¿Cuánta verdad hay en lo que decimos sobre los quarks y los ángeles?

El Pleroma y la Creatura

Pleroma: Procesos físicos. Noúmeno (Kant). Territorio (Korzybski). “La esfera crudamente física gobernada sólo por fuerzas y choques”.

Creatura:. Procesos mentales. Fenómeno (Kant). Mapas (Korzybski: «El mapa no es el territorio»). “La esfera gobernada por distinciones y diferencias” “En realidad, cuando hay información o comparación hay para mí un proceso mental”

“La caracterización de un espíritu o una mente fue uno de los empeños centrales de Mind and Nature, (…). La definición ancla la noción de una mente firmemente en la disposición de partes materiales:
1. Una mente es un conjunto de partes o componentes que están en interacción.
2. La interacción entre partes de la mente es desencadenada por la diferencia.
3. El proceso mental requiere energía colaretal
4. El proceso mental requiere cadenas circulares (o más complejas) de determinación.
5. En el proceso mental, los efectos de las diferencias han de considerarse como transformas (es decir, versiones codificadas) de sucesos que los precedieron.
6. La descripción y clasificación de estos procesos de transformación revelan una jerarquía de tipos lógicos inmanentes a los fenómenos.»

“(…) la definición se aplica a una gama mucho más amplia de esos fenómenos llamados “sistemas”, incluso sistemas qe consisten en múltiples organismos o sistemas en los cuales algunas de sus partes son vivas y otras no lo son, o hasta sistemas en los que no hay ninguna parte viva. Lo que describimos aquí es algo que puede recibir información y que puede (por obra de la autorregulación o de la autocorrección que son posibles en virtud de series circulares de causación) mantener la verdad de ciertas proposiciones sobre sí mismo.»

Epistemología

“(…) definiré la epistemología como la ciencia que estudia el proceso del conocer: la interacción de la capacidad de responder a las diferencias, por un lado, con el mundo material en que de algún modo se originan esas diferencias, por otro lado. Debemos considerar pues una superficie o línea de encuentro entre el Pleroma y la Creatura.”

“Existe una definición convencional de epistemología, la cual sencillamente dice que epistemología es el estudio filosófico de cómo es posible el conocimiento. Yo prefiero mi definición –la de saber cómo se realiza el conocer- porque sitúa la Creatura dentro de la esfera total, más amplia y presumiblemente inanimada del Pleroma y porque mi definición identifica lisa y llanamente la epistemología como el estudio de los fenómenos que se dan en la línea de encuentro y como una relama de la historia natural.»

Relación entre el Pleroma y la Creatura. La cuestión de la verdad

“(…) existe en el Pleroma toda una cantidad de regularidades, que no están nombradas y están listas a que se las recoja. Pero las distinciones y diferencias que se usarían en un análisis no están todavía trazadas a falta de los organismo para quienes las diferencias podrían tener sentido.”

“Soy antropólogo por vocación y formación, y las ideas de la relatividad cultural forman parte de la ortodoxia antropológica… pero ¿hasta dónde puede llegar la relatividad cultural? ¿Qué puede decir el relativista cultural sobre las verdades eternas? ¿No tiene la aritmética sus raíces en la roca sólida e inmutable del Pleroma? ¿Y cómo podemos hablar sobre semejante cuestión?

¿Existe pues un objeto de indagación como la Epistemología con E mayúscula? ¿O se trata siempre de epistemologías locales y hasta personales, cada una de las cuales es tan buena y correcta como cualquier otra?

Esta es la clase de cuestiones que surgen cuando tratamos de escrutar la superficie de encuentro entre Pleroma y Creatura, y es evidente que la aritmética se encuentra muy cerca de esa línea.

Pero no desechamos esas cuestiones por considerarlas “abstractas” o “intelectuales” y por lo tanto carentes de significación. Pues esas cuestiones abstractas nos llevarán a cuestiones humanas muy inmediatas. ¿Qué clase de pregunta estamos haciendo cuando decimos “¿Qué es la herejía?” o “¿Qué es un Sacramento?” Estas cuestiones profundamente humanas –cuestiones de vida y muerte, de cordura y locura, para millones de personas-, y las respuestas (si las hay) están ocultas en las paradojas generadas por la línea de separación de Creatura y Pleroma… la línea por la cual los gnósticos, Jung y yo sustituiríamos la separación cartesiana de espíritu y materia… una línea que en realidad es un puente o una vía de transmisión de mensajes.

¿Es posible estar epistemológicamente equivocado? ¿Equivocado en la raíz misma del pensamiento? Los cristianos, los musulmanes y los marxistas (muchos biólogos) dicen sí, es posible, y llaman a ese error “herejía» que equiparan con la muerte espiritual. Otras religiones- el hinduismo, el budismo, las religiones más francamente pluralistas- parecen no tener conciencia de semejante problema. La posibilidad de error epistemológico no entra en sus respectivas epistemologías. Y aun hoy en los Estados Unidos es casi ua herejía creer que las raíces del pensamiento tengan alguna importancia y que es antidemocrático excomulgar a un hombre por errores epistemológicos. Si las religiones tienen que ver con la epistemología, ¿Cómo interpretamos el hecho de que algunas de ellas tengan el concepto de “herejía” y otras no la tengan?»

«El temor de los ángeles» de Gregory y Mary Catherine Bateson

La libertad entendida como liberación

Sabiduría, liberación de la cabeza.
Amor, liberación del corazón.
Belleza, liberación de los sentidos.
Rito, liberación del acto

(Lanza del Vasto)

Esta temática es tan abstracta que cuando la concretamos, nos encontramos con concepciones casi contrarias. En mi caso, me refiero a la libertad como la búsqueda de liberación de aquella parte de uno mismo que impide llegar a ser lo que uno es en potencia. Según se pueda más o se pueda menos hablamos de más libertad o menos. Es, por un lado, el poder aprovechar más y mejor nuestras posibilidades (determinadas de antemano por las facultades del ser humano y nuestra individualidad) y, por otro lado, el podernos adaptar a las circunstancias, lo que nos hace más o menos libres.

En mi opinión, defendería que la libertad:

1.  Presupone que la naturaleza ha “determinado” al ser humano para que pueda autodeterminarse.

2.  Nace en el ser humano de la unión de, al menos, seis desarrollos:

– El desarrollo del conocimiento. Básicamente se trata de adquirir información sobre el mundo natural y cultural así como sus bases epistemológicas. Supone un conocimiento teórico y técnico adquirido en instituciones que garanticen la calidad de dicha información. La importancia de este desarrollo se basa también en tener conocimientos políticamente correctos.

El desarrollo de la atención sobre lo que ocurre alrededor nuestro, lo que puede llamarse desarrollo de la consciencia. Ampliar/ expandir el diámetro y la calidad de observación y atención supone estar en unas condiciones ventajosas respecto a aquel que sólo observa lo que le pasa a un palmo y medio. Estar en una situación u otra dependerá de la fijación por uno mismo. Para mí la libertad nace con la consciencia y ésta la relaciono con la libertad porque permite recibir sin tener que reaccionar instintivamente. La consciencia permite recibir y objetivizar en mayor o en menor medida. Este relativismo es el que permite grados de libertad.

El desarrollo del entendimiento, entendido éste como quien interioriza lo que observa y lo relaciona con otras realidades interiorizadas, desarrollando así en el interior de uno mismo una estructura capaz de captar la estructura exterior. Esto es algo así como que interiorizo el triángulo y una vez conseguido esto puedo optar por comprender todos los triángulos con los que me encuentre en mi vida diaria. Tener muchas experiencias diferentes y comprendidas por la consciencia ¿Permiten a este sujeto tener más posibilidades para comprender lo que le sucede, deducir y anticiparse a lo que pasará, pudiendo así adaptarse más adecuadamente a las circunstancias?

El desarrollo de la intuición, entendida ésta como nuestra relación con la realidad a través de nuestro fondo inconsciente, lo que involucra todo tipo de deseos, instintos, necesidades, creencias, miedos, etc. Se trataría de educar el inconsciente para poder confiar en él, para poder poner el “piloto automático” sin temer sufrir serios accidentes.

El desarrollo de la razón, entendida ésta como la capacidad para pensar bien, lógicamente, jerárquicamente (diferenciando niveles), para analizar, criticar y así poder estructurar y reestructurar nuestro mundo interno (mundo de relaciones de ideas). [1]

El desarrollo de la paz interior y el amor. Para poder relacionarse adecuadamente al entorno es necesario que uno mismo esté abierto al entorno. Es necesario estar neutro, vacío, para que el exterior entre lo más puro posible y así uno pueda empatizar. Si el entorno es la nota si bemol y yo tengo ruido en mi interior u otra nota en mi interior, el entorno pasará me desapercibido o confundido con mi propio estado. No obstante, también podría concebirse que yo formara parte de una melodía cósmica y aportara una nota en el momento adecuado de esta partitura cósmica. En este caso debería atender al resto de la orquestra para evitar ser disonante. [2]

 

Como puede verse, cuando menciono la consciencia hablo de aquello que permite dejar en suspensión, sin urgencia (como sobretodo sí ocurre con los instintos y las pasiones), un determinado contenido, sin que éste tenga que determinar forzosamente ninguna acción. Esto sólo es posible, creo, con cierta paz interior. La libertad depende, pues, de poseer una consciencia de la que somos conscientes (autoconsciencia), la cual, es la que permite observarnos y juzgarnos. Un autojuicio desvinculado de nuestros miedos y nuestro ego (o lo que sea) juzgará, mediante la razón o mero sentido común, que nuestro modo de sentir, pensar o hacer, no es el modo más apropiado para relacionarse con lo que nos rodea.

0.1. Ejemplos

– El incendio. Tenemos a dos sujetos (A y B) en un local en el que se produce un incendio. Imaginemos que el sujeto A tiene mayor capacidad para atender a lo que acontece alrededor suyo: conoce las salidas de emergencia y sabe cómo actúa el fuego. El sujeto B no tiene estas presuntas ventajas. ¿Quién tiene más opciones? ¿Quién tenderá a ponerse histérico y quién tenderá a mantener la serenidad? En mi opinión, el sujeto A puede controlar la situación y se adaptaría mejor a ésta. Así pues, esto le permitiría optar por lo que el sujeto B no tendría oportunidad.

El agresivo autómata. Si soy consciente de que tengo una agresividad interior que no sé canalizar y que me corroe por dentro, entonces tenderé, con toda seguridad, a cometer una agresión a alguien cercano, incluso amado. Si yo desconozco mis pasiones y mis posibles reacciones, entonces no seré libre sino que estaré sometido al determinismo. En cambio, ante la misma situación, pero con autoconocimiento, podré tomar medidas adecuadas para evitar ser víctima de mis impulsos.

El poder del amor. El amor permite adentrarse en el otro, incluso en el odioso, percibiendo su angustia, su infierno. Permite conocerlo, en la medida de lo posible, por lo que sensorialmente puede percibirse, ya sea a través de los sentidos (sus gestos, su olor, su voz rasgada, sus rasgos), ya sea a través de la antipatía que inspira o de sus palabras destructoras.

Este adentrarse, logrado con amor incondicional, permite sintonizar con el odioso, aquel que es malo, que odia, que transmite maldad, que busca el daño de los demás y padece en sí mismo el peor de los males: el infierno interior.. A continuación, escribo unos versos que espero que sean reflejo del fenómeno del poder del amor en relación a su acceso transparente a su entorno. La situación es la siguiente: El filántropo junto al odioso. El filántropo se introduce en(o deja que se introduzca en él) el ser interior e infernal del odioso y llora, profundamente desesperado, la desgracia de su acompañante (el odioso) quien, entretanto, no deja de asaetar al buen filántropo con burlas hostiles, crueles, buscando así su mal.. Y así el filántropo expresa, en primera persona, su experiencia:

Lloro por su desgracia,

no dejo de derramar lágrimas,

de pena, de compasión.

La tragedia vivida por mis sentidos y mi entendimiento

es vista por el odioso

como la muestra de su triunfo.

 

Y ante ello se jacta. Porque ha ganado la guerra.

Sin embargo, algo arruina sus carcajadas.

Lloro y,

desde mi amor,

hago la guerra, su guerra pírrica.

Justifico,

con máxima atención a mi interior dolorido,

mi tragedia.

Y a cada palabra jadeante,

al odiado se le añade una nueva expresión de terror.

La autocompasión que siempre se había negado,

que había sufrido, al menos,

en la más íntima soledad,

en la oscuridad y en la vergüenza,

está siendo ahora explicitada, con la sinceridad más indudable,

con la elocuencia más cegadora.


[1] Kant, en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, dice que la “voluntad es una especie de causalidad de los seres vivios, en cuanto que son racionales, y libertad sería la propiedad de esta causalidad, por la cual puede ser eficiente, independientemente de extrañas causas que la determinen; así como necesidad natural es la propiedad de la causalidad de todos los seres irracionales de ser determinados a la actividad por el influjo de causas extrañas. (…) La citada definición de la libertad es negativa, y por tanto, infructuosa para conocer su esencia. Pero de ella se deriva un concepto positivo de la misma que es tanto más rico y fructífero. El concepto de una causalidad lleva consigo el concepto de leyes según las cuales, por medio de algo que llamamos causa, ha de ser puesto algo, a saber: la consecuencia. De donde resulta que la libertad, aunque no es una propiedad de la voluntad, según leyes naturales, no por eso carece de ley, sino que ha de ser más bien una causalidad, según leyes, si bien de particular especie; de otro modo una voluntad libre sería un absurdo. (…) La necesidad natural era una heteronomía de las causas eficientes; pues todo efecto no era posible según ley de que alguna otra cosa determine a la causalidad la causa eficiente ¿qué puede ser, pues la libertad de la voluntad sino autonomía, esto es, propiedad de la voluntad de ser una ley para sí misma? Pero la proposición “la voluntad es, en todas las acciones, una ley de sí misma”, caracteriza tan sólo el principio de no obrar según ninguna otra máxima que la que pueda ser objeto de sí misma, como ley universal. Esta es justamente la fórmula del imperativo categórico y el principio de la moralidad; así, pues, voluntad libre y voluntad sometida a leyes morales son una y la misma cosa.”

[2] Jalaud Din Rumi escribió en el Masnavi un capítulo titulado Hasta que el hombre no destruye el “ego” no es un verdadero amigo de Dios y dice así:

<<Una vez un hombre llegó y llamó a la puerta de su amigo.

Su amigo dijo, “¿Quién eres, Oh fiel?”

Él dijo, “Soy yo”. Su amigo respondió, “No hay admisión.

No hay lugar para el crudo en mi fiesta bien cocida.

¡Nada sino el fuego de la separación y la ausencia

puede cocer al crudo y librarle de la hipocresía!

Puesto que tu ego aún no te ha dejado

debes arder en feroces llamas.”

El pobre hombre se alejó, y durante todo un año

viajó ardiendo de dolor por la ausencia de su amigo.

Su corazón ardió hasta que estuvo cocido; entonces regresó

y se acercó a la casa de su amigo.

Llamó a la puerta con miedo y turbación

de que alguna palabra descuidada pudiera caer de sus labios.

Su amigo gritó, “¿Quién está en la puerta?”

Él respondió: “¡Eres Tú quien está en la puerta, Oh Amado!”

El amigo dijo: “Puesto que éste soy yo, déjame entrar,

no hay lugar para dos Yos en una casa.”>>

Escultura y astrología en el barrio de Gracia

El “astrolabi” es una escultura que se encuentra en la plaza del Sol en el barrio barcelonés de Gràcia y su autor es Joaquim Camps. Esta escultura consiste en un reloj de sol rodeado de los 12 signos zodiacales. Un astrolabio era un instrumento que se utilizaba antiguamente para determinar la altura de los astros sobre el horizonte. Así pues, poca relación tiene con lo que la escultura realmente es.

Es curioso observar cómo están interrelacionándose las doce figuras puesto que en algunos casos se reflejan algunas de las cualidades que tradicionalmente se han atribuido a cada uno de estos arquetipos. Por ejemplo, la solidez de Tauro se ejemplifica al sostener a los gemelos, la virgen y al león; o la ingenuidad de Géminis cuando unos de los gemelos pone la mano en la boca del feroz león; o la intensidad de Escorpio cuando vemos al escorpión en uno de los dos platillos de la balanza. También observamos al ambicioso centauro de Sagitario en lo más alto de la escultura mientras corteja a la virgen quien aparece hechizada por la sabiduría de éste; luego, la cabra montesa, el agüero y los peces aparecen solitarios, aparentemente desconectados del resto. En cada uno de estos tres casos, la aparente soledad se debe a motivos muy diferentes, no obstante, la escultura no ofrece ninguna pista de estos diferentes motivos.

Me pregunto por qué el escultor ha esculpido al cangrejo pinzando el talón de Aquiles del toro ¿Cómo acción que pretende reclamar la atención de éste? Es una de las pocas interpretaciones que se me ocurren y que serían congruentes con el simbolismo de Cáncer. De Tauro quería decir una cosa más y es que en la escultura se encuentra confrontado con el carnero, lo cual remite al principio numerológico del 2 o la línea entendida como oposición de puntos. Dicho conductualmente: Tauro simboliza el límite con el que se encuentra el visceral y egocéntrico -solipsista- Aries. Este límite es el que atribuye a este signo el poner consciencia a lo que le rodea, a quererlo disfrutar.

Por cierto, el interés por la astrología también lo encontramos en el campanario de la plaza vecina de Rius i Taulet donde pueden diferenciarse también los doce signos zodiacales.

Acuario
El astrolabi
Piscis
Cáncer
Sagitario
Libra y, en una de las balanzas, escorpio
Leo  (curiosidad: uno de los niños geminianos pone la mano en la boca de Leo)
Géminis
Aries
Tauro

Epistemología del simbolismo onírico

El código que presentan los estudiosos del simbolismo onírico no es fruto del mero estudio analítico, sino que requiere, además, un paciente y musical proceso de síntesis. Este código, para ser asimilado, debe aprenderse en un tempo pausado, a ritmo de rumiante, lo que choca frontalmente con el aprender acelerado tan común en muchas disciplinas académicas donde prima la cantidad de la información y no la calidad de su comprensión.

Comprender un símbolo recurrente en los sueños requiere un tiempo, una actitud y un trabajo personal que no tiene nada que ver con la captación intelectual de los conceptos abstractos con que la ciencia común interpreta el mundo (formas, fórmulas, matemáticas, mediciones, proporciones, leyes…). En casos como la Física o las Matemáticas es indiscutible que el agente invertirá un tiempo importante para poder comprender su objeto de estudio, no obstante, a la comprensión que hago mención debe añadírsele un requisito muy especial: la comprensión de la propia subjetividad para la comprensión objetiva de la subjetividad. Un psicólogo que estudiase las causas y la naturaleza de la simbología onírica y no pudiese acordarse de sus sueños ¿No sería por ello un psicólogo poco competente por muchos casos ajenos que estudiase? Mi propuesta parte de una premisa: Todas las técnicas son producto del ser humano y según cómo pensemos, percibamos o hagamos, la teoría de conocimiento de la ciencia queda determinada subrepticiamente por la subjetividad (a pesar de los serios esfuerzos para evitarlo). Así pues, a partir del funcionamiento de la subjetividad humana, querría criticar, en un sentido kantiano, la epistemología de la objetividad, con el fin de fundamentar paralelamente a ésta una alternativa epistemológica afín a las necesidades humanas.

Olvidamos, en la práctica, que nuestro cerebro está compuesto por dos hemisferios y que, como convendría Cassirer, somos también, además de racionales, animales simbólicos. Por lo general, aunque tengo entendido que hay excepciones (10% de casos), se atribuye al hemisferio izquierdo la capacidad de analizar, razonar lógicamente, articular verbalmente, pensar linealmente. Es el hemisferio que ha acaparado toda la atención de la teoría de conocimiento del academicismo, la ciencia y el saber en general. Por su parte, nuestro hemisferio derecho se ocupa holísticamente de relaciones, patrones, configuraciones y estructuras complejas. A este hemisferio, igual que al sistema reptil de Paul McLean, se le atribuyen la mayoría de procesos del inconsciente. La analogía, propia de este hemisferio, permite comunicar lo que un lobo dominante da a entender cuando aprieta la cabeza contra el suelo de un macho adulto no dominante que intentaba copular con una hembra, pues tal acto es idéntico al de los lobos adultos cuando apartan a sus lobeznos de la comida a racionar. Estamos ante un caso de lenguaje metafórico, ante un vamos mocoso, compórtate.

Cualquier análisis formal precisa de un paso previo: formalizar lo que pretende analizarse (o analizar lo que pretende formalizarse). En cualquier caso, esto es posible identificando y nombrando clases, lo cual requiere de intuición y, en consecuencia, de haber estudiado un curso, intensivo por supuesto, para enriquecer la calidad y la cantidad de lo percibido. Esto no son más que experiencias no mediatizadas por una televisión: pura estética, diferentes miradas de un mismo mundo, pura vivencia y aceptación del ser, pura gestación del individuo intuitivamente objetivo, puro estudio donde hormigas y abejas reciben su instrucción. El antropólogo y epistémologo, experto en cibernética, Gregory Bateson, escribe en El temor de los ángeles:

“Para hacer silogismos categóricos, uno tiene que haber identificado clases, de suerte que puedan diferenciarse sujetos y predicados. Pero, fuera del lenguaje, no hay clases nombradas, ni relaciones de sujeto y predicado. Por eso los silogismos de la hierba deben ser el modo dominante para comunicar la interconexión de las ideas en todas las esferas preverbales”.[1]

Con silogismo de la hierba se hace referencia a una lógica de la metáfora que caracteriza el fundamento de todo lenguaje. La tesis, desde Freud, de que el consciente emerge del inconsciente, como la punta de un iceberg hace de su parte sumergida, exige una epistemología que se adapte a la naturaleza preverbal como en el caso del lobo macho dominante y el lobo adulto zarandeado.

De acuerdo con esto, manifestaciones en el consciente de nuestro inconsciente son susceptibles de un análisis semántico que empatice desde un entendimiento del mundo puro (ya hemos dicho dónde se estudia algo así). Con puro estoy diciendo natural y no cultural y con empatizar estoy diciendo comprender/intuir el interior de otros entes, lo cual lleva al conocimiento de las necesidades, los deseos y los problemas ajenos. Por ejemplo, el morderse las uñas (o soñar con perder algún diente) señala, en un importante número de casos, un estado inconsciente de agresividad reprimida, lo cual se induce de la observación[2] y el puro empatizar con animales sin pezuñas (o sin dentadura) en los que en dicho estado se encuentran carentes de medios imprescindibles para la expresión de la agresividad, ya sea para cazar, para defenderse o para el cortejo.

Sobre lo dicho es necesario hacer, al menos, dos aclaraciones: Primero, este empatizar tiene que hacerse, además, con el propio hombre en su animalidad. Hablamos de dos estados en particular: la infancia y su estado primitivo en el pasado lejano. En el segundo caso tendríamos que preguntarnos qué representaban para nosotros, cuando vivíamos en los árboles, algunos tipos de insectos u otros animales. Ello explicaría el rechazo instintivo a aquellos seres que fueron nuestros molestos, y a veces hostiles, vecinos. Segundo, el simbolismo cultural que aparece en los sueños puede someterse, en cierto sentido, a una interpretación natural. El inconsciente ha de pensarse como un constructo, en cierta manera histórico, por lo que este tipo de símbolos deberían remitirnos a nuestra historia personal, tanto a nuestra infancia como a vivencias importantes y expectativas de todo tipo, lo cual introduciría todo el corpus del simbolismo cultural. Bateson:

“Toda la conducta animal, toda la anatomía repetida y toda la evolución biológica, cada una de estas esferas está eslabonada dentro de sí misma por silogismos de la hierba, les guste o no a los lógicos”. [3]

Lo que aquí se está removiendo es una masa casi solidificada que podría estar fluyendo como agua blanda. Somos el iceberg en su totalidad, no sólo somos la diferencia que determina nuestra especie. El género abraza incluso lo que algunos nativos de culturas primitivas han identificado en sí mismos como el alma del bosque.

No es sólo entender el simbolismo involucrado en nuestra relación con el mundo, sino interiorizarlo (estamos de pleno en el hemisferio derecho) y esto es lo que hacemos cuando entendemos algo lo suficientemente bien como para tenerlo en cuenta inconscientemente. Ese algo interiorizado se diluye en la conciencia, se percibe como propio, como disposición sentida, como materia prima, increíblemente fértil ¿Y por qué digo materia? Porque si la lógica se ocupa de formas vacías (múltiplemente realizables en un sentido), entonces este algo inconsciente, que podemos llamar símbolo, no es una forma vacía sino es materia sin forma (lo cual significa que es irracional y múltiplemente realizable en un sentido contrario). C.G. Jung, experto en simbología del inconsciente, caracteriza el símbolo como representación de algo

“vago, desconocido u oculto para nosotros. (…) Nunca está definido con precisión o completamente explicado. Ni se puede esperar definirlo.”[4]

Puede verse que por la complejidad de los procesos inconscientes se exige un cierto margen para lo que no puede ser conocimiento absolutamente consistente o para lo que no puede someterse a falsación. Y ello por la imposibilidad de medir sentimientos, motivaciones, sensaciones, emociones, sueños, miedos, etc. Además, y esto es lo preocupante, las premisas a presuponer en una hipótesis en el caso de un experimento serían del tipo que sólo los estudiosos del inconsciente podrían ver.[5]


[1]Bateson, Gregory y Mary Catherine, “El temor de los ángeles: epistemolo­gía de lo sagrado”, Ed. Gedisa, 2000.

[2] El estudio de casos ajenos es imprescindible para comprender el fenómeno del simbolismo onírico, no obstante, y es una de las tesis que intento defender, esto no es suficiente. La introspección sería una condición fundamental.

[3] Íbid.

[4] Carl G. Jung, “El hombre y sus sím­bolos” Ed. Paidós, 1995.

[5] Soy consciente de que parece que propongo un reduccionismo puesto que he hecho mucho énfasis en que el inconsciente utiliza simbolismo natural para referirse a la agresividad, etc. No obstante,  la cosa se complica pues también hay simbolismo cultural. La cuestión es que los sueños dependen de lo que el inconsciente quiere comunicar y eso no significa que sólo quiera comunicar cosas básicas y con un lenguaje primitivo. Estamos totalmente inmersos en la cultura y de ello el inconsciente se nutre para comunicarse con nosotros.

La naturaleza del derecho a la propiedad privada

Uno de los más punzantes y discutidos temas que ha sido tratado tanto por la ética como por la política en los últimos siglos ha sido (y con toda probabilidad lo seguirá siendo en el futuro) la legitimidad o no del derecho a la propiedad privada. El saber si es legítimo y ético que un ser humano disfrute con exclusividad de un bien o derecho, excluyendo al resto de la posibilidad de hacerlo, ha centrado la mayor parte de las discusiones políticas y filosóficas de los últimos tiempos.

Y de la consideración como legítimo o no de este derecho a apropiarse, a hacer propio cualquier ente, han nacido los sistemas económico-políticos que conocemos. Negar, reconocer o proteger este derecho ha sido el fin último del legislador positivo, y lo sigue siendo.

Pero para poder discutir acerca de la legitimidad o no de este derecho, antes tenemos que comprender cual es su alcance y contenido. Difícilmente podremos discutir acerca del derecho de la propiedad si antes no tenemos exactamente claro de qué estamos hablando. En este artículo obviaremos la definición positiva que de él se ha hecho en los ordenamientos jurídicos contemporáneos para tratar de encontrar una definición lo más ajustada posible a parámetros universales y extrajurídicos, que puedan a su vez ser extrapolables a cualquier otro sistema.

Como bien anunciamos anteriormente, el derecho a la propiedad privada consiste en la potestad que tiene una persona, ya sea física o jurídica, para hacer suya una cosa o un derecho de tal forma que su uso y disfrute impida a terceros usarla y disfrutarla. El derecho a la propiedad privada no deja de ser, por tanto, un derecho de exclusión.

A la vez, se trata de un derecho de carácter universal, que necesariamente en su forma pasiva (ser poseídos en régimen de propiedad privada) tienen todas las cosas y derechos. No es concebible ningún ente que no sea propiedad privada: la misma naturaleza gregaria del ser humano, expresada en la soberanía nacional de los estados, hace que todas las cosas y derechos incluidas dentro de un espacio físico sean, subsidiariamente y en caso de no tener dueño, propiedad de la colectividad, representada por el estado.

Por ello, en sociedades donde se pretendía eliminada la propiedad privada, como la Rusia Bolchevique, eso no era más que un quimérico espejismo: la propiedad privada no había sido eliminada, había sido atribuida al estado; el titular dominical de cualquier bien dejaba de ser la persona jurídica para ser el estado. Y en sociedades primitivas desconocedoras del concepto técnico de propiedad esta se haya implícita en la naturaleza de su modus vivendi: la titularidad dominical de los vienes la ostentan el conjunto de miembros de la comunidad, que se sienten naturalmente dueños del espacio que ocupan.

Y es que la propiedad privada va necesariamente unida a la naturaleza humana: donde hay humanidad hay propiedad. La relación del yo, del sujeto pensante, con el exterior es de propiedad. El verbo que explica la interacción del hombre con su entorno no es el ser; es el tener.

Autor: Ángel Escolano

( si te interesa, este post está extendido en http://wp.me/pIkeR-f)

El camino comercial de Santiago

Siento con mucha pena que después de caminar por todo tipo de parajes indescriptibles, sacrificando mis pies y mi espalda, a los 100 km de Santiago de Compostela (distancia mínima para recibir la Compostelana), en Sarria, se incorpore una marabunta de gente totalmente insensibilizada con el espíritu del Camino.

Me encuentro con que después de caminar más de 40 km y llegar al esperadísimo albergue, éste está repleto ¡y desde hace horas!. Resulta que los turistas, encima muchas veces apoyados por vehículos, caminan apenas unos quilómetros y en seguida se albergan, siendo morar en tales refugios toda una experiencia typical of here. Al fin y al cabo tienen que hacer tiempo como sea, ¡ya se huele el botafumeiro desde ahí!.

Mientras tanto, los auténticos peregrinos se encuentran sin poder ser acogidos y son penosamente reconducidos a pabellones deportivos. Y ello mientras los intrusos se regocijan con la delicatessen de los manjares gallegos.

Eso no es todo, hace 10 años hice el mismo camino y no recordaba tan poco respeto por la naturaleza. Y es que ahora no hace falta seguir las famosas flechas amarillas para no perderse, con seguir el rastro de la porquería es suficiente. Y aún peor, eso parecen las ramblas de Barcelona, el alboroto es a veces desquiciante.

Siguen siendo muchos planeando repetir la experiencia, pero no pocos se plantean dar por finalizado el viaje a los 100 km de Santiago.

Sano como un diablo

Hay alguien que llora por las noches,

sobre su cama, sobre si mismo,

derrochándose sin derroche,

desesperado por un mundo acobardadamente materialista.

¡Eres tu, pobre Nietzsche, el fatigado altruista!

.

Compadeces el mundo donde abundas,

el que se te muestra rebelde

como tu realidad moribunda,

como tu identidad, pobre duende verde.

.

Te proyectas a la nausea, a tu suerte.

Esa sucia sombra es en ti

una capa de polvo, de griterío incoloro,

que causa grima, que irrita costras,

hasta cuando es demasiado tarde.

.

Cómo puede tu humildad ser más cruenta

que tus lágrimas, ácidas pordioseras.

¿No lo ves? ¿No te das cuenta?

Estás corrompido,

viscosamente podrido por tu perfección.

.

Puedes someterte a la suerte de un pobre diablo,

así te sientes tú, oh, tierno jugador.

.

Desde la oscuridad serás esa luz

que deslumbrará al que fue Creador.

¡Amarás su destrucción,

adivinarías su ocaso!

Tu sufrimiento te hará sobredivino,

ni Dios tuvo que asear su sombra.

Él no tenia luz que le iluminara

Él es una linda luciérnaga,

Íntegramente apolíneo,

falto de vino,

sin estelas de las que huir.

.

Y ahora recuerda el peso de la existencia.

Deja de llorar y mira tu espada, la ahora hidratada.

Anhela a Penélope, creadora del miedo,

a quien amabas cuando ella no existía

¡Tanto iba a conocer el grito del valiente!

Siembre fue negación,

alejada del santo combatiente.

Nunca esperó mas esperar,

esperaba tu eterno despertar,

infectaba el sueño matinal.

.

¡Detenla con tu grito ahogado!

¡Tu gesto póstumo!

.

Crea, y que tus creaciones

sean de eco tan profundo,

de tan prescindible susurro,

que al vivir en el Limbo nihilista

merezcas ser invocado

como el infante azar,

monarca de la nueva Tierra,

milagro creador de Dios,

conquistador de batalla,

¡Fuerza nómada!

.

No te resignes creador,

¡Crea!

.

Ya eres libre,

tan libre como Dios cuando canta,

tan libre como el pescador de pleamar y luna llena.

.

Bienvenido a este mundo de intensos olores,

querrás resfriarte,

espero que no.