichas salidas profesionales. Por ejemplo, al visitar unas cuantas páginas de oferta de empleo y consultar aquellos casos en que empresas están buscando un gestor cultural, en ningún caso encontramos como requisito haber estudiado la licenciatura de filosofía. En su lugar, los requisitos académicos hacen referencia a carreras como ADE. Algo parecido ocurre con las ofertas para ser editor. En este caso suelen pedir la licenciatura de Periodismo. De nuevo, en ningún caso aparece como requisito la licenciatura de Filosofía. Lo peor de todo es que el no haber cursado estas otras carreras condenan al licenciado en filosofía a no poder optar por dichos trabajos.

La incompetencia laboral no es de extrañar cuando las únicas competencias específicas que ofrecen nuestra titulación son:

–Sensibilidad a la diversidad de opiniones, prácticas y modos de vivir.

–Capacidad de identificar las cuestiones de fondo en diferentes tipos de debates.

–Capacidad para fundamentar racionalmente los compromisos éticos y sociales.

Incluso estas competencias son discutibles ¿Cómo vamos a tener sensibilidad a una diversidad que no conocemos? ¿Por qué conocer los problemas del pasado iban a capacitarnos para los problemas de hoy? ¿Por qué íbamos a poder obviar la cantidad y variedad de conocimientos y técnicas que fundamentan los debates más importantes de la actualidad? ¿Cómo vamos a hablar de le mente sin saber lo que la psicología moderna está investigando? ¿Cómo vamos a juzgar lo que la psicología moderna investiga si no conozco, por ejemplo, el método de la experimentación observacional?

En este contexto se desarrolla la profesión de asesor filosófico. Según la asesoría filosófica, anticientífica y radicalmente antipsiquiátrica, los problemas psicológicos tienen un componente filosófico latente que puede tratarse efectivamente mediante el diálogo filosófico. En este diálogo, que por parte del consultante no necesita tener conocimientos en filosofía, el consultor filosófico ayuda al consultante a clarificar racionalmente sus preguntas, conflictos, retos e inquietudes. Esta clarificación racional pasa por el rastreo de teorías filosóficas, la identificación de falacias, la definición y diferenciación de conceptos, la detección de presupuestos y prejuicios, la resolución de dilemas éticos, etc. En algunas universidades de España como la de Sevilla o la nuestra, se ofrecen másters que acreditan la capacitación para la consultoría filosófica. En el caso de la Universidad de Barcelona las materias son: Comprensión y Problemática de la Subjetividad, Modelos Dialógicos en Filosofía, Aplicación de técnicas y modelos de Pensamiento, Filosofía y Espacios Sociales, Investigación aplicada a la Práctica Filosófica, Proyectos y Espacio social, Experiencia en la Práctica y La Tesina. Vemos que la formación interdisciplinar brilla por su ausencia. Nos encontramos con el problema que no hemos dejado de encontrarnos desde que prestamos atención al estado de nuestra carrera: la endogamia.

Os invitamos a que echéis un vistazo a la oferta de trabajo de tal profesión. Es muy revelador. No más revelador que el único trabajo que Porta 22, plataforma subvencionada por fondos públicos y destinada a promover el empleo, proponía hace unos a los licenciados en Filosofía: asesor a enfermos terminales.

No debería sorprendernos estos resultados mientras la formación filosófica no recupere lo que le pertenece: el conocimiento concreto y actualizado de su entorno. Hasta entonces la facultad tendrá que hacer un esfuerzo para resistir la silenciosa vergüenza que se hizo pública en la Junta extraordinaria abierta del pasado 2 de abril de 2009. En dicha Junta se reveló que cuando la comisión responsable de organizar las prácticas externas del Grado de Filosofía quiso encontrar posibles puestos de trabajo no encontró ninguna empresa o institución que aceptase su ofrecimiento. De las ochocientas cartas que esta comisión envió a diferentes organismos sólo doce respondieron y de éstas ninguna fue positiva. Las respuestas fueron del tipo “No, gracias” o manifestaban no tener claro qué podían aportar dichos estudiantes en prácticas.

Estos datos que hoy estamos aportando dejan en una posición muy difícil a aquellos que defienden una situación favorable de nuestros estudios. Como podrá verse en el punto siguiente, existen otras formas de concebir los estudios de Filosofía, y no los expondremos porque pensemos que estos otros estudios sean los modelos a copiar sino porque queremos seguir mostrando que el modelo actual es absolutamente contingente y susceptible de modificaciones, actualizaciones, iniciativas, etc.

Aunque las circunstancias eran muy diferentes, creemos urgente recuperar el espíritu de reforma universitaria del idealismo alemán del siglo XIX que supuso actualizar las competencias de su Facultad de Filosofía. Es ese espíritu de actualización el que nos ha llevado hoy a este congreso.

Parte IV: ¿Podría ser de otro modo? Modelos alternativos

Como hemos ido observando a la largo de esta comunicación, la configuración que han adoptado los estudios de filosofía en España y, consecuentemente, su nula relevancia pública actual, no responden a un hecho necesario, sino contingente. De hecho, en otros países la estructura de los estudios de filosofía es muy distinta. Por ejemplo, en el Reino Unido:

«existe un Departamento de Filosofía prácticamente en todas las universidades, sin embargo no todas imparten las enseñanzas requeridas para un título de Grado sólo en Filosofía. Es decir, muchas de ellas permiten obtener el título de Bachelor of Arts (BA) with Honours in Philosophy (Single Honours), pero es más frecuente encontrar programas de BA mixtos (Joint Honours) con las más diversas combinaciones: Inglés y Filosofía, Francés con Filosofía, Filosofía y Español, Filosofía e Italiano, Filosofía y Alemán, Filosofía y Sociología, Filosofía y Psicología, Filosofía Europea y Literatura, Historia y Filosofía, Matemáticas y Filosofía, Física y Filosofía, Biología y Filosofía, Derecho con Filosofía, Política, Filosofía y Economía, etc., etc. E incluso aparecen Major/Minus Honours, que suponen un 75 % de créditos en Filosofía y un 25% en cualquier otra materia. O al revés. Gracias a esos títulos compartidos, la Filosofía logra estar presente en todos los ámbitos. En este sentido, el Reino Unido es el paraíso de los estudios de Filosofía. La razón subyacente es que la tradición británica nunca ha considerado a la Filosofía como una especialidad rara o minoritaria, que deba quedar arrinconada en unos pocos centros. Ha estimado, por el contrario, que es el núcleo duro de nuestra comprensión intelectual del mundo y de nuestro lugar en él. La juzga parte ineludible de las Humanidades, pero también vital para cualquier investigación sobre los fundamentos de la Ciencia. A causa de tal papel clave, ha decidido que la Filosofía debe estar en el corazón del trabajo de cualquier universidad digna de tal nombre»[16].

En este modelo educativo, la filosofía se caracteriza por ser una disciplina esencialmente pública, que se determina como un saber de segundo orden –porque teoriza sobre otras disciplinas– que exige conocimientos de primer orden acerca de las disciplinas sobre las cuales pretende teorizar. Esto exige, como bien se ha cristalizado en el modelo inglés, que la formación filosófica capacite para una teorización de este tipo y, por lo tanto, que permita combinar estudios de filosofía con conocimientos que pertenezcan directamente a otras disciplinas. Se trata, de este modo, de una formación claramente interdisciplinaria, que en este caso se concreta con la posibilidad de cursar programas mixtos, tal y como se explica en el anterior texto citado del Libro Blanco.

Un modelo parecido al del Reino Unido, y que también contempla la posibilidad –o más bien, en este caso, obligatoriedad– de combinar los estudios de filosofía con estudios de otros ámbitos, es el alemán. En Alemania, todos los doctorados en Filosofía deben también doctorarse en otras disciplinas, de la misma manera que el graduado en Filosofía debe haber cursado fuera de la facultad un tercio de los créditos totales necesarios para la obtención del título.

También en Francia e Italia se ha visto reflejada la necesidad de combinar los estudios de Filosofía con los de otras disciplinas, aunque en menor medida que en el modelo anglosajón. El caso del modelo francés recoge la posibilidad de cursar asignaturas de otras disciplinas como optativas[17], mientras que en las facultades italianas el estudiante de Filosofía puede especializarse en módulos según los cuales será necesario haber cursado asignaturas de disciplinas científicas.

Otro modelo interesante es el que encontramos en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). En 1950, a raíz de las terribles consecuencias que causaron algunos de los desarrollos de la tecnociencia en la Segunda Guerra Mundial, se fundó la Escuela de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales. De esta manera, se establecieron unos requisitos generales para el título (GIR) y que implicaba complementar los estudios técnicos con una formación humanística. Así pues, la filosofía, entre otras disciplinas, se introducía en un ámbito donde podía ser realmente útil: los estudios en Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS).

Es importante tener en cuenta que estos modelos mixtos o interdisciplinares no restan importancia a los estudios de Filosofía, sino al contrario. De hecho, la posibilidad de trabajar al lado de las demás disciplinas concede a la Filosofía una relevancia pública que le es necesaria si pretende incidir públicamente sobre cuestiones tanto de normatividad epistemológica como política, a la vez que se reconoce un papel determinante de la Filosofía respecto a las demás disciplinas. Por lo tanto, la introducción de la interdisciplinariedad en los estudios de Filosofía en España no debe entenderse como un peligro, sino como la oportunidad de volver a situar la Filosofía como compañera de trabajo de las otras disciplinas.

Autores: Aleix Mercadé, Pol Creuheras Borda, Laura Font Gómez, Lara Carapeto Pacheco, Albert Solé Soler.

Bibliografía y webgrafía

  •  ANECA “Libro Blanco. Título de Grado de Filosofía”
  • Caparrós, Antonio, 1980. El proyecto psicológico de Wundt en Heidelberg. Anuario de psicología núm. 23, Universidad de Barcelona.
  • Friedman, Michael. Integrating history of philosophy with history of science after Kant. En http://www.pdcnet.org/pages/Products/electronic/pdf/tnhp_Michael%20Friedman.pdf
  • Manuel Medina, “Filosofía constructiva de Ciencia, Tecnología y Cultura”, Universidad de Barcelona, http://www.ub.edu/prometheus21
  • Manuel Medina, “Los estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad y la filosofía de la ciencia en el contexto Hispánico”, Universitat de Barcelona. Prólogo a Sthephen H. Cutcliffe, “Ideas, máquinas y valores. Los Estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad”, Anthropos, Barcelona, 2003.
  • Manuel Medina, “Tecnología y filosofía: más allá de los prejuicios epistemológicos y humanistas”, ISEGORÍA/12, 1995
  • Memoria del Plan de Estudios de la Facultad de Filosofía de la UB
  • Plan de Estudios de la Facultad de Filosofía de la UB
  • Randall Collins, “A Micro-Macro Theory of Intellectual Creativity: The Case of German Idealist Philosophy”, Sociological Theory, Vol. 5, No. 1 (Spring, 1987).
  • Randall Collins, “Sociología de las filosofías”, “Cap. 13. La condición post-revolucionaria: La demarcación como problema filosófico” Ed. Hacer, Barcelona, 2005.
  • Robert N. Proctor, “Value-Free Science? Purity and Power in Modern Knowledge”, cap. 12. El Positivismo lógico, Harward University Press, Cambridge, 1991.
  • Sánchez Navarro, Jesús, 2001.  La polémica entre la ciencia y la filosofía natural. Seminario de historia de la ciencia – Año III,  en http://www.gobcan.es/educacion/3/Usrn/fundoro/web_fcohc/006_biblioteca/biblioteca_digital_BC.htm
  • Williams, Rosalind, “La desintegración expansiva de la ingeniería” en Cultura y cambio tecnológico: el MIT, Madrid: Alianza,  pp. 67-70, 2004.

NOTAS

[1] Este criterio valoraba que antes de hacer filosofía de algo había que tener un conocimiento descriptivo de este algo. Así por ejemplo, antes de hacer filosofía de la ciencia era necesario hacer historia de la ciencia. Esto es congruente con la idea de que el conocimiento es progresivo. Todos estamos de acuerdo con que es imposible estudiar filosofía sin antes haber tenido una formación básica en primaria y secundaria. Luego dependerá de los serios que seamos y lo complicado que creamos el mundo que pensemos que además requiere una formación en bachillerato y en la universidad. Además, la filosofía, además de tener una dimensión normativa, es fundamentadora, por lo que este carácter, que algunos llaman conocimiento “de segundo orden”, supone tener un objeto de estudio, un conocimiento “de primer orden”, a fundamentar, reflexionar, comprender, etc. La idea básica es que la filosofía necesita una base de conocimientos descriptivos y herramientas para el estudio directo del mundo.

[2] El título de Grado de Filosofía en el Libro Blanco, pág. 60

[3] Ibíd., pág. 71

[4] También es problemático lo que ocurre en otras universidades del mundo cuyos estudiantes se forman pensando que la filosofía sólo ofrece lo que es la filosofía analítica y acaban cerrados de mente, al modo de Williamson, el cual sufre las consecuencias del adoctrinamiento radical en el método analítico. En Internet se puede ver una entrevista a este epistémologo en quien se observa esta percepción de que la filosofía, para algunos filósofos, se reduce a filosofía analítica. Ello hasta que un día, ya graduado, se entera de que hay algo más y decide conocerlo. El video es muy interesante y puede encontrarse en http://www.youtube.com. La reducción, tanto en el caso de la filosofía analítica como en el resto de las corrientes, pensamos que sería una pérdida y un empobrecimiento intelectual lo que no quita que sea necesario el rigor y estar actualizado. Es decir, lo que subrayamos es que no vemos conveniente descartar ninguna corriente. Otra cosa sería que luego la propia selección natural hiciera desaparecer de la universidad alguna de estas corrientes.

[5] Sánchez Navarro, 2001. P 136.

[6] Collins, Randall, 2005. P. 622

[7] Sánchez Navarro, 2001. P. 140

[8] Sánchez Navarro, 2001. P 148.

[9] Sánchez Navarro, 2001. P 149.

[10] Collins, Randall, 2005. P. 622

[11] Collins, Randall, 2005. P. 626

[12] Collins, Randall, 2005. P. 637

[13] Friedman, Michael.  P 213.

[14] Caparrós, Antonio, 1980. P 7

[15] “Y si la práctica de la enseñanza agotara las posibilidades de ejercicio profesional específico de la filosofía, entonces se correría el riesgo de que la institución de la docencia se convirtiera en la academia donde se impartía la enseñanza de cómo matar dragones.” Pie de página: “Esta academia juega un papel central en el argumento de una novela escrita por un estudiante que ganó hace algunos años un accésit del Premio Ciencia-Ficción UPC. En la novela se relata la historia de un estudiante de la academia que se dedica a la enseñanza de cómo matar dragones. Tras largos años, el estudiante concluye los estudios y recibe el correspondiente título. Provisto de este, se va por el mundo y después de muchas averiguaciones constata que no existen dragones. En vista de ello, no se le ocurre otra salida para aprovechar su título que fundar una academia de matar dragones.” Manuel Medina, en “Consideraciones sobre un nuevo plan de estudios de filosofía”, documento que se puede encontrar dentro del seminario sobre los estudios de Filosofía en la actualidad: http://campusvirtual.ub.edu/campusub/login/index_form.php. Clickar en “Entra como a visitant”. Luego clickar en “Grups de Treball” e introducir en el buscador “Temes de Filosofia de la Ciència: Els Estudis de Filosofia al Segle XXI: Filosofia i Societat de la Informació i el Coneixement”. El acceso y la inscripción está abierta.

[16] Libro Blanco, pág. 18

[17] La licenciatura en España también contempla la posibilidad de cursar asignaturas de otras disciplinas y es lo que se llama la libre elección. Sin embargo, no se trata de poder sino de deber. Creemos necesario que la filosofía integre dentro de sí otras disciplinas. De lo contrario, la mera posibilidad conlleva que estos nuevos conocimientos sean algo a parte, incomunicados de la actividad filosófica.

 

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