Empoderamiento masculino

Empoderamiento masculino. Parece un absurdo, eso es lo que me preocupa. El feminismo, con la fuerza deconstruccionista del postmodernismo, ha revolucionado las estructuras que definen lo masculino y femenino. De esta manera ha desafiado las diferencias entre sexos. El concepto de “género” ha liberado a la mujer de su sexo, enriqueciendo enormemente lo que una mujer puede ser. El empoderamiento femenino ha llevado así a la mujer a la creación de estructuras sociales y morales que permiten sostener nuevas identidades y orgullos: una nueva legislación y apoyo institucional, una inmensa red de artículos, arte, libros y portavoces, una incipiente creación de círculos de mujeres y el espectacular aumento de oferta de talleres, cursos y otros servicios y productos comerciales. Este nuevo paradigma representa un suelo sólido para estas nuevas mujeres. Y como en toda revolución, el paradigma anterior está en crisis por la presión del nuevo paradigma (y las nuevas mujeres). Son momentos incómodos para mujeres y hombres del pasado que dentro del nuevo paradigma (que no está completado ni globalizado) se rodean de un mundo que clama por una nueva mirada.

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Dos máximas morales según el estoico Epicteto

6533_110927487823_4396832_n1.[Para ser libres y felices es fundamental distinguir entre lo que está en nuestro poder y lo que no]

a. De lo que existe, unas cosas dependen de nosotros, otras no. De nosotros dependen juicio, impulso, deseo, aversión y, en una palabra, cuantas son nuestras propias acciones; mientras que no dependen de nosotros el cuerpo, la riqueza, honras, puestos de mando y, en una palabra, todo cuanto no son nuestras propias acciones.
b. Y las cosas que dependen de nosotros son por naturaleza libres, sin impedimento, sin trabas; mientras que las que no dependen de nosotros son inconsistentes, serviles, sujetas a impedimento, ajenas.
c. Recuerda, pues, que si las cosas por naturaleza esclavas las creyeres libres y las ajenas propias, andarás obstaculizado, afligido, lleno de turbación e increparás a los dioses y a los hombres; en cambio, si sólo lo tuyo juzgas que es tuyo y lo ajeno, como realmente es, ajeno, nadie te coaccionará nunca, nadie te pondrá impedimento, no increparás a nadie, no acusarás a ser alguno, nada harás que no quieras, nadie te perjudicará: no tendrás enemigo, pues ni te dejarás persuadir de que haya algo perjudicial. Sigue leyendo