La mano que escribe

Vértigo siento si atisbo lo más allá de lo humano, el mismo aturdimiento que una hormiga sentiría si en algún momento tan solo intuyera las dimensiones de nuestro mundo. Socavar en nuestro mundo me cansa y despegar de él solo me ensorbece, al final siempre igual, riéndome sólo, sentado, entre el fuego cruzado de dos reinos celestiales, contemplando inflexo mi instante y mi neura.

Decido prestarme un poco de atención y me fijo en mis manos, ellas están escribiendo esto, están haciendo que esto sea posible. La verdad es que hace mucho frío, olvidaba que tengo cuerpo, había desatendido mis manos. Están sufriendo por mi. Mi cuerpo esta sufriendo y eso me afecta considerablemente.

Tengo frío, mucho frío en las manos, mis manos. Sin embargo ellas se desafían y luchan, ellas escriben lo que pienso, son estrategas, ellas sabrán. ¿Querrán entrar en calor? Pero.. ¡sólo una escribe! La otra parece que se sacrifica. Pero no, de inmediato piden apoyo a la centralita de mi cuerpo e inconscientemente impulsa a mi voluntad a querer algo. Me hago un cigarrillo. Enseguida lo lío.

(si te interesa, este post sigue en http://wp.me/pIkeR-j)

Luna llena

Este escrito vuelve loco a quien lo lee y no al que lo escribe. Está escrito con el dedo gordo del pie, lo suficientemente torpe para interrumpir el trance hacia la locura, esa sensación de poder destructivo, de libertad autodestructiva. Esa sensación derramada de querer aguijonear todas las posibilidades. Ese consumir toda la libertad en vez de tomarla como un espacio donde practicar el tiempo y la vitalidad.

Todo empieza en luna llena, de noche, una oscura noche, como si la proyección lunar fuese un haz de luz hechizado. La situación trasciende a algo místico y empiezo a sentir.

Noche_de_luna_llenaSiento que no estoy solo, siento que tampoco tengo ídolos.  Soy un espectador de primera fila, como yo están otros. Compartimos la soledad y eso me hace sentir en justa compañía. Juntos experimentamos el Escenario dónde todo transcurre, todo vive allí, en unidad. Ahora lo veo todo claro, soy espectador de primera fila pero pronto otro podrá ocupar mi lugar y es que voy a subir al Escenario y en él existiré con amor a las demás cosas, a mis partes iguales. Los amaré y también lo haré con los espectadores que están fuera, errantes y melancólicos. Querré que vengan a mí, a nosotros.

Luego, dejo de sentir.

Pasa la noche y ésta cede su reinado al sol, no sin abusar de su confianza e infiltrarle su alma: la luna se permite presenciar mi locura.

Yo, como ser que piensa, piensa en lo que quiere y piensa en lo sublime que es realizar lo que se quiere, por lo tanto pienso en adecuar las circunstancias a un remedio que haga posible realizar lo que quiero. Al fin, después del instante, lo hago.

Sin embargo me encuentro con un ser exactamente idéntico a mí. Resulta que estoy en el Escenario y me conmociono.

Ya soy amor. Lo encontré y primitivamente no lo quería, puesto que no podía querer algo que no podía ni concebir. Lo que quería no lo fui, sin embargo ¿Fui gracias a mi encuentro místico algo más? Sí, parece que sí. ¿Hubiese sido más si esperase menos y hubiese tenido lo esperado como lo más? No, parece que no, aunque nunca lo sabré. Creo que sería lo mismo, el mismo amor aunque fruto de una menor, aunque considerable, percepción de la belleza.

No obstante, la experiencia no acaba aquí. No logro acostumbrarme al Escenario y me asusto ¡La bella esfera! ¡Un artista que se esconde del arte! Pierdo violentamente la orientación ¡Que no me vea! ¡Quiero salir de aquí!

Quiero salir del mundo y sé que eso es imposible, sin embargo mi llanto lo suspira. He aquí la locura, he aquí el saber lo sublime y no tener la serenidad que requiere su experiencia. Esa claustrofobia de ser algo más grande que el mundo, estar aprisionado, eso es, a presión, antinatural.

Acabo relajándome, extenuado por la desesperación por dispersarme, deseando tan sólo paz, esa paz. Ahora quiero descansar, tan solo un poco más. Así. Gracias.

Solamente quiero decir que me rindo, ya no puedo más, lo siento, lo he intentado, soy un fracaso de lo existente. Quiero decir que con esa tristeza tengo suficiente, aunque ya no sea dueño de mi mismo. Para mí no hay perdida más trágica, nada comparable a la de perder el juicio. ¿Qué es la pérdida de lo sublime al lado de la pérdida del control personal? No son más que unos garrotazos a quien está difunto.

Pero… ¡demonios! hasta en la muerte hay alguien que hostiga. No sea infantil y déjeme morir en paz. Y haga el favor de avisarme cuando nazca quien ame a los cadáveres, no repare en chillármelo bien fuerte al oído, no escatime en reventarme los tímpanos que yo mismo le besaré y le pediré que me indique dónde encontrar a ese milagro.

Hasta entonces, si tengo suerte y sobrevivo al desenfreno, le mostraré mi petición redentora. A Él, a quien le gusta el cielo tanto como a mí, a quien mataría por vivir.

Tengo fe, pero no tengo ilusión ni nada que perder. Todo es tan sumamente inexistente para mí, no quiero participar en él, en el todo. Si se me acerca Él lo aparto con la mano, sin mirar, sin darme cuenta de estar dando pinceladas con un pincel que no recordaba haber estado utilizando en fantásticas sesiones de arte pictórico, y en Él me manifiesto como si hiciera las cosas sin mirar, ciertamente le parezco un demente. La verdad es que no le incumbe mi existencia, él no tiene nada que ver. Sí muestro algo de fe es para que Él se calle, porqué me molesta que se acerque a mi cara y sé que si le digo que creo en algo se retirará satisfecho, triunfante, ya que habrá conseguido participar en mi vida.

Cambiando

Llevo todo el día en la biblio y no he dejado de oír móviles vibrando estrepitosamente. Curiosamente, se acepta este sonido como “silencioso”. Nadie se queja y nadie silencia la vibración. Es cuando me pregunto ¿Qué impacto generaría el uso de tonos “efecto vibración”? ¿Se desestabilizaría esta aceptación general de que la vibración es “silenciosa”? Sin embargo, no concibo la vibración sin sonido lo que parece un problema.

El infierno es bello

Un roce de venas augura mi ocaso,

mis músculos se extravían en contra de un tiempo vago.

Cada día nazco,

pero muero al anochecer por si acaso,

puesto que si fuera libre al pensar,

fuera hueco mi casco,

no abnegaría por un regimiento,

sin instante ni delirio.

*

Enrojecido por el cielo,

saturado de dolor bello por mi derredor,

en constante duda,

atisbando algo cruento y acogedor,

es un recuerdo,

una reminiscencia,

lo que me hace perdedor.

*

Cavernícolas, tengo miedo,

pero reniego a la vez de una solución,

siendo lo último que me acoge,

el flujo, inefable, ávido de mi corazón.

*

maniobras

Liberación creativa

Ya no te necesito, aguanto en el espanto, en el no sentir tu aliento, el olor dulce de tu canto.

Estás lejos de mi, arderosa, ¡tu, mi vida!, ignorando que mi vida ya no es mía, y contemplo desde fuera tu linda victoria pírrica; y me río y me río de tu conquista, ¡mi pacto homicida!.

Preexisto como tormenta de divino cáliz, muy por encima de ti, donde soy una gota solitaria, que cae y cae, envuelto entre una muchedumbre de fenómenos clónicos.

Momentáneamente, todos mis pantanos eran dorados, mi riqueza se degustaba salada; de colores, rojos apaches, blancos sin lejía; ¡sólidamente inmensos! Me faltó la nada, la pureza como ser.

Ahora desde aquí siento lo divino, soy Dios de cada gota de mi tormenta, porque soy gota y soy creador de mi mismo ser.

Y soy luz ¡procedo de un espectro de diamantes! y no soy la luz oscura y dispersa de vuestro Dios, ese sol gordo, hinchado de desidia, a quien no veis que ¡se está quemando!.

Mi haz de luz puede ser mortal y fulminante porque vuestro mundo está hecho de espejos, tan solo necesito apuntar y esperar mandarme ¡el apuntar bien!, inclinando mi bastón hacía acá, apoyándolo como base y eje en mis pies, encarándolo a la inminente y alta proyección de mi creación a la que amo tanto, y disparar.

¿Me preguntas que más soy? Soy Dios de todo lo que conoces y desconoces, soy Dios de todo lo que conozco y desconozco ¿Por qué? Porque si, esa es mi voluntad.