Una oportunidad para la cientificación de la astrología

Un sencillo experimento puede demostrar que la influencia de los astros en la psicología humana es una realidad. Este artículo, además de proponer dicho experimento, explica por qué es difícil la cientificación de la astrología y menciona algunas evidencias para creer en ella.

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Más allá de los prejuicios, un sólido horizonte

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Supongamos por un momento que algunas personas que se autodenominan astrólogo/as fueran capaces de encontrar un íntimo vínculo entre los ciclos que ocurren en los organismos (y organizaciones) de la Tierra y los ciclos planetarios del sistema solar.

Supongamos que la mayoría de personas que dicen saber qué es la astrología tuvieran un conocimiento radicalmente equivocado sobre la misma. Y supongamos que por ello fuera muy razonable juzgar que la astrología –entendida desde su concepción más extendida en el público- es absurda.

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Abstracción y lenguaje metafórico

El punto de partida de este post es la función que tiene el lenguaje en nuestra relación con el entorno. Según la teoría cognitiva del significado (Langacker, 1991), nos valemos de determinadas estructuras conceptuales para poder reconocer, diferenciar y comprender tal entorno.

Por ejemplo, cuando yo me encuentro con Ron, el perro de mi vecino, puedo identificarlo a varios niveles: 1) particularmente como Ron (y no como Chak, el perro de mi abuela); 2) como un Bulldog (y no como un cocker inglés); y 3) como un perro (y no como un gato).

Así pues, de una forma más o menos consciente, mi mente dispone de la siguiente estructura semántica:

Sobre este tipo de estructuras podemos hacer las siguientes observaciones:
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Algunas claves para llegar a ser un científico revolucionario

En posts anteriores exploramos las condiciones para la emergencia de mentes científicas creativas. Primero, exploramos la dimensión epistemológica que nos iba a permitir entender cómo llegamos a conocer algo con garantías (la ciencia desde el mentalismo, proceso de abstracción, el conocimiento científico). Segundo, exploramos la dimensión psicobiológica al adentrarnos en nuestra dimensión primitiva (evolución humana, multidimensionalidad de la naturaleza humana, lenguaje metafórico y control de instintos, inconsciente). Con ello no perdíamos de vista que la actividad del científico está circunscrita por su animalidad. Tercero, exploramos la dimensión psicosocial al adentrarnos en la relación limitante individuo-sociedad a la hora de elaborar conocimiento creativo (cómo se expresan las necesidades primitivas en la sociedad y cómo el creativo las gestiona; la influencia de los grupos sectarios, el ataque al creativo por parte de los mediocres).

Con todo lo anterior estamos en condiciones de seguir. Ahora comprendemos que hay saberes menos inseguros que otros porque han sido bien contrastados (o han resistido falsaciones). Así pues, la cuestión de la verdad absoluta no debe preocuparnos más. Lo único que vale ahora es conocer el mundo donde vivimos (incluidos nosotros), averiguar cómo podemos relacionarnos con él de una forma óptima y, lo que es nuestro objetivo, comprender qué convierte a un científico ortodoxo en revolucionario.

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La metáfora y las emociones: una perspectiva analítica

En este post querría exponer críticamente algunas tesis propias de la Filosofía del Lenguaje sobre las metáforas y el fenómeno de la emotividad resultante de la experiencia de las ficciones. Mi crítica y mi propuesta de ampliación de tales tesis enlazan ambas temáticas y es por ello que quiero hacer un análisis conjunto.

Voy a ofrecer, además de interpretaciones basadas en autores específicos de este tipo de temario, una nueva interpretación basada en estudios de Milton H. Erickson, Gregory Bateson, Richard Bandler y John Grinder. Voy a prescindir, en la medida de lo posible, del lenguaje especializado propio de los autores ajenos al temario específico y voy a adaptarme al vocabulario y a los conceptos que he ido adquiriendo durante el estudio de autores como Grice, Davidson, Lewis, Black,  Stalnaker, Thomasson, Frege, Beardsley, etc. No obstante, para mi exposición, voy a necesitar introducir conceptos que son propios de la dimensión conductual del lenguaje. Por ello, voy a basarme en la estructura y los procesos implícitos en el lenguaje.

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Paul K. Feyerabend. El anarquismo epistemológico

A primera vista puede parecer contradictorio para una persona dedicada a la ciencia y alejada del relativismo posmoderno declararse admirador de la obra de Paul K. Feyerabend (1924- 1994). Este excepcional filósofo de la ciencia austríaco fue implacable en su crítica de determinadas actitudes científicas, y sus propuestas han alimentado con más o menos fundamento a los relativistas que niegan la existencia de certezas absolutas. Pero a pesar de que algunas de las afirmaciones de Feyerabend sean difíciles de digerir, por ejemplo cuando desafía a que alguien demuestre que la medicina científica es “superior” a muchas medicinas tradicionales, yo creo que todos, científicos o no, seremos un poco mejores después de leer sus obras, especialmente su fascinante Contra el Método (1974). Para no extenderme voy a exponer con qué parte de Feyerabend me quedo:

1)      La crítica de la jerga científica. En una entrada anterior comenté esto. Feyerabend fue ferozmente crítico con el lenguaje de los científicos modernos, con su pérdida de capacidad de comunicación, su distancia y su pretensión de superioridad. En palabras suyas, la ciencia puede y debe expresarse de forma que sea comprendida y disfrutada por todos.

2)      El concepto de “tradición”, como un conjunto de actividades colectivas que dan sentido a la vida de los que las practican. Tradiciones serían la ciencia, la religión, las artes, la magia… En una sociedad democrática, según PKF, las distintas tradiciones deberían ser capaces de convivir sin que ninguna de ellas se impusiera al resto.

3)      La crítica de la pretensión de objetividad científica. En todo científico anida una “pasión”, por más que intente disimularla en aras de su estándar profesional, que no permite tales excesos. Además, en toda ciencia hay elementos subjetivos que se resisten a ser eliminados, por más que luego los descubrimientos cientificos se “reconstruyan” de forma estrictamente racional.

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Evolución humana: desarrollo del lenguaje metafórico y control de instintos

La sofisticación o redimensionalidad de las necesidades humanas (más info aquí) sofisticaron la propia conducta humana así como su morfología cerebral. Dichas nuevas exigencias provenían de la cultura y fueron las responsables del surgimiento del lenguaje y el control de los propios instintos.

Lenguaje metafórico

Sobre el lenguaje hay hallazgos importantes que constatan su aparición en tiempos primigenios de la evolución humana. Esto se ha mostrado en el desarrollo de la área de Broca y Wernicke visto en las cavidades craneales de los fósiles (más info aquí). El desarrollo del pensamiento simbólico representaba el desarrollo de la capacidad abstractiva la cual es condición de posibilidad para la producción de conceptos (más info aquí).

Evidentemente, en un principio cabe suponer que nuestros ancestros no poseían la finura para diferenciar diferentes niveles de abstracción y que no eran conscientes de la naturaleza del propio lenguaje y, por lo tanto, podemos afirmar que su inmadurez simbólica se reflejó en su forma de modelar la vida. La religión y el mito se presentan así como el fruto de un estadio primero de confusión epistemológica. Incluso hoy en día, aunque guardando las distancias, nos cuesta movernos ágilmente por los diferentes niveles de abstracción. Y es que una de las reflexiones que marcará la diferencia en ulteriores reflexiones de este blog es que todavía arrastramos el pensamiento simbólico más primitivo: el metafórico.

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El fenómeno de las llamadas perdidas desde la teoría de Grice

Tenemos:

S: Perdida en el móvil (fuerza ilocutiva: de demanda para crear una intención)

P: Parlante

A: Audiencia

(i)                 P quiere producir un cierto estado mental en A, a saber: la intención de que llame a P.

(ii)                P piensa que llevar a término S puede ser un medio para conseguir su objetivo, expresado en (i).

(iii)               El plan de P para conseguir su objetivo, expresado en (i) a través del medio expresado en (ii), es que A, a quien supone racional, lleve a término un pequeño razonamiento práctico la conclusión del cual será precisamente la bondad de la acción que P quiere que A trate de llevar a término, y que, aceptando A la verdad de las premisas de su razonamiento, acepte también la conclusión, formando así la intención que P quiere producir en él.

Razonamiento práctico que P quiere que A haga:

a)      La persona que me llama por teléfono ha colgado justo después de un breve tono quedando así constatada como llamada perdida.

b)     Tal acción no tiene sentido porque se llama para comunicarse por habla e imagino que él también lo sabe. Podría tratarse de algo hecho “sin querer”. Otra posibilidad no despreciable, pero, es que se trate de una acción suya.

c)      En este caso, es más probable que él sepa que estoy junto a mi teléfono móvil, capaz así de apreciar a) y b), así el propósito de su acción puede ser precisamente producir en esta otra la perplejidad expresada en a) y b) y a través de esto hacer un razonamiento que estoy iniciando.

d)     En tal caso lo que debe estar consiguiendo es algo como lo que los razonamientos producen, un juicio si es un razonamiento teórico o una intención si es un razonamiento práctico. Y, en este contexto, dado lo que una llamada perdida significa ordinariamente, y dado que ha llamado y ha colgado inmediatamente, lo que está intentando conseguir es que me percate que él quiere que yo forme la intención de devolverle la llamada; en otras palabras, que yo sea consciente de su deseo de que yo forme la intención de devolverle la llamada.

e)      La única razón sensata para que P quiera que yo sea consciente de su deseo de que yo forme la intención de devolverle la llamada, en este caso, es que él quiere recibir mi llamada para comunicarse conmigo haciéndome una llamada perdida para que le devuelva la llamada. Lo mejor que puedo hacer en esta situación es, entonces, devolverle la llamada. 

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La sociedad, un lugar hostil para la excelencia

“la sociedad espera de cada uno de sus miembros una cierta clase de conducta, mediante la imposición de innumerables y variadas normas, todas las cuales tienden a “normalizar” a sus miembros, a hacerlos actuar, a excluir la acción espontánea o el logro sobresaliente”[1]

Hannah Arendt, que entiende la acción como un acto político, como una muestra de la libertad creadora del ser humano, analiza nuestra sociedad como un espacio de vida donde se impide deliberadamente diferenciarnos de los otros. Porque no es sólo que vivamos en una estructura donde se dificulta la excelencia sino que cuando ésta emerge… se combate.

El psiquiatra José Luis González de Rivera, en su libro “Maltrato psicológico”, analiza el fenómeno de la mediocridad como uno de los causantes del maltrato al que sobresale.

El mediocre es aquel incapaz de valorar, apreciar o admirar la excelencia; y el excelente es aquel capaz de reconocer y apreciar lo bueno, notable, brillante u original, sea o no el artífice del objeto apreciado.

El esquema que propone diferencia 3 grados de mediocridad estando en el grado más alto los que padecen el síndrome de mediocridad inoperante (MIA). Según este psiquiatra, este tipo de personas están totalmente faltos de originalidad, aunque se las den de pseudocreativos (intentan aparentar y, sobretodo, procuran ser reconocidos), y se caracterizan por su agresividad contra aquel que atisba una pizca de genialidad. Estos acosadores encarnan el espíritu que llevaron a la Inquisición a cometer tantos crímenes. Y es que los ejemplos de personajes geniales que fueron atacados por ser diferentes es interminable (desde Sócrates hasta Einstein pasando por Cervantes).

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Evolución humana y sociedad: la multidimensionalidad de las necesidades humanas

Partiendo del post pasado sobre evolución humana, es fundamental para el fin de este post comprender hasta qué profundidades el comportamiento humano (así como los contextos socio-culturales donde se produce conocimiento) está estimulado por necesidades (y actividades) primitivas que tienen como objetivo:

  • sentirse seguros, obtener comida y sexo.
  • Aumentar y mantener un grado satisfactorio de dominancia, posesión y territorialidad.
  • Sentirse en cooperación, poder compartir, sentir compasión, ser solidarios.
  • Establecer una familia.
  • Seguir y respetar una ética.

Es muy cierto que la cultura[1] nos ha hecho mucho más complejos y, por lo tanto, necesidades profundas como la seguridad no se basan ya sólo en el sobrevivir y no ser agredidos físicamente sino que la sensación de seguridad se ha vuelto más exigente y variable. Y  así con el resto de necesidades.

Por estar inmersos en una cultura -y para tener éxito en ella- nos vemos sometidos a la exigencia de conseguir objetivos que no son sólo los de nuestros ancestros (que también). Ahora necesitamos, además, un buen trabajo, estabilidad económica, conocimientos, vivencias, etc., es decir, cubrir más necesidades/conseguir más objetivos. Las necesidades se han redimensionado en la medida que el ser humano ha evolucionado, se ha redimensionalizado:

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