Epistemología y ciencia

Epistemología

Cuando hablo de ciencia lo hago desde un punto de vista muy concreto y es desde el mentalismo. No pienso que cuando hable de manzanas haga referencia directa a las manzanas reales. En este sentido, no soy realista y creo que no podemos iniciar un programa epistemológico sin partir de ciertos supuestos[1]. Por otro lado, pienso que hay una realidad, es decir, creo que existen estas manzanas independientemente que existan mentes humanas para percibirlas. Además, creo posible encontrar estrategias para que esta realidad sea susceptible de ser conocida intersubjetivamente lo cual hace que rechace una postura epistemológica absolutamente subjetivista o relativista.

Así pues, al decir que soy metalista estoy diciendo que la mente actúa como mediador entre el mundo y nosotros. Cuando me refiero a las manzanas lo hago mediante el concepto de manzana, que a su vez estará conectado con otros conceptos y otras entidades mentales como las sensaciones o las creencias. Por todo esto, la expresión de Alfred Korzybski “El mapa no es el territorio” sintetizaría esta postura.

Como decía antes, pienso que existe la posibilidad del conocimiento intersubjetivo pues, entre otras cosas, creo que en la comunicación se “evidencia” el entendimiento mutuo. Así pues, aunque el mentalismo supone decir que no tenemos relación directa con las cosas sino que las interpretamos, creo que existen diferentes grados de interpretación que van desde lo más abstracto y ambiguo hasta lo más concreto y unívoco. Diría, pues, que hay conocimientos más seguros que otros.

Por ser mentalista creo vital considerar seriamente todas aquellas disciplinas que involucran la mente, a saber: psicología, lingüística, pedagogía, sociología, filosofía, biología y un largo etcétera. Todas ellas aportan conocimientos para averiguar cómo producimos mapas para explorar el territorio.

El camino hacia este conocimiento interdisciplinar requiere la disciplina filosófica de la epistemología pues creo vital diferenciar formas de conocer y tipos de conocimientos en función de:

– Los procesos cognitivos involucrados (supuestos, procesamiento consciente e inconsciente de diferentes tipos de información, interpretaciones, etc.)

– Las metodologías empleadas (inducción, deducción, abducción, analogía, etc.)

– Los tipos de objetos a conocer  (ciencias naturales como la mineralogía o ciencias humanas como la psicología tienen sus particularidades)

Pienso que no importan tanto los supuestos desde donde parte un proyecto epistemológico como las metodologías desarrolladas para explorar el mundo. La postura mentalista que defiendo hace hincapié en la importancia de recoger información para, a partir de ella, hacer emerger una teoría epistemológica coherente.[2] Los supuestos, postulados, principios o como se quieran llamar, vendrían luego. Por supuesto, desde tales supuestos el proyecto epistemológico entraría en otra fase de su desarrollo.

La ciencia

La ciencia, pues, sería una de las mejores estrategias para explorar y describir el mundo. Según el tipo de objeto estudiado, la descripción del mundo implicará tomar ciertas precauciones epistemológicas. Describir (y no digo explicar) cómo se forma un copo de nieve difícilmente requerirá tomar precauciones epistemológicas del tipo cultural. No obstante, la descripción del proceso de cristalización del agua que da la ciencia, aunque válido, no tiene por qué ser una descripción reduccionista, es decir, su descripción mediante determinadas variables no tiene por qué agotar todas las posibles variables involucradas en el proceso de cristalización. Así pues, pueden integrarse otras descripciones igualmente válidas[3].

Cuando un conocimiento descriptivo resulta incompatible con otro entonces, para mí, eso no es ciencia descriptiva, sino ciencia interpretada o teorías científicas[4]. Entonces creo que estamos hablando de que la información descriptiva ha sido procesada de forma que han derivado ciertas conclusiones, han establecido conexiones con otros conceptos, ajenos a lo investigado, ha habido un proceso de abstracción que acarrea tomar ciertas precauciones epistemológicas.

Es aquí donde creo vital explicar la teoría del proceso de abstracción y que refiere a la relación que establecemos con el mundo para comprenderlo y, sobretodo, interactuar con él. La división entre territorio y mapa se explicaría en este proceso.

1-En primer lugar, recogemos del mundo llano[5] información puramente sensorial: vemos, oímos, saboreamos, sentimos y olemos.  Toda esta información se presenta, en un primero momento, de una forma que yo llamo “cruda”, “pura” e “inconsciente”.

2-De ello tenemos una percepción, más o menos consciente, con la que formamos un primer “mapa” (sensorial) y que todavía no es lingüístico.

3-Al poner palabras a este mapa es cuando significamos y así confeccionamos un mapa lingüístico.

4-Este mapa, aunque no lo explicite en el gráfico, tiene varios niveles en función del nivel de significación. A nivel más bajo estaría lo meramente descriptivo[6]. Arriba encontraríamos abstracciones, generalizaciones, etc. Dicho coloquialmente y un poco a lo bestia, cuanto más arriba más refrito de la realidad y, por lo tanto, más alejados del mundo[7].


[1] Ciertas intuiciones, o “evidencias”, como que existen otras personas que perciben como yo (intuitivamente refutaríamos el solipsismo pese a no poderlo demostrarlo empíricamente)

[2] La idea de emergencia es básica pues con ella puedo explicar este fenómeno. Un fenómeno emergente es aquel cuyas propiedades no observamos en su base. Esta base es el lugar a partir del cual el fenómeno emergente nace o se manifiesta. Esto se explica por la interacción complejísima de determinadas condiciones iniciales más o menos simples. Un ejemplo prototípico de fenómeno emergente es la vida o la conducta de una bandada de pájaros o un banco de peces.

[3] Por ejemplo, podríamos pensar que en este proceso de cristalización también encontráramos como condicionantes las emociones flotantes, lo cual es lo que parece defender el científico japonés Masaru Emoto.

[4] En ningún caso digo que no debieran haber teorías que explicasen el mundo. Lo único que digo es que hay una diferencia.

[5] Todos reconocemos un mundo objetivo, la referencia, el noúmeno, etc, en el que vivimos y con el que nos re­lacionamos. Es lo que Korzybski había llamado antes “territorio”. Según Gadamer: “El mundo es el suelo común, no hollado por nadie y reconocido por todos, que une a todos los que hablan entre sí”

[6] La ciencia, basada en hechos, manejaría los conceptos menos arriesgados según el proceso de abstracción

[7] Esto creo que es útil para entender por qué es tan difícil entenderse. El hacer distintos modelos (mapas) del mismo mundo nos hace proclives a entrar en conflicto. No somos conscientes de que hablamos de nuestros mapas pensando que hablamos del territorio.

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