Astrología, ciencia e intuición

Tengo amigos científicos que me desafían por ser astrólogo, criticándome por trabajar con algo que no tiene evidencia científica. Tengo presente que la ciencia refleja un tipo de conocimiento, una mirada al mundo, eso sí, la más sólida, objetiva, consciente y consistente. Pero la realidad también es líquida, subjetiva, inconsciente y ambigua.

La ciencia concibe el ser del mundo como algo material cuantificable por lo que el método científico es tomado como el único camino. Sin embargo, existen otras formas de concebir la existencia y, por lo tanto, otros caminos para el conocimiento. Por ejemplo, no es nada sencillo atrapar el contenido simbólico de los sueños o demostrar el insight de un genio. Normalmente el científico que critica algo por no ser científico asume una sola concepción del mundo y, por ello, un único acercamiento. Cualquier otro conocimiento es juzgado como erróneo.

Aunque es cierto que actualmente la astrología no es científica pienso que hay realidades que podemos comprender y saber que son reales a pesar de no tener a la ciencia que lo garantice. No solamente existe la realidad que ha sido sólidamente contrastada. ¿Cuántas hipótesis científicas fueron tomadas al principio como delirios o puros caos mentales? Yo elijo pensar el mundo en su totalidad: su orden y su caos, su ciencia y misterio, aunque no siempre tenga las mismas garantías de saber hasta qué punto lo que pienso es realmente cierto. Es por ello que me abro (aunque siempre críticamente) a todo conocimiento. El científico sería uno, pero también habría el “intuitivo” (que usaría el poder del inconsciente) aunque no osaría tratar a este último como una verdad contrastada, algo que a menudo leo. Con la intuición no hay certeza, hay sensación de verdad, que es algo muy diferente, y a mi juicio hay que tener clara la diferencia. Podemos intuir que algo es verdad pero seamos conscientes de que estamos usando un canal que habitualmente incurre en errores de razonamiento y sesgos por nuestros valores, personalidad e ignorancia.

Concluyendo, cada conocimiento tiene su lugar y su objeto, y mientras no se confundan pienso que seremos más sabios.

El drama autocumplido

A veces, estamos esperando a que pase algo crucial, algo que cambiará nuestra suerte, que recompensará nuestra desgracia. Lo esperamos afuera, en forma de palabras sabias, medicamentos milagrosos, eventos cósmicos, alegres tristes abrazos… Esperamos que desde afuera nos salven de la fatalidad del Universo, de esa fatalidad que nos convierte en malnacidos por destino, como daños colaterales sin importancia, ignorados y olvidados por la mayoría, sentenciados por el caos, por ese misterioso azar.

Entre tantos lamentos, ignoramos completamente cómo aquello que necesitamos y esperamos afuera, está ya dentro de nosotros, en este mismo instante, ante nuestros ojos, dentro de nuestros ojos, sumergido en nuestra alma, en el infinito Universo de nuestro mundo interior. Un infinito imposible de capturar con la mente, solamente aprehensible por la profunda fe que se enciende al contemplar lo divino que hay en nosotros.

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Todo no está directamente conectado con todo

No todo lo que sucede es una casualidad significativa, un fenómeno de sincronicidad que revela algo de nosotros, una experiencia que trae aprendizaje. Este tipo de principios espirituales, si son generalizados y tomados como verdad absoluta, pueden ser luego base para hacer afirmaciones que requerirían mucha más prudencia. He tenido clientes que me contaban que sus terapeutas y/o astrólogos les hacían responsables por haber sufrido abusos sexuales o por haber sido injustamente despedidos. Las sincronías existen, de eso estoy bastante seguro, pero no creo que sea una ley que excluya la pura casualidad fruto del azar. Pero de negarse el azar debido a sobrevalorar este misterioso fenómeno, ello nos llevaría a la culpabilización tóxica y al egocentrismo espiritual de tomar al sujeto como centro del universo.

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Las 5 fases del conocimiento

Las 5 fases del conocimiento:

(1) LA CIMA DE LA SOBERBIA 🌋 Existe un fenómeno mental muy interesante que es el Efecto Dunning-Kruger en el cual personas con conocimientos muy bajos tienen un sentimiento de superioridad respecto a sus propios conocimientos. Es la soberbia del novato, como cuando alguien se hace rico en poco tiempo y se convierte en un nuevo rico. Este sesgo es especialmente observable en personas que acaban de iniciarse en el ámbito del autoconocimiento, la política o la filosofía. Y es que hay algo peor que los nuevos ricos y son los nuevos despiertos. Todavía recuerdo mi actitud cuando llegué a la conclusión de que no vivíamos en una verdadera democracia o que la astrología era una ciencia. Atrevida ignorancia. Y por cierto, nadie es capaz de reconocerse en esta fase.

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Tipos de verdad

La verdad, simplificando, es aquello que decimos/pensamos y que coincide con la realidad

Encontraríamos varias características entorno a ésta: puede ser objetiva/absoluta o subjetiva/relativa; fruto o no de un cuidado proceso de control; puede referir o no a algo que puede ser medido; o ser o no comprobada tanto su verdad como falsedad.

El cuadro reflejaría 4 tipos de verdad:

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Beneficios de saber decir «no lo sé»

Confucio decía: «Saber que se sabe lo que se sabe y y lo que no se sabe; he aquí el verdadero saber». No hay camino más seguro hacia el saber que el reconocer no saber algo. Esto permite saber dónde poner foco para acabar sabiendo (cada vez más) y evita llenar el hueco del no saber con cualquier basura con pretensión de certeza. Y es que no hay peor manera de abocarse a la ignorancia que ser incapaz de sostener el no saber.

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Tipos de amor

En consulta me topo con mucho sufrimiento a la hora de vivir las relaciones de pareja. Pienso que es por el conflicto entre biología y cultura. La mayoría (puede que tú no) estamos motivados por conseguir amor de pareja, tener sexo con varias personas, evitar el sufrimiento de los celos y mantener la consciencia tranquila. No obstante, todo no se puede tener, hay que elegir, vaya. La tabla reflejaría varias opciones:

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Dios como fenómeno emergente de la red cósmica

Hoy comparto un escrito que realicé en el 2010 mientras estudiaba filosofía en la universidad. Era una época en la que que estaba especialmente interesado en cuestiones cósmicas y durante un par de años pude profundizar en el ámbito de la teología y metafísica, a la vez que cursaba apasionantes asignaturas en Psicología y Lingüística que me acercaron a diferentes modelos sistémicos y computacionales. Dejo abajo el escrito aunque antes quiero hacer algunas reflexiones, 10 años después, pues si lo reescribiera hoy la verdad es que intentaría ser más realista.

Para empezar pienso que un físico con una comprensión de neurólogo cósmico podría explicar mejor toda esta tesitura. De hecho, hace unos días publicaba en mis redes un interesantísimo trabajo («The Quantitative Comparison Between the Neuronal Network and the Cosmic Web» de Vazza y Feletti) en el cual precisamente un físico y un neurólogo habían hallado parecidos estructurales entre la red cósmica y la red neuronal del Sistema Nervioso.

Soy consciente del peligro de las analogías, de asumir funcionamientos idénticos en dominios diferentes. Toda mi perspectiva se basa en reglas sistémicas que van más allá de circunstancias concretas.

Por un lado, tenemos la gravedad y misteriosa materia oscura (diferente a la energía oscura y la ordinaria, la bariónica) que mantiene una red de filamentos de tamaños inconcebibles (miles de millones de años-luz) formados por miles de millones de galaxias.

Por otro lado, tenemos el sistema nervioso de los humanos, de 100 mil millones de neuronas y entre 5 y 10 veces más de células gliales (células del sistema nervioso con funciones de apoyo a la neuronas), una obra de arte excepcional de la existencia. Un milagro en un universo con tendencia a la entropía, donde el desorden parece ser el único destino. Un destino que se topa con otro destino, el del orden más exquisito: la VIDA auto-organizada, adaptativa, reproductiva, evolutiva. Vida en desarrollo de la que acabó emergiendo la conciencia humana.

Así pues, el siguiente texto explora la posibilidad de que del orden complejísimo y unificado del universo pudiera emerger una consciencia cósmica, una especie de Dios, quién sabe sin con un cuerpo tan articulable como el nuestro pero que, nosotros como meros átomos o células, no logramos concebir. Quién sabe si a esa consciencia cósmica le acompañarían otras muchas más consciencias cósmicas en sus propios territorios cósmicos, siendo ellos mismos devotos de otros sendos seres cósmicos superiores. Quién sabe si importa ir a lo más macro o más micro para comprender. Quién sabe si no estamos correteando como ratas de laboratorio sobre una rueda que no se mueve, quién sabe si Heráclito se equivocaba y siempre nos bañaremos en el mismo río, quién sabe si lo macro y lo micro -aunque no en magnitud de tiempo, espacio y otras dimensiones- son en realidad idénticos simbólica y estructuralmente. Quién sabe si somos dioses sobre dioses, todos iguales, todos eternos.

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