Las revoluciones y sus impactos en el Romanticismo y el Idealismo alemán

El Romanticismo supone el primer gran movimiento cultural europeo del siglo XIX. Siendo la síntesis de movimientos artísticos, literarios y políticos, el Romanticismo presenta diversas posiciones, algunas conservadoras y otras liberales revolucionarias.

Sus orígenes, antes del 1815, son una clara reacción conservadora contra los principios y la estética de los revolucionarios. La primera generación de románticos se levantó contra el individualismo, el racionalismo abstracto y el cosmopolitismo del siglo XVIII. Aun así el Romanticismo fue un movimiento muy variado y a veces se presentaba ligado al espíritu revolucionario, sobre todo a partir de 1830: Byron (Inglaterra), Hugo (Francia), Leopardi (Italia), Espronceda (España), Heine (Alemania), Puschkin (Rusia).

El Romanticismo conservador encontró su mejor expansión en Alemania donde pensadores más bien idealistas como Fichte, Shelling y Hegel se manifestaron contra el espíritu racionalista y universalista del siglo XVIII. El hecho de que el territorio alemán estuviese dividido en un gran número de Estados propició que las nuevas ideas estuviesen ligadas a los esfuerzos para construir una nación.

Según los románticos, el Estado aseguraba que los vínculos naturales indispensables entre el individuo y la colectividad, y la monarquía hereditaria, y no ningún contrato, era la única garantía de su permanencia y continuidad.

En 1802, como escribió Hegel, “Alemania ha dejado de ser un Estado”. La derrota ante Napoleón consagraba una desintegración y un desmembramiento político secular. Alemania no sólo estaba dividida, sino que también se encontraba muy atrasada socialmente y económicamente respecto a Inglaterra y Francia, y conservaba en algunos aspectos estructuras prácticamente feudales.

Fichte, en “Los carácteres de la Edad Contemporánea, I y II”, expresa la situación alemana como la “edad de la indiferencia absoluta respecto a toda verdad y el completo desenfreno sin ninguna guía ni dirección”. Tres años más tarde, el mismo Fichte pronuncia sus famosos “discursos a la nación alemana” en los que anuncia que “el pueblo alemán todavía no existe como tal, tiene que hacerse a sí mismo con libertad, tiene que comenzar su historia”.

De esta manera el idealismo alemán recogerá esta preocupación por la unidad y la libertad frente a lo extranjero, recogerá esta pasión por la nación alemana, por este interés por analizar el concepto de “pueblo” (pueblo originario, urvolk, espíritu del pueblo, volksgeist). Coincide en esto con los movimientos nacionalistas, especialmente con las asociaciones de estudiantes, el elemento más inquieto del país.

El modelo de la razón infinita, absoluta y creadora que surge de la Revolución Francesa hace concebir una racionalidad universal que rija y unifique el destino de la humanidad y a la cual pueda acogerse el individuo sin renunciar a la independencia ni a la libertad. La razón no la tiene el individuo sino el universo, Schelling escribe: “La naturaleza es un organismo viviente, un espíritu que sólo cobra conciencia de sí mismo en el hombre”. En América, en el Bill of Rights de Virginia (1776) se dice: los hombres son libres por naturaleza…, y poseen derechos innatos, concretamente el derecho a la vida y a la libertad, además de la capacidad para adquirir propiedades y conservarlas, así como a querer y conseguir la felicidad y la seguridad”.

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