Las 10 Estrategias de Manipulación Mediática por Noam Chomsky

1. La estrategia de la distracción El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a la granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

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La estrategia económica de China en Sudán

China ha sido promotora del desarrollo africano hasta tal punto que podríamos considerarla como la neocolonialista del s.XXI. La ayuda china no era completamente desinteresada, se establecía una relación win-win. Las tan necesarias remesas de capitales se intercambiaban por las materias primas y recursos energéticos que requiere el crecimiento desorbitado de China.

A la hora de establecer relaciones comerciales, China propugnaba el seguimiento de una serie de valores o principios geopolíticos. De esta manera, gracias al llamado poder inteligente, se conseguía bajar reticencias y que el continente africano no viese a China como un imperialista dominante. China basó sus inversiones en acuerdos que garantizasen la coexistencia pacífica, el mutuo beneficio y la igualdad, el respeto a la soberanía y a la no intervención en asuntos internos.

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La sociedad, un lugar hostil para la excelencia

“la sociedad espera de cada uno de sus miembros una cierta clase de conducta, mediante la imposición de innumerables y variadas normas, todas las cuales tienden a “normalizar” a sus miembros, a hacerlos actuar, a excluir la acción espontánea o el logro sobresaliente”[1]

Hannah Arendt, que entiende la acción como un acto político, como una muestra de la libertad creadora del ser humano, analiza nuestra sociedad como un espacio de vida donde se impide deliberadamente diferenciarnos de los otros. Porque no es sólo que vivamos en una estructura donde se dificulta la excelencia sino que cuando ésta emerge… se combate.

El psiquiatra José Luis González de Rivera, en su libro “Maltrato psicológico”, analiza el fenómeno de la mediocridad como uno de los causantes del maltrato al que sobresale.

El mediocre es aquel incapaz de valorar, apreciar o admirar la excelencia; y el excelente es aquel capaz de reconocer y apreciar lo bueno, notable, brillante u original, sea o no el artífice del objeto apreciado.

El esquema que propone diferencia 3 grados de mediocridad estando en el grado más alto los que padecen el síndrome de mediocridad inoperante (MIA). Según este psiquiatra, este tipo de personas están totalmente faltos de originalidad, aunque se las den de pseudocreativos (intentan aparentar y, sobretodo, procuran ser reconocidos), y se caracterizan por su agresividad contra aquel que atisba una pizca de genialidad. Estos acosadores encarnan el espíritu que llevaron a la Inquisición a cometer tantos crímenes. Y es que los ejemplos de personajes geniales que fueron atacados por ser diferentes es interminable (desde Sócrates hasta Einstein pasando por Cervantes).

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El calendario gregoriano

El calendario nos permite controlar el paso del tiempo. Originalmente fue establecido para controlar el paso de las estaciones y para establecer fiestas religiosas o civiles. También hizo posible el nacimiento de la historia pues permitió fechar acontecimientos importantes.

Un calendario NO es un modelo científico sino que es el resultado de un contrato social. Por esta razón, en la actualidad, encontramos  varios calendarios en vigor.

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Algunos efectos contraproducentes de pertenecer a un grupo para la creatividad intelectual

Sabemos que pertenecer a un grupo implica compartir creencias, no necesariamente religiosas, sino también filosóficas o sobre el mundo cotidiano. Es decir, las creencias pueden ser entendidas como juicios que tenemos instalados en el inconsciente y que determinan lo que valoramos como relevante. Así por ejemplo, un departamento en la universidad de filosofía, típicamente de pensamiento continental, compartirá la creencia del relativismo epistémico mientras que otro departamento, más analítico, compartirá el supuesto del realismo epistémico. Ambos departamentos tendrán buenos argumentos racionales para defender sus posiciones sin embargo al final habrán enunciados que a unos les parecerán evidentes, tomados como supuestos simplemente, mientras que otros los rechazarán. Uno de los objetivos de este post (y próximos) es dar una solución paliativa a esta situación que cualquier escéptico o relativista aprovecharía a su favor. Sin embargo, es necesario comprender el poder de las creencias para poder “combatirlas”. Para ello utilizaremos los casos más reveladores y que encontraremos en la fe religiosa (pues entiéndase la fe como una expresión extrema de las creencias).

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Vivir en sociedad: un contratiempo para la creatividad y la objetividad

“Lo que consideramos evidente depende y tiene demasiado que ver con nuestra educación, nuestros prejuicios y nuestra cultura para ser una base fiable de lo que es razonable”

A. Chalmers

En este post exploraremos la relación entre conocimiento (supuestamente objetivo) y la vida humana en sociedad. En posts anteriores hemos visto que estamos lejos de ser personas netamente racionales puesto que conservamos nuestra animalidad hasta en aquellas circunstancias que parecerían puramente racionales. Ahora veremos que nuestra pretendida libertad a la hora de juzgar el mundo está limitada por algunos efectos negativos de vivir en sociedad. El científico revolucionario tendrá que ser capaz de estar por encima de la presiones de grupo lo que esto se traducirá en, por ejemplo, no necesitar depositar su confianza en manos ajenas. ¿Un buen ejemplo?  Copérnico.

Y es que en el día a día vivimos con otras personas en una gran superestructura que llamamos sociedad. De la misma forma que en los grupos de primates hay jerarquías y, por lo tanto, estatus (a respetar o desafiar), a nosotros nos pasa exactamente lo mismo: vivimos con otros siempre en severa jerarquía donde el dominante lo defino, muy cercano a Hobbes y Weber, como aquel que garantiza la “seguridad” de un “territorio” al persuadir a la mayoría de estar por encima de sus competidores. Dada la multidimensionalidad de la vida humana ahora el dominante no es el más fuerte sino que ahora la ansiada sensación de seguridad la transmite también el dinero, la inteligencia, el poder político… y lo que nos interesa, el conocimiento.[1] Así pues, el conocimiento científico, entendido éste como producto socio-cultural por consenso entre expertos, también implicará una estricta jerarquía con dominantes respetados (reconocidos e incuestionados) que liderarán la compleja estructura del paradigma imperante.

Así, defenderé la hipótesis de que un científico excelente y revolucionario (en este post me referiré a los intelectuales en general) se verá limitado, incluso perjudicado, por determinadas prácticas típicamente sociales como es la práctica investigadora en equipo. Para empezar, el desafío al dominante implicaría la osadía de socavar la seguridad intelectual de todo un colectivo lo que es violento en sí. Por ello, de pertenecer a este colectivo (de una forma más o menos íntima) este desafío supondría el gran inconveniente de producir la incomodidad de aquellos que uno considera sus colegas (y, en cierta manera, sus iguales). Así pues, ¿Hasta qué punto el inconsciente no conduciría al individuo perteneciente a un colectivo a conclusiones que pudieran perjudicar, por ejemplo, el seguir sintiéndose seguro intelectualmente o socialmente? Más adelante leeremos en Collins otra gran desventaja de pertenecer íntimamente a un grupo y es que el individuo tiende a adoptar el pensamiento del grupo (lo que podemos suponer que disminuye las probabilidades de encontrar a un intelectual creativo capaz de desafiar el paradigma dominante).

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Transgénicos e ingeniería genética

Introducción: Conceptos y marco teórico que se aplican en el estudio del caso

El objetivo principal de este estudio es analizar y comprender la cuestión de los alimentos transgénicos y la ingeniería genética. Para ello, lejos de entender la ciencia  como algo separado de la cultura, el abordaje del caso seguirá el llamado método tecnográfico el cual nace de la corriente constructiva alemana de la filosofía de la ciencia (Methodischer Kulturalismus). Concebir la ciencia como íntimamente ligada a la cultura nos permitirá obtener una visión global del suceso, y es que ésta implica más dimensiones de las que se había pensado. Es un gran error reducir los estudios sobre ciencia y tecnología en términos de conocimientos científicos puesto que la práctica de la ciencia está atravesada, hasta lo más hondo de su ser, por las circunstancias sociales, la tecnología disponible, el estado del bioentorno, etc.

Ya hemos dicho que por cultura no hemos de entender algo de carácter humanístico sino que la definiremos como un entramado de prácticas que implican artefactos, técnicas y recursos de diferentes dominios íntimamente interrelacionados y que configuran diferentes entornos: el entorno material (y que implica el conjunto de artefactos, técnicas, construcciones y recursos materiales), el simbólico (y que implica el conjunto de interpretaciones, valoraciones, representaciones y formas de procesamiento de información), el organizativo (y que implica estructuras institucionales, la economía, las leyes y otras formas de organización e interacción social) y el bioentorno (y que implica el estado de la naturaleza –no humana- así como las formas de interactuar con ella). Gracias a esta estructura conceptual podemos entender las culturas o subculturas como sistemas o subsistemas que se definen por los diferentes dominios y entornos, muchos de los cuales se solapan entre ellos, produciendo así complejos híbridos.

Por otra parte, lo que nos interesa es saber qué hacer cuando tenemos que analizar y comprender un fenómeno científico. Ya sabemos que consideraremos más dimensiones de lo que muchos han tenido en cuenta hasta hace poco. Ahora bien ¿Qué secuencia de análisis seguiremos para entender qué ocurre con los transgénicos y, más concretamente, con la colza transgénica de la multinacional Monsanto?

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El surgimiento de los escribas en la Antigüedad

Con las nuevas formas de organización social, política y económica en la antigüa Mesopotamia surgen los escribas y los funcionarios al servicio real, un nuevo tipo de especialistas encargados de dominar la creciente complejidad de la producción, la administración y el gobierno. Éstos forman una subcultura informática escritural, base de la subcultura científica operativa, es decir, un subsistema con prácticas y entornos propios de las nuevas técnicas de la información y la comunicación así como su aplicación manifiestamente operativa. Los escribas estaban liberados de los trabajos de producción material y su trabajo estaba relacionado con las técnicas simbólicas. Desarrollaron la escritura, la notación, el cálculo matemático, la geometría, la astronomía, etc. Estas técnicas sirvieron para el registro y la gestión de datos, la medición, el cálculo, y, en general, el procesamiento y la anticipación de la información. Para ello disponían de su propio entorno material, es decir, de sus propios utensilios de escritura, medición, cálculo, etc. A pesar de tener propiedades únicas, compartían algunas prácticas y entornos con otras subculturas. Este solapamiento se daba pues tanto campesinos, artesanos, sacerdotes y escribas compartían instituciones, normas y leyes.

Los escribas y sacerdotes produjeron tratados matemáticos dirigidos a sus aprendices. Estos textos estaban relacionados con prácticas y problemas metrológicos relacionados con las tareas y los contextos administrativos cotidianos así como procedimientos matemáticos independientes de tales contextos. Habían dos tipos de textos: de tablas (matemáticas, metrológicas y técnicas) y de problemas (contenían información para su resolución, excepto de la información de los textos de tablas).

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La contabilidad y el nacimiento de la escritura

La escritura apareció en forma de imágenes simplificadas (o de una parte característica) de objetos. Junto a los pictogramas estaban impresos, mediante cálamos cilíndricos, símbolos numéricos. Esto se remonta hacia el 3200/ 3100 a.C. La aparición se debe a su utilización en tablillas de arcilla para el registro y la contabilidad de los bienes del templo. Fue el resultado del desarrollo de técnicas preexistentes de registro y cálculo que habían sido estabilizadas por culturas orales. Los calculi era este sistema empleado para controlar tratos y transacciones. Esta era la nueva técnica escritural de la información y la comunicación, un procedimiento, una capacidad y una forma de hacer, basada en la escritura, que quedó estabilizada y pudo así reproducirse, enseñarse y aprenderse. Se usaban pequeñas fichas de arcilla que según tamaño y forma representaban diferentes valores. Éstas se introducían en un recipiente esférico que posteriormente se cerraba. Así, el destinatario, al romper tal recipiente podía comprobar la correspondencia de los bienes recibidos. La escritura empezó a evolucionar cuando en el 3300 se empezó a hacer marcas sobre la superficie externa de estos recipientes, lo cual acabó haciendo innecesario el sistema de fichas en el interior del recipiente. Junto a sellos de autentificación, se refinaron los signos numéricos y los pictogramas. En el 2900 a.C. los pictogramas se hicieron más complejos al combinarse entre sí formando así ideogramas. Con la utilización de un único cálamo de caña cortado en bisel apareció la escritura cuneiforme (pues imprimía sobre la arcilla fresca marcas en forma de cuña parecida a un clavo o a un ángulo más abierto según se apoyaba más o menos fuerte) la cual empezó a simplificarse, a hacerse menos figurativa y más convencional. Así, los signos dejaron de representar cosas y recibieron valores fonéticos. De esta manera, una palabra era la construcción de diferentes fonemas (que en el caso eran sílabas). Más tarde, aparecería el alfabeto.

La matemática, junto al uso de los pictogramas, fue otro modo de tecno-estabilización escritural, es decir, otro modo de asegurar la permanencia de las técnicas escriturales. Esto es porque la matemática surge como procedimientos de cálculo que se plantean a la hora de recaudar impuestos, administrar alimentos, planificar y realizar obras, producir ladrillos, medir y demarcar campos, etc. Y para todo esto es necesario estandarizar diferentes procedimientos que pudieran resolver los problemas que pudiesen surgir. La notación posicional fue empleada por los sumerios y el sistema de cálculo era el sexagesimal. Operaciones matemáticas como la multiplicación, división, la potencia, las raíces cuadras y cúbicas, eran empleadas para resolver ecuaciones determinadas. La geometría se ocupaba, sobretodo, de problemas surgidos en todas aquellas operaciones que tuviesen que determinarse superficies y volúmenes así como en la construcción (ladrillos, paredes, columnas, pirámides, etc) y la agrimensura.