El banco malo y las lentejas

Para comprender lo que pretendemos exponer es preciso retroceder a la posguerra española de 1936/39. Son muchos años y los que tienen la suerte de poder retroceder y recordar ya han cumplido más de ochenta años. Aquellos años fueron muy malos en todos los sentidos: hambre, enfermedades y miserias.  Había lentejas que no tenían fecha de caducidad pero lo que sí tenían era mucha porquería y la más detestable era unas piedrecillas -que por mucho hervir seguían conservando su origen mineral- que podían destrozarte los dientes si atacabas las lentejas con mucho entusiasmo. Ante el problema, el remedio casero se puso en marcha en todas las familias: a la cabeza de la operación estaba la madre auxiliada por abuelos y otros miembros menores, excepto el padre, que sólo se reservaba su derecho a comer. Se hacían unos motoncitos de la legumbre en bruto encima del hule de la mesa del comedor y se separaban las piedrecillas de las lentejas. A pesar de la atención que se ponía, siempre escapaba alguna piedrecilla perfectamente camuflada de forma lenticular y ésta era la más peligrosa porque te podía partirte un diente. La madre daba el último repaso a la operación de limpieza antes de ponerlas a remojo, por consiguiente ejecutaba la operación última, la que podríamos llamar hoy “de supervisión”, que quiere decir de visión máxima, como la del lince leopardo. Hasta aquí lo que hemos conseguido es un plato de lentejas que bien adobadas podían ir sustentando a la familia. ¿Pero qué hacemos con las piedrecillas que hemos separado?      

El fin último era el basurero.

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El Año Nuevo Chino

¡Durante esta mañana de lunes se dará un momento muy especial!

¡Feliz Fiesta de la Primavera!

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El Año Nuevo Chino, la Fiesta de la Primavera, es la festividad tradicional más importante del año calendario chino. Las celebraciones comienzan el primer día del primer mes lunar y terminan quince días después, cuando se celebra el Festival de los Faroles.

El Año Nuevo Chino se cuenta en el día de la luna nueva más próximo al día equidistante entre el Solsticio de Invierno (entre el 21 y el 23 de diciembre) y el Equinoccio de Primavera (entre el 20 y el 21 de marzo) del Hemisferio Norte.

Ese día equidistante entre esas dos fechas cae entre el 3 y el 5 de febrero. Con frecuencia ambos días no coinciden con la luna nueva. Por ello el Año Nuevo Chino puede ser entre el 21 de enero o el 21 de febrero.

Una vez determinado el día que sea, luego se cuentan 15 días hasta que se celebra el Festival de los faroles, un canto a la vida, a sus ciclos en forma de espiral, una forma de rendir tributo a la evolución, respetar los cambios y procesos, sin importar el ego propio, sometiéndose a la suerte, estoicamente, como panteísta de corazón y estómago. Es una celebración como cualquier celebración de un nacimiento y una muerte que dan paso a nuevos nacimientos. Una celebración al paso del apego al desapego, un aprendizaje colectivo al dejar soltar, al desprenderse, al salir del ego y vivir el presente tal como es.

Soy como tú,

-dice el farol a otro farol-.

Sólo soy un farol candente en la más profunda de las noches,

un farol junto a otros faroles como tú,

todos navegamos a través de las estrellas,

sin rumbo,

esperando un adormecimiento cálido y eternamente permanente,

eternamente en paz.

esperando la inexorable muerte,

la extinción definitiva del calor y la luz de mi alma.

Adiós…


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Creyendo en nuestros revolucionarios

Han pasado muchos días desde el 24 de mayo en el que escribí mi primera reflexión sobre el movimiento del 15-M. Entonces mi contacto real con el movimiento había sido superficial y basado en la prensa. Desde entonces, animado por amigos de mi entorno próximo, empecé a frecuentar Plaça Catalunya, la plaza barcelonesa tomada por los indignados. Pasé más horas de las que pretendía. Han sido días de muchos cambios en mi forma de interpretar lo que ahí estaba en juego. Provisionalmente, he llegado a algunas nuevas conclusiones que sustituyen muchas de mis creencias anteriores.

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La estrategia económica de China en Sudán

China ha sido promotora del desarrollo africano hasta tal punto que podríamos considerarla como la neocolonialista del s.XXI. La ayuda china no era completamente desinteresada, se establecía una relación win-win. Las tan necesarias remesas de capitales se intercambiaban por las materias primas y recursos energéticos que requiere el crecimiento desorbitado de China.

A la hora de establecer relaciones comerciales, China propugnaba el seguimiento de una serie de valores o principios geopolíticos. De esta manera, gracias al llamado poder inteligente, se conseguía bajar reticencias y que el continente africano no viese a China como un imperialista dominante. China basó sus inversiones en acuerdos que garantizasen la coexistencia pacífica, el mutuo beneficio y la igualdad, el respeto a la soberanía y a la no intervención en asuntos internos.

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La sociedad, un lugar hostil para la excelencia

“la sociedad espera de cada uno de sus miembros una cierta clase de conducta, mediante la imposición de innumerables y variadas normas, todas las cuales tienden a “normalizar” a sus miembros, a hacerlos actuar, a excluir la acción espontánea o el logro sobresaliente”[1]

Hannah Arendt, que entiende la acción como un acto político, como una muestra de la libertad creadora del ser humano, analiza nuestra sociedad como un espacio de vida donde se impide deliberadamente diferenciarnos de los otros. Porque no es sólo que vivamos en una estructura donde se dificulta la excelencia sino que cuando ésta emerge… se combate.

El psiquiatra José Luis González de Rivera, en su libro “Maltrato psicológico”, analiza el fenómeno de la mediocridad como uno de los causantes del maltrato al que sobresale.

El mediocre es aquel incapaz de valorar, apreciar o admirar la excelencia; y el excelente es aquel capaz de reconocer y apreciar lo bueno, notable, brillante u original, sea o no el artífice del objeto apreciado.

El esquema que propone diferencia 3 grados de mediocridad estando en el grado más alto los que padecen el síndrome de mediocridad inoperante (MIA). Según este psiquiatra, este tipo de personas están totalmente faltos de originalidad, aunque se las den de pseudocreativos (intentan aparentar y, sobretodo, procuran ser reconocidos), y se caracterizan por su agresividad contra aquel que atisba una pizca de genialidad. Estos acosadores encarnan el espíritu que llevaron a la Inquisición a cometer tantos crímenes. Y es que los ejemplos de personajes geniales que fueron atacados por ser diferentes es interminable (desde Sócrates hasta Einstein pasando por Cervantes).

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¿Por qué el nuevo signo zodiacal (Ofiuco) no implica que astrológicamente seamos otro signo?


El zodiaco es la franja del cielo que, a lo largo de la eclíptica, se extiende ocho grados y medio arriba y ocho grados y medio abajo[1]. En astrología, los doce signos del Zodíaco NO son las doce constelaciones de igual nombre. La astrología (la llamada astrología tropical) ha adoptado los nombres de las constelaciones pero nada más que los nombres. El Zodíaco debe entenderse como sectores, como una partición en doce partes iguales de 30º. El signo de Aries ocupa los treinta primeros grados de la Eclíptica y a contar desde el punto Gamma (equinoccio de primavera).

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Reflexiones acerca de nuestro cerebro, el inconsciente y la intuición

¿Y qué consecuencias tendría aceptar esta doble especialización de nuestro cerebro? Apartar nuestra mirada de toda esta problemática parece ser un grave error. La gélida ciencia la hace el científico pero a éste lo hace la gélida y fogosa naturaleza. El mundo del inconsciente es una realidad que perfila y determina nuestra vida. El terreno de investigación es, por lo menos, interesante y, por lo más, misterioso. Y eso no es todo, puesto que indirectamente interesa a la propia ciencia en la medida que gran parte de ideas que, al ser verificadas científicamente, generaron importantes cambios de paradigma, resultaron ser fruto de intuiciones que inspiraron brillantes hipótesis.

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