Luna llena

Este escrito vuelve loco a quien lo lee y no al que lo escribe. Está escrito con el dedo gordo del pie, lo suficientemente torpe para interrumpir el trance hacia la locura, esa sensación de poder destructivo, de libertad autodestructiva. Esa sensación derramada de querer aguijonear todas las posibilidades. Ese consumir toda la libertad en vez de tomarla como un espacio donde practicar el tiempo y la vitalidad.

Todo empieza en luna llena, de noche, una oscura noche, como si la proyección lunar fuese un haz de luz hechizado. La situación trasciende a algo místico y empiezo a sentir.

Noche_de_luna_llenaSiento que no estoy solo, siento que tampoco tengo ídolos.  Soy un espectador de primera fila, como yo están otros. Compartimos la soledad y eso me hace sentir en justa compañía. Juntos experimentamos el Escenario dónde todo transcurre, todo vive allí, en unidad. Ahora lo veo todo claro, soy espectador de primera fila pero pronto otro podrá ocupar mi lugar y es que voy a subir al Escenario y en él existiré con amor a las demás cosas, a mis partes iguales. Los amaré y también lo haré con los espectadores que están fuera, errantes y melancólicos. Querré que vengan a mí, a nosotros.

Luego, dejo de sentir.

Pasa la noche y ésta cede su reinado al sol, no sin abusar de su confianza e infiltrarle su alma: la luna se permite presenciar mi locura.

Yo, como ser que piensa, piensa en lo que quiere y piensa en lo sublime que es realizar lo que se quiere, por lo tanto pienso en adecuar las circunstancias a un remedio que haga posible realizar lo que quiero. Al fin, después del instante, lo hago.

Sin embargo me encuentro con un ser exactamente idéntico a mí. Resulta que estoy en el Escenario y me conmociono.

Ya soy amor. Lo encontré y primitivamente no lo quería, puesto que no podía querer algo que no podía ni concebir. Lo que quería no lo fui, sin embargo ¿Fui gracias a mi encuentro místico algo más? Sí, parece que sí. ¿Hubiese sido más si esperase menos y hubiese tenido lo esperado como lo más? No, parece que no, aunque nunca lo sabré. Creo que sería lo mismo, el mismo amor aunque fruto de una menor, aunque considerable, percepción de la belleza.

No obstante, la experiencia no acaba aquí. No logro acostumbrarme al Escenario y me asusto ¡La bella esfera! ¡Un artista que se esconde del arte! Pierdo violentamente la orientación ¡Que no me vea! ¡Quiero salir de aquí!

Quiero salir del mundo y sé que eso es imposible, sin embargo mi llanto lo suspira. He aquí la locura, he aquí el saber lo sublime y no tener la serenidad que requiere su experiencia. Esa claustrofobia de ser algo más grande que el mundo, estar aprisionado, eso es, a presión, antinatural.

Acabo relajándome, extenuado por la desesperación por dispersarme, deseando tan sólo paz, esa paz. Ahora quiero descansar, tan solo un poco más. Así. Gracias.

Solamente quiero decir que me rindo, ya no puedo más, lo siento, lo he intentado, soy un fracaso de lo existente. Quiero decir que con esa tristeza tengo suficiente, aunque ya no sea dueño de mi mismo. Para mí no hay perdida más trágica, nada comparable a la de perder el juicio. ¿Qué es la pérdida de lo sublime al lado de la pérdida del control personal? No son más que unos garrotazos a quien está difunto.

Pero… ¡demonios! hasta en la muerte hay alguien que hostiga. No sea infantil y déjeme morir en paz. Y haga el favor de avisarme cuando nazca quien ame a los cadáveres, no repare en chillármelo bien fuerte al oído, no escatime en reventarme los tímpanos que yo mismo le besaré y le pediré que me indique dónde encontrar a ese milagro.

Hasta entonces, si tengo suerte y sobrevivo al desenfreno, le mostraré mi petición redentora. A Él, a quien le gusta el cielo tanto como a mí, a quien mataría por vivir.

Tengo fe, pero no tengo ilusión ni nada que perder. Todo es tan sumamente inexistente para mí, no quiero participar en él, en el todo. Si se me acerca Él lo aparto con la mano, sin mirar, sin darme cuenta de estar dando pinceladas con un pincel que no recordaba haber estado utilizando en fantásticas sesiones de arte pictórico, y en Él me manifiesto como si hiciera las cosas sin mirar, ciertamente le parezco un demente. La verdad es que no le incumbe mi existencia, él no tiene nada que ver. Sí muestro algo de fe es para que Él se calle, porqué me molesta que se acerque a mi cara y sé que si le digo que creo en algo se retirará satisfecho, triunfante, ya que habrá conseguido participar en mi vida.

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