Reconstrucción histórica de las diferentes corrientes filosóficas

En este post haré un recorrido por las cuatro corrientes filosóficas que han definido lo que es la filosofía desde finales del siglo XVII hasta la actualidad. Podrá verse cómo los intelectuales de mayor influencia estaban bien interconectados en las redes de sus épocas y mostraré que de las alianzas y las batallas con sus opuestos, obtuvieron la fuerza y la creatividad para erigirse líderes. Además, mostraré el tipo de vínculo que tenían con las universidades y con los acontecimientos sociales que definieron la historia de sus países.

También presentaré por qué se caracterizaban, su principales ideas, los valores que defendían y que definieron sus amigos y enemigos, así como sus posiciones políticas y académicas.

Parte I – Reconstrucción histórica de corrientes filosóficas desde finales del siglo XVII y su relación con los estudios de filosofía en las universidades modernas

1-La corriente metafísica tradicional / religiosa

La corriente metafísica tradicional y religiosa, a la finales del siglo XVIII, debido a la Revolución francesa y, anteriormente, a la Reforma de Lutero, vivía una las crisis más profundas de su historia. La Facultad de Teología, junto a Derecho y Medicina, eran las carreras universitarias de mayor prestigio y mayor poder, no obstante, la reforma en la estructura universitaria, que iniciaría el idealismo alemán, prontamente desestabilizó la predominancia de la religión católica. De todos modos, Baviera se presentaría como el centro del conservadurismo.

Aunque en Francia la Reforma hizo un daño importante pues incluso llegó a expulsar la Teología de la universidad, en Alemania el impacto no fue tan grave. A finales del s. XVIII, el problema de la universidad estaba claro: había un número importante de estudiantes a los que se impartían un temario obsoleto (a pesar de la reforma universitaria en Gottingen en 1737) lo cual perjudicaba al estatus de los graduados hasta el punto que esos títulos no tenían valor a la hora de aspirar a puestos en la administración estatal. La reforma universitaria que iba desestabilizar casi por completo a las universidades católicas aprovechó la crisis política de la década 1790, década en la que se abolieron 22 de las 42 universidades que habían en Alemania. De las 20 restantes, solamente una era católica. Entonces es cuando surgieron movimientos culturales que poblaron Alemania de periódicos, libros, revistas, etc. fuera del dominio de la iglesia y que influyeron al movimiento idealista en ese fervor por romper con la tradición. De hecho, como dice Collins, la cumbre del movimiento idealista tuvo lugar en el momento en que parecía que las universidades desaparecían de todos lados.[1] En este punto, la reforma prusiana instauraría un sistema de requisitos que frenó el número de estudiantes y con la fundación de la universidad de Alemania, la formación universitaria fue un requisito para trabajar para el estado.

Prusia fue el estado que mayor oposición ofreció ante la revolución de Napoleón que había secularizado los estados eclesiásticos y derribado las censuras religiosas. En Hungría, el hervor de la mala sangre llevó a la condena a muerte y la encarcelación de muchos liberales. Jacobi, funcionario civil del gobierno, ortodoxo religioso y spinozista, desde su burbuja en Dusseldorf, representó la oposición intelectual, aunque con fondo político, a todo el movimiento desestabilizador liderado por Kant. Prontamente salió de su burbuja y en 1790 se trasladaría a Munich donde más tarde ocuparía la presidencia de la Academia de las Ciencias (1804-1812). Tanto a Lessing como a Spinoza, Jacobi fue capaz de convencerles para que adoptaran el spinozismo

El anticatolicismo fue una constante durante todo el siglo XIX. En las últimas décadas de este siglo, el Papa mantuvo una actitud especialmente agresiva al encontrarse una Francia y una Alemania que estaba secularizando la educación. Durante los años 1907-1910, el Papa acusaba severamente de herejía y exigía fidelidad a la doctrina de los milagros y otras cuestiones de fe. Ante tal derroche de fanatismo, filósofos como Brentano abandonaron el sacerdocio. El mismo Heidegger, influenciado intelectualmente por las obras iniciales de Brentano, educado desde joven gracias a una beca de la iglesia y estudiando Teología en Friburgo, universidad especialmente católica, obtuvo de esta corriente todo un capital cultural basado sobretodo en la escolástica, y sin embargo, en 1916, sufriría una conversión que le separó del catolicismo para siempre.

2-La corriente idealista / romántica / historicista / literaria / continental…

Reconstruir la corriente idealista es fundamental para comprender por qué la corriente metafísica tradicional y religiosa entró en una profunda crisis. El idealismo, más allá de suponer un sistema de ideas, supuso una actitud política tanto por lo que estaba sucediendo en Francia como por lo que ocurría en las universidades alemanas de finales del S.XVIII. Y es que este movimiento nació en la propia universidad.

Kant fue el iniciador de esta corriente, y ello gracias a su Crítica de la razón pura (1781). Gracias a las publicaciones en una famosa revista, en 1786 obtendría el reconocimiento, a pesar de vivir aislado en Koenigsburg, que encendería la llama del idealismo, llama que avivaría la ilusión de comentaristas como Reinhold, Maimon, Beck, etc. y la cólera al ya comentado opositor Jacobi y otros, menos encolerizados, como fueron Herder, Hamann, Herbart, Fries, Schliermacher, Schulze, Bouterwek, etc. Básicamente, se trataban de religiosos o realistas que negaban la teoría epistemológica mentalista de Kant y sus posiciones respecto a la estructura de la enseñanza universitaria. Esto último era preocupación exclusiva de los religiosos y no de los materialistas. De hecho Kant fue un gran científico y si hubiese sido por él hubiese ocupado una cátedra en ciencias naturales. Por desgracia, no había futuro por el modo de cómo estaba considerada y se decidió por la filosofía.

No sería hasta la llegada de Fichte, recomendado por Kant, hasta que el idealismo cuajó completamente gracias a su Ciencia del conocimiento (1794). Entonces, los enfrentamientos con la religión fueron el pan de cada día. Siendo Weimar y Jena los centros del idealismo, fue posible establecer toda una red de intelectuales que formarían una sopa de caldo de lo más nutritiva y picante: Goethe, Herder, Wieland, Reinhold, Fichte, Schelling, Hegel, Schlegel (y el resto de románticos), etc. Así fueron el centro desde la década de 1770 hasta finales del siglo, luego, la acción se trasladó a Berlín cuando Fichte, acabado de romper intelectualmente con Schelling (con Kant ya lo había hecho en 1799), y acabado de ser expulsado de Jena, inició sus influyentes discursos a la nación alemana donde dejó profundamente impresionado a von Humboldt, quien dos años más tarde, en 1809, estando en el poder del gobierno reformista prusiano, fundó la universidad de las Ciencias de Berlín, y nombró al mismo Fichte como profesor de filosofía y como rector. Convencido de que la grandeza nacional de Alemania dependía del desarrollo creativo intelectual y espiritual de los filósofos, liberó a la facultad de filosofía de todo tipo de restricciones y censuras e hizo lo posible para facilitar la libre investigación. Luego, Hegel, a la muerte de Fichte en 1814, ocuparía su puesto.

En medio de las reformas prusianas, Kant y Fichte reivindicaron el valor de la Filosofía y la necesidad de disponer de libertad para investigar.

Desde 1795 hasta 1819 nos encontramos en la etapa de mayor producción intelectual creativa. No podría no hablar de la entrada en escena de Schelling quien cautivó a muchos científicos hasta 1820. Mucho antes, en 1800, Schelling dejó de hacer sus estudios científicos para convertirse al idealismo estético, junto al movimiento romántico que se encontraba en su apogeo. Más tarde, Schelling añadiría a su pensamiento un sentimiento religioso que le llevaría a definir lo que llamó el idealismo absoluto. El propio Schelling fue quien introdujo en la red al propio Hegel. Ello lo consiguió al hablarle de Fichte, a quien Hegel visitó en 1795.

Así, Hegel se da a conocer en 1801 gracias a un artículo coeditado con Schelling y que explicaba las diferencias entre los sistemas de Fichte y Schelling. Seis años más tarde publicaría su Fenomenología del espíritu, y así, hasta la década de 1831 conseguiría dominar toda la esfera intelectual. Entre tanto, Hegel dejó eclipsado a un frustrado Schopenhauer, aunque éste había dejado impresionado a Wieland y había conocido a Goethe, y quien seguramente maldeciría para siempre a su rival creativo sin imaginar que el éxito le llegaría después de su muerte.

A partir de 1820, el idealismo dejó de ser un movimiento creativo para convertirse en algo rutinario. La actitud y la forma de trabajar de los hegelianos, tanto los de corte historicista como los de corte iconoclasta, motivaron un alud de críticas cuya máxima intensidad llegaría en 1840 por parte de los principales científicos físicos (Helmholtz, Bruecke, DuBois- Reymond, Ludwig). Ese sería el final de a corriente idealista. Feuerbach, Marx y Engels serían los clausuradores oficiales del movimiento pues, siendo hegelianos, invertirían el idealismo por un radical materialismo.

Durante el siglo XIX surgieron gran cantidad de nuevas disciplinas lo cual permitió mantener la creatividad dentro del sistema académico. Primero fue al división de los hegelianos, luego, en 1860, la división entre ciencias naturales y la filosofía; y luego la psicología también se independizó académicamente de la filosofía. Más tarde, otros conflictos desembocarían en importantes separaciones como ocurrió a causa de los conflictos entre historia y filosofía; y las ciencias sociales con el idealismo.

El neokantismo se erigió en este contexto como un movimiento muy potente porque a cada nueva disciplina naciente se pronunciaban. Fue una corriente en continua disputa con idealistas y empiristas. Aunque abogaban por el estudio empírico, los investigadores empíricos no compartían en absoluto su enfoque mentalista. Algunos ejemplos: Lotze, Helmholtz, Séller, Wundt, etc. Este último, fisiólogo de formación, separó la psicología de la epistemología al fundar un laboratorio psicológico en Leipzig en 1875. Esto obtuvo un éxito rotundo y entre 1880 y 1890 se expandió a otras cadenas de influencia llegando incluso a América a través de sus alumnos extranjeros. Entre tanto, Brentano, desde Viena, desarrollaba su propuesta, muy parecida a la de Wundt.

Poco a poco, este movimiento fue perdiendo fuerza y a adeptos tan importantes como Max Weber, quien a pesar de defender los métodos neokantianos, pronto se concentraría en la nueva disciplina en la que estaba trabajando(1908).

El círculo de Viena y la fenomenología existencialista serían los dos frentes que acabarían con el neokantismo. Friburgo, centro de esta corriente, albergaría la última cabeza visible y el último intelectual notable: Natorp y Nicolai Hartmann, respectivamente, este último rival de Heidegger.

Aunque Heidegger tuvo una etapa que lo situaría en la corriente metafísica más tradicional, en 1916 conocería a Husserl, discípulo de Brentano, y, después de convertirse al protestantismo, éste le acepta. Pronto sería su mejor discípulo. La fenomenología, la cual nace mezclada con miembros del círculo de Viena como Kraufmann, sería la plataforma desde la que Heidegger despegaría y es que en el anuario de Husserl (1920) publicaría su Ser y tiempo. Tres años más tarde, trasladarían a Heidegger a Marburgo como “Extraordinarius” y se convertiría en el centro indiscutible de su red.

3-La corriente lógico-positivista / analítica / naturalista…

A principios del siglo XIX, aún cuando todavía habían universidades tradicionales, empezó a gestarse lo que sería la corriente que mayor influencia tendría en la primera mitad del siglo XX y que iniciarían los matemáticos. En 1813 encontramos una de las primeras manifestaciones puesto que en ese año se fundó en el Trinity College la Sociedad Analítica de Cambridge. Aunque muchos matemáticos del sigo XIX tenían todavía la creencia de que las matemáticas estaban en su máximo desarrollo[2], cuando llegó la reforma universitaria, y con ella, la innovación, las matemáticas tendieron a distinguirse de su aplicación a la física. Este proceso desembocó a partir de 1830 en un boom de creatividad lo que llevaría al desarrollo de las matemáticas superiores abstractas. Además, la rivalidad, las controversias y la aparición de revistas especializadas estimularon dicha expansión. Peacock y De Morgan son ejemplos de matemáticos tradicionales, que aunque hicieron notables avances, se opusieron a los matemáticos que se separaban de la ciencia empírica.

En Gran Bretaña, considerablemente retrasados en la llegada de la reforma universitaria respecto a países del continente, se respiraba un ambiente cargado de activismo social y que estaba marcado por el utilitarismo. También el idealismo tenía una gran presencia en la isla. A pesar de que las universidades británicas todavía funcionaban según el sistema antiguo, las matemáticas estaban bien establecidas, sin embargo, la crisis se iniciaría cuando con el boom antes mencionado se revisaron los principios más básicos del álgebra y se hallaron paradojas.

Las leyes del pensamiento de Boole, en 1854, hicieron cada vez más evidente que los problemas se encontraban en las partes elementales de la aritmética. Es curioso ver que algunos de los que dominaron la red de influencia durante aquellas décadas, como el propio Boole, tenían una formación que muchas veces no era universitaria. Aún así, esta red, tuvo su centro en el Trinity College y en Cambridge. En estos centros encontraríamos una primera generación: Peacock, Herschel, Babbage y Whewell; y una segunda: De Morgan, Cayley, Sylverster y Jevons.

La abstracción y búsqueda de un lenguaje formal, que empezó a dominar la matemáticas, junto al problema de su Fundamentación, serían el puente hacia la filosofía. Además, en filosofía los matemáticos tuvieron más posibilidades de mercado y, a la vez, esto benefició a los lógicos que en filosofía no tenían apenas fuerza.

Frege, en 1879, inaugura este movimiento, aunque con poca fuerza (Russell se encargaría de darle resonancia). Aunque nunca tuvo el reconocimiento porque su entorno estaba más interesado en cuestiones más complejas, este matemático y profesor universitario en Jena fue amigo de Cantor y se relacionó con grandes como Russell, Husserl, Peana, Hilbert, etc. Además, mencionar que Frege se opuso a Mill, Kronecker, Brentano y Wundt, entre otros, todos ellos también desarrollando lógicas no deductivas.

Filósofos como Cayley, Whitehead o Frege serían padres intelectuales de Russell quien más allá de ocuparse de los fundamentos de las matemáticas inauguraría un programa ambicioso para reconstruir toda la filosofía y purgarla. Ello serviría no solamente para las matemáticas sino para la ciencia en general. Así nacería en 1903 los Principios de las matemáticas. Es sorprendente comprobar que el impacto y la influencia de Russell fuera coherente con su lugar en las redes puesto que este matemático-filósofo estuvo presente en todas las redes y en puntos de verdadera influencia. Así, Russell tenía conexiones con los idealistas, utilitaristas y lógicos. Además, estuvo siempre atento a lo que ocurría en Alemania y asistió a los congresos liderados por Cantor y Hilbert. Y es que además, estuvo en estrecho contacto con el formalismo de Hilbert y el intuicionismo de Brouwer; discutió con Poincaré y con Frege, y se opuso claramente a la metafísica y sobretodo al idealista Bradley, a quien atacó con su atomismo lógico.

Fue una época de descubrimientos de paradojas lo cual hizo patente que las matemáticas estaban en crisis. A pesar de que Frege se desanimó hasta el punto de abandonar su teoría de conjuntos, Russell, apoyado por Whitehead entre otros, siguió con el proyecto hasta 1919. Cuando Russell, después de todo el esfuerzo, vio que de su trabajo lo único que interesaba eran los defectos base de la teoría de tipos, entró en crisis personal. En este punto, la llegada de Wittgenstein fue muy beneficiosa para ambos. Russell delegó en Wittgenstein su trabajo, a cambio éste fue situado en el núcleo de la red intelectual.

El 1920 surge el Círculo de Viena como oposición al neokantismo y en medio de disputas sobre física. Muchos neokantianos, hartos de las metodologías de su propio movimiento, crearon este círculo que era la unión de tres redes diferentes y cuya intersección supuso el motor del círculo.

Por un lado estaban los neokantianos. El Círculo de Viena supondría la ruptura con el estilo que tenía el propio Helmholtz ya en 1850. De esta red, surgieron Cassirer, Vaihilinger, Carnap, Popper, Reichenbach, Schlick, etc. Éste último fue el responsable de la desestabilización de la red pues empezó a exigir rigor metódico. Además, fueron decisivas ciertas condiciones como que el neokantismo había hecho que sus seguidores estuvieran repartidos por todas las disciplinas y que nuevas corrientes como la fenomenología, el existencialismo o la lógica, se hicieran mucho más interesantes y pertinentes, lo que llevó a muchos de sus miembros a desplazarse a esos otros movimientos filosóficos.

Por otro lado, tenemos a los positivistas físicos que eran radicalmente opuestos a los neokantianos. Aunque inicialmente críticos con la filosofía, hasta que consiguieron la autonomía universitaria, este movimiento liderado por Kirchhoff y Mach, empezaron a ocuparse de los conceptos que constituía la física y a hacer propuestas con el espíritu de la navaja de Ockham. En esta red estuvieron gran cantidad de célebres físicos como Planck, Einstein o Bohr. Entre las controversias más destacables encontramos a Boltzmann y Ostwald y Mach, éste último muy activo también contra los neokantianos y contra Plank. En cualquier caso, la mayor controversia fue con los metafísicos.

La importancia de Mach queda reflejada en el hecho de que recibiera una cátedra de historia y teoría de las ciencias inductivas, puesto que Mach era físico y la universidad de filosofía estableció esa cátedra en 1922 sólo para que Mach fuera a Viena. Lo mismo le ocurrió más tarde a Schlick. Esta red entró en crisis con la “cuestión de la significación del lenguaje en el que estaba formulado el criterio mismo. Popper, por fin, llevó este conflicto interno hasta el rechazo del programa verificacionista, aunque mantuvo el espíritu demarcacionista central en el Círculo de Viena”[3]

Por último, tenemos a los lógicos-matemáticos. En 1920 esta red viviría su momento cumbre en la cuestión de la Fundamentación de las matemáticas. Carnap, en 1926, sería su representante. Wittgenstein llegaría más tarde. Ambos fueron influenciados por Russell, sin embargo acabaron como rivales. Por otra parte, tenemos todo el linaje de Hilbert también ocupado en fundamentar la aritmética: Hans Hahn, y con él Schlick, Gödel y Popper. La motivación necesaria nació de la rivalidad con los intuicionistas de Brouwer. Desde Ámsterdam, encontramos a este movimiento opuesto que se introdujo también en cuestiones relativas a la nueva física. Es gracias a ellos que Wittgenstein, a raíz de asistir a unas conferencias de Brouwer en 1928, volviera a hablar de filosofía. Por otro lado, Hilbert, en el Congreso Internacional de Matemáticos, desafiaba en el mismo año a todos los matemáticos a resolver cuatro problemas básicos y es gracias a este suculento reto que el joven Gödel entró totalmente en escena pues los solucionó todos en dos años. Neurath, otro de los grandes, también fue motivo de controversia, sobretodo con Popper y Gödel.

En 1930, Neurath fue uno de los ejes organizativos que tendría que gestionar la emigración a Estados Unidos por la amenaza nazi. A través de este filósofo entrarían en la red filósofos como Jun, Morris, Peirce y Mead.

En torno a John Grote y sus protegidos, Venn y Sidwick, el utilitarismo, centrado en los colegios británicos del Trinity y el King’s en Cambridge, desembocaría en 1903 en los Principia Ethica de Moore y que supondría una importante ruptura. Así nacería el movimiento del lenguaje ordinario en el que Russell protagonizó una revolución y en el que Wittgenstein sería su mejor representante. Este movimiento surgió en oposición a todo tipo de posturas, desde las del idealismo, el naturalismo de Spencer, hasta el escepticismo humeano de Balfour.

4-La corriente constructiva / culturalista / interdisciplinaria…

Esta corriente empezaría a gestarse a finales de la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría. Aunque esta corriente tiene precesores como Ernst Kapp, Marx, Dessauer, Ortega y Gasset, o incluso en Protágoras, es durante la segunda mitad del siglo XX que se definió y se institucionalizó debidamente. La corriente constructiva nace en la universidad como reacción al contexto político y social respecto a cómo se estaba gestionando política, académica y socialmente la ciencia y la tecnología. Ante las amenazas y los graves riesgos como fue la bomba atómica, aquella idea weberiana de neutralidad valorativa ya no servía. De hecho, Max Weber vivía unas circunstancias muy diferentes.

Hasta los años 60, la ciencia se puso en evidencia al servir para los intereses armamentísticos, era lo que se llamó “ciencia industrializada”. Luego se vería su faceta capitalista donde la ciencia y la tecnología estaría al servicio del mercado. No es hasta los años 60 en los que apareció un movimiento social denunciante del imperialismo reinante, los impactos ecológicos, etc. En esa década es cuando aparece en Alemania Dingler y que sería el inspirador de la filosofía constructiva. Luego, Lorezen sería el impulsor de la teoría constructiva sistemática de las ciencias.

La primera reunión importante se dio en el año 1965 en San Francisco durante el VII Congreso Anual de la Society for the History of Technology (SHOT). Se creó un simposio donde intervinieron Agassi, Bunge, Mumford y Skolimovski. Poco tiempo más tarde, la revista de la SHOT recogió tales intervenciones. No fue hasta los dos congresos sobre “Filosofía y Tecnología” en la Universidad de Delaware, en 1975 y 1977, que este movimiento no cuajó institucionalmente en la Society for Philosophy and Technology. En 1983 se organizaría del todo.

En 1981, Fierdrich Rapp y Paul Durbin, desde Alemania y EEUU, unirían fuerzas para organizar en Bad Homburg el primer congreso de la SPT cuyo éxito llevó a repetirlo cada dos años hasta hoy.

En España, esta corriente se ha estado integrando poco a poco. En 1989, Cutcliffe, Durbín, Mitcham y Winner vendrían a España para participar en las Jornadas sobre Ciencia, Tecnología Y Sociedad. Estas Jornadas organizadas en Valencia provenían de la gestión de una nueva sociedad: el Instituo de Investigadores sobre Ciencia y Tecnología (INVESCIT) y que fue promovido por académicos de Barcelona, Valencia, Oviedo y el País Vasco. Esta misma sociedad, tres años más tarde, y después de publicar el contenido del congreso, organizarían otras jornadas sobre Estudios de la Ciencia y la Tecnología en la investigación y la Educación, jornadas en las que asistieron importantes estudiosos en CTS como Latour y Woolgar.

Actualmente, esta corriente está en plena expansión como muestra la incorporación de una asignatura de sobre estudios en CTS en la ESO y el gran interés que ha despertado en Latinoamérica.

Como ocurren en todas las corrientes, la corriente constructiva también se animó a medida que entraba en controversia. Dejando de lado aquellas corrientes tecnofóbicas, la corriente que se opuso con más fuerza fue la analítica. Mario Bunge, líder del movimiento de oposición a los estudios en CTS que fue llamada “Science Warse”, acusó a éstos de pseudocientíficos y antiracionales, de marxistas e infiltrados anticientíficos. Defendió que existía un método tecnológico, unas leyes tecnológicas y su peculiaridad en relación a las leyes científicas.

Otro enfrentamiento de gran consideración fue la ruptura con la sociología del conocimiento científico puesto que los estudios en CTS no buscaban dar una explicación causal del fenómeno social sino comprenderlo y tampoco le interesaba el conocimiento en sí, sino la propia práctica científica.

Parte II. Valoración y caracterización metódica de las diversas corrientes y posiciones

1-La corriente metafísica tradicional / religiosa

Esta corriente estaba fuertemente arraigada en la tradición por lo que era reacia a todo tipo de innovaciones. Al estar en el poder político a través de la Iglesia sus miembros siempre se mostraron contrarios a reformas y, por supuesto, a la secularización.

Fuertemente anclados en la escolástica y, por lo tanto, en la metafísica de Tomás de Aquino y Duns Escoto, por no mencionar a Aristóteles, su gran objeto de estudio fue el ser y su univocidad, lo cual conectaba con Dios, el ser único, absoluto y más perfecto.

El pensamiento concreto, el empirismo, cosmologías materialistas, etc. fueron el continuo enemigo al que derrotar. No sólo estaba en juego una determinada relación con la verdad, sino que le iba el mismo pan de cada día. Por eso, la religión tenía que tener su representante en el Vaticano, pues el protestantismo no era rentable, ni saciaba su estómago no espiritual.

Así pues, el único Dios era el católico y lo demás, herejías.

2-La corriente idealista / romántica / historicista / literaria / continental…

Esta corriente, a pesar de que se deshace de la religión católica, todavía conserva el uso de la metafísica, incluso una gran de inquietudes espirituales místico-religiosas. Por ejemplo: Schelling, Fichte, Schopenhauer o la propia corriente romántica.

Entre la corriente metafísica tradicional y la idealista se da otro salto: la centralidad del yo. Kant establece, en su Crítica de la Razón Pura, que nuestro acceso al mundo viene mediado por las categorías de nuestro entendimiento y que esta mediación conlleva el no tener un acceso directo del mundo. Aunque Kant nunca compartió todo lo que iba a inspirar, pues su mentalidad era prominentemente científica, el mentalismo, en contraposición al realismo científico o al realismo metafísico, iba a suponer el desarrollo de la epistemología como disciplina que subordinaba la metafísica a ella y que era encargada de determinar tipos de conocimiento y posibles accesos a ellos. Así es como Schelling se ocupó de la ciencia empírica. El neokantismo, más tarde, situaría el idealismo y el materialismo al mismo nivel

Es destacable que el uso de la dialéctica fue una constante. Primero fue en Fichte aunque fue en Hegel donde recibió la aplicación más importante puesto que centró este método en el desarrollo histórico del espíritu del mundo, especialmente en la forma de formas sociales. Marx haría lo mismo aunque invirtiéndolo al materialismo.

El idealismo siempre estuvo luchando por la reforma y el progreso lo cual granjeó no pocos enemigos católicos. Kant, por ejemplo, enemigo de Jacobi, siempre apoyó la libertad y la igualdad ante la ley, cosa que desagradaba a aquellos que entre unos pocos acaparaban todo el poder. Fichte, Schlegel y Hegel fueron otros grandes liberales que promovieron cambios significativos, desde en la educación hasta en materia de libertad sexual.

La fenomenología, por su parte, se caracterizaba por llevar al extremo los supuestos mentalistas puesto que su investigación hacía hincapié en la propia conciencia y en cómo evitar todo aquello que actuaba como filtro de ésta. Así, desde esa pureza, estudiaba la subjetividad. Heidegger, discípulo del propio padre de la fenomenología, no obstante, rompería con esto y situaría la epistemología como subordinada de la metafísica. Así rompería con la tradición idealista y se dirigiría al existencialismo y a la religiosidad. Su metafísica, preocupada en demostrar el viejo problema de la univocidad del ser, definiría al ser humano en su situación existencial en el mundo, delante de la muerte y en relación al tiempo. Encontramos, pues, un retorno a la metafísica más abstracta y más alejada de la ciencia. Retornamos a los temas religiosos aunque con las herramientas de la fenomenología. Jaspers sería también otro ejemplo interesante.

En vez de la concepción exageradamente dogmática de la tradición religiosa, esta metafísica reconocía que no eran verdades absolutas sino que eran cuestiones existenciales más allá de los límites científicos. El ser constituía ser histórico y no eterno.

3-La corriente lógico-positivista / analítica / naturalista…

Absolutamente antimetafísica, antifenomenológica, antiexistencialista, etc.. Popper consideraba la metafísica como una fuente de errores y absurda. Russell llegaría a afirmar que la filosofía era una historia de errores conceptuales. Esta corriente tenía la convicción de que la ciencia era el conocimiento por excelencia y que ésta investigaba objetivamente la naturaleza, la cual estaba escrita en símbolos matemáticos porque estaba ordenado. Así pues, su trabajo recayó en la ciencia, su papel, sus supuestos, etc. Las matemáticas, una vez que se separaron de la ciencia empírica, se convirtió en el problema capital pues sus fundamentos contenían paradojas. De hecho, los militantes de este movimiento eran casi todos matemáticos o físicos.

El objetivo primero fue crear una lógica capaz de fundamentar las matemáticas lo cual derivó con Russell y su programa logicista que pretendía edificar las matemáticas desde la simplicidad y la evidencia e incluso fundamentar todas las ciencias en general.

Vemos como prevalecía la axiomatización, la exposición sistemática, las pruebas, tanto deductivas como inductivas, etc. El uso del rigor, iniciado por Schlick en los círculos neokantianos, fue una arma para derrotar a sus enemigos, además, dado el alto nivel de especialidad constriñó su audiencia a una élite de especialistas. La abstracción pura, en el caso de las matemáticas, se desarrolló paralelamente al desarrollo de las ciencias.

El Círculo de Viena se caracterizó por abogar por la neutralidad valorativa de la ciencia, por su unidad y su interés fundamentador. Al final, con Neurath, incluso con Popper, la ciencia como conocimiento absoluto, empezaría a moderarse y a definirse más laxamente. La Segunda Guerra Mundial y la bomba atómica pondrían en crisis muchas de estas concepciones.

4-La corriente constructiva / culturalista / interdisciplinaria…

Esta corriente se caracteriza por utilizar un modelo de interpretación cultural que integra tanto las prácticas de sus miembros, como los entornos materiales, simbólicos, organizativos y del bioentorno. Esta concepción integrada tiene en cuenta los condicionamientos políticos y sociales de la ciencia y la tecnología y rechaza, pues, la pretensión de objetividad y neutralidad valorativa de otras corrientes.

Así pues, el desarrollo científico y tecnológico lo considera íntimamente relacionado con cada gobierno, con la industria y las empresas, con los movimientos sociales, la naturaleza, etc. Es por todo ello, que los programas de CTS no se conforman con el análisis y el diagnóstico de la situación cultural, sino que busca concienciar e intervenir políticamente. Por ello apuesta por la participación democrática ciudadana, lo cual supone estar actualmente en un proceso de lucha por insertarse en el sistema educativo.

Dado las necesidades de esta corriente, es especialmente interdisciplinaria pues combina estudios en antropología, sociología, arqueología, etc. Además, según cuál sea su objeto de estudio, siempre hay un interés positivo para también trabajar con especialistas en ciencias típicamente naturales como físicos, químicos, biólogos, etc. Es por ello que jamás podrían tacharse de anticientíficos o tecnofóbicos. Todo lo contrario, sólo que sin caer en el fanatismo inconsciente de los analíticos.

Por último, decir que su concepción de la ciencia es totalmente contrapuesta a la filosofía analítica pues defienden que la técnica y la tecnología es lo que define la ciencia, invirtiendo[4], pues, el pensar que la tecnología es ciencia aplicada.

…….

[1] Randall Collins, “A Micro-Macro Theory of Intellectual Creativity: The Case of German Idealist Philosophy”, Sociological Theory, Vol. 5, No. 1 (Spring, 1987), P. 70

[2] Aunque Berkeley atacara al intocable Newton en 1734 y rompiera, al menos momentáneamente, la ilusión de máximo desarrollo.

[3] Randall Collins, Sociología de las filosofías. Editorial Hacer, Barcelona 2005. Cap. 13.

[4] De hecho, la corriente constructiva analiza muchos de los prejuicios epistemológicos que sufrimos hoy en día.

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