Reconstrucción histórica y caracterización de la corriente continental a partir del siglo XVIII

Reconstrucción

Reconstruir la corriente idealista es fundamental para comprender por qué la corriente metafísica tradicional y religiosa entró en una profunda crisis. El idealismo, más allá de suponer un sistema de ideas, supuso una actitud política tanto por lo que estaba sucediendo en Francia como por lo que ocurría en las universidades alemanas de finales del S.XVIII. Y es que este movimiento nació en la propia universidad.

Kant fue el iniciador de esta corriente, y ello gracias a su Crítica de la razón pura (1781). Gracias a las publicaciones en una famosa revista, que en 1786 obtendría el reconocimiento a pesar de vivir aislado en Koenigsburg, éstas encenderían la llama del idealismo, llama que avivaría la ilusión de comentaristas como Reinhold, Maimon, Beck, etc. y la cólera al ya comentado opositor Jacobi y otros, menos encolerizados, como fueron Herder, Hamann, Herbart, Fries, Schliermacher, Schulze, Bouterwek, etc. Básicamente, se trataban de religiosos o realistas que negaban la teoría epistemológica mentalista de Kant y sus posiciones respecto a la estructura de la enseñanza universitaria. Esto último era preocupación exclusiva de los religiosos y no de los materialistas. De hecho Kant fue un gran científico y si hubiese sido por él hubiese ocupado una cátedra en ciencias naturales. Por desgracia, no había futuro por el modo de cómo estaba considerada y se decidió por la filosofía.

No sería hasta la llegada de Fichte, recomendado por Kant, hasta que el idealismo cuajó completamente gracias a su Ciencia del conocimiento (1794). Entonces, los enfrentamientos con la religión fueron el pan de cada día. Siendo Weimar y Jena los centros del idealismo, fue posible establecer toda una red de intelectuales que formarían una sopa de caldo de lo más nutritiva y picante: Goethe, Herder, Wieland, Reinhold, Fichte, Schelling, Hegel, Schlegel (y el resto de románticos), etc. Así fueron el centro desde la década de 1770 hasta finales del siglo, luego, la acción se trasladó a Berlín cuando Fichte, acabado de romper intelectualmente con Schelling (con Kant ya lo había hecho en 1799), y acabado de ser expulsado de Jena, inició sus influyentes discursos a la nación alemana donde dejó profundamente impresionado a von Humboldt, quien dos años más tarde, en 1809, estando en el poder del gobierno reformista prusiano, fundó la universidad de las Ciencias de Berlín, y nombró al mismo Fichte como profesor de filosofía y como rector. Convencido de que la grandeza nacional de Alemania dependía del desarrollo creativo intelectual y espiritual de los filósofos, liberó a la facultad de filosofía de todo tipo de restricciones y censuras e hizo lo posible para facilitar la libre investigación. Luego, Hegel, a la muerte de Fichte en 1814, ocuparía su puesto.

En medio de las reformas prusianas, Kant y Fichte reivindicaron el valor de la Filosofía y la necesidad de disponer de libertad para investigar.

Desde 1795 hasta 1819 nos encontramos en la etapa de mayor producción intelectual creativa. No podría no hablar de la entrada en escena de Schelling quien cautivó a muchos científicos hasta 1820. Mucho antes, en 1800, Schelling dejó de hacer sus estudios científicos para convertirse al idealismo estético, junto al movimiento romántico que se encontraba en su apogeo. Más tarde, Schelling añadiría a su pensamiento un sentimiento religioso que le llevaría a definir lo que llamó el idealismo absoluto. El propio Schelling fue quien introdujo en la red al propio Hegel. Ello lo consiguió al hablarle de Fichte, a quien Hegel visitó en 1795.

Así, Hegel se da a conocer en 1801 gracias a un artículo coeditado con Schelling y que explicaba las diferencias entre los sistemas de Fichte y Schelling. Seis años más tarde publicaría su Fenomenología del espíritu, y así, hasta la década de 1831 conseguiría dominar toda la esfera intelectual. Entre tanto, Hegel dejó eclipsado a un frustrado Schopenhauer, aunque éste había dejado impresionado a Wieland y había conocido a Goethe, y quien seguramente maldeciría para siempre a su rival creativo sin imaginar que el éxito le llegaría después de su muerte.

A partir de 1820, el idealismo dejó de ser un movimiento creativo para convertirse en algo rutinario. La actitud y la forma de trabajar de los hegelianos, tanto los de corte historicista como los de corte iconoclasta, motivaron un alud de críticas cuya máxima intensidad llegaría en 1840 por parte de los principales científicos físicos (Helmholtz, Bruecke, DuBois- Reymond, Ludwig). Ese sería el final de a corriente idealista. Feuerbach, Marx y Engels serían los clausuradores oficiales del movimiento pues, siendo hegelianos, invertirían el idealismo por un radical materialismo.

Durante el siglo XIX surgieron gran cantidad de nuevas disciplinas lo cual permitió mantener la creatividad dentro del sistema académico. Primero fue al división de los hegelianos, luego, en 1860, la división entre ciencias naturales y la filosofía; y luego la psicología también se independizó académicamente de la filosofía. Más tarde, otros conflictos desembocarían en importantes separaciones como ocurrió a causa de los conflictos entre historia y filosofía; y las ciencias sociales con el idealismo.

El neokantismo se erigió en este contexto como un movimiento muy potente porque a cada nueva disciplina naciente se pronunciaban. Fue una corriente en continua disputa con idealistas y empiristas. Aunque abogaban por el estudio empírico, los investigadores empíricos no compartían en absoluto su enfoque mentalista. Algunos ejemplos: Lotze, Helmholtz, Séller, Wundt, etc. Este último, fisiólogo de formación, separó la psicología de la epistemología al fundar un laboratorio psicológico en Leipzig en 1875. Esto obtuvo un éxito rotundo y entre 1880 y 1890 se expandió a otras cadenas de influencia llegando incluso a América a través de sus alumnos extranjeros. Entre tanto, Brentano, desde Viena, desarrollaba su propuesta, muy parecida a la de Wundt.

Poco a poco, este movimiento fue perdiendo fuerza y a adeptos tan importantes como Max Weber, quien a pesar de defender los métodos neokantianos, pronto se concentraría en la nueva disciplina en la que estaba trabajando(1908).

El círculo de Viena y la fenomenología existencialista serían los dos frentes que acabarían con el neokantismo. Friburgo, centro de esta corriente, albergaría la última cabeza visible y el último intelectual notable: Natorp y Nicolai Hartmann, respectivamente, este último rival de Heidegger.

Aunque Heidegger tuvo una etapa que lo situaría en la corriente metafísica más tradicional, en 1916 conocería a Husserl, discípulo de Brentano, y, después de convertirse al protestantismo, éste le acepta. Pronto sería su mejor discípulo. La fenomenología, la cual nace mezclada con miembros del círculo de Viena como Kraufmann, sería la plataforma desde la que Heidegger despegaría y es que en el anuario de Husserl (1920) publicaría su Ser y tiempo. Tres años más tarde, trasladarían a Heidegger a Marburgo como “Extraordinarius” y se convertiría en el centro indiscutible de su red.

Caracterización

Esta corriente, a pesar de que se deshace de la religión católica, todavía conserva el uso de la metafísica, incluso una gran de inquietudes espirituales místico-religiosas. Por ejemplo: Schelling, Fichte, Schopenhauer o la propia corriente romántica.

Entre la corriente metafísica tradicional y la idealista se da otro salto: la centralidad del yo. Kant establece, en su Crítica de la Razón Pura, que nuestro acceso al mundo viene mediado por las categorías de nuestro entendimiento y que esta mediación conlleva el no tener un acceso directo del mundo. Aunque Kant nunca compartió todo lo que iba a inspirar, pues su mentalidad era prominentemente científica, el mentalismo, en contraposición al realismo científico o al realismo metafísico, iba a suponer el desarrollo de la epistemología como disciplina que subordinaba la metafísica a ella y que era encargada de determinar tipos de conocimiento y posibles accesos a ellos. Así es como Schelling se ocupó de la ciencia empírica. El neokantismo, más tarde, situaría el idealismo y el materialismo al mismo nivel

Es destacable que el uso de la dialéctica fue una constante. Primero fue en Fichte aunque fue en Hegel donde recibió la aplicación más importante puesto que centró este método en el desarrollo histórico del espíritu del mundo, especialmente en la forma de formas sociales. Marx haría lo mismo aunque invirtiéndolo al materialismo.

El idealismo siempre estuvo luchando por la reforma y el progreso lo cual granjeó no pocos enemigos católicos. Kant, por ejemplo, enemigo de Jacobi, siempre apoyó la libertad y la igualdad ante la ley, cosa que desagradaba a aquellos que entre unos pocos acaparaban todo el poder. Fichte, Schlegel y Hegel fueron otros grandes liberales que promovieron cambios significativos, desde en la educación hasta en materia de libertad sexual.

La fenomenología, por su parte, se caracterizaba por llevar al extremo los supuestos mentalistas puesto que su investigación hacía hincapié en la propia conciencia y en cómo evitar todo aquello que actuaba como filtro de ésta. Así, desde esa pureza, estudiaba la subjetividad. Heidegger, discípulo del propio padre de la fenomenología, no obstante, rompería con esto y situaría la epistemología como subordinada de la metafísica. Así rompería con la tradición idealista y se dirigiría al existencialismo y a la religiosidad. Su metafísica, preocupada en demostrar el viejo problema de la univocidad del ser, definiría al ser humano en su situación existencial en el mundo, delante de la muerte y en relación al tiempo. Encontramos, pues, un retorno a la metafísica más abstracta y más alejada de la ciencia. Retornamos a los temas religiosos aunque con las herramientas de la fenomenología. Jaspers sería también otro ejemplo interesante.

En vez de la concepción exageradamente dogmática de la tradición religiosa, esta metafísica reconocía que no eran verdades absolutas sino que eran cuestiones existenciales más allá de los límites científicos. El ser constituía ser histórico y no eterno.

Reconstrucción histórica y caracterización de la corriente metafísica tradicional a partir del siglo XVIII

Reconstrucción

La corriente metafísica tradicional y religiosa, a finales del siglo XVIII, debido a la Revolución francesa y, anteriormente, a la Reforma de Lutero, vivía una las crisis más profundas de su historia. La Facultad de Teología, junto a Derecho y Medicina, eran las carreras universitarias de mayor prestigio y mayor poder, no obstante, la reforma en la estructura universitaria, que iniciaría el idealismo alemán, prontamente desestabilizó la predominancia de la religión católica. De todos modos, Baviera se presentaría como el centro del conservadurismo.

Aunque en Francia la Reforma hizo un daño importante pues incluso llegó a expulsar la Teología de la universidad, en Alemania el impacto no fue tan grave. A finales del s. XVIII, el problema de la universidad estaba claro: había un número importante de estudiantes a los que se impartían un temario obsoleto (a pesar de la reforma universitaria en Gottingen en 1737) lo cual perjudicaba al estatus de los graduados hasta el punto que esos títulos no tenían valor a la hora de aspirar a puestos en la administración estatal. La reforma universitaria que iba desestabilizar casi por completo a las universidades católicas aprovechó la crisis política de la década 1790, década en la que se abolieron 22 de las 42 universidades que habían en Alemania. De las 20 restantes, solamente una era católica. Entonces es cuando surgieron movimientos culturales que poblaron Alemania de periódicos, libros, revistas, etc. fuera del dominio de la iglesia y que influyeron al movimiento idealista en ese fervor por romper con la tradición. De hecho, como dice Collins, la cumbre del movimiento idealista tuvo lugar en el momento en que parecía que las universidades desaparecían de todos lados.[1] En este punto, la reforma prusiana instauraría un sistema de requisitos que frenó el número de estudiantes y con la fundación de la universidad de Alemania, la formación universitaria fue un requisito para trabajar para el estado.

Prusia fue el estado que mayor oposición ofreció ante la revolución de Napoleón que había secularizado los estados eclesiásticos y derribado las censuras religiosas. En Hungría, el hervor de la mala sangre llevó a la condena a muerte y la encarcelación de muchos liberales. Jacobi, funcionario civil del gobierno, ortodoxo religioso y spinozista, desde su burbuja en Dusseldorf, representó la oposición intelectual, aunque con fondo político, a todo el movimiento desestabilizador liderado por Kant. Prontamente salió de su burbuja y en 1790 se trasladaría a Munich donde más tarde ocuparía la presidencia de la Academia de las Ciencias (1804-1812). 

El anticatolicismo fue una constante durante todo el siglo XIX. En las últimas décadas de este siglo, el Papa mantuvo una actitud especialmente agresiva al encontrarse una Francia y una Alemania que estaba secularizando la educación. Durante los años 1907-1910, el Papa acusaba severamente de herejía y exigía fidelidad a la doctrina de los milagros y otras cuestiones de fe. Ante tal derroche de fanatismo, filósofos como Brentano abandonaron el sacerdocio. El mismo Heidegger, influenciado intelectualmente por las obras iniciales de Brentano, educado desde joven gracias a una beca de la iglesia y estudiando Teología en Friburgo, universidad especialmente católica, obtuvo de esta corriente todo un capital cultural basado sobretodo en la escolástica, y sin embargo, en 1916, sufriría una conversión que le separó del catolicismo para siempre.

Caracterización

Esta corriente estaba fuertemente arraigada en la tradición por lo que era reacia a todo tipo de innovaciones. Al estar en el poder político a través de la Iglesia sus miembros siempre se mostraron contrarios a reformas y, por supuesto, a la secularización.

Fuertemente anclados en la escolástica y, por lo tanto, en la metafísica de Tomás de Aquino y Duns Escoto, por no mencionar a Aristóteles, su gran objeto de estudio fue el ser y su univocidad, lo cual conectaba con Dios, el ser único, absoluto y más perfecto.

El pensamiento concreto, el empirismo, cosmologías materialistas, etc. fueron el continuo enemigo al que derrotar. No sólo estaba en juego una determinada relación con la verdad, sino que le iba el mismo pan de cada día. Por eso, la religión tenía que tener su representante en el Vaticano, pues el protestantismo no era rentable, ni saciaba su estómago no espiritual.

Así pues, el único Dios era el católico y lo demás, herejías.


[1] Randall Collins, “A Micro-Macro Theory of Intellectual Creativity: The Case of German Idealist Philosophy”, Sociological Theory, Vol. 5, No. 1 (Spring, 1987), P. 70

El modelo de Cadenas Rituales de Interacción

<<Me gustaría enfatizar la generalidad de los procesos que subyacen a este caso particular. Esperanzadoramente, se han iluminado las especificidades históricas de este período; pero también contribuyen a nuestra comprensión del mecanismo de la creatividad. El modelo de Cadenas Rituales de Interacción nos señala una serie de niveles encajados. El individuo se encuentra en el centro: Kant o Hegel o Schopenhauer en su escritorio, o cualquier otro intelectual ocupado en sus momentos creativos. Alrededor de él o ella se encuentra la red intelectual y su dinámica: las oportunidades de mercado para ideas que se abren en momentos particulares. La creatividad llega a estos individuos óptimamente en condiciones de aprovecharse de estas oportunidades. Puesto que la situación es competitiva, los que tienen las primeras oportunidades adquieren una ventaja atrincherada en la eminencia creativa; otros quedan constreñidos a convertirse en seguidores, o rivales que toman líneas opuestas a aquellas que ya han quedado definidas por los líderes. Algunos de los que llegan demasiado tarde quedan como desafiadores estrujados por la estructura. >>

(si te interesa, este post está extendido en http://wp.me/pIkeR-2h)

 A Micro-Macro Theory of Intellectual Creativity:
The Case of German Idealist Philosophy,
Sociological Theory, Vol. 5, No. 1 (Spring, 1987), pp. 86
RANDALL COLLINS
University of California, Riverside

Una clave del éxito intelectual: La ley de los números pequeños

<<El patrón sobre el tiempo se adecua a los constreñimientos estructurales que he encontrado extendidos en la historia de la filosofía (Collins, 1986): las facciones exitosas se dividen por sus propias rivalidades, mientras que las facciones nacientes se tienden a amalgamar. He llamado a esto la “ley de los números pequeños”, que afirma que en períodos de actividad creativa intelectual, el número de facciones es un mínimo de tres, mientras que números mayores de facciones (seis y más) tienden a dividir demasiado la atención y así se echan fuera las unas a las otras. Cuando hay “sitio” en el campo, se alientan las rupturas intelectuales; mientras que en el momento en que la atención queda más restringida, se hacen alianzas. La total desatención con que fue recibida la obra maestra de Schopenhauer desde su aparición en 1819, hasta mucho después de la muerte del idealismo (es decir, hasta que Schopenhauer empezó a ganar atención en la década de 1860) es debida no a los méritos intelectuales de su postura, sino a su mala suerte al aparecer cuando la estructura del campo ya se estaba cerrando. Schopenhauer fue una víctima de la “ley de los números pequeños”. >>

A Micro-Macro Theory of Intellectual Creativity:
The Case of German Idealist Philosophy,
Sociological Theory, Vol. 5, No. 1 (Spring, 1987), pp. 66-67
RANDALL COLLINS
University of California, Riverside

Filosofía pública: el perfil profesional del futuro filósofo psicologista

Las personas[1], junto a los entornos socio-técnico-culturales, son otro elemento ineludible en la resolución de lo que es la cultura y son, desde otra perspectiva, otro de los principales objetos de estudio de la filosofía[2]. Por ejemplo, uno de los factores determinantes para que una de estas personas tenga mayor o menor repercusión es lo que Randall Collins llama energía emocional. De este factor depende el grado de motivación, de confianza, de ilusión por compartir y dar a conocer su trabajo, de interés por establecer nuevos y mejores contactos, etc; rasgos que propician el posicionamiento en los puntos céntricos de las redes sociales de verdadera repercusión.[3]

La cantidad de factores que determinan que un individuo pueda llegar a ser una persona competente y reconocida como tal, involucra tanto cuestiones de actitud –como la curiosidad, la prudencia, el entusiasmo, la creatividad[4], la valentía, la elocuencia, etc.- como capacidades cognitivas -como la buena memoria, la intuición, la percepción, la capacidad de análisis y de síntesis, la gestión de emociones, etc.-. Luego, la cantidad y calidad del capital cultural que cada uno tenga dependerá en gran medida de estos factores. Psicólogos de gran prestigio académico como Richard Wiseman trabajan en estas cuestiones y además se ocupan de desmantelar todo tipo de mitos en los que mucha gente cree y que no siempre favorecen el éxito personal y profesional sino todo lo contrario.

En este contexto, paralelamente y en simbiosis con los estudios en CTS[5], la filosofía, en relación interdisciplinar con la psicología –como ocurre en algunas universidades del Reino Unido con los títulos de Bachelor of Arts mixtos (Joint Honours)-, encuentra en las personas otro gran objeto de estudio y otra oportunidad para tener verdadera relevancia pública. Investigar y asistir a las personas a conseguir estas actitudes y estas capacidades se presenta como esta nueva oportunidad. Disciplinas propias de la filosofía se presentan aquí en toda su autonomía como son el caso de la Epistemología, entendida ésta no sólo en el ámbito científico sino en cualquier ámbito del conocimiento y orientado a identificar diferentes tipos de conocimientos, sus presupuestos y fundamentos, sus límites, sus errores, etc; y la Ética, entendida ésta como disciplina que analiza e identifica los valores, las doctrinas, las creencias, los fines e ideas que mueven tanto a los individuos como a los grupos sociales. Tales disciplinas, propiamente filosóficas, y en relación interdisciplinar con la psicología, la antropología, la pedagogía, la sociología, etc., ofrecen una especialización para el filósofo que de hacerse con el rigor metódico y la inteligencia que correspondiese, podría ofrecer al filósofo otro perfil profesional de gran relevancia pública.


[1] Un sistema cultural, según el modelo tecnográfico, está compuesto de agentes y prácticas en el contexto de un entramado de entornos socio-técnico-culturales que tienen correspondencia con los diversos conjuntos de técnicas (materiales, simbólicas, organizativas y del bioentorno), artefactos y recursos que determinan dichas prácticas. Luego, la cultura es la unión del conjunto de sistemas culturales, unión donde abundan las intersecciones entre sistemas. Manuel Medina, “Tecnociencia, Sociedad y Cultura digital. Tecnografía de Ciencia, Tecnología, Cultura y Política”. Universidad de Barcelona. Center for Research in e-Society. http://www.cere-s.org/

[2] La mente, la psique, el entendimiento, la comunicación, el lenguaje, la moral, la subjetividad, los sentimientos, etc. Son temas de la filosofía que pertenecen a la dimensión íntima de la persona. Todas estas cuestiones son preguntas que muchas personas necesitan atender y que aunque sean cuestiones que nacen de lo que resulta de las técnicas, no son reducibles a ellas. Por ejemplo, tocar el violín no sólo implica aprender a tocarlo sino que además implica un sentido estético, una sensibilidad, percepciones, sentimientos, etc. Lo mismo ocurre cuando alguien no tiene ánimo –ni capacidad- para expresar racional y lo menos subjetivamente posible algunas experiencias: por ello recurre a otras formas de expresión artísticas como la literatura, la escultura, el teatro, la danza, etc. Cabe sospechar un fondo abismal de necesidades que durante milenios han intentado buscar alivio en tales artes y que lejos de constituir algo privado permitieron la formación de redes sociales de gran relevancia.

[3] Y por supuesto, la energía emocional no es el único factor, además requiere, según Collins, un capital cultural y un mercado con posibilidades.

[4] La clasifico como actitud aunque pienso que no es exactamente así. La división que hago entre actitudes y capacidades cognitivas no es rigurosa.

[5] Puesto que al individuo le es inherente su contexto. En este sentido, es imposible estudiar el individuo sin estudiar la cultura y la naturaleza.

(si te interesa, este post está extendido en http://wp.me/pIkeR-N)

Ya tenemos lenguaje, así pues, ¡Empecemos!

¿Quién iba a decirnos que la emergencia del alfabeto significara el fuego que Prometeo robó para nosotros? Después de haber estabilizado pictogramas, de haber desarrollado escrituras logosilábacas, sintetizando cada vez más, en aras de la practicidad, todos aquello signos, llegaron los silabarios semitas los cuales estaban basados en el principio de fonetización. Y con ello llegó el preciadísimo alfabeto consonántico. La expresión abstracta había nacido con su emergencia. La escritura iba a ser el estímulo perfecto para sobrepasar todos aquellos límites que había tenido la cultura oral. Todo era más flexible, más accesible, más fácil de propagar, de corregir. Perfecto para abrir nuevos horizontes, para emprender caminos más lejanos. Con los primeros enunciados teóricos de Tales de Mileto y las primeras argumentaciones, la filosofía iba a inaugurar una nueva etapa.

Para una filosofía sociológica

“Así como la sociología ha construido sus recursos tratando con cuestiones filosóficas, la filosofía actual ha llegado a las fronteras con la sociología. ¿Qué ha motivado el giro de la filosofía hacia lo social? En epistemología, esto se ha realizado para un propósito limitado, para subrayar el relativismo a través de la naturaleza supuestamente cambiante y contextual de la creencia. Los filósofos juegan normalmente la carta sociológica como triunfo, no como apertura de un desarrollo posterior, sino como la conclusión del debate, el clavo en el ataúd positivista. Otra aproximación a lo social se ha dado por el ala analítica. Los teóricos del acto de habla wittgensteinianos y austinianos, y los filósofos del lenguaje ordinario se han orientado durante mucho tiempo en la dirección de ver al menos algunos temas filosóficos como compuestos de actividades sociales. Pero este giro sociológico no ha ido demasiado lejos, como si se dirigiera hacia una barrera al indagar muy profundamente sobre qué tipos de procesos sociales son éstos realmente.

Una fuente de resistencia es el compromiso de los filósofos con el descubrimiento de condiciones duraderas y no-contingentes de juicio, significado, lógica o moralidad que sostengan todo pensamiento y todo conocimiento; por su simple naturaleza, estas verdades eternas no pueden ser afectadas por particulares meramente empíricos, que presumiblemente conforman el contenido de la sociología. ¿Cómo se puede responder a esta objeción? Una sección del mundo filosófico –especialmente los más militantes de entre la generación post-positivista (y posmoderna), evoca lo social precisamente porque rechaza el ideal de filosofía desinteresada y fundamentada en verdades eternas, y en su lugar lo ve todo como históricamente contingente. Sin ir necesariamente tan lejos, podemos reconocer que lo que quiera que sean las verdades fundamentales, eternas o transcendentes, nos acercamos a ellas sólo a través del mundo temporal –y social– en el que existimos. La naturaleza de la lógica, la verdad y otros objetos de la filosofía tradicional, con todo lo objetivos que puedan resultar ser, no pueden ser descubiertos sin enfrontarse a la dimensión social en la que están arraigados y –muchos de nosotros argumentaríamos– por la que están constituidos.

Algunos filósofos parecen preparados para admitir esto. El problema es que empiezan en este camino, pero fracasan al pasar algo más allá. Un ejemplo es Alasdair MacIntyre, que escribe que “Una filosofía moral … presupone una sociología,” pero luego continúa robando unas versiones engañosamente simplistas de Weber y de Goffman, como si ellos vieran la sociedad moderna como completamente maquiavélica y falta de ética. La ironía es que Weber y Goffman, junto con Durkheim (al que MacIntyre no cita), proporcionan justo la comprensión de la transformación histórica de los ideales de virtud que MacIntyre estaba tratando de explicar. Las reflexiones de Durkheim/Goffman proporcionan una respuesta mejor que la que puede proporcionar MacIntyre a por qué el racionalismo de la Ilustración no podía basar una moralidad secular moderna. Pero los sociólogos evitan la falacia romántica de MacIntyre de volver a atender a una sociedad supuestamente harmoniosa e integrada del pasado, en contraste con la cual la sociedad de hoy en día es degenerada. Es mejor sociología reconocer que todas las formas de interacción social producen sus tipos particulares de pautas morales y las encarnan en “objetos sagrados” simbólicos, incluso en el contexto de la vida cotidiana moderna. En efecto, MacIntyre se está acercando a una sociología histórica durkheimiana, sin saberlo, y consecuentemente sólo se queda a medio camino. Y esto es demostrativo de la situación actual de la filosofía.”

Randall Collins, For a sociological Philosophy, Theory and Society, 1998, vol. 17, pp. 695.

Algunos riesgos de la Biotecnología y la Nanotecnología

«El error más común (en pronóstico tecnológico) es el del entusiasta que es tan optimista sobre un nuevo desarrollo que descuida los constreñimientos sociales, económicos, y políticos, y anticipa la llegada de una tecnología antes de que ocurra … esto se complementa con un segundo error: pasar por alto los efectos colaterales de la nueva tecnología. (Coates, 1998)


(…)


Fue hace más de veinte años que fui el co-autor, con Ted Howard, de un libro titulado Who Should Play God?. En ese libro escribimos sobre las promesas y los peligros de una nueva tecnología de la que poca gente había oído hablar, la ingeniería genética. Al discutir sobre las muchas ventajas que resultarían de la nueva ciencia, también advertimos sobre los peligros que pueden acompañar a la revolución tecnológica. También expresamos la preocupación por el aumento en la comercialización de la reserva de genes de la Tierra en manos de firmas farmacéuticas, químicas, y de la biotecnología, y de las preguntas planteadas sobre los impactos potencialmente devastadores a largo plazo como consecuencia de liberar organismos genéticamente modificados al medioambiente. (Jeremy Rifkin, 1998)


(…)


Los genetistas han relacionado la aparición de bacterias patógenas y de la resistencia antibiótica a la transferencia del material genético entre los organismos y la especie, a que los expertos se refieren como transferencia génica horizontal. Los estudios de laboratorio demuestran que los organismos genéticamente modificados (OGM) aumentan la variedad de ADN disponible de las bacterias para transferir o para superar rasgos, incluyendo los perjudiciales, desde un organismo al siguiente, o a partir de una especie a la siguiente (Ho, 2001:45). Esto sucede con la infección de los virus, sobre pedazos de ADN tomados de elementos del ambiente, o acoplándose entre especies sin relación. Los expertos han identificado la transferencia horizontal genética como la causa del desarrollo de cepas resistentes a antibióticos responsables de brotes de cólera en la India en 1992, de la epidemia de estreptococo en Tayside, Inglaterra, en 1993, y del brote del E. coli en Escocia en 1995 (Ho, 1997). Dos cepas de E. coli, que fueron aisladas en una sala de trasplante en Cambridge, en Inglaterra en 1993, eran resistentes a 21 de los 22 antibióticos comunes (Ho, 1997). De hecho, las enfermedades tales como la tuberculosis, el cólera, la malaria, la difteria, y la meningitis, que se pensaba que estaban bajo control, están resurgiendo por todo el mundo; muchas de ellas se cree que son resistentes a los antibióticos. Finalmente, la Organización Mundial de la Salud divulga que por lo menos 30 nuevas enfermedades, incluyendo SIDA, Ébola, y la hepatitis C, han surgido durante los últimos 25 años y están ligadas a los efectos negativos de la transferencia horizontal genética, la técnica principal utilizada en la ingeniería genética (Ho, 1997).


(…)


Dentro de algunas décadas, las máquinas auto-replicantes tendrán el potencial de producir efectos catastróficos sobre las comunidades humanas y el medio ambiente. La combinación de seres vivos o inanimados auto-replicantes salvajes y de automutaciones no anticipadas puede producir un accidente que destruya la biosfera. Esto podría suceder o por accidente, o de forma más funesta y malévola, podría iniciarse de forma consciente, Joy pone el ejemplo de una mente criminal que crea ‘agentes patógenos diseñadores’, algo que podía ser posible en los próximos 20 o 30 años, según los investigadores de este campo. Una enfermedad así, no sería enteramente biológica o mecánica, sino una combinación de las dos. Especialistas en este campo se refieren a los peligros de la auto-replicación como el problema de la «plaga gris». Drexler describe el problema:
«Los replicantes peligrosos podrían fácilmente ser demasiado resistentes, pequeños, y de rápida expansión -al menos si no estuviéramos preparados. Tenemos bastantes problemas controlando virus y gusanos. Entre los expertos en nanotecnología, esta amenaza es conocida como el problema de la ‘plaga gris’. Aunque las masas de replicantes incontrolados no necesitan ser grises o plagas, el término ‘plaga gris’ acentúa que los replicantes capaces de suprimir vida pueden ser menos inspiradores que una sola especie de maleza. Pueden ser ‘superiores’ en sentido evolutivo, pero esto no los hace necesariamente valiosos. – la amenaza de ‘plaga gris’ muestra una cosa perfectamente evidente: no podemos permitirnos ciertos tipos de accidentes con los ensambladores de replicantes». (Drexler, 198c: 173)


Los peligros de la rápida replicación y proliferación no se limitan a la nanotecnología. Como Ho expone:
<<El lanzamiento en masa de organismos transgénicos es… peor que las armas nucleares o los desechos radioactivos, los genes pueden replicarse indefinidamente, separarse y recombinarse. Puede todavía haber suficiente tiempo para evitar que los sueños de la industria se conviertan en pesadillas… – antes de que se alcance el nivel de fusión genética crítica>>. (Ho, 1997)»

Evan, W. M. y Manion, M. (2000) «Three Industrial Revolutions and Beyond» en Minding the Machine: Preventing Technological Disasters, Manion Upper Saddle River, NJ: Prentice Hall, Cap. 6.

La creatividad intelectual según Randall Collins

«La creatividad intelectual, como todos los fenómenos sociales, tiene un aspecto macro y un aspecto micro. Toda estructura social viene dada; su realidad empírica consiste en acciones individuales, pensamientos y encuentros cara a cara. Lo que la hace macro –es decir, le da la reiteración que pretendemos expresar con “estructura”, es la manera en que estos sucesos micro se encuentran unidos entre ellos en patrones a través del tiempo y el espacio. Esto ocurre gracias a lo que he llamado “Cadenas Rituales de Interacción” (Collins, 1981). En pocas palabras, cada situación está unida a otras porque:

(1) Cada individuo aporta su capital cultural particular, el conjunto de ideas y conceptos adquiridos de encuentros previos.

(2) Cada individuo aporta su carga de energía emocional, adquirida de su éxito o fracaso en encuentros previos. Ésta fluctúa desde la confianza, el entusiasmo y la agresividad en un extremo hasta la pasividad, la depresión y el abandono en el otro.

(3) El individuo aporta además un sentido de sus oportunidades de mercado personales. Es una percepción, enormemente basada en experiencias de su pasado reciente, por lo que respecta a con qué tipo de personas podría interactuar, y cómo uno se adecua en poder relativo y atractivo de estatus frente a frente con estos otros.

Cada situación tiene una cualidad negociable o emergente para ello. Lo que realmente ocurre en una interacción nueva, aun así, viene determinado por la combinación del capital cultural, energía emocional y oportunidades de mercado de todos los participantes. Estos factores dan forma a sus motivaciones para tratar con cada uno de los otros, y también a los tipos de construcciones rituales de la realidad que son capaces de realizar.

(…)

Microprocesos de creatividad intelectual

(…)

El capital cultural es crucial para los innovadores intelectuales. Es fácil mostrar que los creadores notables no se encuentran aislados, sino que provienen de posiciones en red en las que recibieron las mejores fuentes intelectuales posibles. Y el tipo de producto creativo que tiene éxito no puede ser sacado de la nada en un espacio intelectual distante, sino que emerge de ideas pasadas, incluso aunque pueda significar una ruptura con ellas.
La energía emocional
es el rasgo de la creatividad que ha sido estudiado normalmente en psicología. (Véase el sumario de estudios en Collins, 1975: 273 – 4). Las personas creativas tienen una alta motivación para ser innovadoras en un área reconocida, para ser líderes en su campo. Tienen una gran confianza en sus propias habilidades, y por eso están dispuestos a apuntar alto. La “energía emocional” es también una buena descripción de la oleada de “impulso creativo” que proviene de estas personas cuando realizan su mejor trabajo, que les capacita para alcanzar intensos periodos de concentración. Es este sentimiento de las ideas creativas al parecer fluyendo espontáneamente lo que se ha identificado poéticamente con entidades mitológicas tales como las “musas” o los “daímones” de los griegos.
Hay que notar, sin embargo, que tan sólo la energía emocional no es suficiente: en ausencia de suficiente capital cultural y su relativa posición en la red de una comunidad intelectual, el entusiasmo creativo se convertirá probablemente en preludio de ambiciones frustradas y fracaso en el reconocimiento.

(…)

La posición en red de los intelectuales

Otra complejidad: los intelectuales creativos son introvertidos, no extrovertidos. La creatividad intelectual no se hace en situaciones de grupo, sino en el trabajo en soledad, normalmente durante muchas horas al día. Hay pruebas, también, de que las futuras personas creativas pasaron por un considerable aislamiento en su infancia, en la que aprendieron a disfrutar de sus propios pensamientos y actividades. Podemos comprender esto desde el punto de vista de la teoría durkheimiana de la realidad-construcción: las interacciones altamente enfocadas al grupo tienden a ritualizar las ideas de las que se habla, transformándolas en símbolos de la pertenencia al grupo y reforzando así la conformidad más que la innovación individual. Hablando de forma general, cuanto más extrovertida es una persona y más centradas en el grupo son sus experiencias cotidianas, más probablemente resultarán tópicas sus ideas. Es sólo en tanto que los intelectuales pueden romper la influencia inmediata del grupo que pueden comprometerse creativamente en la construcción de nuevas realidades.

Ahora parece que hayamos llegado a una contradicción. Por una parte, los intelectuales están ligados a redes sociales; por la otra, deben estar aislados si pretenden escapar de las presiones conformistas de los rituales de interacción. Esto se resuelve, en parte, por un flujo temporal de aislamiento y contacto: los intelectuales deben retirarse a la privacidad para hacer su trabajo, pero los contactos son importantes de antemano para proporcionarles las ideas-ingredientes, el capital cultural; y con posterioridad, para la validación y transmisión de las ideas en el mercado intelectual (afectando por consiguiente el sentido que tiene el individuo de su posición de mercado y su grado de confianza en lo que está haciendo). Un rasgo adicional es que los intelectuales, incluso cuando están trabajando en aislamiento físico, no se encuentran necesariamente en aislamiento intelectual. A partir del auge de las comunicaciones escritas (del mismo modo que de interacciones altamente estructuradas como las conferencias y seminarios universitarios) es posible que un individuo tenga contactos sociales con la red intelectual relevante, pero en sus propios términos. Esto se logra a través de la lectura y la escritura (que siempre implica una audiencia imaginaria). Estas actividades transmiten capital cultural y un sentido de posición de mercado, sin estar sujetas a las presiones abrumadoramente ritualizadas de la conformidad experimentada en un grupo cara a cara.

No obstante, las redes son extremadamente importantes para los intelectuales creativos. Hay una fuerte tendencia que los liga conjuntamente en cadenas de profesores y alumnos con una eminencia aproximadamente equivalente. Esto se puede interpretar como la transmisión del capital cultural de más alta calidad, así como del ofrecimiento de lo que podría llamarse “modelos de ambición” que constituyen la energía emocional del más joven. Los innovadores provienen típicamente de los principales centros intelectuales (tales como las universidades líderes en un campo dado), en los momentos históricos que les proporcionan un mercado de oportunidades favorable. Y los líderes creativos de un campo forman a menudo un círculo de amigos o conocidos. Es necesario un equilibrio entre la presencia de introvertidos con hábitos de trabajo privado y una gran independencia personal, colocados en redes que proporcionan un alto grado de transmisión de las condiciones requeridas para el éxito: el capital cultural, la energía emocional y un mercado de oportunidades favorable.»

A Micro-Macro Theory of Intellectual Creativity:
The Case of German Idealist Philosophy,
Sociological Theory, Vol. 5, No. 1 (Spring, 1987), pp. 47-49
RANDALL COLLINS
University of California, Riverside

Randall Collins
Randall Collins