9 reglas útiles para ser un buen comunicador:

image001El mapa no es el territorio” es una expresión de Alfred Korzybski y transmite la idea de que cada sujeto tiene su interpretación del mundo. Según cómo sea esta interpretación, se filtra el mundo de una forma u otra y ello repercute en cómo vemos y cómo nos relacionamos con el mundo.

“No son las cosas lo que nos trastorna, sino nuestra interpretación de su significado” Epicteto

Visto esto, podemos entender por qué no podemos entrar en el mapa del otro. Cada uno tiene el suyo. No obstante  y aquí está lo interesante también para Gadamer, es posible comprender a los demás, es posible lograr un mapa común, encontrarse en el mismo modelo del mundo, o como dice este filósofo: “participar en el sentido compartido” o ponerse de acuerdo en la cosa.

La división entre territorio y mapa es útil para entender por qué es tan difícil entenderse. El hacer/tener distintos modelos (mapas) del mismo mundo nos hace proclives a entrar en conflicto. No somos conscientes de que hablamos de nuestros mapas pensando que hablamos del territorio.

Desde este marco teórico repasemos una serie de 9 reglas útiles para tener más posibilidades de tener éxito como comunicadores:

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La metáfora y las emociones: una perspectiva analítica

En este post querría exponer críticamente algunas tesis propias de la Filosofía del Lenguaje sobre las metáforas y el fenómeno de la emotividad resultante de la experiencia de las ficciones. Mi crítica y mi propuesta de ampliación de tales tesis enlazan ambas temáticas y es por ello que quiero hacer un análisis conjunto.

Voy a ofrecer, además de interpretaciones basadas en autores específicos de este tipo de temario, una nueva interpretación basada en estudios de Milton H. Erickson, Gregory Bateson, Richard Bandler y John Grinder. Voy a prescindir, en la medida de lo posible, del lenguaje especializado propio de los autores ajenos al temario específico y voy a adaptarme al vocabulario y a los conceptos que he ido adquiriendo durante el estudio de autores como Grice, Davidson, Lewis, Black,  Stalnaker, Thomasson, Frege, Beardsley, etc. No obstante, para mi exposición, voy a necesitar introducir conceptos que son propios de la dimensión conductual del lenguaje. Por ello, voy a basarme en la estructura y los procesos implícitos en el lenguaje.

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El proceso de abstracción

“Cuanto más articulado y complejo sea el sistema de conceptos que utilicemos para dar cuenta de una parcela determinada de nuestra experiencia, tanto más articulado y eficaz será también nuestro conocimiento de la realidad derivado de esa parcela”[1]

Con este post, el lector con inquietudes epistemológicas podrá empezar a clasificar a sus pensadores preferidos entre dos tipos:

1) Los que tuvieron la suerte de tener en cuenta este post.

2) Y los que no.

Fuera bromas, lo que voy a comunicar debería ser uno de los pilares de cualquier reflexión filosófica acerca de lo que es buen conocimiento o no.

Advertir al lector que voy a intentar ser sintético y omitiré entrar en detalle lo cual sí podría hacerse en los comentarios de este post. Así pues, no dudéis en participar.

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¿Qué es la asesoría filosófica?

La consultoría filosófica nació en 1982 con el alemán Gerd Achenbach cuando ideó aplicar la filosofía a la vida cotidiana. Ignorando los ámbitos académicos que trataban cuestiones similares, Achenbach fundó la Sociedad Alemana de Consultoría y Filosofía Práctica y la Sociedad de Consejerías Filosóficas (GPS). A partir de entonces, esta nueva fórmula se expandió por todo el mundo.

Según este movimiento, anticientífico y radicalmente antipsiquiátrico, los problemas psicológicos tienen un componente filosófico latente que puede tratarse efectivamente mediante el diálogo filosófico. En este diálogo, que por parte del consultante no necesita tener conocimientos en filosofía, el consultor filosófico ayuda al consultante a clarificar racionalmente sus preguntas, conflictos, retos e inquietudes. Esta clarificación racional pasa por el rastreo de teorías filosóficas, la identificación de falacias, la definición y diferenciación de conceptos, la detección de presupuestos y prejuicios, la resolución de dilemas éticos, etc.

El 14, 15 y 16 de abril de 2005, se celebró en Sevilla el I Congreso Iberoamericano y de habla hispana para el asesoramiento y la orientación filosófica. En este evento asistieron importantes instituciones del sector como ETOR y ASEPRAF o personajes representativos como Roxana Kreimerm y Lou Marinoff, este último autor del bestseller Más Platón y menos Prozac. En dicho congreso se pudo comprobar la situación actual del consultor filosófico el cual está pasando por un momento de expansión gracias, entre otras cosas, a las traducciones de las obras de asesoría filosófica del mundo anglosajón. No obstante, se hizo patente que existen algunas controversias como ocurrió con Manuel Barrios respecto a Marinoff, quien consideraba a este último como la devaluación de la filosofía, en su gran tradición académica, hacia una forma basada en el filosofema, en el marketing personalizado y en el recetario difuso. En algunos casos, como con Luis Cencillo, la asesoría filosófica se planteaba como altamente metafísica, no obstante, estos planteamientos se recibieron como confusos y poco convincentes. Generalmente, la oposición a la psiquiatría era algo bastante consensuado y, en algunos casos como con Peter Raabe, la oposición implicaba a psicoterapias como el psicoanálisis.

La Consultoría filosófica, como puede constatarse, se encuentra actualmente en plena expansión. En algunas universidades de España como la de Sevilla o la nuestra, se ofrecen másters que acreditan la capacitación para la consultoría filosófica. En el caso de la Universidad de Barcelona las materias son: Comprensión y Problemática de la Subjetividad, Modelos Dialógicos en Filosofía, Aplicación de técnicas y modelos de Pensamiento, Filosofía y Espacios Sociales, Investigación aplicada a la Práctica Filosófica, Proyectos y Espacio social, Experiencia en la Práctica y La Tesina.

 

Una alternativa:

http://reconceptualizandolaexperiencia.wordpress.com/2009/12/09/filosofia-publica-el-perfil-profesional-del-filosofo-psicologista/

Epistemología y ciencia

Epistemología

Cuando hablo de ciencia lo hago desde un punto de vista muy concreto y es desde el mentalismo. No pienso que cuando hable de manzanas haga referencia directa a las manzanas reales. En este sentido, no soy realista y creo que no podemos iniciar un programa epistemológico sin partir de ciertos supuestos[1]. Por otro lado, pienso que hay una realidad, es decir, creo que existen estas manzanas independientemente que existan mentes humanas para percibirlas. Además, creo posible encontrar estrategias para que esta realidad sea susceptible de ser conocida intersubjetivamente lo cual hace que rechace una postura epistemológica absolutamente subjetivista o relativista.

Así pues, al decir que soy metalista estoy diciendo que la mente actúa como mediador entre el mundo y nosotros. Cuando me refiero a las manzanas lo hago mediante el concepto de manzana, que a su vez estará conectado con otros conceptos y otras entidades mentales como las sensaciones o las creencias. Por todo esto, la expresión de Alfred Korzybski “El mapa no es el territorio” sintetizaría esta postura.

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Cómo la estructura del lenguaje influye en el contenido

Introducción

¿Comunicamos cosas diferentes según estructuramos una oración de una forma u otra? Parece ser que sí y que es algo bastante consensuado. Muchos especialistas han hecho estudios para comprender tal fenómeno. La propia lógica supone ya una importante propuesta, y ya milenaria. No es de extrañar que autores, más o menos actuales, como Montague, Bach, Dowty y Davidson, hayan hecho sus propuestas desde diferentes teorías lógicas. Como es consabido, la lógica, entre otras cosas, representa formalmente nuestro lenguaje natural. Independientemente de la aplicación que puede hacer para asegurar un conocimiento de alta calidad (pues ha definido las formas y las leyes más generales del procesamiento de información), la lógica muestra la estructura argumental de nuestras oraciones, diferenciando tipos de relaciones, términos, predicados, cuantificadores, etc. A partir de todas estas variables, ordenar los elementos involucrados de una forma u otra, según reglas lógico-matemáticas, implica significados totalmente diferentes.

Otra de las propuestas existentes, muchas veces en estrecha relación con las teorías lógicas, se centran prioritariamente en la estructura argumental. Para empezar, entienden un argumento de forma completamente diferente al lógico, pues éste último lo entiende como epistémologo y los autores de esta propuesta diferente lo entienden como lingüistas (por lo que tienen otro tipo de consideraciones[1]). En este contexto, los argumentos se definen como los elementos necesarios para que una pieza léxica pueda ser entendida. Por ejemplo, el verbo de la oración “José dijo el pasado miércoles a su madre que la quería” es “dijo” (y como todo verbo es el núcleo). Si prescindiéramos de “el pasado miércoles” la pieza léxica que nos interesa se entendería igualmente, sin embargo, si prescindiéramos de “a su madre” o “que la quería”, difícilmente entenderíamos lo que está ocurriendo, y es que “José dijo el pasado miércoles” está reclamando imperiosamente un CD y un CI[2], ambos argumentos. “El pasado miércoles”, así pues, no lo identificaríamos como argumento, sino como adjunto.

La estructura argumental

Sobre esto se ha trabajo mucho y bien. En los inicios, Tesnière (1957) utilizó los términos “actante” y “circunstante” en el lugar de argumentos y adjuntos, respectivamente. Luego, el mismo autor, junto a Leech y muchos otros, estudiaron la aridad, es decir, el número de argumentos que necesitaba una pieza léxica, y las reglas y posibilidades de la combinación de los argumentos. Ejemplos de piezas léxicas y su aridad:

De ningún argumento:             Nieva

De un argumento:                     Juan ríe (x ríe)

De dos argumentos:                 Entre la mesa y la pared (entre x e y)

De tres argumentos:                 Isabel da un beso a su novio (x da y a Z)

De cuatro argumentos:             Raquel traslada la taza desde la mesa hasta la cocina (x traslada y desde z hasta w)

Una de las cuestiones a resolver es cómo determinar el número de argumentos de un predicado. Si en función de la estructura más básica, más frecuente o más completa informativamente… No obstante también hay que considerar cuestiones de pragmatismo puesto que, por ejemplo, la estructura argumental básica de “comprar” sería:

(1)     x compra                    y a           z por            w

Jaime compra     unos pantalones al   vendedor por    cincuenta euros

No obstante, en la práctica real, probablemente haríamos un uso de, y sería completamente comprensible para la audiencia, las siguientes estructuras:

(2)      x compra                y por             w

Jaime compra      unos pantalones por        50 euro

(3)     x compra                y

Jaime compra      unos pantalones

Y es que el lenguaje es flexible y según el contexto un componente puede ser (o no) elidido, omitido, cognado[3] u incorporado. Debido a esta flexibilidad, Levin[4], en 1993,  pensó en un sistema de alternancias en el cual pudiese definir[5] los argumentos que, por el tipo de verbo, pudiesen moverse a otras posiciones gramaticales, pronominalizarse o desaparecer. Por ejemplo, el verbo “romper” admitiría la pérdida del sujeto:

(4) David rompe la ventana con un martillo

(5) El martillo rompe la ventana

O bien el verbo “aburrir” admitiría omitir el objeto de un determinado estímulo:

(6) La película aburre a los espectadores

(7) Los espectadores se aburren

Vázquez, en el 2000, hizo su propuesta para el castellano. Entre otras cosas, su sistema contemplaba movimientos opuestos en la misma pieza léxica que no eran sino cambios de enfoques. Por ejemplo, movimientos en referencia a la causa:

(8) El director despidió al secretario

(9) El secretario fue despedido por el director

O entre un evento y un estado:

(10) Sara corta la carne

(11) Esta carne se corta con facilidad

Estructura de los verbos de movmiento

Algo que resulta muy interesante, y que va más allá de la propuesta de Levin o Vázquez, es la utilización de una sola estructura para comprender todos los verbos de movimiento (recorrer, llegar, dirigir, viajar, finalizar, construir, transformar…). Según el verbo, la esencia de la acción se focalizaría en algún punto de la estructura, y siempre necesitando de la totalidad de la estructura para comprender la acción:

La pregunta es: ¿Hasta qué punto todos los verbos estarían subordinados a este esquema?

Pustejovsky

Pustejovky, en 1995, clasifica los argumentos en tipos. Primero, los “True arguments”, que son argumentos realizados sintácticamente (Nuria ríe). Segundo, los “Default arguments”, que son argumentos que participan en las expresiones lógicas de los qualia pero no necesariamente son realizados sintácticamente (construir una casa con ladrillos). Tercero, los “Shadow arguments”, que son argumentos incorporados semánticamente a la unidad léxica que se puede especificar más (butter the bread with Dutch butter). Luego, Pustejovsky define los “True adjuncts” como los adjuntos, los cuales son partes de la interpretación situacional y no están ligados a la representación semántica del ítem léxico (Maria condujo el coche el sábado por la noche).

¿Aplicación a la PNL?

¿Qué ocurre cuando un hablante prescinde de un argumento que suele ser imprescindible para comprender una pieza léxica? ¿No tiene interesantes implicaciones en la comunicación y en la concepción del mundo del hablante? ¿No podría relacionarse y quizás incluso completar el modelo del lenguaje?

¿Y qué efectos tiene escuchar a alguien que prioritariamente ordena los sintagmas de una forma poco usual? ¿Qué efectos tendría en este alguien modelar sus patrones sintácticos y adecuarse a ellos? ¿Mejoraría el rapport?

Ejemplos de estas variables

(1) Nosotros tratamos la situación actual del pepino en nuestro país

Sujeto          Verbo             CD            CCT        CI                   CCL

Nosotros tratamos en nuestro país la situación actual del pepino

Sujeto          Verbo              CCL                   CD             CCT            CI

(2) Hice un salto mientras chillaba

SV+SN           adv             V

Chillé mientras daba un salto

SV         adv             SV+SN

(3) Carlos se casó con Ana

SN            SV         prep      SN

Carlos y Ana se casaron

SN     conj   SN           SV

Un problema que se me ocurre sería la dificultad para analizar a una persona en estos términos en tiempo real. No obstante, para aquellos casos que fuera posible disponer de grabaciones y de un trato continuado, sí que podría ser útil puesto que además, ayuda a identificar valores y creencias[6]. En todo caso, hay que experimentar para ver qué pasa…

Por cuestiones de pragmatismo, es muy posible que prioricemos un sintagma y otro. Por ejemplo, si estoy buscando dónde estan mis calcetines y se lo pregunto a mi mujer probablemente no me respondería así:

(4) He puesto los calcetines en el cajón

SV                 SN                   SP

Sino así:

(5) En el cajón he puesto los calcetines

SP                SV              SN

O si trabajara en una refinería petrolífera y súbitamente encontrara petróleo, tampoco diría:

(6) He encontrado petróleo

SV                SN

Sino:

(7) ¡Petróleo! he encontrado

SN                   SV


[1] Características propias del lenguaje como la composicionalidad, la ambigüedad, la prominencia, la suficiencia, etc. Aunque afirme esto de la lógica no hay que olvidar que los lógicos suelen tener una importante base en lingüística por lo que sería injusto decir que no atienden a estas características. Algunos ejemplos: Frege, Russell o Wittgenstein.

[2] Por lo común, este tipo de análisis se dan en términos de categorías y no en términos de funciones sintácticas. Kaplan y Brensan sí que hacen su propuesta en tales términos inusuales.

[3] Un objeto cognado es aquel que está restringido porque es, por ejemplo, redundante (Juan pesca un pez).

[4] English verb classes and alternations

[5] Define 48 clases semánticas, 200 subclases y 79 alternancias agrupadas en 8 tipos. Algunas propiedades de cada clase: comparten un número de alternancias, admite excepciones y no se acepta una sola alternancia.

[6] Por ejemplo, en (2) encontramos plasmado el fenómeno mental background & foreground (contexto-figura), lo cual, más allá de la sintaxis, tiene lazos muy fuertes con la semántica cognitiva.

Mapas mentales ¿Cómo ordenamos la información mental?

En nuestra relación con el entorno, nos valemos de determinadas estructuras conceptuales para poder reconocer, diferenciar y comprender tal entorno. Sin estas estructuras nuestra relación se vuelve confusa e inconsciente, lo que no siempre está tan mal.

Básicamente, tenemos tres formas de ordenar la información mental: Primero, en forma de redes o jerarquías[1]; segundo, formando estructuras lineales; y tercero, de forma circular. En PNL, a estas tres formas les corresponde los sistemas representacionales kinestésico, auditivo y visual, respectivamente.

Es interesante investigar cómo relacionamos y ordenamos la información. A continuación hago un esbozo de  criterios que nuestra mente utiliza habitualmente:

1- Por formas, al modo de los diccionarios[2] generales, diccionarios inversos -cuyo listado de unidades léxicas están ordenadas a la inversa-, y los diccionarios etimológicos. Ejemplos: términos acabados en –asa (pensaba, casaba, amaba, deseaba, trabajaba, etc.); términos que empiezan por re- (rehacer, repensar, retocar, reinventar, etc.); etc.

2- Por fonética, relacionando así palabras, por ejemplo, con muchas vocales, tipos de pronunciación, etc. Por ejemplo, con muchas “a”: albahaca, castaña, mañana, araña, fabada, etc.

3- Por pura subjetividad, es decir, relaciones entre conceptos por cuestiones personales (mi historia personal y mi situación actual ). Por ejemplo, si ahora mismo estoy en un proceso creativo, encerrado aquí en mi casa, pensativo, etc., es razonable que al poner ejemplos tienda a exponer, o bien ideas prototípicas[3], o bien lo que envuelve mi vida ahora mismo: pensamientos, trabajo, estudios, deseos, invenciones, etc. Sin ir más lejos, en las relaciones por fonética he dicho “fabada”, y pensándolo ahora, es justo lo que voy a cenar.

4- Por causalidad natural o por conocimiento del mundo extralingüístico, al modo de que al pensar en humo lo relacionamos con el fuego. Este tipo de relación es sintagmática.

5- Por relaciones típicamente paradigmáticas. Aquí querría ir poco a poco:

5.1. La hiponimia. Esta relación enlaza un lexema que denota una clase y un lexema que denota la subclase. Es la relación tipo-ejemplar. El término más general se llama hiperónimo, y el más específico, hipónimo. Cuando dos términos comparten el mismo hiperónimo, son cohipónimos. Ejemplos de estas relaciones: “Milú-perro”, “perro y gato son mamíferos”. Algunas propiedades a destacar: 1) relación transitiva (Milú es un mamífero) y asimétrica (un perro es un mamífero pero un mamífero no es un perro). 2) la extensión del hiperónimo es mayor que la del hipónimo 3) la especificidad del hipónimo es mayor que la del hiperónimo, 4) A veces ciertas relaciones parecen hiponímicas y no lo son. Por ejemplo: que x sea un perro no implica que sea una mascota.

5.2. La meronimia. Esta relación enlaza dos unidades léxicas en la que una denota el todo y la otra una parte de este todo. El término que designa el todo se llama holónimo, y el que designa la parte, merónimo. Ejemplos: silla-pata, rebaño-oveja, etc. Algunas propiedades a destacar: 1) Es asimétrica (dedos < mano pero no al revés), presuntamente transitiva (dedos < mano < brazo, entonces ¿dedos son parte del brazo?). 2) Automeronimia: a veces, la parte y el todo comparten el mismo nombre (puerta: “lo encontramos detrás de la puerta”, “sacamos la puerta del marco”); 3) sus partes pueden estar claramente diferenciadas (taza-asa) o no (punta de la lengua); 4) sus partes pueden ser independientes (senado-senador) o dependientes (hombre-cabeza); 5) sus partes pueden tener una función diferenciada respecto al todo (teclado-ordenador) o no (rebaño-oveja); 6) hay partes que pueden ser necesarias (cara-boca) u opcionales (cara-bigote).7) La meronimia, según Winston y Cruse, cuenta con muchos tipos y subtipos. Hago una enumeración: grupo-miembro, objeto-componente, objeto-material, sustancia-componente, sustancia-porción, objeto-porción, zonas geográficas.

5.3. La relación de contraste. Esta relación enlaza por oposición de significado. Ejemplos: bueno-malo, grande-pequeño, alto-bajo. Encontramos diferentes tipos:

contrarios: tipo de contraste binario. Es la relación que se da entre palabras opuestas. Son estructuras bipolares, evaluables a partir de una norma. Ejemplos: grande-pequeño, caliente-frío. Algunas propiedades: 1) Las zonas intermedias a veces están lexicalizadas (caliente-templado-frío), 2) son relativos, se pueden aplicar a realidades muy diferentes con diferentes medidas (lápiz largo de 80 cm, cuerda corta de 1 m), 3) simétricas, 4) no pueden ser todos verdaderos.

complementarios: tipo de contraste binario. Son contraste disjuntos donde no hay término medio. Por ejemplo: vivo-muerto, soltero-casado. Algunas propiedades: 1) afirmar uno supone negar el otro, 2) no son graduables (*estás muy casado).

-inversos: tipo de contraste binario. Expresan una oposición entre dos unidades que se presuponen mutuamente. Describen la misma realidad desde dos puntos de vista. Ejemplos: padre-hijo, comprar-vender.

relaciones de contraste no binarios. Expresan una incompatibilidad. Escoger un elemento de un conjunto excluye el otro. Ejemplo: lunes, martes, miércoles

Cruse distingue: estructuras lineales bipolares y monopolares. Las primeras son aquellas que en los extremos se sitúan términos opuestos. Ejemplos: frío-templado-caliente-quemando. Algunas propiedades: simétricas y no transitivas. Las segundas son aquellas que expresan grados, etapas, medidas, rango, secuencias. Ejemplos: brisa-viento-tornado-huracán; bebé-niño-adolescente-adulto-vejez. Algunas propiedades: simétricas y transitivas.

5.4. La sinonimia. Es la relación de igualdad. Ejemplos: contento-alegre, mechero-encendedor. Es simétrica y transitiva. Tipos:

1) denotativa (o cognitiva) donde dos palabras se utilizan para denotar exactamente la misma entidad o tipo de identidad. Ejemplos: próximo-cercano, diferente-distinto. Algunas propiedades: a) son idénticos sintácticamente b) tiene unos valores de verdad equivalentes.

2) connotativa: cuando dos palabras tienen el mismo sentido. Esto es cuando no hay sentidos, registros, dialectos o distribuciones diferentes. Ejemplos de sinónimos NO connotativos: sucio-mierdoso, oculista-oftamólogo, niño-pequeño.

3) absoluta: cuando la sinonimia es denotativa y connotativa.

4) parcial: aquellas unidades que tienen un sentido con unas características semánticas centrales idénticas. Ejemplos: escoger-votar-elegir-optar.

5.5. Metáforas conceptuales. Es una relación de referencia indirecta entre dos términos que es cuando nos referimos a un entidad implicada a partir de otra entidad explicitada. La relación implica un proceso de figuración. Así, relacionamos “obstáculo” con “dificultad” porque un obstáculo es algo concreto algunas de cuyas características pueden proyectarse con lo que abstractamente llamamos “dificultad”.

 


[1] En el primer caso, aunque no necesariamente, hablamos de campos temáticos; en el segundo caso, de campos semánticos. En el primer caso, se estructura a partir de redes semánticas y se caracteriza por cubrir un área, dentro de un dominio de significación, de una palabra o grupo de palabras. Admite diferentes categorías sintácticas y utiliza relaciones tanto del tipo paradigmático como sintagmático. En el caso de los campos semánticos, hablamos de un conjunto de palabras de la misma categoría gramatical que se estructura jerárquica y linealmente. Las relaciones que se dan son del tipo paradigmático. Destacar la taxonomía, que es el resultado de establecer hiponimia (ver más abajo) entre un conjunto de vocabulario, y que es un tipo de campo semántico muy frecuente e importante en la producción lingüística pues, entre otras cosas, establece restricciones de selección y con la coordinación.

[2] Es interesante comprobar que hay diccionarios para casi cada una de los criterios que expongo: generales, bilingües, sinónimos/ antónimos, técnicos, históricos, dialectales, etimológicos, enciclopédicos, inversos, neologismos, frecuencias (corpus), etc.

[3] O los “modelos cognitivos idealizados” según Lakoff. Los prototipos son ideas centrales que ordenan nuestra mente. Alrededor de ellos ordenamos otras ideas menos centrales. Por ejemplo, si digo de pensar una fruta, probablemente tengamos como modelo cognitivo idealizado una manzana o una pera, pero raramente diremos uvas o piña. Lakoff, no obstante, diferencia dos tipos de prototipicidad: los significados individuales y los conjuntos de sentidos expresados por una forma. Así, de un modo similar a la metaentradas de Pustejovsky, determina unos esquemas superiores aplicados sobre sentidos de naturaleza cognitiva. Y es que para el autor siempre existe un conjunto de características comunes. Por ejemplo: Anillo como joya y cuerpo celeste. Según otro autor, Lavob, hay algunas pruebas de la existencia de los prototipos: el orden de adquisición, la facilidad en el aprendizaje, las respuestas más rápidas dada una categoría, los juegos de composición de palabras y el papel especial que juega el parámetro de la frecuencia.

Relación entre mente, cuerpo y sensación

Uno principios de la PNL es la estrecha relación entre mente, cuerpo y sensación (entiéndase la sensación como algo muy vinculado a la emoción).

Cualquier actividad en la mente repercute en el cuerpo y la sensación. Y lo mismo ocurre con el cuerpo respecto a la mente y la sensación, y la sensación respecto a la mente y el cuerpo. Esto será fundamental para producir cambios puesto que si quieres cambiar una sensación podrás operar sobre la mente o el cuerpo. Y lo mismo si quieres cambiar algo de tu mente, pues podrás tratar tu cuerpo o tus emociones.

Hace muchos años, una amiga me explicó que para sentirse segura cara a los exámenes de su Facultad, lo que hacía era repetirse mentalmente una y otra vez lo inteligente que era. Cuando me explicó ésto me percaté de que la relación mente y sensación era obvia.

Y no hace mucho, un antiguo compañero de Universidad estaba conmigo en una cafetería y vi que su rostro mostraba una expresión de claro malestar. La conversación se caldeó hasta el punto que mi excompañero me atacaba verbalmente. Y a mi no se me ocurría que le podía pasar… La sopresa que tuvimos fue reconocer que lo que le estaba generando malestar era su postura. En cuanto le invité a sentarnos en unos sofás y se levantó de su asiento, descubrimos que se había sentado sobre un cojín mal puesto. Había estado incómodo y ello había repercutido en la forma de pensar y sentir.

Algo parecido le ocurrió a mi hermano con el agua fria. Creía que su cuerpo era incapaz de soportar el agua fria puesto que cada vez que se duchaba con agua a menos de 20º C reaccionaba como si tuviera un ataque de pánico. Así durante muchos años hasta que descubrió que cambiando la respiración podía relajarse profundamente incluso con agua a menos de 10º C. Este es otro ejemplo en el que cambiando el modo de gestionar el cuerpo (la respiración) repercutía en el modo de gestionar las sensaciones (relajación).

Para acabar, quería compartir con todos vosotros esta interesantísima entrevista con uno de los mejores psicólogos del momento: Richard Wiseman. Entre otras cosas, de este video destacar cómo se ilustran presupuestos generales de la PNL como la relación pensamiento-emoción-cuerpo y la dinámica que tiene la conciencia a la hora de atender a unos elementos u otros.

Segunda parte de la entrevista:

http://www.youtube.com/watch?v=CjnnZ-HqhHc

Y tercera parte:
http://www.youtube.com/watch?v=Ax7wUtiOi54